domingo, 29 de diciembre de 2024

FRAY ALONSO JIMÉNEZ, misionero en Filipinas con odisea en Camboya.

En los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA, celebrados en Trujillo en septiembre de 2023, presenté la comunicación titulada Fray Alonso Jiménez, uno de los pioneros dominicos en Filipinas. Este trabajo fue galardonado con el Premio “Fundación Obra Pía de los Pizarro” en su XXIX edición. 

La comunicación está publicada en las actas de los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA[1] y, en la página web de la Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura, en el enlace: https://chdetrujillo.com/fray-alonso-jimenez-uno-de-los-pioneros-dominicos-en-filipinas/


Comparto en esta entrada de Luz de Candil una síntesis ese trabajo sobre Fray Alonso Jiménez.

 

INTRODUCCIÓN

En el diccionario biográfico y bibliográfico Misioneros Extremeños en Hispanoamérica y Filipinas, dirigido por el Dr. Melquiades Andrés Martín, aparecen dos entradas consecutivas referidas a fray Alonso Jiménez. En la primera, se dice que fray Alonso Jiménez, de la Orden de Santo Domingo, nació en Madrigalejo, tomó el hábito en Salamanca y pasó a Filipinas en el último decenio del siglo XVI, donde llegó a ser provincial[2].

La siguiente entrada, sitúa el lugar de nacimiento de este misionero dominico en Garrovillas de Alconétar (Cáceres), hacia 1520. Igual que en la primera, se dice que tomó el hábito en Salamanca, especificando que lo hizo en el convento de San Esteban. También se añade que formó parte de la primera expedición dominica a Filipinas, y las dos concuerdan en que fue provincial de la Orden en este archipiélago…[3].

 Ambas reseñas biográficas coinciden en lo fundamental (mismo siglo, misma orden, mismo destino, mismo cargo…), lo que lleva a pensar que no son dos personas distintas, sino que se trata del mismo individuo. Sólo un dato difiere, el del lugar de nacimiento. Mientras que, en la primera entrada, se dice que es natural de Madrigalejo, en la segunda aparece que nació en Garrovillas de Alconétar, ambas localidades pertenecientes a la provincia de Cáceres.

Independientemente del lugar exacto de su nacimiento y ubicándolo como oriundo de Extremadura, su figura es tan interesante que merece ser recordada y divulgada. Además, ofrece la posibilidad de seguir indagando sobre su figura y de intentar resolver todos los interrogantes que están sin aclarar. Por esas razones, presenté un trabajo sobre Fray Alonso Jiménez en los “LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA”.

 

1. SOBRE LA PRIMERA ETAPA DE SU VIDA

Fray Alonso Jiménez nació en Extremadura, en el primer tercio del siglo XVI. Se formó en el Convento de San Esteban de Salamanca y, desde allí, se marchó a predicar el Evangelio a Guatemala, donde “gastó los años de mocedad, empleando sus fuerzas en el bien de aquel ministerio y conversión de aquellas almas”[4]. Nada más conocemos de su estancia en América y, cuando creyó llegado el momento de dejar atrás la actividad misionera y dedicarse a la vida contemplativa, decidió regresar a Salamanca, al convento de San Esteban.

Sin embargo, como tuvo noticia de que la orden dominica iba a fundar una nueva provincia en Filipinas, su espíritu inquieto y misionero se alborotó de nuevo y, a pesar de su edad avanzada, quiso formar parte de aquella prometedora empresa.

 

2. FUNDACIÓN DE LA PROVINCIA DEL SANTO ROSARIO DE PREDICADORES EN FILIPINAS

En 1582, fray Juan Crisóstomo obtuvo del Padre General de la Orden dominica y del Papa Gregorio XIII la autorización para fundar una Provincia de la Orden de Predicadores, en Filipinas, Japón y China, con la compañía de 30 religiosos. La nueva provincia dominica recibiría el nombre de “Nuestra Señora del Rosario”. Tras una serie de dificultades por las que estuvo parada la empresa unos años, en septiembre de 1585, Felipe II concedió a veinticuatro religiosos de la Orden de Predicadores la autorización para viajar a Filipinas, y estos dominicos iniciaron el viaje a pie hacia Sevilla[5]. En esta ciudad, el padre Crisóstomo renunció a ser prior de la comunidad recién creada en favor de fray Juan de Castro, para encargarse de las diligencias y negociaciones que requería la empresa[6]. Fueron muchos los impedimentos y contrariedades que se presentaron justo antes de iniciar el viaje y, por fin, el 17 de julio de 1586, se hicieron a la mar rumbo a México[7].

Siguieron la ruta establecida por los españoles para llegar a Filipinas entre 1565 y 1815[8]: atravesando el Atlántico con destino a Veracruz, cruzando Nueva España -México- hasta Acapulco, desde donde embarcaban en el Galeón de Manila para cruzar navegando el Pacífico hasta llegar al archipiélago asiático.

Pero, en mitad del viaje, había que parar obligatoriamente unos meses en México y, quien espera, desespera. Así ocurrió, que la larga espera jugó en contra de aquel grupo de dominicos. En primer lugar, se toparon con viajeros que volvían del archipiélago filipino que opinaban que allí no se necesitaban más religiosos; después, varios frailes del grupo sufrieron enfermedades y algunos murieron, lo que hizo crecer la desesperación y el desánimo entre ellos, planteándose si realmente era pertinente continuar con la empresa. Así fue como, sumidos en un gran debate y mucha oración, convinieron en dar libertad a cada uno para quedarse o continuar el viaje.

Al final, el número de dominicos que obtuvieron permiso para embarcar hacia Filipinas se vio reducido a diez y ocho, entre ellos, fray Alonso Jiménez. Fray Juan Crisóstomo no pudo embarcar por estar enfermo. Otros tres religiosos que embarcaron con ellos tenían como destino China, aunque debían estar sujetos a las directrices de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas.[9] 

De Acapulco salieron el 6 de abril de 1587 y tocaron puerto filipino el 22 de julio. La entrada de los primeros catorce religiosos dominicos en Manila tuvo lugar el día del apóstol Santiago, 25 de julio.[10]

 

3. IMPORTANCIA DE LA PRESENCIA DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN LA CONQUISTA DE FILIPINAS.[11]

Antes de seguir adelante, es preciso destacar la importancia de los religiosos en Filipinas durante la presencia española en aquellos territorios, ya que, desde el principio, la monarquía hispánica lo planteó como una misión evangelizadora.

En la primera expedición a Filipinas comandada por Miguel López de Legázpi en 1565, ya formaba parte de ella un grupo de frailes agustinos. No tardaron en hacer acto de presencia otras órdenes religiosas, como los franciscanos, que llegaron en 1578, los jesuitas en 1581, o los dominicos, en 1587 como hemos visto.

Los religiosos fueron los auténticos protagonistas activos y necesarios en la organización y funcionamiento de la administración española en Filipinas, debido a la falta de funcionarios en aquellas lejanas islas. Los misioneros se convirtieron en los representantes de la administración en los lugares donde se encontraban. Y aunque su principal misión era la de evangelizar, también se encargaron de las cuestiones fiscales, eran medios de información, revisaban los cargos municipales y controlaban su conducta, velaban por la administración de justicia, supervisaban censos y tributos, servían de interlocutores e intérpretes entre las autoridades y la población local, de la misma forma que se hicieron cargo de funciones sanitarias y asistenciales, de educación, construcción de edificios, caminos y obras públicas, etc.

 

4. PRIMEROS AÑOS EN FILIPINAS.

Después de algunos días de descanso en Manila, fueron enviados varios religiosos a distintos poblados. Fray Alonso Jiménez, junto con otros tres dominicos, fueron destinados a la zona de Bataan[12]. Con mucho empeño, fray Alonso fue aprendiendo la lengua de los naturales y dice fray Diego de Aduarte que, “aunque viejo, acudía a todos los trabajos y, de ordinario, era él el que acompañaba al religioso que salía para otros pueblos, caminando a pie y descalzo por cenagales y pantanos…”[13]. Cuidaba con gran esmero a los aborígenes enfermos, guisando para ellos y dándoles él mismo de comer[14]. Fray Alonso realizaba tantos sacrificios más allá de sus posibilidades que cayó enfermo y tuvo que ser derivado al convento de Manila para que fuese atendido.

En el tiempo de convalecencia en Manila, se cayó la primera iglesia, que había sido construida con materiales humildes[15]. Para evitar que volviera a suceder lo mismo, se decidió construir un nuevo templo en piedra[16]. Y cuando el Padre Jiménez se recuperó de su enfermedad, se puso a trabajar en la iglesia[17] al frente mismo de las obras[18], gracias a su reconocida fama de arquitecto[19], disciplina que habría adquirido y practicado en sus años de misión en Guatemala. Su vocación de servicio queda patente en su actitud en la obra, pues lo mismo hacía trazas como maestro que ayudaba como peón[20].

Durante la construcción de la iglesia, fray Alonso Jiménez fue nombrado prior del Convento y, posteriormente, el 9 de abril de 1592, fue nombrado Provincial. Y aprovechando la reunión del capítulo para la elección de Provincial, ese mismo día fue inaugurada, con gran solemnidad, la iglesia de piedra que se acababa de terminar [21]. Sin embargo, a pesar de que el templo se construyó a conciencia para que perdurara en el tiempo, en 1603 se produjo un voraz incendio en Manila que redujo a escombros todo el convento de Santo Domingo[22].

Sobre el padre Jiménez, fray Diego Aduarte señala que, en el tiempo que fue provincial de la orden, dispuso cosas “muy loables”[23]: se extendió mucho el territorio de la Provincia; se erigieron nuevas iglesias y ministerios y “procuró por dos veces la conversión del Reyno de Camboxa, en cuya pretensión padeció excesivos trabajos…”[24]

 

5. DOS EXPEDICIONES A CAMBOYA

5.1. Primera expedición.

En 1595, el rey de Camboya mandó una embajada a Manila solicitando ayuda frente a las hostilidades que sufría por parte del rey de Siam. Pedía “gente de guerra” y frailes dominicos para que enseñaran la Ley de Dios a él y a su reino. Tanto el gobernador como la orden dominica convinieron en que debían acudir a su llamada y, al frente de los soldados, se dispuso que estuviera el capitán Juan Juárez Gallinato, mientras que los dominicos señalaron al padre Provincial -Alonso Ximénez- para que formara parte de la expedición, acompañado de fray Juan Deza y de fray Diego de Aduarte. En enero de 1596, la expedición salió desde la bahía de Manila hacia Camboya, formada por tres navíos y 130 soldados.[25]

La travesía estuvo llena de grandes dificultades debido a la mala mar con la que se encontraron, que separó las naves y provocó destrozos en ellas. La nave en la que iban los religiosos, llegó destrozada a una playa y allí quedó varada. En tierra, los tripulantes pasaron muchas calamidades, con un calor insoportable, sin agua dulce ni comida. Cuando estaban a punto de perecer, se toparon con los compañeros de la otra embarcación y, a través de ellos, supieron que el rey de Camboya había huido, porque lo había invadido el rey de Siam, haciéndose con el territorio sin ninguna resistencia y había arrasado todo lo que encontró a su paso, antes de regresar a su tierra. Un antiguo súbdito del rey camboyano, aprovechando el vacío de poder, asumió el gobierno. [26]

A pesar de las buenas palabras del nuevo mandatario, su verdadera intención eran deshacerse de la expedición española. En un enfrentamiento entre los españoles y una comunidad china instalada en Camboya, el dirigente camboyano se posicionó del lado de la comunidad china y, en las refriegas, una bala alcanzó al gobernante y lo mató. Los españoles aprovecharon el momento de desconcierto y emprendieron la huida con una multitud de camboyanos persiguiéndoles muy de cerca[27]. A duras penas llegaron hasta los navíos y, en ese momento, llegaba hasta ellos la tercera nave de la expedición. Todos juntos salieron de Camboya de vuelta a Filipinas, haciendo una parada obligada en Conchinchina para abastecerse.[28]

En Conchinchina encontraron a unos padres agustinos, que invitaron a fray Alonso a celebrar con ellos la fiesta de San Agustín. Entretanto, los españoles se dieron cuenta de que estaban en peligro y embarcaron con urgencia, dejando atrás a fray Alonso, que fue hecho prisionero. El virrey de Conchinchina concedió permiso a fray Alonso para que fuera a vivir con los padres agustinos, con los que estuvo, hasta que pudo regresar a Manila año y medio después.[29]

 


5.2. Segunda expedición a Camboya.

Para entonces, los capitanes Blas Ruiz de Fernán González y Diego Velloso habían ayudado al hijo del verdadero rey de Camboya a reinstaurarle en el trono, pues su padre había fallecido. En agradecimiento, el nuevo monarca les concedió tierras y títulos; al mismo tiempo los españoles le plantearon los beneficios que supondría para Camboya la evangelización. Con este propósito se organizó una segunda expedición, a la que también se apuntaron fray Alonso Jiménez y fray Diego de Aduarte, acompañados de soldados para pacificar el país. [30]

Al poco de hacerse a la mar, de nuevo se toparon con mal tiempo, lo que provocó que se separaran los navíos y se perdieran, sin saber nada unos de otros. La nave en la que iba fray Alonso Jiménez, varó en la costa de China. El padre Aduarte, que iba en otra embarcación, pudo regresar a Filipinas y, después de contar lo que había sucedido, mandaron otra nave en su búsqueda. También se perdió esta embarcación y se hizo pedazos. Sus tripulantes fueron apresados por los chinos donde estaba fray Alonso Jiménez y volvieron a encontrarse los dos frailes dominicos.[31]   

En China encontró la muerte fray Alonso Jiménez entre 1598 y 1599. Así lo dice el padre Aduarte: “los muchos trabajos que padeció por espacio de más de dos años, peregrinando por la mar con muchos naufragios y por tierra con manifiestos peligros de muerte, hambre, sedes, cautiverio, solo por procurar predicar el Evangelio en el Reino de Camboja”[32] le llevaron a padecer “su última enfermedad en su convento de Macán, y allí recibió los Sanctos Sacramentos, y rodeado de religiosos de su orden dio el alma a su criador con particular alegría suya, y tristeça grande de los que asistían presentes, por ver que los dexava tan sancto compañero”[33].  

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 

BIBLIOGRAFÍA: 

ADUARTE, fray Diego: Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la Orden de Predicadores en Philippinas, Iapon y China. Manila 1640

ANDRÉS MARTÍN, Melquiades, y OTROS: Misioneros Extremeños en Hispanoamérica y Filipinas. Diccionario biográfico y bibliográfico. Biblioteca de autores cristianos. Madrid, 1993.

Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. Relaciones publicadas con motivo del séptimo centenario de la confirmación de la sagrada orden de predicadores. 1916.

NAVARRO DEL CASTILLO, Vicente: La epopeya de la raza extremeña en Indias, Mérida (Badajoz), 1978.

RODRÍGUEZ AMORES, L: Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, Tecnigraf S.A. Badajoz. 2008.

https://sge.org/publicaciones/numero-de-boletin/boletin-61/las-ordenes-religiosas-en-filipinas/

https://www.larazon.es/cultura/historia/20211125/xqwbqcv46bdo3mhb6cfjf76if4.html

https://dbe.rah.es/biografias/19037/juan-diego-aduarte

https://lapaseata.net/2023/07/02/espanoles-en-la-cochinchina-blas-de-ruiz-y-diego-veloso/


FUENTES: 

Archivo Parroquial de Madrigalejo. Libro de Acuerdos, Poderes y Protocolos del Concejo de Madrigalejo.


[1] G. RODRÍGUEZ CEREZO: “Fray Alonso Jiménez, uno de los pioneros dominicos en Filipinas”. Actas de los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA. 2024. I.S.B.N.: 978-84-09-62971-8. (Págs. 555-567)

[3] Ibidem.

[5] Ibidem, págs. 9 y 10.

[6] Ibidem, pág. 11.

[7]Ibidem, pág. 14.

[9]ADUARTE, fray Diego: Historia de la Provincia del (…) Op. cit.  págs. 16-20.

[10]Ibidem, págs. 24-29.

[13] Ibidem, pág. 244.

[14] Ibidem.

[15] Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. Relaciones publicadas con motivo del séptimo centenario de la confirmación de la sagrada orden de predicadores. 1916. Págs. 49 y 50.

[16] Ibidem, pág. 50.

[18] Ibidem, pág. 35.

[19] Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. (…) pág. 50.

[21] Ibidem, págs. 35 y 132; y Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. (…) pág. 50.

[22] Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. (…) pág. 50 y 51.

[23] ADUARTE, fray Diego: Historia de la Provincia del (…) Op. cit. Pág. 245.

[25] Ibidem, págs. 207 y 208.

[26] Ibidem, págs. 209-213.

[30] Ibidem, págs. 229 y 230.

[32] Ibidem, pág. 240.

[33] Ibidem, pág. 243.