sábado, 8 de octubre de 2022

VAMOS A CALLEJEAR. G. FORTUNA (2ª parte)

La primera parte de esta entrega de “Vamos a Callejear” terminaba con la escena de tres vecinas charlando sobre la ermita de San Gregorio y las Enriaderas.

El final de la calle Gallego Fortuna marcaba el término del casco urbano de Madrigalejo hasta el siglo XIX. La ermita de San Gregorio estaba situada en el extrarradio, lo mismo que el cementerio viejo, que había sido construido en 1820, en un espacio que hoy ocupan solares entre las calles Badajoz, Pizarro y Alonso de Ojeda. Para construir este cementerio, se utilizó el material de las ruinas de la ermita de San Sebastián, que antaño estuvo situada en la otra punta de la localidad, allá por los Barrios Altos. Por su parte, la ermita de San Gregorio podría darse por desmantelada a finales del siglo XVIII.

El antiguo camposanto estuvo en activo hasta 1912, año en el que se inauguró el cementerio actual. Quedó totalmente clausurado y limpio de todos los restos en 1932; últimos restos que fueron depositados en el osario del cementerio nuevo.

Al ir creciendo la población, fue necesario construir nuevas viviendas y habilitar nuevas calles, de tal forma que se amplió el perímetro urbano también por esta parte. El ensanche fue planificado con una estructura en damero o cuadrícula, y se fue poblando a lo largo de mediados y finales del S. XX.

 La calle Pizarro es la prolongación de Gallego Fortuna. Pero antes, salía por la derecha el camino que iba hacia las Enriaderas, camino que se convirtió en calle, tomando también su nombre. A su vez, de las Enriaderas salen actualmente las calles Cid y Prados, Así como su prolongación, llamada calle Canal de Orellana.

De la calle Pizarro, salen dos vías perpendiculares: las calles Cáceres y Badajoz. A su vez, la calle Pizarro desemboca actualmente en la plazuela que une los dos tramos de la calle Alonso de Ojeda. Y paralela a Alonso de Ojeda, se encuentra la calle Daoiz y Velarde.

¿De dónde vienen los nombres de estas vías? Pues bien, a la hora de rotular las nuevas calles, el Ayuntamiento se inclinó fundamentalmente en dos direcciones; por una parte, con personajes históricos, y por otra, con apellidos madrigalejeños. Los personajes elegidos para identificar las calles fueron: Cid, Daoiz y Velarde, así como los conquistadores Pizarro y Alonso de Ojeda. Y los apellidos que encontramos en estas calles, tales como Recio, Grijota, Prados o Fernández Rentero, se pusieron en compensación a las personas propietarias de los terrenos que se expropiaron para trazar dichas vías. Caso diferente son las calles Cáceres y Badajoz, que anteriormente eran nombradas Capitán Arce (militar fallecido en el desastre de Annual, en la guerra de África) y 1º de junio, cuyo cambio de nomenclatura tuvo lugar en la década de los 80 del siglo pasado.

Y, por último, Canal de Orellana. Un nombre bien justificado por los beneficios que ha aportado a nuestra localidad el agua de riego que nos llega a través de esta infraestructura y que ha supuesto una gran transformación en la agricultura de nuestro pueblo. Recordemos que este año se está celebrando el 50 aniversario de la total puesta en regadío de la zona que abarca el Canal de Orellana.

Hasta aquí ha llegado el repaso del urbanismo en parte de nuestro pueblo. Pero no olvidemos también que, por este camino, se llegaba a las Matas, zona de dehesas y pastoreo, fincas en las vivían y trabajaban muchos madrigalejeños. Por ello, vamos a terminar este recorrido con un pequeño homenaje a aquellos pastores que día y noche pasaban en las majadas.

REUNIÓN DE PASTORES EN UNA NOCHE DE VERANO

-Dura jornada la de hoy.

-El calor nos tiene a toos agotaos. Así está también el ganao…

-¿Oís los campanillos? Ahora es cuando puden llenar la panza.

-Pobres ovejas…, con la calor, no pueen con su alma, están to el día acarrás.

-¿Y pa beber?, cada vez hay menos agua en las charcas. Ya mismo tendremos que empezar la tarea de llevar el rebaño a beber al río cada mañana.

-Aprovechad y remojaros bien en el río, que estéis vosotros también bien fresquitos to el día.

-Y si tenemos un buen ajoblanco al llegar… cuanto más y mejor…

-Disfrutemos del fresco de la noche ahora, que no hay mejor momento pa descansar…

-Pocos ratos como estos tan plácidos…

-A ver, zagales, vamos a jugar… tan largo como un camino y pesa menos que un comino… ¿Qué es?

-Yo, yo, yo lo sé… el humo

- ¿Y esta otra adivinanza? Tan largo como un camino y cabe en un cofrecino…

-Esa la sé yo… es el hilo

-A ver esta…Cien monjas en un convento y toas visten de negro…

-También la sé… son las hormigas.

-Esto es un aburrimiento, si es que ya os las sabéis...

-Pues la noche está lo propito pa recitar el romance de la loba parda. El que está presente en toas las majás, en las noches de invierno y verano, desde nuestras tierras hasta las de las sierras del norte.

 -Es uno de los romances que nos unen a toos los pastores, ya sean los serranos que vienen y van en la trashumancia como los que siempre estamos por aquí.

-Sí, y unos lo cantan y otros lo recitan…

- ¡Venga! ¿A ver quién se atreve?

- ¡Vamos!, tú que estás mu cayao.

- A ver cómo me sale…¡Allá voy!!!

laEstando yo en la mi choza, pintando la mi cayada,
las cabrillas altas iban y la luna rebajada;
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada.
Vide venir siete lobos por una oscura cañada.
Venían echando suertes cuál entrará a la majada.

Le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como punta de navaja.
Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada;
a la otra  vuelta que dio, sacó la borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos para el domingo de Pascua.

–¡Aquí, mis siete cachorros, aquí, perra trujillana,
aquí, perro el de los hierros, a correr la loba parda!
Si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza;
y si no me la cobráis, cenaréis de mi cayada.

Los perros tras de la loba las uñas se esmigajaban;
siete leguas la corrieron por unas sierras muy agrias.
Al subir un cotarrito la loba ya va cansada:
–Tomad, perros, la borrega, sana y buena como estaba.
–No queremos la borrega, de tu boca alobadada,
que queremos tu pelleja pa’ el pastor una zamarra;
el rabo para correas, para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas;
y las tripas para vihuelas para que bailen las damas.

-¡Mi madre! Te se ponen los pelos como escarpias…

-Mira que lo escucho veces… pero es que lo vive uno

(Niño)-Pero aquí no hay lobos, ¿a que no?

-No sé, no sé…

-¿A que no sabéis el cuento del tamborilero?

(Niño)-No ¿un cuento? A ver…

-Veréis…Erase una vez… Por, cierto, era por ahora…o quizá un poco más palante, ya más cerca del día de la Virgen… un mozalbete, que tenía un tambor, decidió ir a Guadalupe, pa estar allí el día de la fiesta.

-(Niño)- ¿Y de donde salió?

-Pues, creo que desde Villanueva o desde Rena, ya no estoy mu seguro… porque venía por el camino de Rena.

-(Niño)- ¿Ese que pasa por aquí cerca?

-Ese mismo, por el que vamos pal pueblo

-(Niño)- ¿Iba a caballo o en burro?

- Ni en uno ni en otro, que venía andandito.

-(Niño)- Pero… alguien vendría con él…

-Nadie le quiso acompañar y solo emprendió el viaje. Pero… además, salió más bien tarde. Porque tenía la intención de hacer noche en Madrigalejo.

(Niño)- ¿Cómo la intención? ¿Es que no llegó al pueblo?

- ¿Queréis tener un poco de pacencia?, venga sigue…

-Bueno, pues estando ya cerca de aquí, por la Mata Budiona… el sol ya se estaba poniendo… El pobrecito veía que tendría que hacer noche en el monte… Empezó a ponerse nervioso… escuchaba a las cornejas y a los mochuelos… Pero no lograba oír campanillos de ovejas que le condujeran hacia alguna majá o hacia algún chozo…

-(Niño)- ¿Y qué pasó? ¿Encontró algún lugar donde meterse?

- Pues tan nervioso se puso que se salió del camino y ya no sabía por dónde andaba… y la noche cada vez era más cerrada… Los sonidos ya no eran los mismos… A ver…silencio… ¿Qué escucháis?

-(Niño)- Los campanillos de las ovejas… (silencio) Una lechuza… (silencio)

-(Niño)-Un grillo… También suena una chicharra…

-Bueno… pos tos esos son los sonidos que suelen escucharse cuando caen las tinieblas. Pero aquella noche…, de pronto…, solo se oía el silencio… y allá a lo lejos, se empezaron a oír unos aullidos

-(Niño)- ¡Ay qué miedo!

- Miedo el que empezó a sentir el tamborilero… y los lobos, que olieron su miedo… cada vez estaban más cerca. El mozalbete soltó su tambor y quiso trepar a una encina…pero los animales ya estaban encima… (silencio)

-Niño- ¡Pero, sigue! ¿Qué pasó después?

- Nada más se supo del tamborilero… A los pocos días, un leñador pasó por esa encina y se encontró el tambor y unos zapatos…

-Sí, y me contaron que el leñador, hizo entonces una cruz en la encina con su hacha.

-Y allí sigue la cruz y la encina, junto al carril que, desde entonces, se empezó a llamar “del tamborilero”.

-(Niño) -¡Ay que penina más grande…!

-Venga, que eso pasó hace mucho tiempo…

- Bueno, bueno, dejemos ya los cuentos y los romances, y to el mundo a la cama, que mañana hay que madrugar…

-(Niño)- ¿Y si vienen los lobos esta noche?

-Dentro del chozo no entran los lobos. Y vosotros, niños, lo que tenéis que hacer es no alejaros nunca de por aquí, y mucho menos cuando la tarde va de caída.

-Así es que, ¡Venga!, to el mundo a dormir… (y dirigiéndose al público) y ustedes, también, que mañana será otro día.

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Y hasta aquí el paseo histórico-cultural por la calle Gallego Fortuna y las vías que parten de ella. 


 

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