sábado, 28 de marzo de 2020

UNA HISTORIA CORRIENTE

(Vicente Amores del Barco y Mª Antonia Pizarroso Sojo)

En estos días de confinamiento, quiero compartir una historia familiar, una historia que ocurría frecuentemente y que, seguro, en muchas familias puede haber otra muy parecida. Es una historia que nada tiene que ver con los libros de Historia, pero, sin duda, es una más de las muchas que tejieron la convivencia de nuestros pueblos y ciudades, que nos dejaron uno de esos grandes valores que no podemos perder y que en estos momentos nos hacen tanta falta: la cohesión familiar.

Hasta Madrigalejo llegó Vicente Amores del Barco, natural de Ceclavín, para ejercer su profesión de maestro de escuela. Sería entre 1865 y 1870 aproximadamente. Aquí conoció a Mª Antonia Pizarroso Sojo, que había nacido en Madrigalejo en 1845. Se casaron y tuvieron tres hijas: Isidora, Florentina y María Amores Pizarroso.

(Mª Antonia Pizarroso Sojo)            

Eran las niñas pequeñas cuando murió Vicente Amores. Estamos hablando de los tiempos en los que era una realidad el dicho “pasas más hambre que un maestro escuela” y cuando no existía pensión de viudedad ni de orfandad. En estas circunstancias, era la familia más cercana quienes ayudaban a remediar en lo posible las necesidades de la falta del padre de familia. Mª Antonia se quedó viuda y con tres hijas a las que sacar adelante. La familia de Vicente Amores se ofreció a llevarse con ellos a Ceclavín a alguna de aquellas tres niñas. Pero Mª Antonia, a pesar de la situación en la que quedaba, se negó a separarse de ninguna de sus hijas ni a separar a las hermanas. Desde entonces, se rompieron todos los vínculos con la familia ceclavinera.

Mª Antonia salió adelante con la ayuda de su familia carnal en un principio y, después, volviéndose a casar. Esta era una de las salidas, tanto viudos como viudas; los primeros, para que una mujer atendiera a sus hijos huérfanos, y las viudas, para tener una seguridad económica. Mª Antonia se casó con otro maestro de escuela, Lorenzo Fraile Moreno, cinco años más joven que ella. Con él no fundó otra familia, porque fue la misma, a la que se añadieron dos hijos más. Fruto de este segundo matrimonio nacieron Antonio y Marciana Fraile Pizarroso. Lorenzo Fraile cuidó de aquellas tres niñas como si fueran hijas suyas de carne, del mismo modo que cuidó a sus hijos Antonio y Marciana.

(Isidora Amores Pizarroso con su marido -Sebastián Rubio- y sus hijos Andrea, Vicente y José Rubio Amores)

(Antonio Fraile Pizarroso)

Mi abuela, María Amores Pizarroso se casó con Domingo Rodríguez Silva, natural de Acedera. Tuvieron tres hijos varones. Al mayor le pusieron de nombre Antonio, como su abuelo paterno; al segundo le llamaron Vicente, como su abuelo materno, y al pequeño, le pusieron Lorenzo, por su abuelastro. Este hecho demuestra la estima en que tuvo María Amores a su padrastro, Lorenzo Fraile.

(Domingo Rodríguez Silva y María Amores Pizarroso -en su viaje de bodas-)

Aunque Antonio Fraile Pizarroso –el hijo varón de Lorenzo y Mª Antonia- fue médico y ejerció en Madrigalejo, el Magisterio tuvo un papel muy destacado en la siguiente generación y en la posterior. Tres de los nietos de Mª Antonia fueron maestros nacionales: José y Mª Antonia Rubio Amores ejercieron su magisterio en Madrigalejo, y Vicente Rodríguez Amores lo hizo en Orellana la Vieja y en Mérida. Tras su jubilación, fue condecorado con la Medalla de Alfonso X el Sabio-. Y entre sus bisnietos maestros pueden contarse a Sebastián Rubio Llerena –quien fue Inspector de Enseñanza en Badajoz- y su hermano Manuel, Mª Reyes y Mª Ángeles Rodríguez Gómez y Josefa Rodríguez Cerezo.

Tanto Lorenzo como Mª Antonia murieron ya mayores –para la esperanza de vida de entonces-. Lorenzo tenía 70 años cuando falleció en 1920. Y Mª Antonia le sobrevivió hasta 1926, cuando contaba con 81 años.

(Lápida del enterramiento de Lorenzo Fraile y Mª Antonia Pizarroso)

Soy bisnieta de Mª Antonia Pizarroso Sojo y he traído esta sencilla historia por el legado que nos ha dejado y que continúa hasta nuestros días. Porque el apego que sintió esta mujer por su familia lo transmitió a sus hijos, entre los que se encontraba mi abuela María Amores. Y esta lo transmitió a sus hijos –mis tíos y mi padre-, quienes, a su vez, nos lo han legado de una manera especial a todos nosotros –mis primos y mis hermanos-.

(Esta historia va dedicada especialmente a los descendientes de la familia Rodríguez Amores, de Antonio, de Vicente y de Lorenzo)

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

4 comentarios:

  1. QUERIDA UPE:EL CARIÑO QUE TIENES POR TUS PRIMOS Y DEMAS FAMILIA, ES IDENTICO AL QUE LA MIA OS TIENE A TODA LA TUYA.SOBRE TODO A !!!TIA ANITA!!!,QUIERA DIOS LA TENGA MUCHOS AÑOS ENTRE NOSOTROS, PARA SEGUIR QUERIENDOLA, SI CABE MAS. MUCHOS BESOS Y ABRAZOS.

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    1. En la distancia, sabes que estamos unidos por el cariño. Un fuerte abrazo para todos. Y cuidaos mucho.

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  2. Al margen de lo bonito de la historia, yo puedo refrendar, por mi experiencia personal, la bondad de tu familia. Puedo recordar perfectamente a tu abuela María, ya muy mayor, y las horas que pasé en su casa de entonces, la primera de la calle El Peral, con aquel pasillo larguísimo y el patio al fondo, cuando, frecuentemente, me llevaban mis tías Josefa y Casimira. Pero recuerdo, sobre todo, el cariño con el que siempre me trataba, igual que luego lo hicieron sus hijos y todos los nietos con los que me he relacionado. Un homenaje merecido.

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  3. Muchas gracias, Ángel, por tus palabras, por esos recuerdos y, sobre todo, por el cariño que nos profesamos.
    Un abrazo.

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