lunes, 11 de mayo de 2026

VISITAS REALES EN LA CASA DE SANTA MARÍA


Interior de la Casa de Santa María de Madrigalejo

Durante más de cuatrocientos años, Madrigalejo estuvo muy ligada al Monasterio de Guadalupe, habida cuenta de que, tomando palabras de Arturo Álvarez, esta localidad fue uno de los lugares en que el opulento cenobio guadalupense tuvo más antiguas y mejores tierras de trigo y ganado[1]. Para administrar la importante hacienda que el monasterio tenía en el lugar, el convento disponía de una gran edificación acorde con el trasiego que generaban sus propiedades. Estamos hablando de la histórica “Casa de Santa María”, de la que apenas queda un pequeño resto y de la que no nos cansaremos de demostrar que, en absoluto, fue una casita desguarnecida e indecorosa, como la llegó a calificar Mártir de Anglería[2].

Como contrapunto a este comentario, unos cincuenta años antes, el secretario del barón de Römisthal, había descrito los edificios que conformaban la Casa de Santa María de forma totalmente diferente:

  En este lugar, hay unos magníficos edificios que aventajan a los demás que lo forman y pertenecen a cierto monasterio del que después hablaremos; suelen posar en ellos caballeros que pagan su gasto y tienen unas caballerizas en que caben más de cien caballos, porque esta hospedería es casi regia[3].

Si el barón de Römisthal, alojándose en ella, consideró a esta casa como una hospedería casi regia, no debía desmerecer, para nada, este calificativo cuando varios reyes y miembros de la realeza se alojaron en algún momento en ella y, de cuyas estancias, existen pruebas documentales. Entre estos personajes están Fernando el Católico, Germana de Foix, Don Sebastián de Portugal, Felipe II y la emperatriz viuda María de Austria.

Fernando el Católico

Si la Casa de Santa María ha entrado a formar parte de la Historia con mayúsculas, sin duda fue por los acontecimientos históricos que se vivieron en ella, en enero de 1516, con la firma del último testamento y el fallecimiento del rey Fernando el Católico, hechos en los que no nos vamos a detener en este momento, por haber sido ya tratado en múltiples ocasiones. Pero, además de aquellos días de enfermedad y últimos de su vida, el rey Católico había visitado Madrigalejo, al menos, en otras dos ocasiones.

Concretamente están documentadas dos visitas del rey Fernando antes de la última y definitiva de su muerte. La primera fue entre los días 23 y 25 de noviembre de 1478, cuando el monarca, procedente de Córdoba, se dirigía hacia Trujillo. En Madrigalejo firma algunos documentos en esas fechas que se conservan en el Archivo de Simancas y en el Tumbo de los Reyes Católicos del Ayuntamiento de Sevilla[4].

 El 20 de enero de 1511, el monarca aragonés vuelve a pernoctar en Madrigalejo; en esta ocasión iba acompañado de su segunda mujer, Germana de Foix. Viajaban desde Madrid a Sevilla, pasando por Guadalupe. Ese 20 de enero, el rey Fernando firma en Madrigalejo documentos redactados en castellano, catalán y latín, que se conservan en el Archivo de la Corona de Aragón (Sección Chancillería Real) y en el Archivo Nacional de Simancas (Registro del Sello)[5].

Germana de Foix

Hemos advertido ya la presencia de la segunda esposa del rey Fernando el Católico, Germana de Foix, en Madrigalejo, acompañando al monarca en enero de 1511. Y también está documentada su presencia en el momento del fallecimiento del Rey[6]. En los días precedentes, Germana de Foix se encontraba presidiendo las Cortes de Aragón cuando recibió la noticia del agravamiento de la enfermedad de su esposo y, sin demora, se puso en camino hacia Extremadura, llegando a Madrigalejo el 21 de enero de 1516. Junto al rey permaneció hasta su muerte y no abandonó la localidad hasta que el cadáver del monarca salió hacia Granada el 26 de enero, fecha en la que ella se dirigió a Guadalupe con la Corte.[7]

Además de las crónicas que avalan la presencia de la reina Germana en Madrigalejo junto al lecho de muerte del rey Fernando, también se conserva una misiva, firmada en nuestra localidad el 24 de enero de 1516, dirigida a los diputados del principado de Cataluña para informarles del fallecimiento del monarca:

Diputados, a Nuestro Señor ha plazido llevar para sí el Rey mi Señor, que santa gloria haya, que ha seydo toda nuestra desaventura y desolación, solo nos queda el consuelo de haver seydo su muerte muy Catholica, bien conformándose con la vida que hizo algunas cosas se han de fazer, que su alteza ha mandado por su testamento a sus testamentarios y specialmente los suffragios de su anima, sobre lo qual os scrivirá largamente el Ilustrísimo arçobispo, nuestro muy amado fijo, sea recebido, y entender por nuestro amor en el buen complimiento de todo ello como de vos se ha de sperar. Dado en Madrigalejo, a XXIIII días del mes de enero, en el año mil quinientos y diez y seis[8].

 

El rey D. Sebastián de Portugal.

El mítico rey D. Sebastián de Portugal viajó a Guadalupe para entrevistarse con su tío, el rey Felipe II, en Navidad de 1576. El objetivo del encuentro era obtener apoyo del rey Felipe en la cruzada que estaba proyectando contra el Islam en el norte de África.

Sobre el itinerario que siguió por tierras castellanas el monarca portugués, escribió el poeta Joaquín Cepeda los siguientes versos[9]:

…la riqueza de Castilla

bien se los yva mostrando

en estas cosas y otras

a Talauera ha llegado

donde el martes en la noche

auía el rey reposado

y el miércoles allá en Mérida

sería mui bien festejado,

el jueves en Medellín

a de ser agasajado

y en Madrigalejo el viernes

será el rey aposentado

luego el sábado a las dos

a Guadalupe ha llegado

a donde el gran Rey Phelipe

tres días le está aguardando…


Y en otros versos dice:

…también en Madrigalejo

donde el viernes ha llegado

se hizo un recibimiento

como ha rey tan señalado… 

A Madrigalejo llegó a las cuatro de la tarde del 21 de diciembre de 1576. Previamente a su llegada, el Corregidor de Trujillo había tenido que desplazarse hasta esta localidad para hacer las gestiones oportunas que requería el alojamiento de tan nutrida e importante comitiva[10]. En la Casa de Santa María, recibieron al monarca portugués cuatro frailes del monasterio[11]. Y bien temprano, a la mañana siguiente D. Sebastián y su corte partieron hacia Guadalupe[12].

Las reuniones entre los monarcas no salieron de forma satisfactoria para ninguno de los dos. Don Sebastián no encontró en su tío la ilusión y el compromiso que esperaba recaudar para su empresa y, al mismo tiempo, Felipe II no fue capaz de convencer a su sobrino de que el proyecto que tenía en mente era inviable, lo que auguraba una derrota segura.

A los diez días del primer encuentro, regresaron los monarcas cada uno a su destino. D. Sebastián volvió por el mismo camino que había tomado a la ida. Así, el 2 de enero de 1577 salió temprano de Guadalupe y, tras una parada para comer en el caserío del Rincón, llegó a Madrigalejo, donde pernoctó en la Casa de Santa María. Y, a la mañana siguiente, después de oír misa, continuó la comitiva su camino de regreso, haciendo su parada siguiente en Medellín. Tan sólo un documento llegó a firmar D. Sebastián desde Madrigalejo; se trata de una carta dirigida a su embajador en Roma, Joao Gomes da Silva.[13]

A pesar de los esfuerzos de Felipe II para que desistiera, Don Sebastián siguió adelante con la empresa de conquistar gran parte del norte de África. Juntó una expedición que mandó a Marruecos, con él al frente, y que entró en batalla en Alcazarquivir en agosto de 1578, donde el ejército portugués sufrió una aplastante derrota frente a las tropas musulmanas. Entre los caídos en aquella batalla, estuvo el mismo rey Don Sebastián, que murió sin descendencia, lo que desencadenó una crisis sucesoria. Además, a partir de aquel suceso, surgió la leyenda del “Sebastianismo”, con la creencia de que este monarca retornaría para liberar a Portugal y restaurar su antigua gloria. 

Felipe II

Entre los aspirantes con derecho al trono portugués tras la desaparición de Don Sebastián, estaba el mismo rey Felipe II de España. Fue en el camino que le llevaría a Lisboa para tomar posesión de su nuevo reino y el juramento de las cortes portuguesas cuando Felipe II con su corte estuvo en Madrigalejo.

Era la primavera de 1580 cuando, después de pasar la Semana Santa en el Monasterio de Guadalupe, retomaría el camino hacia Portugal[14]. Si Don Sebastián y su corte hicieron el mismo camino en una jornada, la comitiva de Felipe II no llegó a la Casa de Santa María hasta el tercer día de salir del monasterio[15].

Entre los personajes que acompañaban a Felipe II en aquel viaje y que, por tanto, también recalaron en Madrigalejo, se encontraban su esposa la reina Ana de Austria, el príncipe heredero D. Diego y las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina, y el hermano de la reina, el príncipe cardenal Alberto de Austria, que luego se casó con Isabel Clara Eugenia y que fueron los primeros reyes de Bélgica[16].

Posiblemente, a la vuelta de aquel viaje, dos años más tarde, volvieran a parar en Madrigalejo, porque siguieron el mismo itinerario, aunque no disponemos de las pruebas documentales que lo certifiquen[17].

La emperatriz María de Austria

La esposa del emperador Maximiliano II de Austria, María de Austria (1528-1603), era hija de Carlos I y de Isabel de Portugal y, por tanto, hermana de Felipe II, pero también suegra de este monarca, pues era la madre de Ana de Austria, la cuarta esposa de Felipe II.

Al fallecer el emperador Maximiliano II, María de Austria regresó a España con su hija Margarita. En el camino de regreso, recibió la noticia de que su hija Ana de Austria había fallecido en Badajoz. No esperó a que Felipe II volviera de Portugal y se dirigió a Lisboa. La profesora Ángeles Sánchez Rubio nos dice que Doña María de Austria y su séquito estuvieron el 19 de abril de 1582 en Madrigalejo[18]. En esta fecha, existe constancia de su presencia porque firmó una carta en esta localidad dirigida al Conde de Oropesa[19]. Como Madrigalejo era una aldea de la tierra de Trujillo, a través de las investigaciones de la profesora Sánchez Rubio, sabemos que el concejo de esta ciudad ofreció a la emperatriz María de Austria, entre otros presentes, doce cajas de confituras y cosas de açúcar[20].

Cuando volvió de Portugal hacia Madrid, la emperatriz viuda siguió los mismos pasos que a la ida, parando en Madrigalejo el 25 de febrero de 1583 y, de nuevo, el Concejo de Trujillo la obsequió con abundantes manjares, entre los que tampoco faltaron dulces[21].

 

Por todo ello…

Los documentos no admiten dudas de que hubo personajes importantes que pasaron por Madrigalejo y que pernoctaron en la Casa de Santa María, en un tiempo en el que el Monasterio de Guadalupe ejercía una gran influencia, no solo religiosa, sino también política y social. La atracción de la Virgen de Guadalupe produjo un enorme trasiego de peregrinos desde distintos puntos peninsulares, unos romeros que fueron hollando caminos. Y Madrigalejo fue testigo del paso de los primeros peregrinos a través del acceso natural hacia las Villuercas que supone el río Ruecas; un camino que, con el paso de los años, se convirtió en camino real.

Junto al camino, se situaba la Casa de Santa María, centro logístico de la importante hacienda que la Iglesia de Guadalupe tenía en la localidad. La importancia de los visitantes que se han señalado anteriormente demuestra que la Casa de Santa María era un edificio que reunía las condiciones adecuadas para albergar, en momentos puntuales, a grandes personalidades, entre los que se encontraban los mismos reyes de España y Portugal, hechos que son necesarios destacar.   

Por todo ello, es de justicia vindicar el Camino de Guadalupe a su paso por Madrigalejo y su Casa de Santa María para comprender los importantes acontecimientos que esta población ha vivido en la historia y cuyo hito más transcendental fue la firma del último testamento y la muerte del rey Fernando el Católico el 22 y 23 de enero de 1516, respectivamente.

Facsímil del Testamento el Rey Fernando el Católico

Guadalupe Rodríguez Cerezo

 

BIBLIOGRAFÍA

-A. ÁLVAREZ: Guadalupe. Arte, Historia y Devoción. Ediciones Stvdivm, Madrid, 1964

- P. MARTIR DE ANGLERÍA. Epistolario. Estudio y traducción por José López de Toro. Libro vigésimo nono. “Carta 566”. Imprenta Góngora S.L. Madrid. 1956

- GARCÍA MERCADAL: Viajes de Extranjeros por España y Portugal. Viaje del noble bohemio León de Römisthal de Blatna por España y Portugal, 1465-1467. Ediciones Aguilar Madrid 1952.

- L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008.

- W. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el Rey don Fernando V, El Católico, y documentos que lo testifican”. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 38. Nº3. Badajoz, 1982.

- A. ROMEU DE ARMAS, Itinerario de los Reyes Católicos, Madrid, 1964.

- L. GALÍNDEZ DE CARVAJAL. Crónicas de los Reyes de Castilla. Biblioteca de Autores Españoles.

- G. RODRÍGUEZ CEREZO. “Acompañamiento de Fernando el Católico en sus últimos días”. Anuario de Historia y Crónicas Extremeñas. Nº 2, 2024.

- Fr. S. GARCÍA y Fr. F. TRENADO, Guadalupe: Historia, devoción, arte. Sevilla 1978.

 

WEBGRAFÍA

 https://cabeza-la-vaca.blogspot.com/p/anuario-de-historia-y-cronicas.html

 http://lasllavesdelarca.blogspot.com/2023/03

 

FUENTES

Archivo de la Corona de Aragón. Sig. ACA, COLECCIONES, Autógrafos, I,1, Pb



[1] A. ÁLVAREZ: Guadalupe. Arte, Historia y Devoción. Ediciones Stvdivm, Madrid, 1964, p. 96.

[2] P. MARTIR DE ANGLERÍA. Epistolario. Estudio y traducción por José López de Toro. Libro vigésimo nono. “Carta 566”. Imprenta Góngora S.L. Madrid. 1956. Página 217.

[3] GARCÍA MERCADAL: Viajes de Extranjeros por España y Portugal. Viaje del noble bohemio León de Römisthal de Blatna por España y Portugal, 1465-1467. Ediciones Aguilar Madrid 1952.

[4] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008, pp. 203 y 204, siguiendo a W. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el Rey don Fernando V, El Católico, y documentos que lo testifican”. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 38. Nº3. Badajoz, 1982. Pp. 551 y 554, y a A. ROMEU DE ARMAS, Itinerario de los Reyes Católicos, Madrid, 1964.

[5] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo…. Op. cit, p. 204, siguiendo a W. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el Rey don Fernando V…

[6] L.GALÍNDEZ DE CARVAJAL. Crónicas de los Reyes de Castilla. Biblioteca de Autores Españoles.

[7] G. RODRÍGUEZ CEREZO. “Acompañamiento de Fernando el Católico en sus últimos días”. Anuario de Historia y Crónicas Extremeñas. Nº 2, 2024. Pp. 176 y 177. https://cabeza-la-vaca.blogspot.com/p/anuario-de-historia-y-cronicas.html

[8] Archivo de la Corona de Aragón. Sig. ACA, COLECCIONES, Autógrafos, I,1, Pb

[9] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo…. Op. cit, p. 261.

[10] Ibidem.

[11] Ibidem, p. 262.

[12] Ibidem.

[13]Ibidem.

[14] Ibidem, p. 266.

[15] Ibidem y Fr. S. GARCÍA y Fr. F. TRENADO, Guadalupe: Historia, devoción, arte. Sevilla 1978, p. 104.

[16] Fr. S. GARCÍA y Fr. F. TRENADO, Guadalupe: Historia, devoción, arte… op. cit., p. 104.

[17] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo…. Op. cit, p. 268.

[19] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo…. Op. cit, p. 268.

[21] Ibidem.


lunes, 30 de marzo de 2026

PLATOS DE VIGILIA Y SEMANA SANTA

 

Decían nuestros mayores que tres días hay en el año en el que se llena bien la panza: Jueves Santo, Viernes Santo y el día de la matanza. Y así era. Tradicionalmente, en esos días, las familias se reunían y se ponían muy bien de comer. 

Bien es verdad que, en el día de la matanza, se llamaba a la familia, a vecinos y amigos para trabajar y sacar adelante, en una jornada, todo el trajín que acarreaba la matanza del cerdo. Por ello, había que obsequiarles con un buen caldero de migas para desayunar, pasando el plato, de vez en cuando, con la moraga o la prueba del cerdo, y que terminaba con un buen puchero o caldero, ya fuera de legumbres o de arroz con pollo del corral. Era de justicia que, al acabar toda la faena, cada uno regresara a su hogar bien comido y bien bebido.

Sin embargo, la convocatoria de reunión familiar en Jueves Santo y Viernes Santo en torno a la mesa, sólo tenía como excusa ser días festivos, para celebrar la Semana Grande de los cristianos. Y si en la matanza, la carne del cerdo no podía faltar, en Jueves Santo y Viernes Santo, era preceptivo abstenerse de comer cualquier tipo de carne y, por tanto, todo lo que se ofrecía en la mesa eran los llamados “platos de vigilia”.

El precepto tiene su origen en el cuarto mandamiento de la Santa Madre Iglesia, en el que pide abstenerse de comer carne y ayunar en ciertos días como acto de penitencia. Miércoles de Ceniza y Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia. Además, la abstinencia de comer carne también está fijada en todos los viernes de Cuaresma. Con estos sacrificios, se tienen presentes los cuarenta días que Jesús estuvo ayunando en el desierto. En realidad, el ayuno, junto con la oración y la limosna, son herramientas que propone la Iglesia, durante la Cuaresma, como preparación para la celebración de la gran fiesta de la Resurrección del Señor, con la que termina el Triduo Pascual.

Gastronomía de Vigilia y Semana Santa

Para hacer el cumplimiento de vigilia cuaresmal, se desarrolló toda una gastronomía basada en productos que nuestros mayores tenían a mano, aprovechando lo que daba el tiempo y evitando cualquier tipo de carne. En la primavera, estación donde se enmarca la Semana Santa, las gallinas despliegan toda su actividad ponedora y los huevos se prodigan más que en otro tiempo. Además, en los huertos, puede encontrarse un buen surtido de verduras: acelgas, espinacas, habas, cilantro… Y el campo despliega toda una riqueza de plantas silvestres, muchas de ellas comestibles y auténticos manjares, como espárragos, cardillos, arromanzas, acelgas silvestres, etc.

El pescado que nuestros antepasados consumían eran los peces de río, siendo buenos y abundantes los que se pescaban en el Ruecas: cachuelos, bogas, barbos, pardillas…, además de tencas en las charcas. Los productos de mar escaseaban y sólo llegaban después de haber pasado por un proceso de conservación que permitiera que el producto llegara en buen estado a la mesa en lugares de interior, a causa de los lentos transportes de antaño. Entre aquellos tradicionales procesos estaban el bacalao seco en salazón o las sardinas arenques (un encurtido hecho con sardinas y sal en banastas de madera).

A partir de todos esos productos, fueron surgiendo una serie de platos que se han convertido en tradicionales y que suelen ir pasando por las mesas cuando la familia se reúne en Jueves Santo y Viernes Santo. Y que se resume en potaje, tortillas y escabeche; flanes, natillas y arroz con leche.

El plato estrella en los días de vigilia, por ser el principal, solía ser el potaje de garbanzos. En otros tiempos no tan lejanos, el “cocido de garbanzos” acostumbraba a ser la base en las comidas, un día sí y otro también. Cuando llegaban los viernes de Cuaresma y los días especiales de Semana Santa, para no incurrir en falta, a los garbanzos se les quitaba todo aditamento de carne y de productos de matanza, y se cocinaban guisados, añadiéndoles bacalao y alguna verdura, como arromanzas, espinacas, cilantro…, según el gusto.

Tras el potaje, llegaba el turno de las tortillas, tanto de patatas como de verduras. Con productos de granja (huevos), de huerto (espinacas, acelgas…) o silvestres (espárragos trigueros, cardillos…) se pueden hacer una gran variedad de tortillas, desde la tradicional de patatas, o mezclándola con distintos tipos de verde, hasta las que se cuajan sólo con huevo y verduras, según el gusto y lo que hubiera a mano en ese momento.

Tortilla de patatas.
Tortilla de patatas y espárragos

El Escabeche que comemos en Madrigalejo en Semana Santa es un plato frío. Puede hacerse de distintos productos, que previamente se han rebozado con harina y huevo y, después, fritos. Hay escabeche de peces, de bacalao, de pengas de acelgas, de habas… En una cuenca, se hace el escabeche a base de agua, vinagre, sal, ajo machado, laurel, cáscara de naranja, azafrán y cominos o clavos, según el gusto. Cuando están fritos los peces, el bacalao, las pengas o las habas, se echan en la cuenca donde está el escabeche, para que se empapen bien. Se aconseja comerlo con cuchara para que, al mismo tiempo que se coma el producto, se consuma también el caldo del escabeche.

Y, para terminar, las comidas de Jueves Santo y Viernes Santo se rematan con una gran variedad de postres, hechos a partir de unos ingredientes tan esenciales como la leche y el azúcar, a los que se incorporan otros productos como huevos, arroz, harina, pan rallado, canela, cáscara de naranja…, dependiendo del postre de que se trate. No podían faltar en las mesas de Semana Santa natillas, flanes, arroz con leche, huevillos, leche frita… Y aunque las torrijas se van imponiendo cada vez más, en Madrigalejo no era un postre tradicional.

Natillas
Arroz con leche

En la Pascua

Había una bonita tradición de los niños el domingo, lunes y martes de Pascua que se ha perdido. En esos tres días, los chiquillos se iban a correr la empanada, el hornazo y el bollo. Cuando eran pequeños, iban con sus madres y, cuando empezaban a tener cierta independencia, se juntaban los amigos y se iban a comer la merendilla al campo, en los alrededores del pueblo: al cerro de la Pizarra, a los palos de la risa, a la Dehesa del Monte… La merienda que llevaban era, sí o sí, el domingo, una empanada; el lunes, un hornazo, y el martes, un bollo dormido. Eran piezas individuales. La empanada va rellena de chorizo o de algún producto de la matanza, el hornazo tiene encima un huevo cocido y el bollo del martes era el tradicional “dormido” en tamaño reducido. La masa de la empanada y del hornazo puede ser salada o dulce, según el gusto. Y aunque los niños de hoy ya no salen a correr la empanada, el hornazo y el bollo, estos productos se siguen haciendo, tanto a nivel particular como en los productos que ofrece la panadería de Madrigalejo.

Empanada
Hornazo

Vemos cómo, a partir de un sentir religioso y con los productos de que se disponían con abundancia en esos momentos, la sabiduría popular desarrolla una gastronomía específica y rica que se disfrutan en familia o en comunidad en los días grandes de la Semana Santa. 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.


lunes, 23 de febrero de 2026

1965. CULTIVO DEL ARROZ EN MADRIGALEJO

 

Cuadrilla dispuesta para plantar arroz.

Cuando la desesperanza está llegando a los cultivadores de arroz, me he topado con una reseña del periódico ABC de 1965, en la que se habla del cultivo del arroz en Madrigalejo. Es un documento histórico, acerca de un cultivo, entonces novedoso en nuestra localidad, y que ha sido uno de los motores de nuestra economía en las últimas décadas.

Se publicó en la página 70 del periódico ABC del miércoles 1 de diciembre de 1965, en su edición de la mañana, y lleva el título de “El cultivo del arroz de Madrigalejo”. Lo firma Valeriano Gutiérrez Macías. A continuación, aparecerá reproducida buena parte de esa reseña, que irá acompañada de algunos comentarios.

Comienza diciendo que, en aquel otoño, la zona más retrasada de siembra en la alta Extremadura es la de Madrigalejo, donde ha adquirido gran importancia el cultivo del arroz.

(Concretamente hace referencia a la siembra del cereal de invierno, que es la que está retrasada).

Algunas hectáreas cultivadas arrojan hasta ocho, nueve y diez mil kilos, por lo que se coloca a Madrigalejo a la cabeza de la productividad del arroz.

(Sin duda, el cultivo del arroz se dio muy bien desde el principio en nuestras tierras, dando muy alta productividad en aquellas tierras del Sevellar).

Pero en este tiempo de sol y lluvia que disfrutamos, como si dijéramos, en un continuo alternar, los cultivadores están pasando verdaderos apuros en la recolección y secado de este cereal de verano. No han podido -por falta de tiempo y tempero- hacer las siembras de los cereales de invierno.

Anotemos que Madrigalejo es uno de los pueblos cacereños beneficiados con los regadíos, y su producción de arroz en la campaña se estima en más de seis millones de kilogramos de excelente calidad, aunque con pérdidas debido al ambiente húmedo, que hace difícil la recolección y el secado.

 (Vemos cómo se pondera, no sólo la alta productividad, sino también la excelente calidad del arroz producido en nuestras tierras desde el principio de su cultivo en nuestra zona. También aparecen plasmadas las dificultades para realizar las labores de la recolección en aquel año de 1965 y para el secado del grano debido a las lluvias).

Sigue diciendo la reseñaAhora el pueblo ofrece un aspecto realmente pintoresco. En las calles, plazas, pistas de baile y, en general, donde quiera que hay pavimento, se aprovecha el productor para extender y remover el producto en un constante traspaleo en evitación de que germine o fermente hasta llevarle al secadero que la Hermandad de Labradores ha instalado.

(Cuando comenzó el cultivo del arroz en Madrigalejo, el grano, al cosecharse, iba directo a las eras de tierra, donde se extendía para bajar su humedad hasta el punto propicio para poder amontonarse y llevarlo a los almacenes. Si el otoño venía seco, la recolección y secado se hacía sin problemas. Sin embargo, cuando entraba el tiempo en aguas, el asunto se complicaba. Entonces había que proceder a habilitar medidas extraordinarias. En la memoria de quienes tenemos cierta edad sigue la imagen del arroz extendido en la calzada de las calles y de las plazas del pueblo durante el hueco del día (si no llovía), y cómo los agricultores lo removían de vez en cuando, amontonándolo y tapándolo con lonas por las noches. Mientras que, en los días de lluvia, los montones de grano permanecían bajo las lonas. Bien es verdad que, por entonces, no había tantos coches circulando ni aparcados en las vías públicas. Y como dato curioso, además, vemos que, aparte de las calles y plazas, también se utilizó la pista Albéniz para secar el arroz).

El señor Pazos nos ha ampliado las noticias de la gran actividad desplegada por las autoridades locales en el montaje de secaderos y rápida construcción de almacenes que ponen inmediatamente a disposición del Servicio Nacional del Trigo y Federación Arrocera, organismos que -en una estrecha colaboración- han conseguido que los productores coloquen con rapidez sus productos a precios razonables y remuneradores, con lo que se aumente la ilusión de aquellos agricultores en este, para ellos, nuevo cultivo, llevando así mejor las dificultades a que en estos momentos actuales están sometidos.

(Las autoridades locales a las que se refiere el artículo eran D. Francisco Gómez Lozano de Sosa, desde sus responsabilidades provinciales en Cáceres; D. Florencio Sánchez Prieto, que entonces detentaba la alcaldía, y D. Ubaldo Rubio Calzón, como secretario del Ayuntamiento.) 

Otra cuadrilla de arroz.

Hoy en día, con las máquinas cosechadoras actuales, la recogida del arroz se concentra en unos dos meses aproximadamente, y sumado a las infraestructuras de secadero y silos que existen en la actualidad, hace que se hayan solventado los problemas de antaño. Sin embargo, el cultivo de arroz en nuestra localidad, como en el resto de España, se enfrenta a una preocupante reducción de rentabilidad, derivada de un constante aumento del costo de los insumos y del resto de gastos, mientras que los precios de venta del arroz están en retroceso y, en algunos casos, no cubren los costes de producción. Estos precios a la baja son debidos a la entrada de grano de terceros países con unos costes imposibles de competir por los productores europeos, ya que no se cumplen las “cláusulas espejo” que equilibrarían la competencia desleal de la entrada de producto de fuera.

*Cláusulas espejo: Exigir que el producto importado lo haga en las mismas condiciones que se imponen a la producción de agricultores y ganaderos de la Unión Europea.           

Guadalupe Rodríguez Cerezo     


miércoles, 28 de enero de 2026

SOBRE UNA NIÑA ABANDONADA

 

SOBRE UNA NIÑA ABANDONADA

En ocasiones, hay situaciones límites que generan hechos inimaginables si la vida se desarrollara en circunstancias normales.  Uno de los actos inconcebibles para una madre es abandonar a su hijo y, a pesar de que es un hecho inaudito, el abandono infantil siempre ha existido. Traemos hasta aquí un caso ocurrido en Madrigalejo, allá por 1878. 

Las causas que provocaban el abandono de los neonatos en aquellos tiempos solían ser de índole económico o social. Por un lado, las condiciones socioeconómicas de algunos hogares podían ser de tanta precariedad que los progenitores no podían garantizar la crianza de un nuevo miembro. En otras ocasiones, era el nacimiento de un vástago fruto de una relación extramatrimonial lo que suponía una fuerte reprobación social, que no todas las mujeres podían soportar. Entre las salidas que adoptaban las madres o las familias en estas circunstancias, podía estar la de abandonar a los recién nacidos en lugares donde pudieran ser encontrados con facilidad y recogidos, como en la puerta de una iglesia, convento o de una casa de personas de bien. Es lo que se conocía como “niños expósitos”, del latín, ex positus, que significa “puesto afuera”.

Septiembre de 1878

El 13 de septiembre de 1878, el párroco de la Iglesia de Madrigalejo, D. Matías Pazos, bautizó a una niña, a la que puso por nombre María Guadalupe. En el registro de su bautismo, se acompañó la reproducción del oficio de la alcaldía que recibió el sacerdote en relación a la niña. El oficio decía así:

“Poco antes de las dos de la mañana del día nueve del actual (septiembre), fue recogida una niña expósita por María Julián Crespo, esposa de Lázaro Galeano, de esta vecindad, que habían depositado sobre una piedra que está sobre el miembro izquierdo de la portada de su casa morada (calle de Fuente Nueva y que no tiene número).

Dicha niña se hallaba bien colocada en una espuerta de palma en buen uso y con paja que la servía de cama, vestida con una camisilla nueva, abierta, de lienzo fino o muselina, con canesú y sandunga, con puños de dos pespuntes y sandunga alrededor de ellos, con un botón de hueso en el canesú y otro en el puño de cada manga, también de hueso cada uno, de diferente construcción; una chambra abierta con manga de ángel, con dos zurcidos y en mal uso; un pañal usado de lienzo casero con una vainilla; un refajo muletón blanco usado, como cortado de otro mayor, sin costuras ni repulgos; un pañuelo color de barquillo de los de tres reales con cenefa blanca y encarnada y con tres listas también encarnadas sobre el blanco; una gorra blanca vieja con un zurcido en el casco y puntilla de algodón alrededor en su frontada y, por atrás, un tul también blanco y viejo del ancho de un dedo; otra gorra llamada de punto, de forma redonda, formando cuatro rosas y cuatro trencitas a su borde, también formadas con la aguja, sujeta en su redondo por un cordón de algodón blanco formando borla a sus extremos y con dos ataderos cosidos de trenza de algodón; otro pañal de encabezado usado y con costura por medio; y una faja vieja de estambre listeada de verde, encarnado, amarillo y negro, con ataderos de hiladillo basto azul.

Entre esta faja que ceñía a la niña, se encontraban dos papeles metidos en su sobre de carta, que uno de ellos, del largo de esta cara, y del ancho de la tercera parte próximamente también del ancho de esta llana, decía:

Esta niña, que nació a las diez y diez minutos de la noche del día ocho de este mes de setiembre de mil ochocientos setenta y ocho, se ha de llamar Guadalupe Fernández Quiñones. Su madre, que piensa recogerla si Dios se sirve guardar la vida de las dos, se queda con la mitad de este pliego escrito en la misma forma y con la misma letra para, por medio de su presentación y confrontación, poder acreditar en su día su cualidad de tal madre, señor director del hospicio de Cáceres.

 Y el otro papel, del mismo largo, y de un dedo en ancho, próximamente, y que está cortado formando ondulaciones, cortando un renglón escrito casi en todo el largo, no puede leerse con claridad, pero que parece decir:

Madrigalejo. Guadalupe Dorotea Fernández Quiñones

Lo que comunico a usted para su conocimiento a fin de que se sirva administrarla el Santo Sacramento del Bautismo, rogándole que, una vez hecho, me libre certificación de ella para su unión al expediente que me hallo instruyendo.

Dios guarde a usted muchos años

Madrigalejo, 11 de septiembre de 1878”

Firmado por Francisco Gil Caños, escribano del municipio, y dirigido al Sr. cura párroco de este pueblo.

La madrina de bautismo de esta niña fue María Julián Crespo, la señora donde habían dejado a la niña expósita. 

Algunas consideraciones

No sabemos nada más acerca de este caso, pero sí llaman la atención varios aspectos del documento. En primer lugar, vemos que no se dejó a la niña de cualquier manera, sino que fue colocada con cariño, con lo poco que la madre le podría dar en ese momento.

Aparece muy detallado y descrito todo lo que llevaba la niña en su canastilla, por lo que parece verse la intervención de una mujer en su descripción. En su mayor parte era ropa de bebé ya usada, incluso con zurcidos, lo que indica que ya habían servido para vestir a otras criaturas anteriormente.

Podemos vislumbrar en la nota el drama que debió suponer, para esa madre, abandonar a su hija recién nacida porque no podría hacer frente a su manutención. Como llevaba en su canastilla ropa de bebé usada, es posible que fuera madre de otros hijos, a los que le estuviera costando sacar adelante. Avala el hecho de ser la necesidad la causa del abandono porque tiene la intención de volver a recuperarla del hospicio, según dice, si Dios se sirve guardar la vida de las dos.

Además, la niña aparece bien identificada con su nombre y apellidos, lo que lleva a pensar que el motivo no era vergonzante, ya que no había ocultamiento. También pudiera tratarse de una persona de otra vecindad y que, por tanto, no importaba tanto que se supiera su procedencia.

No cabe duda de que el nombre que la madre puso a la niña fue por haber nacido el mismo día de la Virgen de Guadalupe. El natalicio tuvo lugar a las 22:10 del 8 de septiembre y, tan solo unas pocas horas después, a las 2 de la mañana del día 9, fue recogida por María Julián Crespo en la calle Fuente Nueva. Si era de madrugada, cuando todo el mundo duerme, ¿harían algún tipo de ruido al dejarla para avisar y que la recogieran lo antes posible? Seguramente debió ser así.

El escenario donde colocaron a la pequeña fue sobre una piedra de la portada de la vivienda de María Julián, que estaba situada en la calle Fuente Nueva, es decir, en los alrededores de lo que hoy conocemos como Las Cuatro Esquinas: en una casa de la actual calle Héroes de Cobba-Darsa o calle Nueva.

Por último, decir que el documento que aparece transcrito formó parte del expediente de la niña abandonada. Un expediente que era necesario para el futuro de la criatura, tanto si era dada en adopción (lo que hasta hace unos años se diría “recogida”) o si fue llevada al hospicio de Cáceres.

En definitiva, esto es “Historia”, es la intrahistoria de la vida, de las situaciones límite que viven las personas, de los problemas de la gente en momentos determinados y la forma de afrontarlos. Aun así hay muchos detalles que nos hubiera gustado conocer, especialmente el desenlace, el saber qué fue de aquella niña.

Guadalupe Rodríguez Cerezo

Epílogo a esta historia:

Conchi Tejeda Sojo, a través de las redes sociales, comparte el desenlace de esta historia:

Dejaron a la niña María Guadalupe en la puerta de su tatarabuelo. Así se lo contaba su abuelo. La criaron como a una hija más, pero murió cuando tenía dos o tres años. Por esa niña, su bisabuela se llamaba Guadalupe.

Después de su muerte, se supo que la madre era de Acedera. El tío de la niña se hizo muy amigo de la familia; fue quien la dejó aquella noche en la puerta. Cuando venía a Madrigalejo, con la excusa de ver a su amigo, se acercaba a ver a la niña.

La familia de acogida sintió mucho la muerte de la pequeña. Guardaron todas las cosas con lo que llegó, así como la carta donde ponía que se llamaba María Guadalupe. Y su familia de sangre se presentó al enterarse de su muerte.

Nos dice Conchi que, para ella, es una historia muy entrañable de su familia.