martes, 11 de septiembre de 2018

VAMOS A CALLEJEAR (2) (Plaza de la Ermita, Calle Hondonada y Plaza del Llanejo)




(Continuamos con la segunda entrega de la Visita Guiada “Vamos a Callejear”…)

El punto de encuentro para iniciar la Visita Guiada fue la Plaza de la Ermita (o la plazoleta, como solíamos decir años atrás). En la actualidad, puede decirse que es el centro del pueblo, tanto en el sentido espacial como social. Pues aproximadamente ocupa el punto central del plano, pero también es un lugar de tránsito diario y donde se celebran las verbenas en San Juan y en la Feria o el Escaliento del Jueves de Comadres. Aunque no siempre fue así.


El espacio que hoy conocemos como Plaza de la Ermita se conformó a partir de la construcción de la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias, edificada en 1791 e inaugurada en 1792. En aquel tiempo era zona casi despoblada, como puede verse en el acta de inauguración de la Ermita, en la que dice “…sita a la salida de la calle San Juan”; es decir, ubicada en un sitio que ni tenía nombre.


Casi 70 años después, en el “Nuevo Nomenclátor de 1859”, aparece una calle con dos nombres: de “Ermita” y de “Fuente Nueva”, con 33 edificios, todos habitados menos uno (lógicamente, la ermita). Estos datos nos indican que la calle denominada “Ermita” y “Fuente Nueva” se refería a una vía con un número de viviendas bastante mayor que las que puede albergar la actual plazoleta. Por tanto, esta calle llamada “Ermita” y/o “Fuente Nueva” sería la vía resultante de la prolongación de la calle de San Juan hacia las Cuatro Esquinas (actualmente Plaza de la Ermita y Héroes de Cobba-Darsa) y su continuación hacia la Calle Nueva, siguiendo el trazado del camino hacia el Sevellar. Y a principios del siglo XX, ya aparecen como dos vías independientes: Ermita, por una parte, y Fuente Nueva, por otra

Y también hubo un tiempo en que la plaza de la Ermita perdió su nombre. En diciembre de 1931, pasó a denominarse Plaza de Galán y Hernández. Eran los tiempos de la Segunda República y siguiendo la ideología laica del Estado, un nombre tan marcadamente católico como "ermita", no tenía lugar. Galán y Hernández son los nombres de dos capitanes (Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández), que fueron los protagonistas del pronunciamiento militar de Jaca del 12 de diciembre de 1930 contra la monarquía de Alfonso XIII, y que al fracasar, fueron fusilados. Volvió a recobrar el nombre de Plaza de la Ermita en 1937, en plena Guerra Civil.

Con el nuevo plan de urbanismo de los años 50 del pasado siglo, se abrió, a partir de esta plaza, la calle hoy llamada Valeriano Muñoz y anteriormente, José Antonio.



Vamos a evocar la vida en la plaza de la Ermita a mediados del siglo XX: espacio bullicioso, lleno de actividad y personajes entrañables. Citemos en primer lugar la fragua del tío Canuto, donde se trabajaba el hierro para darle mil formas: rejería, herramientas, herraduras... Y se reparaban desperfectos de los aperos: se afilaba la reja de los arados, las azadas y azadones, etc. Además, era lugar de conversación, por donde corrían noticias y se mataba el tiempo mientras el herrero trabajaba. Ah! Y no olvidemos el trajín de los niños en vísperas de Noche Buena, acarreando los “mocos” para montar las montañas en el nacimiento. Al lado de la fragua, la barbería del Titi, otro lugar de tertulia y mentidero, y la vuelta de la esquina, las chucherías de la mujer del Titi, la Sra. Fermina... ¡Menuda acera! Y en la otra esquina, la Reina de las Mujeres con su tienda de zapatos, y un poco más allá, otra barbería, la del Sr. Fulgencio, a quien llamaban Vinagre, y el establecimiento de Corrosclo, que era hojalatero. Y luego, un poco más acá en el tiempo, los kioskos de La Chata y la Dolores, con las ricas castañas asadas de invierno. Abriendo la calle Hondonada, el establecimiento de las Sicard, (a las que llamábamos Sicalas, con  gran enfado por su parte), que vendían un poco de todo. Y quien no faltaba los días que había cine, eran los carritos del tío Lucas y el tío Sabino, que aprovechaban los descansos de la proyección para vender sus cosas. Y las castañas asadas de la tía Fermina...

A mediados de los años 60 ocurrió una gran novedad en la plaza de la Ermita: se instaló una fuente de agua potable. Se estaban iniciando los trabajos para llevar el agua corriente a las casas y la fuente fue como una avanzadilla. ¡Qué alivio para las mozas que tenían que acarrear el agua, en cántaros a la cabeza y al cuadríl! ¡Qué animación para la plazuela de la Ermita! Pero... qué solas se quedaron las fuentes de los Grifos y de la República.



Abandonamos la Plaza de la Ermita y  continuamos la visita…Dejemos que sea el tío Sabino, con su carrito de los helados y de las golosinas (encarnado por Alfonso Cuadrado), el que nos lleve por el circuito callejero que vamos a recorrer. Nos guía hacia la calle Hondonada, donde hacemos la primera parada, en la confluencia con la calle Catalina Arroyo.



La Calle Hondonada toma su nombre de la topografía del terreno que, como puede verse fácilmente, desde el altozano de la plazoleta de la Ermita, esta vía se va ahondando hasta desembocar en el Llanejo. Consta en el “Nuevo Nomenclátor de 1859” que la calle Hondonada está formada por 26 edificios, y el Llanejo, por 33. Y alrededor de la confluencia de la calle Hondonada con el Llanejo, hasta principios del S. XIX, existió la Ermita de los Santos Mártires, ya desaparecida.


Aunque no llegamos en la visita hasta la Plaza del Llanejo (por no tener que desandar lo andado) aportamos algunos datos de su historia. El nombre de “Llanejo” también hace referencia a la topografía del terreno (un lugar llano), y ya es mencionado en documentos de mediados del siglo XVIII como sitio del Llanejo de Orexudo o Barrio del Llanejo. Pues más que una calle o una plaza, correspondía a una zona donde hoy existen varias vías (Gabriel y Galán, Zurbarán, arranque de Viriato y plaza del Llanejo), y que lo abala el hecho de estar empadronados 33 edificios a mediados del siglo XIX, o que en el primer cuarto del siglo XX estén registrados hasta 10 establecimientos públicos (dos tiendas de tejidos al por menor, una posada, una tahona, una fábrica de gaseosas, un tablajero, dos tabernas, un barbero y un veterinario).

Cuando en diciembre de 1931, se modifica el callejero, una de las vías del Llanejo pasa a denominarse calle de Gabriel y Galán, y hoy continúa con la misma denominación, en honor al poeta que escribió buena parte de su obra en castúo.

Es en 1950 cuando la plaza del Llanejo está delimitada al espacio que conocemos actualmente.



Terminamos esta segunda entrega en la calle Hondonada, en su intersección con Catalina Arroyo.
Continuará…

Texto: Antonia Loro Carranza
Guadalupe Rodríguez Cerezo.