domingo, 5 de junio de 2022

EVOLUCIÓN DEL CAMPO EN LAS VEGAS ALTAS DEL GUADIANA

Con motivo de la celebración del 50 aniversario de la puesta en riego del canal de Orellana, la Comunidad de Usuarios del Canal de Orellana organizó una mesa de debate acerca del “Pasado, presente y futuro de los pueblos de colonización”, que tuvo lugar en Valdivia, el 12 de mayo de 2022. Tuve el honor de ser invitada a la mesa de debate como ponente en calidad de Cronista de Madrigalejo y Presidenta de la “Asociación Cultural Fernando el Calólico”, junto a Fernando Aranda -Director Técnico de Confederación Hidrográfica del Guadiana-, Celia Santos -Gerente de Tomates del Guadiana- y Esther Abujeta -Doctora en Historia del Arte y experta en pueblos de colonización-. Moderó la mesa de debate Samuel Sánchez.  

A continuación, comparto la ponencia que presenté.

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La transformación del campo extremeño en las últimas décadas y, en concreto, de las tierras de las Vegas Altas del Guadiana, ha sido tan radical que no se puede hablar de evolución, sino de una auténtica revolución. Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, se ha pasado de una agricultura tradicional, caracterizada por el inmovilismo, a una agricultura en continuo progreso, donde las innovaciones más recientes, rápidamente se van quedando obsoletas. Y con la agricultura, la transformación ha sido también de carácter económico, social, cultural o paisajístico. Veamos algunos aspectos de esta transformación.

Agricultura:

Transformación de las tierras de secano en tierras de regadío 

Sin duda, el motor de todo el cambio experimentado en las Vegas Altas del Guadiana en las últimas décadas fue la puesta en regadío, con el Plan Badajoz, de grandes dehesas y de tierras de cultivo que antaño fueron de secano. Y con la llegada del agua de riego, también cambiaron los cultivos, el aprovechamiento del suelo y la productividad.



(Foto de María García Ciudad) 

Nuevos cultivos

Las tierras hoy regadas por el canal de Orellana, tradicionalmente, estaban dedicadas a la ganadería extensiva en dehesas y al cultivo de la trilogía mediterránea: cereal (trigo, cebada, avena o centeno), olivo y vid. También se cultivaban otros productos destinados al autoconsumo, como legumbres o lino. Y en las riberas de los ríos y manantiales, sacando agua con norias y cigüeñales, se cultivaban huertos y huertas, destinados a hortícolas y frutales, respectivamente.  



El regadío trajo nuevos cultivos. Hubo ensayos para cultivar tabaco y algodón, que no prosperaron. Desde el principio se consolidaron cultivos como arroz, maíz y frutales -de pepitas al comienzo y, después, de hueso-; también productos hortícolas, especialmente tomates- y, más recientemente, olivos de regadío.



Redistribución de la tierra y aprovechamiento del suelo    

Con la puesta en marcha del regadío, también se llevó a cabo una redistribución más equitativa de la tierra, mediante la expropiación de latifundios y la concentración parcelaria de pequeñas suertes, dando lugar a explotaciones cuyas dimensiones fuesen más rentables. Pues este era el objetivo, la rentabilidad de la tierra, modificando el sistema de aprovechamiento del suelo desde la agricultura extensiva tradicional a una agricultura intensiva de alta productividad, que es la que hoy predomina.



Antiguas herramientas y nuevas tecnologías

Y en el proceso de alcanzar mayor productividad, también ha sido esencial la evolución de la maquinaria agrícola y los avances tecnológicos de las últimas décadas.

Durante siglos, apenas hubo avances significativos en los métodos de labranza para realizar las tareas agrícolas. No hace tanto tiempo, la tierra se preparaba con el arado tirado por yuntas de bestias. La siembra se realizaba a mano. El arisqueo con semovientes tenía la función de quitar las hierbas tempranas; mientras que, cuando la cosecha estaba más crecida, las malas hierbas se quitaban a mano, mediante el escardado. También la siega era manual, empleando la hoz y el hocino como herramientas.



Museo Municipal de Madrigalejo.
(Foto de Jonatan Carranza)

Una vez segada la mies, las hacinas se llevaban a la era para trillar la parva, donde se separaba la paja del grano, un trabajo que ocupaba todo el verano.

Y tras la cosecha, la tierra debía descansar para regenerarse, poniéndola en barbecho, en rotación bienal.

Todo esto ya es historia. Grandes tractores y maquinaria agrícola, cada vez más sofisticada, realizan el trabajo que antes hacían hombres y animales, economizando tiempo, esfuerzo y mano de obra. Los productos fitosanitarios controlan malas hierbas, plagas y enfermedades. La tierra se enriquece con abonos y fertilizantes, por lo que no necesita barbecho. Y las máquinas cosechadoras realizan, en un día, la tarea que antes ocupaba todo el verano.



Economía:

Paso de una economía de subsistencia a una economía de mercado

El paso a la agricultura intensiva, con el incremento sustancial del rendimiento de la tierra, generó y sigue generando unos beneficios que han revertido indiscutiblemente en la economía de toda la zona.

En la agricultura tradicional, ligada a una economía autárquica, buena parte de la cosecha se destinaba al autoconsumo, había pocos excedentes, se pagaba parte de los jornales en especies y seguía perviviendo el trueque entre los vecinos.

Con la transformación en regadío de nuestras tierras, se ha pasado a una economía de mercado. Los mayores beneficios que empezaron a obtener las exploraciones eran revertidos en dinero líquido. Y buena parte de ese dinero líquido hay que invertirlo en la propia explotación para la puesta en marcha de cada campaña; dinero que revierte en servicios, prestaciones y empresas que viven alrededor de la agricultura, haciendo que el sector primario sea un gran motor de dinamización económica para la zona.

 

Cambios sociales

De labrador a agricultor

Y con todos estos cambios, también cambió el individuo, la persona que lleva toda la carga de la explotación. El labrador, aquel hombre de campo recio, trabajador de sol a sol, paciente, sufridor de las inclemencias del tiempo, que aprendió el oficio de su padre, quien a su vez lo hizo del suyo, ya no existe, pasando a ser agricultor.


(Foto de los Hnos. Bustamante Hurtado)

Al agricultor actual, poco le aporta ya el conocimiento ancestral de la labranza. Necesita estar continuamente formándose y actualizándose, y destina buena parte del tiempo a la burocracia y al papeleo. Tiene a su alcance una tecnología y unos medios inimaginables para el antiguo labrador. Se agrupa en cooperativas para acceder más fácilmente a los insumos, hacer más presión en los precios y tener unos servicios de administración que le ayude con la burocracia. Y unos sindicatos específicos luchan por sus intereses.

 

Mejora la calidad de vida

Además, todo lo anterior ha redundado en una mejora significativa en la calidad de vida y en la renta per cápita, no solo de quienes se dedican a las tareas agrícolas, sino de toda la población en general.

 

Fijación de la población

Todos estos avances y mejoras significativas en la agricultura han incidido también en la fijación de población en el territorio, apuntalada con la fundación de pueblos de nueva creación, por lo que las Vegas Altas del Guadiana son ahora una de las zonas rurales más pobladas de Extremadura.

Se consiguió frenar algo la sangrante emigración que padecían los viejos pueblos y se produjo un trasvase de población desde otros lugares hacia los pueblos de colonización. Esta inmigración supuso un reto humano de gran calado, con nueva vida, nuevas amistades, dejar atrás las raíces y, sobre todo, participar en la creación de nuevas comunidades, con mucha ilusión y trabajo.

 

Aspectos culturales

Arte y patrimonio

Como los pueblos de colonización se levantaron de nueva planta, su urbanismo fue planificado y se construyeron los edificios necesarios para la nueva comunidad: plazas, ayuntamientos, escuelas, iglesias, viviendas, fuentes públicas, cines o cementerios. Así, en los nuevos pueblos, encontramos trazas, edificios y obras única y originales, que son reflejo de la sensibilidad artística imperante a mediados del siglo XX y que forman parte ya de un patrimonio común.


(Foto cedida por la Biblioteca Pública de Vagas Altas)

Además, los nuevos pobladores trajeron de sus lugares de origen tradiciones, gastronomía o maneras de festejar, que entraron en contacto unas con otras y que, con el tiempo, la comunidad las ha ido haciendo suyas, adaptándolas o creando nuevas iniciativas para sus fiestas y celebraciones. Todo ello está generando un patrimonio inmaterial nuevo que hay que tener muy en cuenta.

 

El paisaje   

Y no podemos olvidarnos del paisaje, que ha cambiado radicalmente. Allá donde antes había encinas centenarias y tierras dedicadas al cultivo de cereal de invierno, hoy encontramos frutales, hortícolas, arroz o maíz. Los pardos secarrales y los rastrojos propios del verano han sido sustituidos por distintas tonalidades verdes y la floración de los frutales en primavera ofrece un espectáculo visual de gran belleza. Y, entre tanto, la tierra descansa en invierno.

Pero también la nueva distribución del suelo agrícola ha modificado el paisaje, así como los procesos de allanamiento y nivelación de tierras, o las necesarias infraestructuras, como canales, acequias, desagües, vías de servicio, carreteras y, por supuesto, el surgimiento de pueblos de nueva creación.

 

Cambios en el ecosistema

Tan significativo cambio vegetativo ha repercutido también en el ecosistema de la zona. Están desapareciendo algunas especies de la flora y de la fauna autóctonas, y apareciendo otras que no existían en estos parajes. Especialmente significativo es el caso de las aves. Se está produciendo una sensible disminución de aves esteparias y están proliferando especies propias de humedales en torno a los arrozales. Además, la gran reserva de alimento que se queda en el campo tras la cosecha de otoño favorece la invernada de grandes aves migratorias, como las grullas, que son un gran reclamo turístico. Por la misma razón, las cigüeñas ya no tienen necesidad de emigrar y permanecen aquí todo el año. La riqueza ornitológica que se ha creado es tal que han sido declaradas varias zonas ZEPA en el territorio regado por el Canal de Orellana.

Y significativo también es el caso de los insectos, con la gran proliferación de mosquitos en verano, que no es cosa menuda.

 

Hacia dónde nos dirigimos

Y tras más de 50 años de evolución, se presentan nuevos problemas y nuevos retos. Estamos asistiendo en los últimos años a la disminución de los márgenes de beneficio en las explotaciones. Con la globalización, nuestros productos compiten con los de terceros países, a los que les cuesta bastante menos producir; esto ha provocado que los precios de nuestros productos sigan al mismo nivel que hace años, al mismo tiempo que los gastos han sufrido un fuerte incremento. Además, las ayudas procedentes de Europa se van reduciendo sensiblemente con cada revisión de la P.A.C.

La reducción de beneficios repercute en que las explotaciones sean menos rentables, que cueste más financiar su modernización para competir en buenas condiciones, y que no sea atractivo a los jóvenes incorporarse a la agricultura, buscando su futuro profesional lejos del sector primario y de los pueblos. Como consecuencia, la población está envejeciendo, desaparecen las explotaciones menos rentables y aumentan las que son gestionadas por grandes empresas.

Por tanto, para evitar el envejecimiento y la despoblación de los pueblos, hay que conseguir que las explotaciones familiares sean rentables, que la renta per cápita de los agricultores se equipare con la de profesionales de otros sectores y, así, hacer más atractivo a los jóvenes quedarse en el campo.

 

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Y termino diciendo que, para esta ponencia, me he servido del cuadernillo La labranza, publicado por la Asociación Cultural “Fernando el Católico” de Madrigalejo en 2016, fruto de un encuentro celebrado el 21 de enero de 2015 llamado “Diálogo Intergeneracional”. En aquel coloquio, antiguos labradores que se habían reconvertido en agricultores, contaron a los más jóvenes sus vivencias y experiencias de la gran revolución del campo, de la que ellos fueron protagonistas activos.



Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

Bibliografía

-La Labranza. Memoria Vivida. “Asociación Cultural Madrigalejo 2016-Fernando el Católico-V Centenario”. 2016.

 

Imágenes

-Jonatan Carranza

-Hnos. Bustamante Hurtado

-Biblioteca Pública de Vegas Altas

-María García Ciudad.

-Fotografías antiguas

-G. Rodríguez Cerezo

 

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