martes, 22 de diciembre de 2020

ADORACIÓN DE LOS PASTORES (ESGRAFIADO)

 



Aparte de su sentido estético, todo arte es un poderoso medio de expresión, a través del cual el artista transmite mensajes. En artes como la pintura, escultura, danza, fotografía o cine, la comunicación directa se establece a través de la imagen, que tiene sus propios códigos de lenguaje y que, con frecuencia, se apoya en la “iconografía”. El poder comunicador del arte a través de las imágenes lo tuvo muy presente la Iglesia para catequizar a los fieles, fundamentalmente en unos siglos en los que la mayor parte de la población no sabía leer ni escribir. Por esta razón, los templos suelen ser libros abiertos a través de las obras de arte que contienen.

Recién construida la iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo, sus muros estaban desnudos y, en sus frontales, tanto en el presbiterio como en los dos altares laterales, se plasmaron unas representaciones figurativas en esgrafiado. La técnica del esgrafiado consiste en superponer varias capas de revoque de distinto color con una lechada de cal o yeso al final, al que se ha trasladado un dibujo, que, una vez raspadas las parte ajenas al dibujo, queda este en resalte y, a la vista, los colores de las distintas capas. Sobre estos esgrafiados ya se ha tratado ampliamente en Luz de Candil, que puede verse en el siguiente enlace https://luzdecandilmadrigalejo.blogspot.com/2019/02/esgrafiados-de-la-iglesia-san-juan.html

En uno de aquellos esgrafiados del siglo XVI, concretamente en el que se encontraba en al altar del lado de la epístola, se representaba la Adoración de los Pastores, una escena que nos acerca a la Navidad. En las representaciones iconográficas de la Natividad, de la Adoración de los Pastores o de la Adoración de los Magos se desarrolla una auténtica catequesis en torno a la Navidad. Y con esta intención catequética, se plasmó aquella escena de la que hablamos a continuación.

La base de la representación iconográfica de la Natividad está tomada del Evangelio de Lucas, en el que se proclama que, “por aquellos días, salió un decreto de César Augusto para que se empadronara todo el mundo. Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer, que estaba encinta. Mientras estaban allí, se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada. (Lc 2, 1. 3-7)


La escena representada en el esgrafiado estaba enmarcada en una especie de templete con columnas de orden corintio. El Niño Jesús, tendido y envuelto en pañales, ocupa el centro de la zona inferior, flanqueado por la Virgen María y San José. Son las tres figuras que aparecen nimbadas y que, por ser las principales, aparecen en primer plano. Detrás de la Virgen, asoman las cabezas de la mula y el buey.

 

La mula y el buey no podían faltar, a pesar de que no figuran en los evangelios, pero que, ya desde épocas muy tempranas, fueron incorporadas por la iconografía cristiana. El pesebre, donde fue colocado el Niño, es el recipiente donde comen animales domésticos y, por tanto, es lógico que, donde hay pesebres se puedan encontrar semovientes como un buey o una mula. Pero, además, tiene una simbología más profunda. En el Antiguo Testamento, concretamente en Isaías (1,3), puede leerse: “El buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende”. Con esta cita, junto con otras del profeta Habacuc (3,2) y del Éxodo (25, 18-20) relacionadas entre sí y con el pesebre, llevan a que, en estos dos animales, se simbolice a la humanidad, compuesta por judíos y gentiles, desprovista de entendimiento pero que, ante la presencia del Niño, les llega el conocimiento. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, La infancia de Jesús, (Barcelona: Planeta, 2012), 76).

Y junto a la Sagrada Familia, ocupando todo el espacio restante sin dejar espacio vacío (horror vacui), se distribuyen los demás motivos que llevan al espectador a la Adoración de los Pastores:

  Había en la misma región unos pastores acampados al raso, guardando por turnos sus rebaños. Se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor les envolvió con su luz. Ellos se asustaron. El ángel les dijo: ‘No tengáis miedo, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo. En la ciudad de David os ha nacido un salvador, el mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre’.

Y enseguida se unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: ‘Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama’.

Cuando los ángeles los dejaron y se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: ‘Vamos a Belén y veamos ese acontecimiento que el Señor nos ha anunciado’

Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre. Al verlo, manifestaron lo que les habían dicho acerca del niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.” (Lc 2, 8-20)

 

Así, una serie de cabezas de ángeles alados entre nubes pululan alrededor del “misterio”, quienes alaban a Dios diciendo “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama”. Uno de aquellos ángeles había dado la noticia del nacimiento del Salvador a los pastores, que ocupan la parte superior de la representación, junto a las ovejas que guardan. La alegría del momento se manifiesta en la dulzaina que toca uno de los pastores.

Los primeros testigos del gran acontecimiento fueron los pastores que velaban sus ganados. Jesús nació fuera de la ciudad, en un paraje rodeado de pastos a los que los pastores llevaban sus rebaños. Era natural que ellos, al estar más cerca, fueran los primeros llamados a la gruta. Además, desde el punto de vista catequético, también los pastores fueron los primeros destinatarios de la gran noticia, en cuanto que representan a la gente sencilla, a los humildes, a los predilectos del amor de Dios. Más aún, enlazando con el Antiguo Testamento, David, antes de ser señalado por Dios para ser rey de Israel, estaba pastoreando el rebaño y fue constituido pastor de Israel. Jesús nace en la ciudad de David, entre pastores; Él que será el Pastor de los hombres. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, La infancia de Jesús…, 78, 79 y 80).  

Lamentablemente, los esgrafiados de los altares laterales desparecieron en la última restauración importante que se realizó en la iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo. Y con su recuerdo, concretamente con la Adoración de los Pastores, que sirvió de ilustración para nuestros antepasados, deseo felicitar la Navidad, un tiempo de gracia, esencial en nuestra cultura.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 


domingo, 29 de noviembre de 2020

EL MÁRTIR FRANCISCO CÁSTOR SOJO LÓPEZ

 

Francisco Cástor Sojo López, joven. Estudio de fotografía M. Díez, de Plasencia .
Foto publicada por Valentín Soria y A. Soria Breña en “Biografía del deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura de 2008.   

En la tercera década del siglo XX, se vivieron en España acontecimientos muy convulsos, fruto de una sociedad muy polarizada, que dejaron muy herida a la población española. El sacerdote Francisco Cástor Sojo López, natural de Madrigalejo, se vio envuelto en esta vorágine y murió asesinado, víctima de la sinrazón de aquellos malhadados tiempos. El 30 de septiembre de 2020, el Papa Francisco reconoce el martirio de Francisco Cástor Sojo y de tres compañeros de la hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, autorizando los decretos por los que se pone en marcha su proceso de beatificación[1].

Sus primeros años de vida

Francisco Cástor Sojo López nació el 28 de marzo de 1881, a las ocho de la noche, en la calle del Río de Madrigalejo[2]. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de esta localidad el día 1 de abril, a los tres días de su nacimiento, por D. Matías Pazos Solano. Fueron sus padrinos Francisco Sojo y Francisca Galán[4]. Por su partida de nacimiento sabemos que lo inscribió en el Registro Civil Francisco Sojo, que era bracero, y que Ana Sojo –su madre- se dedicaba a las “ocupaciones propias de su sexo”. Estos datos son indicio de que la economía familiar era humilde[5].

 

Calle del Río (Madrigalejo)

 A los 11 años, ingresa en el colegio San José de Vocaciones Sacerdotales de Plasencia[6], donde entró en contacto con la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Con ellos, pasó un tiempo en el Colegio Vocacional de Lisboa, donde sufrió ya persecución por su fe. Ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios en agosto de 1902[7]. Durante dos años estudió Teología en el Seminario de Toledo y aquí se licenció en esta disciplina[8]. El 19 de diciembre de 1903 fue ordenado sacerdote en Plasencia y cantó su primera misa en Guadalupe en enero de 1904, donde residía por entonces su familia[9].

Pila Bautismal de la Iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo, donde Francisco Cástor Sojo recibió las aguas del bautismo.

Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos

La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos es una asociación de sacerdotes seculares, que se unen para ayudarse, como sacerdotes, “en el camino de la santidad y para ser más eficaces en el ejercicio del ministerio”[10]. Para pertenecer a esta hermandad hay que ser clérigo –diácono como mínimo-. El operario sigue estando vinculado a su diócesis y trabaja en colaboración estrecha con el obispo y los sacerdotes. Además, tiene disponibilidad y libertad para ir a trabajar a cualquier parte del mundo.[11]

 La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos fue fundada en 1883 por el beato Manuel Domingo y Sol. Entre sus objetivos, destacan el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas, religiosas y apostólicas, así como la formación cristiana de la juventud, infundiendo en ellos un espíritu de reparación y la devoción al Corazón de Jesús, especialmente en la Eucaristía.[12]

 No se trata de una congregación religiosa. Y, por ello, la Santa Sede reconoció oficialmente “la peculiaridad de esta asociación” en 1898[13].

Su vida sacerdotal

En el espíritu de los padres operarios vivió Francisco Cástor su sacerdocio, que estuvo, en su mayor parte, destinado a la docencia y a la formación en distintos colegios vocacionales y seminarios. Entre 1903 y 1918 estuvo en Plasencia, primero como Prefecto de los alumnos del Colegio de Vocaciones y, después, como Director del mismo. Desde aquí fue destinado a Badajoz, donde fue Administrador del Seminario durante cinco años, regresando a Plasencia como Prefecto de los alumnos del Seminario Diocesano. Poco tiempo estuvo en este último destino, pues en 1924 se incorpora al Seminario de Segovia como Superior, hasta 1926, cuando fue nombrado Director del Colegio de Vocaciones de Astorga. Su último destino fue Ciudad Real, donde se incorporó en 1933 como Mayordomo de su Seminario.[14]

El centro de su vida espiritual estaba en la Eucaristía, de la que fue un auténtico enamorado. Cuidaba mucho el aspecto musical de la liturgia, ya que poseía una formación musical completa en órgano, composición y dirección. Se especializó en el canto gregoriano, formación que completó, durante varios veranos, con los monjes de Montserrat. Su pasión por este canto y sus amplios conocimientos musicales le llevaron a infundir en sus alumnos el gusto por la liturgia cantada, pues, en todos sus destinos, impartió la asignatura de música.[15]

Desde niño, profesó una gran devoción hacia la Virgen de Guadalupe, devoción de la que se hace eco quien fuera su director espiritual, D. Esteban Ginés Ovejero, que dedicó a Francisco Cástor la presentación de su obra Guadalupe. Impresiones de un peregrino[16]. Esta publicación recoge una serie de artículos escritos por D. Esteban sobre este Santuario, para fomentar la devoción a la Virgen de Guadalupe y dar a conocer su Monasterio, en aquellos tiempos tan olvidado y dejado de la mano de Dios, y que había tenido ocasión de visitar cuando Francisco Cástor cantó su primera misa[17].

Monasterio de Guadalupe, donde Francisco Cástor Sojo cantó su primera misa.
 
Santa María de Guadalupe.

 Según sus compañeros, Francisco Cástor era una persona dócil, era sencillo, abierto, trabajador, muy piadoso y ejemplar, así como buen compañero y amigo.[18]

Tiempos convulsos

El panorama político y social en la España de la tercera década del siglo XX era muy complicado.

El siglo XIX había estado caracterizado por una gran inestabilidad política e institucional, que se cerró en falso con la Restauración borbónica (1874-1931), consistente en la alternancia dirigida desde dos partidos políticos: el conservador y el liberal. El turno de gobierno se llevaba a efecto a través de unas elecciones que eran dirigidas, en los distintos territorios, por las estructuras caciquiles. Este sistema derivó en una alta corrupción y en el mantenimiento de estructuras arcaicas, por lo que provocó un hondo descontento social, materializado en numerosas revueltas. La Iglesia, en la Restauración, había sido favorecida y privilegiada, gozando de un gran poder, al mismo tiempo que surgían, en buena parte de la sociedad, posiciones cada vez más anticlericales.

 Todas estas circunstancias fueron generando un caldo de cultivo que desembocó, tras la Dictadura de Primo de Rivera y la Dicta-blanda de Berenguer, en el derrocamiento de la Monarquía y en la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. A estas alturas, la sociedad estaba muy polarizada en posturas cada vez más enfrentadas. Tanto unos como otros, a toda costa, quisieron imponer sus postulados, en numerosas ocasiones sin respetar leyes ni instituciones. El anticlericalismo se acentuó y la Iglesia padeció persecución con la quema y destrucción de iglesias. El sectarismo llevó a las calles una gran agitación social no exenta de violencia, que explotó en el enfrentamiento fratricida de la Guerra Civil tras el Golpe de Estado de julio de 1936.

En aquel momento, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos en la fe fueron objeto de una gran persecución. Francisco Cástor fue víctima de aquella situación y entregó su vida por Cristo en Valverde, a las afueras de Ciudad Real, en la noche del 12 al 13 de septiembre de 1936[19]. Sus restos, que hasta el 25 de junio de 2021 habían estado enterrados en el cementerio municipal de Ciudad Real, fueron exhumados y depositados en el mausoleo de los mártires de la Hermandad de los Operarios en el templo de la Reparación de Tortosa el 27 de junio[20].

Los mártires en la Iglesia Católica

El martirio es el testimonio supremo de la verdad de la fe, un testimonio que llega hasta la muerte. Por tanto, el mártir es la persona que da testimonio de Cristo muerto y resucitado. Por la unión con Cristo en el amor, el mártir soporta con fortaleza la muerte. Como dijo San Ignacio de Antioquía, “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas, me será dado llegar a Dios”[21].

Para el pueblo cristiano, el martirio es una consecuencia intrínseca del seguimiento a Jesús. Y como tal, en la espiritualidad cristiana, el martirio se manifiesta a través de dos aspectos. Por un lado, el martirio rojo, por el que se da testimonio de fe derramando la propia sangre, lo que supone una gracia especial y un privilegio cristiano. Y por el otro, el martirio blanco, cuando la fe se testifica en la realidad del día a día. Así lo dejó dicho el mismo Jesús: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará” (Mt 16, 24-25). 

El siervo de Dios, Francisco Cástor, nos deja un ejemplo de valentía y testimonio de fe. El Papa Francisco ha reconocido su martirio y ha puesto en marcha el proceso para su beatificación. Por ello, su vida debe ser un estímulo en la vida de fe de los madrigalejeños. Es una gracia que ya tenemos la Iglesia de Madrigalejo, pues un miembro nacido de ella, con toda certeza, ha alcanzado la Gloria y goza de sus beneficios. Por ello, nosotros gozamos del privilegio de tener un mediador al que elevar nuestras plegarias para que interceda ante Dios.




FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

-Archivo Municipal de Madrigalejo. Registro Civil.

-Archivo Parroquial.

-E. GINÉS OVEJERO. Guadalupe. Impresiones de un peregrino. Imprenta de José L. Foguet. Tortosa. 1905.

-L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf Editores. Badajoz, 2008. Pág. 326.

-V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 2008.

-SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Epistula ad Romanos, 4, 1) Cfr. CCEECC, 2473.

https://www.vidanuevadigital.com/2020/09/30/el-papa-francisco-reconoce-el-martirio-de-cuatro-sacerdotes-operarios/

https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/

https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/asociacion-sacerdotal/

https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/historia/

https://www.cope.es/religion/hoy-en-dia/iglesia-espanola/gente-con-fe/noticias/calvario-que-sufrieron-los-religiosos-asesinados-durante-guerra-civil-que-seran-beatificados-20200930_920590

      



[1]https://www.vidanuevadigital.com/2020/09/30/el-papa-francisco-reconoce-el-martirio-de-cuatro-sacerdotes-operarios/

[2] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf Editores. Badajoz, 2008. Pág. 326. La información sobre Francisco Cástor Sojo López fue tomada del informe realizado para el trámite previo a la beatificación.

[3] Datos que aparecen en su partida de nacimiento del Registro Civil.

[4] Archivo Parroquial. Libro de Bautismos.

[5] Registro civil.

[6] V.SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 2008. Pág. 817.

[7] Ibídem.

[8] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas…. Op. cit. Pág. 326.

[9] https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/ //V.SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Pág. 817.

[10]https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/asociacion-sacerdotal/

[11] Ibídem.

[12] https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/historia/

[13] Ibídem.

[14] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326. // V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Op. cit. Pág. 818.

[15] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326. // V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Op. cit. Pág. 817.

[16] E. GINÉS OVEJERO. Guadalupe. Impresiones de un peregrino. Imprenta de José L. Foguet. Tortosa. 1905.

[17] Ibídem.

[18] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326.

[19]https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/


miércoles, 28 de octubre de 2020

SOBRE LOS CEMENTERIOS

 


Enterrar a los muertos… Todas las civilizaciones han tenido su peculiar concepción sobre la muerte y lo han manifestado en sus ritos funerarios. En la civilización occidental, de raíces cristianas, enterrar a los muertos es una obra de caridad y, siguiendo la tradición bíblica, los cadáveres se inhumaban, se enterraban, esperando la resurrección de la carne.

 El lugar destinado a enterrar a los difuntos es el “cementerio”, término que nos llega del latín, que, a su vez, procede del griego y que significa “lugar donde dormir”. La tradición cristiana optó por la palabra cementerio frente al vocablo necrópolis, también de origen griego y cuyo significado es “ciudad de los muertos”. Se optó por el término cementerio porque, para el cristianismo, la muerte es un estado transitorio -de dormición- a la espera de la resurrección. El terreno destinado a enterrar a los muertos era bendecido y considerado lugar sagrado, por eso también son llamados camposantos.

Enterramientos en la iglesia

Hasta hace algo más de doscientos años, existía la tradición de inhumar a los difuntos en el interior de los templos y en sus atrios, porque se creía que, de esta forma, estaban más cerca de Dios. Así ocurría también en la iglesia de Madrigalejo. Era una costumbre que, hoy en día, nos parece inconcebible y que, sin embargo, costó mucho esfuerzo cambiar.


En el siglo XVIII, los pensadores ilustrados –como Jovellanos, Floridablanca y el mismo rey Carlos III-, preocupados por la salud pública y por mejorar la vida de los ciudadanos, abordaron y debatieron la cuestión de los problemas sanitarios que acarreaba la práctica de enterrar a los muertos en los recintos cerrados, poco ventilados y abiertos al culto. Esta práctica era especialmente preocupante en los meses de calor, cuando eran insoportables los olores que exhalaban los cuerpos en descomposición, pero, sobre todo, era devastadora en tiempos de pandemia. Y, además de debatirlo, también propusieron, como solución, la construcción de cementerios.

Después de un amplio estudio y una larga polémica que duró varios años –entre 1781 y 1786-, el Rey Carlos III, a iniciativa del Conde de Floridablanca, firmaba La Real Cédula sobre el restablecimiento de los cementerios el 10 de marzo de 1787. Los cementerios, según esta ley, tenían que estar “fuera de las poblaciones (…), en sitios ventilados e inmediatos a las parroquias y distantes de las casas de los vecinos”.

La promulgación de la ley no tuvo un efecto inmediato y se fue aplicando siguiendo criterios de urgencia, necesidad y financiación. Parece ser que, en Madrigalejo, ni se plantearon su construcción, según se desprende de las respuestas a la "Visita de la Real Audiencia de Extremadura", en 1791, tan solo cuatro años después de su promulgación. A la pregunta de “si hay cementerios o necesidad de ellos y lugar donde cómodamente se puedan hacer”, responden las autoridades que “no hay cementerio ni necesidad de él”, y el cura rector dice: “aquí no hay cementerios ni se advierte necesidad de ellos, por ser bastante capaz la iglesia para su vecindario”. Vemos, por tanto, que los difuntos se seguían enterrando en el templo por tener el edificio capacidad suficiente para el número de vecinos.

Cementerio viejo

No fue hasta bien entrado el siglo XIX, concretamente en 1820, cuando se procede a la construcción de un cementerio. Ya hemos visto que, para las autoridades civiles y religiosas del municipio, no era un asunto de necesidad, a lo que habría de añadir que España estuvo sumida en la guerra de la Independencia entre los años 1808 y 1813. Solo se comenzó a gestionar la construcción de un cementerio en Madrigalejo cuando la autoridad política de la Provincia de Extremadura –con sede en Badajoz- mandó una notificación oficial, en agosto de 1820, prohibiendo las inhumaciones en el interior de las iglesias bajo ningún pretexto, amparándose en la legalidad vigente, es decir, la que había promulgado Carlos III en 1787.

Se construyó un camposanto en terrenos de la iglesia, en el entorno donde anteriormente estuvo situada la ermita de San Gregorio, en la actual Calle Pizarro. Su edificación estuvo financiada con dinero de la parroquia, pues era quien corría con los estipendios de los entierros y con su gestión. Nos estamos refiriendo al llamado “cementerio viejo”, que estuvo en activo hasta la construcción, en 1912, del “cementerio del Sur” –el actual-. Y es que, a principios del S. XX, fue necesaria la construcción de un nuevo cementerio debido a problemas de espacio -se hizo pequeño- y al crecimiento de la población, ya que se estimaba que, a no mucho tardar, las edificaciones rebasarían su recinto. El antiguo camposanto quedó totalmente clausurado en 1932, después de ser limpiado y de que no quedara ninguno de los restos.

Cementerio del Sur

El nuevo cementerio se construyó con arreglo a las leyes vigentes a principios del siglo XX, en un espacioso campo en el sitio llamado la Sangría, al Suroeste del pueblo, en dirección del camino de Villanueva de la Serena y a más de quinientos metros de la población. Tenía, además del terreno destinado a sepulturas, un apartado civil –pues el cementerio era de confesión católica-, donde se enterrarían los apóstatas y suicidas; un depósito de cadáveres; una capilla; un osario y un apartado para niños muertos sin bautizar. El espacio destinado a sepulturas estaba dividido en cuatro cuarteles, separados por cipreses alineados en forma de cruz.


Este cementerio se edificó en terreno adquirido por el municipio, fue costeado por el mismo Ayuntamiento, por lo que el mismo era quien fijaba y cobraba los derechos de sepulturas, concedía permisos, nombraba empleados y, en general, llevaba toda la administración y conservación del cementerio. El alcalde, D. Sebastián Rubio Calzado, después de aclarar estos términos al párroco, D. Fernando Marcos, mediante una notificación del 6 de mayo de 1912, le pide que se digne a bendecir el cementerio; bendición que autorizó el Obispo de Plasencia el 20 de junio.

La bendición del nuevo cementerio fue un acto social de primer orden. Tuvo lugar el 17 de octubre de 1912. Para la celebración, fueron convocados la Corporación municipal, el Juzgado municipal, el Comandante del puesto de la Guardia Civil y los Señores Maestros de las Escuelas Nacionales. Comenzó el acto con una misa de Réquiem en la iglesia parroquial y, seguidamente, en procesión, los asistentes se dirigieron al nuevo cementerio. La procesión se organizó de la siguiente manera: la Cruz para la bendición abría el cortejo; después iba la manga parroquial –que es un adorno de tela, generalmente bordada, en forma cilíndrica y acabada en cono, que cubre parte de la vara de la cruz de la parroquia-; a continuación, iban los niños y niñas de las escuelas; después, el pueblo, un ataúd con restos del osario del viejo cementerio, una escolta de cuatro números de la Guardia Civil, el clero con ornamentos litúrgicos negros y las autoridades civiles y judiciales. Durante el trayecto, el clero cantaba el oficio de sepultura.

Una vez en el cementerio y terminado el oficio de sepultura, el cura párroco, revestido con ornamentos blancos, bendijo el espacio destinado a sepulturas según el ritual romano: oración, letanías, aspersión por todo el campo de las cuatro zonas y bendición de la cruz.

En la actualidad, el cementerio ha sobrepasado el siglo de existencia. Lógicamente, con el paso de los años, se ha ido adecuando a las nuevas necesidades y a los nuevos tiempos. Ha aumentado su tamaño y ha cambiado la forma de enterramiento. Si la mayor parte de las sepulturas, entonces, se realizaban en tierra, hoy las calles de nichos van ocupando paulatinamente el terreno que anteriormente se destinaba a las sepulturas en tierra. También desaparecieron, tras el Concilio Vaticano II, el apartado civil y el destinado a niños no bautizados. Las demás dependencias, así como la distribución de los espacios de enterramientos, han ido variando desde su inauguración.  Y con la aprobación de la Constitución, el cementerio pasó a ser aconfesional.


La celebración de los Santos el día 1 de noviembre y de los Fieles Difuntos, el día 2, hace que tengamos presentes a nuestros seres queridos difuntos, de una forma especial, alrededor de estos días. Por eso acudimos a los cementerios a visitar sus tumbas, las adornamos con flores y encendemos velas, porque siguen viviendo en nosotros, rezamos por ellos y para que intercedan por nosotros; en definitiva, honramos su memoria. Por ello, los cementerios son lugares muy especiales.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES:

- G. JORI. “La política de la salud en el pensamiento ilustrado español. Principales aportaciones teóricas”. XII Coloquio Internacional de Geocrítica. Bogotá, mayo de 2012.

- M. GRANJEL y A. CARRERAS PANCHÓN. “Extremadura y el debate sobre la creación de cementerios: un problema de salud pública en la Ilustración”. Norba, Revista de Historia. ISSN 0213-375X, Vol. 17, 2004, 69-91.

- L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónica Lugareñas Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008.

-Archivo Municipal de Madrigalejo.

-Archivo Parroquial de la iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo.


domingo, 18 de octubre de 2020

DIA INTERNACIONAL DEL CÁNCER DE MAMA

 

El 19 de octubre es un día especial. Cada año, estamos convocados a celebrar el Día Internacional del Cáncer de Mama, con una marcha solidaria en apoyo de las personas que han sufrido, están sufriendo o sufrirán por causa de esta enfermedad. Hoy, 19 de octubre de 2020, no podemos inundar las calles con la marea rosa; pero, no por ello, vamos a quedarnos callados. Porque hoy es un día especial, marcado en el calendario como una jornada de sensibilización, de recuerdo y homenaje, de apoyo y solidaridad, de agradecimiento, de reivindicación y, sobre todo, de mucha esperanza.

Es un día para sensibilizar a la sociedad sobre el problema del cáncer de mama, porque es el tumor maligno más frecuente entre la población femenina. Para sensibilizar a todas y cada una de las mujeres para que tomen conciencia de la importancia de un diagnóstico precoz, que pueda mejorar el pronóstico de la enfermedad y la supervivencia. Porque, para este diagnóstico precoz, son primordiales las autoexploraciones mamarias, las revisiones periódicas y las mamografías. Y que, ante cualquier cambio en los senos, acudan con rapidez al médico.



Es un día para recordar a tantas y tantas mujeres, fuertes y luchadoras, que sufrieron esta terrible enfermedad y no pudieron superarla. Están presentes entre todos nosotros. Vaya para todas ellas y para sus familiares nuestro mejor homenaje

Es un día de apoyo y solidaridad para todas las mujeres que han padecido, están padeciendo y padecerán cáncer de mama, pero también para todos los enfermos de cualquier tipo de cáncer. Porque necesitan la fuerza y el cariño de quienes les rodean para encarar la gran lucha a la que se enfrentan. Porque es esencial que no se sientan solos, que se sientan acompañados, queridos y mimados.


Es también un día de agradecimiento a los oncólogos y a todo el personal sanitario que curan, se ocupan y preocupan, con gran profesionalidad y humanidad, de los enfermos; gracias a la Asociación Española Contra el Cáncer, por su voluntariado de estar día a día acompañando a los enfermos y a sus familiares, así como por las campañas divulgativas de prevención y de detección precoz; gracias a los investigadores, pues sus éxitos se convierten en infinidad de vidas salvadas; gracias a todas las aportaciones que, como granos que hacen granero, van sumando para seguir dando pasos de gigante; gracias a toda la solidaridad y a los ánimos que se canaliza en jornadas como esta, y, por supuesto, también es un día para reconocer y dar las gracias a la FAMILIA, cuidadores que acompañan a los enfermos en el sufrimiento del día a día, que les dan la mano en los peores momentos y que ofrecen su mejor sonrisa cuando su interior está tan herido y lleno de tristeza y preocupación, como el de los propios pacientes. 



Así mismo, es un día de reivindicación en favor de la investigación científica, para que las instituciones apoyen los proyectos dedicados a la consecución de tratamientos que sean cada vez más eficaces y menos agresivos. Porque, sin la investigación, nunca se podrá llegar a ganar la guerra contra el cáncer.

Y, por último, es un día de mucha esperanza, porque cada vez es mayor porcentaje de mujeres que, habiendo padecido cáncer de mama, hemos salido adelante fortalecidas, con muchas ganas de vivir y mirando al futuro con alegría.

Muchas gracias a todos. 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.