En los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA, celebrados en Trujillo en septiembre de 2023, presenté la comunicación titulada Fray Alonso Jiménez, uno de los pioneros dominicos en Filipinas. Este trabajo fue galardonado con el Premio “Fundación Obra Pía de los Pizarro” en su XXIX edición.
La comunicación está publicada en las actas de los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA[1] y, en la página web de la Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura, en el enlace: https://chdetrujillo.com/fray-alonso-jimenez-uno-de-los-pioneros-dominicos-en-filipinas/
Comparto en esta entrada de Luz de Candil una
síntesis ese trabajo sobre Fray Alonso Jiménez.
INTRODUCCIÓN
En
el diccionario biográfico y bibliográfico Misioneros Extremeños en
Hispanoamérica y Filipinas, dirigido por el Dr. Melquiades Andrés Martín,
aparecen dos entradas consecutivas referidas a fray Alonso Jiménez. En
la primera, se dice que fray Alonso Jiménez, de la Orden de Santo Domingo,
nació en Madrigalejo, tomó el hábito en Salamanca y pasó a Filipinas en el
último decenio del siglo XVI, donde llegó a ser provincial[2].
La
siguiente entrada, sitúa el lugar de nacimiento de este misionero dominico en
Garrovillas de Alconétar (Cáceres), hacia 1520. Igual que en la primera, se
dice que tomó el hábito en Salamanca, especificando que lo hizo en el convento
de San Esteban. También se añade que formó parte de la primera expedición
dominica a Filipinas, y las dos concuerdan en que fue provincial de la Orden en
este archipiélago…[3].
Ambas reseñas biográficas coinciden en lo
fundamental (mismo siglo, misma orden, mismo destino, mismo cargo…), lo que
lleva a pensar que no son dos personas distintas, sino que se trata del mismo
individuo. Sólo un dato difiere, el del lugar de nacimiento. Mientras que, en
la primera entrada, se dice que es natural de Madrigalejo, en la segunda
aparece que nació en Garrovillas de Alconétar, ambas localidades pertenecientes
a la provincia de Cáceres.
Independientemente
del lugar exacto de su nacimiento y ubicándolo como oriundo de Extremadura, su
figura es tan interesante que merece ser recordada y divulgada. Además, ofrece
la posibilidad de seguir indagando sobre su figura y de intentar resolver todos
los interrogantes que están sin aclarar. Por esas razones, presenté un trabajo
sobre Fray Alonso Jiménez en los “LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA”.
1.
SOBRE LA PRIMERA ETAPA DE SU VIDA
Fray
Alonso Jiménez nació en Extremadura, en el primer tercio del siglo XVI. Se
formó en el Convento de San Esteban de Salamanca y, desde allí, se marchó a
predicar el Evangelio a Guatemala, donde “gastó los años de mocedad, empleando
sus fuerzas en el bien de aquel ministerio y conversión de aquellas almas”[4]. Nada más
conocemos de su estancia en América y, cuando creyó llegado el momento de dejar
atrás la actividad misionera y dedicarse a la vida contemplativa, decidió
regresar a Salamanca, al convento de San Esteban.
Sin
embargo, como tuvo noticia de que la orden dominica iba a fundar una nueva
provincia en Filipinas, su espíritu inquieto y misionero se alborotó de nuevo
y, a pesar de su edad avanzada, quiso formar parte de aquella prometedora
empresa.
2. FUNDACIÓN
DE LA PROVINCIA DEL SANTO ROSARIO DE PREDICADORES EN FILIPINAS
En
1582, fray Juan Crisóstomo obtuvo del Padre General de la Orden dominica y del
Papa Gregorio XIII la autorización para fundar una Provincia de la Orden de
Predicadores, en Filipinas, Japón y China, con la compañía de 30 religiosos. La
nueva provincia dominica recibiría el nombre de “Nuestra Señora del Rosario”.
Tras una serie de dificultades por las que estuvo parada la empresa unos años,
en septiembre de 1585, Felipe II concedió a veinticuatro religiosos de la Orden
de Predicadores la autorización para viajar a Filipinas, y estos dominicos
iniciaron el viaje a pie hacia Sevilla[5].
En esta ciudad, el padre Crisóstomo renunció a ser prior de la comunidad recién
creada en favor de fray Juan de Castro, para encargarse de las diligencias y
negociaciones que requería la empresa[6].
Fueron muchos los impedimentos y contrariedades que se presentaron justo antes
de iniciar el viaje y, por fin, el 17 de julio de 1586, se hicieron a la mar
rumbo a México[7].
Siguieron
la ruta establecida por los españoles para llegar a Filipinas entre 1565 y 1815[8]:
atravesando el Atlántico con destino a Veracruz, cruzando Nueva España -México-
hasta Acapulco, desde donde embarcaban en el Galeón de Manila para cruzar navegando
el Pacífico hasta llegar al archipiélago asiático.
Pero,
en mitad del viaje, había que parar obligatoriamente unos meses en México y,
quien espera, desespera. Así ocurrió, que la larga espera jugó en contra de
aquel grupo de dominicos. En primer lugar, se toparon con viajeros que volvían
del archipiélago filipino que opinaban que allí no se necesitaban más
religiosos; después, varios frailes del grupo sufrieron enfermedades y algunos
murieron, lo que hizo crecer la desesperación y el desánimo entre ellos,
planteándose si realmente era pertinente continuar con la empresa. Así fue como,
sumidos en un gran debate y mucha oración, convinieron en dar libertad a cada
uno para quedarse o continuar el viaje.
Al
final, el número de dominicos que obtuvieron permiso para embarcar hacia
Filipinas se vio reducido a diez y ocho, entre ellos, fray Alonso Jiménez. Fray
Juan Crisóstomo no pudo embarcar por estar enfermo. Otros tres religiosos que
embarcaron con ellos tenían como destino China, aunque debían estar sujetos a
las directrices de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas.[9]
De
Acapulco salieron el 6 de abril de 1587 y tocaron puerto filipino el 22 de
julio. La entrada de los primeros catorce religiosos dominicos en Manila tuvo
lugar el día del apóstol Santiago, 25 de julio.[10]
3.
IMPORTANCIA DE LA PRESENCIA DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN LA CONQUISTA DE
FILIPINAS.[11]
Antes
de seguir adelante, es preciso destacar la importancia de los religiosos en
Filipinas durante la presencia española en aquellos territorios, ya que, desde
el principio, la monarquía hispánica lo planteó como una misión evangelizadora.
En
la primera expedición a Filipinas comandada por Miguel López de Legázpi en
1565, ya formaba parte de ella un grupo de frailes agustinos. No tardaron en
hacer acto de presencia otras órdenes religiosas, como los franciscanos, que
llegaron en 1578, los jesuitas en 1581, o los dominicos, en 1587 como hemos
visto.
Los
religiosos fueron los auténticos protagonistas activos y necesarios en la
organización y funcionamiento de la administración española en Filipinas,
debido a la falta de funcionarios en aquellas lejanas islas. Los misioneros se
convirtieron en los representantes de la administración en los lugares donde se
encontraban. Y aunque su principal misión era la de evangelizar, también se
encargaron de las cuestiones fiscales, eran medios de información, revisaban
los cargos municipales y controlaban su conducta, velaban por la administración
de justicia, supervisaban censos y tributos, servían de interlocutores e
intérpretes entre las autoridades y la población local, de la misma forma que
se hicieron cargo de funciones sanitarias y asistenciales, de educación,
construcción de edificios, caminos y obras públicas, etc.
4.
PRIMEROS AÑOS EN FILIPINAS.
Después
de algunos días de descanso en Manila, fueron enviados varios religiosos a
distintos poblados. Fray Alonso Jiménez, junto con otros tres dominicos, fueron
destinados a la zona de Bataan[12]. Con
mucho empeño, fray Alonso fue aprendiendo la lengua de los naturales y dice fray
Diego de Aduarte que, “aunque viejo, acudía a todos los trabajos y, de
ordinario, era él el que acompañaba al religioso que salía para otros pueblos,
caminando a pie y descalzo por cenagales y pantanos…”[13].
Cuidaba con gran esmero a los aborígenes enfermos, guisando para ellos y
dándoles él mismo de comer[14]. Fray
Alonso realizaba tantos sacrificios más allá de sus posibilidades que cayó
enfermo y tuvo que ser derivado al convento de Manila para que fuese atendido.
En
el tiempo de convalecencia en Manila, se cayó la primera iglesia, que había
sido construida con materiales humildes[15].
Para evitar que volviera a suceder lo mismo, se decidió construir un nuevo
templo en piedra[16]. Y cuando
el Padre Jiménez se recuperó de su enfermedad, se puso a trabajar en la iglesia[17] al frente
mismo de las obras[18], gracias
a su reconocida fama de arquitecto[19],
disciplina que habría adquirido y practicado en sus años de misión en
Guatemala. Su vocación de servicio queda patente en su actitud en la obra, pues
lo mismo hacía trazas como maestro que ayudaba como peón[20].
Durante
la construcción de la iglesia, fray Alonso Jiménez fue nombrado prior del
Convento y, posteriormente, el 9 de abril de 1592, fue nombrado Provincial. Y
aprovechando la reunión del capítulo para la elección de Provincial, ese mismo
día fue inaugurada, con gran solemnidad, la iglesia de piedra que se acababa de
terminar [21]. Sin
embargo, a pesar de que el templo se construyó a conciencia para que perdurara
en el tiempo, en 1603 se produjo un voraz incendio en Manila que redujo a
escombros todo el convento de Santo Domingo[22].
Sobre el padre Jiménez, fray Diego Aduarte señala que,
en el tiempo que fue provincial de la orden, dispuso cosas “muy loables”[23]: se
extendió mucho el territorio de la Provincia; se erigieron nuevas iglesias y
ministerios y “procuró por dos veces la conversión del Reyno de Camboxa, en
cuya pretensión padeció excesivos trabajos…”[24]
5. DOS EXPEDICIONES A CAMBOYA
5.1. Primera expedición.
En 1595, el rey de Camboya mandó una embajada a Manila
solicitando ayuda frente a las hostilidades que sufría por parte del rey de
Siam. Pedía “gente de guerra” y frailes dominicos para que enseñaran la Ley de
Dios a él y a su reino. Tanto el gobernador como la orden dominica convinieron
en que debían acudir a su llamada y, al frente de los soldados, se dispuso que
estuviera el capitán Juan Juárez Gallinato, mientras que los dominicos
señalaron al padre Provincial -Alonso Ximénez- para que formara parte de la
expedición, acompañado de fray Juan Deza y de fray Diego de Aduarte. En
enero de 1596, la expedición salió desde la bahía de Manila hacia Camboya,
formada por tres navíos y 130 soldados.[25]
La travesía estuvo llena de grandes dificultades
debido a la mala mar con la que se encontraron, que separó las naves y provocó
destrozos en ellas. La nave en la que iban los religiosos, llegó destrozada a
una playa y allí quedó varada. En tierra, los tripulantes pasaron muchas
calamidades, con un calor insoportable, sin agua dulce ni comida. Cuando
estaban a punto de perecer, se toparon con los compañeros de la otra
embarcación y, a través de ellos, supieron que el rey de Camboya había huido,
porque lo había invadido el rey de Siam, haciéndose con el territorio sin
ninguna resistencia y había arrasado todo lo que encontró a su paso, antes de
regresar a su tierra. Un antiguo súbdito del rey camboyano, aprovechando el
vacío de poder, asumió el gobierno. [26]
A pesar de las buenas palabras del nuevo mandatario,
su verdadera intención eran deshacerse de la expedición española. En un
enfrentamiento entre los españoles y una comunidad china instalada en Camboya,
el dirigente camboyano se posicionó del lado de la comunidad china y, en las
refriegas, una bala alcanzó al gobernante y lo mató. Los españoles aprovecharon
el momento de desconcierto y emprendieron la huida con una multitud de
camboyanos persiguiéndoles muy de cerca[27].
A duras penas llegaron hasta los navíos y, en ese momento, llegaba hasta ellos
la tercera nave de la expedición. Todos juntos salieron de Camboya de vuelta a
Filipinas, haciendo una parada obligada en Conchinchina para abastecerse.[28]
En Conchinchina encontraron a unos padres agustinos, que
invitaron a fray Alonso a celebrar con ellos la fiesta de San Agustín.
Entretanto, los españoles se dieron cuenta de que estaban en peligro y
embarcaron con urgencia, dejando atrás a fray Alonso, que fue hecho prisionero.
El virrey de Conchinchina concedió permiso a fray Alonso para que fuera a vivir
con los padres agustinos, con los que estuvo, hasta que pudo regresar a Manila
año y medio después.[29]
5.2. Segunda expedición a Camboya.
Para entonces, los capitanes Blas Ruiz de Fernán
González y Diego Velloso habían ayudado al hijo del verdadero rey de Camboya a
reinstaurarle en el trono, pues su padre había fallecido. En agradecimiento, el
nuevo monarca les concedió tierras y títulos; al mismo tiempo los españoles le
plantearon los beneficios que supondría para Camboya la evangelización. Con
este propósito se organizó una segunda expedición, a la que también se
apuntaron fray Alonso Jiménez y fray Diego de Aduarte, acompañados de soldados
para pacificar el país. [30]
Al poco de hacerse a la mar, de nuevo se toparon con
mal tiempo, lo que provocó que se separaran los navíos y se perdieran, sin
saber nada unos de otros. La nave en la que iba fray Alonso Jiménez, varó en la
costa de China. El padre Aduarte, que iba en otra embarcación, pudo regresar a
Filipinas y, después de contar lo que había sucedido, mandaron otra nave en su
búsqueda. También se perdió esta embarcación y se hizo pedazos. Sus tripulantes
fueron apresados por los chinos donde estaba fray Alonso Jiménez y volvieron a
encontrarse los dos frailes dominicos.[31]
En China encontró la muerte fray Alonso Jiménez entre 1598 y 1599. Así lo dice el padre Aduarte: “los muchos trabajos que padeció por espacio de más de dos años, peregrinando por la mar con muchos naufragios y por tierra con manifiestos peligros de muerte, hambre, sedes, cautiverio, solo por procurar predicar el Evangelio en el Reino de Camboja”[32] le llevaron a padecer “su última enfermedad en su convento de Macán, y allí recibió los Sanctos Sacramentos, y rodeado de religiosos de su orden dio el alma a su criador con particular alegría suya, y tristeça grande de los que asistían presentes, por ver que los dexava tan sancto compañero”[33].
Guadalupe Rodríguez Cerezo.
BIBLIOGRAFÍA:
ADUARTE, fray Diego: Historia de
la Provincia del Sancto Rosario de la Orden de Predicadores en Philippinas,
Iapon y China. Manila 1640
ANDRÉS MARTÍN, Melquiades, y OTROS:
Misioneros Extremeños en Hispanoamérica y Filipinas. Diccionario biográfico
y bibliográfico. Biblioteca de autores cristianos. Madrid, 1993.
Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo
Rosario de Filipinas. Relaciones publicadas con motivo del séptimo
centenario de la confirmación de la sagrada orden de predicadores. 1916.
NAVARRO
DEL CASTILLO, Vicente: La epopeya de la raza extremeña en Indias, Mérida
(Badajoz), 1978.
RODRÍGUEZ AMORES, L: Crónicas
Lugareñas. Madrigalejo, Tecnigraf S.A. Badajoz. 2008.
https://sge.org/publicaciones/numero-de-boletin/boletin-61/las-ordenes-religiosas-en-filipinas/
https://www.larazon.es/cultura/historia/20211125/xqwbqcv46bdo3mhb6cfjf76if4.html
https://dbe.rah.es/biografias/19037/juan-diego-aduarte
https://lapaseata.net/2023/07/02/espanoles-en-la-cochinchina-blas-de-ruiz-y-diego-veloso/
FUENTES:
Archivo Parroquial de Madrigalejo. Libro de Acuerdos, Poderes y Protocolos del Concejo de Madrigalejo.
[1] G. RODRÍGUEZ CEREZO: “Fray Alonso
Jiménez, uno de los pioneros dominicos en Filipinas”. Actas de los LII
COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA. 2024. I.S.B.N.: 978-84-09-62971-8. (Págs.
555-567)
[2]
ANDRÉS
MARTÍN, Melquiades, y OTROS: Misioneros Extremeños en Hispanoamérica y
Filipinas. Diccionario biográfico y bibliográfico. Biblioteca de autores
cristianos. Madrid, 1993. (p.
180)
[3]
Ibidem.
[4]
ADUARTE,
fray Diego: Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la Orden de
Predicadores en Philippinas, Iapon y China. Manila 1640. Pág. 243
[5]
Ibidem, págs. 9 y 10.
[6]
Ibidem, pág. 11.
[7]Ibidem, pág. 14.
[9]ADUARTE, fray Diego: Historia de
la Provincia del (…) Op. cit. págs. 16-20.
[10]Ibidem, págs. 24-29.
[13]
Ibidem, pág. 244.
[14]
Ibidem.
[15]
Los
Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas.
Relaciones publicadas con motivo
del séptimo centenario de la confirmación de la sagrada orden de predicadores.
1916. Págs. 49
y 50.
[16]
Ibidem, pág. 50.
[18]
Ibidem, pág. 35.
[19]
Los
Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo
Rosario de Filipinas. (…) pág. 50.
[21]
Ibidem, págs. 35 y 132; y Los
Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de
Filipinas. (…) pág. 50.
[22]
Los Dominicos en Extremo
Oriente. Provincia
del Santísimo Rosario de Filipinas. (…) pág. 50 y 51.
[23]
ADUARTE, fray Diego: Historia de la Provincia del (…) Op. cit. Pág.
245.
[25]
Ibidem, págs. 207 y 208.
[26]
Ibidem, págs. 209-213.
[27] Estos hechos ocurrieron en mayo de
1596 (https://lapaseata.net/2023/07/02/espanoles-en-la-cochinchina-blas-de-ruiz-y-diego-veloso/ )
[28]
ADUARTE, fray
Diego: Historia de la Provincia del (…) Op. cit.,
págs. 213-224.
[30]
Ibidem, págs. 229 y 230.
[32]
Ibidem, pág. 240.
[33]
Ibidem, pág. 243.