martes, 31 de enero de 2017

Nuestros cronistas

El 17 de agosto de 2016 tuve el honor de presentarme por primera vez ante mis paisanos como Cronista Oficial de Madrigalejo, después de que la Corporación Municipal, reunida en pleno el 3 de marzo de 2016, adoptara el acuerdo por el que se me hacía tan grata distinción. En aquel acto, me dirigí a los presentes con las palabras que, a continuación, quiero compartir en este blog, al mismo tiempo que lo inauguro:

Muchas personas opinan que mirar al pasado y echar la vista atrás es una pérdida de tiempo y, a veces, un lastre que nos estorba para vivir el porvenir. Sin embargo, otros muchos estamos convencidos de que, cuando tenemos presente nuestra herencia, cuando cuidamos nuestro patrimonio y transmitimos el legado de nuestros antepasados, estamos construyendo un futuro con fuertes cimientos en el que podrán habitar mejor las generaciones venideras. La Historia, tanto la Historia universal como la que se refiere al último rincón de la Tierra, la construyen día a día los hombres que la pueblan, desde la persona más humilde hasta el más alto dignatario, con sus logros y sus fracasos, con sus aciertos y con sus errores. Porque la Historia no sólo se hace desde los grandes centros del poder, que también, sino que la van construyendo en su vida cotidiana los habitantes que pueblan cada territorio concreto.
Como en cualquier otro territorio, la Historia de nuestro entorno más cercano y concreto, el que hoy, y al menos desde 1264, conocemos con el nombre de Madrigalejo, comenzó cuando los primeros seres humanos pisaron nuestras tierras, ya fuera para transitar por ellas, o porque eligieron nuestro entorno para establecerse. Desde entonces, las distintas comunidades que lo han habitado han ido dejando sus huellas. La mayor parte de esas huellas está ya borrada, sobre todo las más lejanas en el tiempo; otras pueden estar ocultas y están esperando a ser descubiertas. Y una buena parte de ellas ya ha salido a la luz y está recogida en los escritos y en los libros.  
Podemos decir con orgullo que Madrigalejo está en los grandes libros de Historia, porque nuestra localidad, con toda su humildad, tiene el privilegio de haber sido el escenario de uno de los momentos trascendentales de la Historia de España, como todos sabéis. En la Casa de Santa María, en los Barrios Altos de Madrigalejo, el rey Fernando el Católico pasó los últimos días de su vida, firmó su último testamento y falleció el 23 de enero de 1516, y de estos hechos estamos celebrando el V Centenario. Por ello, han sido muchos los autores que han narrado y analizado aquellos acontecimientos. Sin embargo, además, hay que tener en cuenta que otros muchos momentos de nuestro devenir histórico más próximo y concreto también han sido objeto de atención de ciertas personas con especial sensibilidad histórica. Gracias a ellas conocemos la existencia de restos arqueológicos que dejaron los habitantes de nuestro entorno hace cientos y miles de años, el quehacer en el día a día de nuestros antepasados, las guerras que han sufrido, las enfermedades que han padecido, los frutos de la tierra con los que se han alimentado, las casas en las que han vivido, los edificios en los que han rezado, las épocas de hambre que han soportado y también en las que ha habido mejor acomodo, las personas que por algún motivo han destacado, etc. Todo ello, lo que vieron, lo que escucharon, lo que encontraron, lo que escudriñaron en archivos y papeles viejos, lo que buscaron y encontraron en los libros, lo dejaron por escrito y ha llegado hasta nosotros de una forma o de otra.
 Ellos han sido nuestros cronistas. Y todas sus aportaciones han sido fundamentales para que conozcamos nuestra Historia. No voy a hacer referencia a los viajeros que, en sus periplos, hayan recalado por nuestros pagos y alrededores, y hayan dedicado algunas líneas para escribir sobre nuestra localidad. Me voy a fijar especialmente en algunas figuras, cuyos trabajos han llegado a ser determinantes para conocer nuestra historia más cercana, nuestra historia local.
Cuando se creó la Real Audiencia de Extremadura en 1790, una de las primeras tareas que se encargó a los magistrados fue que recorriesen personalmente sus partidos judiciales, visitando todos sus pueblos, y que realizasen un detallado estudio, pues era fundamental que conocieran el territorio sobre el que iban a ejercer su función. El estudio se realizó a partir de un interrogatorio de 57 preguntas, que tuvieron que contestar por escrito los alcaldes y párrocos de las distintas localidades. El magistrado del partido judicial de Trujillo al que pertenecía Madrigalejo era don Pedro Bernardo Sanchoyerto. Y gracias a las exhaustivas respuestas que le proporcionaron el alcalde, Francisco Cabanillas, y el párroco, don Vicente Joachín de Ávila, conocemos cómo era la vida en Madrigalejo a finales del siglo XVIII.  
También hay ciertos testimonios de nuestro pasado de los que no hubiéramos tenido noticias si una persona con una gran intuición no lo hubiera dejado por escrito. Me estoy refiriendo a D. Matías Pazos y al hallazgo de los restos romanos en la Torrecilla de Abajo. D. Matías Pazos Solano, natural de Cañamero, fue el cura párroco de Madrigalejo durante cuarenta años, desde 1863 hasta 1903, año de su fallecimiento. Este sacerdote, muy culto y con una gran biblioteca, fue testigo de los hallazgos, en 1886, de un asentamiento romano en la Torrecilla de Abajo, en el sitio llamado “el Tesoro”. No sólo fue testigo, sino que lo escribió y se lo envió al Padre Fita, quien a su vez lo transmitió a la Real Academia de la Historia, que lo publicó en su boletín, en el tomo X, en las páginas 166 y 317. De aquellos hallazgos, aparte del testimonio escrito por D. Matías, sólo queda la estatua de la Diana Cazadora, algunas lápidas, un ara y diversos objetos como teselas, monedas, etc.  
A mediados del S. XX, don José Ramón Fernandéz Oxea era inspector de Primera Enseñanza y presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Cáceres, por ello, visitaba con frecuencia Madrigalejo. En varias de aquellas visitas profesionales fue conociendo algunos de los hallazgos protohistóricos que habían tenido lugar en las inmediaciones de nuestra localidad. Le mantenían al tanto los maestros que ejercían la profesión en aquellos momentos, como eran D. Valeriano Muñoz, D. Juan Ramos y D. José Rubio, además de D. Ubaldo Rubio, el secretario del Ayuntamiento. La figura de D. José Ramón Fernández Oxea fue muy valiosa para dar a conocer al mundo científico aquellos hallazgos celtíberos, a través de sus publicaciones: “La Arracada de Madrigalejo”, en la revista Zephirus, y “Nuevas Esculturas Zoomorfas Prehistóricas de Extremadura”, en la revista Ampurias. También a D. José Ramón debemos la primera descripción de nuestro templo parroquial, en el artículo “Iglesias cacereñas no catalogadas”, publicado en la Revista de Estudios Extremeños.
Pero muy especialmente me voy a referir a dos personas que mucho mejor que yo hubieran merecido haber sido nombrados Cronistas Oficiales de Madrigalejo. A ellos debemos la mayor parte de los conocimientos que, sobre la historia de nuestra localidad, tenemos.
 En primer lugar, es de justicia elogiar la labor de D. Ubaldo Rubio Calzón, quien fue secretario de nuestro Ayuntamiento desde los años treinta hasta los setenta del siglo XX. Aparte de su labor profesional, merece ser destacada su personalidad intelectual, gracias a la cual, nos hemos beneficiado nosotros. A él debemos haber sacado del olvido el mismo hecho de la muerte del rey Fernando V en Madrigalejo a mediados del siglo XX.
 Pues, siempre atento a las novedades administrativas que le proporcionaba su cargo, cuando tuvo conocimiento en 1950 de que se había decretado la conmemoración del V Centenario del Nacimiento de los Reyes Católicos, desde el Ayuntamiento que entonces presidía D. Francisco Gómez Lozano de Sosa, se comenzó a trabajar para que Madrigalejo se sumara a dicha efemérides. Como se encontraron ante un vacío total de datos históricos sobre el fallecimiento del Rey, se inició una labor de recopilación de fuentes que probaran y arrojaran luz sobre los acontecimientos que tuvieron lugar aquí, en Madrigalejo, en 1516. Con la documentación bibliográfica y de archivo obtenida, D. Ubaldo preparó un extenso trabajo con el que, entre otros actos, el Ayuntamiento de Madrigalejo colaboró en la celebración del V Centenario del Nacimiento de los Reyes Católicos el día 23 de enero de 1952. Aquel trabajo fue fundamental para restablecer la memoria de aquellos trascendentales acontecimientos y la base para estudios posteriores que se han realizado. Además, pasados unos años, también publicó algunos artículos en la Revista Alcántara y en la Revista de Estudios Extremeños, así como comunicaciones en los Coloquios Históricos de Extremadura, de Trujillo, en los que divulgaba los hechos relacionados con Fernando el Católico y Madrigalejo. Y cuando no era frecuente encontrar bibliotecas, sobre todo en el ámbito rural, gracias a su iniciativa, en 1950 se fundó la Biblioteca Pública Municipal y él fue nombrado bibliotecario.
Por último, no puedo dejar de mencionar a quien le debo hasta la vida, a mi padre, que todos habéis conocido, Lorenzo Rodríguez Amores. Durante años y años, en mi casa  (porque la casa de mis padres siempre será mi casa) estuvimos viviendo sus inquietudes, sus preocupaciones porque la Casa de Santa María se venía abajo y había que salvarla, sus gestiones para que el lugar donde falleciera el rey Fernando el Católico fuese declarado Monumento Nacional, con sus disgustos porque los trámites se dilataban demasiado en el tiempo y la gran alegría cuando tuvo la confirmación del logro conseguido. Bien le recordamos rodeado de libros en su desordenado despacho y, pasillo arriba, pasillo abajo, rumiando lo que después trasladaría a los folios con las teclas de su tradicional máquina de escribir, llenos de borrones y tachones, hasta que quedaba conforme y conseguía echar mano de alguien para que se los pasara a limpio. Esos folios que después presentaba en los Coloquios Históricos de Trujillo, en los Congresos de Estudios Extremeños y en otros foros comarcanos. Folios que su amiga Soledad López-Lago siempre estaba dispuesta a publicar en la Revista de Talarrubias. En aquellos folios iba la Historia de Madrigalejo y de su entorno.

Tras su jubilación, se centró en su gran proyecto: escribir un libro sobre la Historia de Madrigalejo. Todos esperábamos el libro; los años pasaban y no lo terminaba. Capítulo a capítulo fuimos testigos de su trabajo y, cuando apenas lo pudo disfrutar porque ya estaba bastante enfermo, en 2008 vio publicada su obra de toda una vida: Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. No creo equivocarme si digo que, cuando cogimos en nuestras manos el libro, los madrigalejeños tuvimos la sensación de tener algo muy nuestro y valioso. No descubro nada nuevo si digo que es mi libro de cabecera en lo que a la historia de nuestro pueblo se refiere. Y, en lo que a mí atañe, me facilita la labor de cronista que me habéis encomendado, la de ir ampliando ese cuerpo ya formado.

Con todo lo dicho hasta ahora, quisiera poner de manifiesto la gran responsabilidad que supone haber sido nombrada Cronista Oficial de Madrigalejo, pues otras personas antes que yo merecían mucho más haberlo sido. Siendo consciente de esta gran responsabilidad,  asumo este nombramiento con gran entusiasmo y con gran voluntad de servicio. El fundamento de este servicio lo pondré en el estudio de nuestro pasado sin olvidar los acontecimientos del presente. Deseo de todo corazón que me deis mucho trabajo, es decir, que haya muchos madrigalejenses que descuellen en las diferentes facetas de la vida para que yo tenga que hacer su crónica. Y creo que estamos en un buen momento. Hijos de nuestro pueblo están destacando en el campo de las letras y las artes, de la ciencia y la investigación, del empresariado y en el ámbito de sus profesiones. Dentro de mis limitaciones, y con la ayuda de Dios, espero contribuir con mi tarea al mejor conocimiento y divulgación de nuestra Historia particular, continuando con la labor de quienes me precedieron. Me siento muy honrada por esta distinción y me pongo a disposición del pueblo de Madrigalejo, representado en su Ayuntamiento, para ejercer las tareas propias del cargo de Cronista.

Antes de terminar, tengo que decir que el camino recorrido para llegar a este punto no hubiera sido posible sin el legado de mi padre, sin la paciencia de mi familia, a quienes quito buena parte del tiempo que debería dedicarles, sin el recorrido y la labor realizada por la Asociación cultural Madrigalejo 2016 –Fernando el Católico –V Centenario, y sin la confianza que ha puesto en mí el Ayuntamiento de Madrigalejo, con su Alcalde, Sergio Rey Galán, a la cabeza. Por todo ello, muchas gracias. Y gracias también a todos los presentes, por estar aquí y soportar con este calor esta parrafada y a todas las personas que me han mostrado su parabién por esta distinción.


LUZ DE CANDIL


En la oscuridad de la historia, la luz mortecina y humilde de un candil nos va a guiar en nuestra búsqueda por conocer algo más de nuestro pasado. Porque el candil, ese  viejo utensilio que usaban nuestros antepasados para romper la negrura de la noche con su modesta mecha, es la alegoría elegida para este espacio, un espacio que nace sin grandes pretensiones.

Pretendo que esta luz de candil nos ayude a escudriñar cualquier rastro del pasado con perspicacia entre las penumbras, del mismo modo que los ojos habituados a la pequeña llama de los viejos candiles encontraban lo que en la oscuridad se les resistía.  Aspiro a que nos ayude a distinguir la certeza de las apariencias, usando las pruebas que tengamos a mano para diferenciar lo que supuestamente pudieran ser monstruos y gigantes de las inocentes sombras que aparecen amenazantes, como harían nuestros antepasados para espantar el miedo de los niños. ¡Bendita luz de candil si consigo lo que pretendo y  colma mis aspiraciones!