lunes, 7 de agosto de 2023

FERNANDO EL CATÓLICO Y JERUSALÉN

 

Cuando Felipe VI fue invitado a las exequias de Simón Peres -celebradas el 30 de septiembre de 2016-, lo sentaron en un lugar preferente, a la derecha del presidente del Estado de Israel, Reuven Rivlin. Extrañado el rey Felipe -que apenas llevaba año y medio desde su proclamación como rey de España- de que le asignaran un lugar por delante de todos los jefes de Estado presentes en la ceremonia, a pesar de que todos ellos llevaban más tiempo que él al frente de sus Estados, preguntó por qué le habían adjudicado un puesto tan destacado. A lo que el presidente israelí le respondió: “Porque su Majestad es el Rey de Jerusalén”.[1]

Y es que “todos los Reyes de España son los Reyes del Reino de Jerusalén y gozan de ese título honorífico o de pretensión”[2].

El Reino de Jerusalén se fundó en 1099, durante la Primera Cruzada, tras la conquista de los Santos Lugares por Godofredo de Bouillon y duró hasta la caída de San Juan de Acre, en 1291[3]. Aunque sin tierra, el Reino de Jerusalén quedó vinculado desde entonces al Reino de Nápoles de forma honorífica[4]. Cuando el Gran Capitán conquistó Nápoles para Fernando el Católico, éste pasó a ostentar el título de Rey de Jerusalén y, tras él, todos sus sucesores hasta el monarca actual[5].

En el otro extremo de la Bahía de Haifa, se encuentra San Juan de Acre.

Fernando el Católico y su empeño en conquistar Jerusalén.

Con el título de Rey de Jerusalén, Fernando el Católico tenía en mente recuperar el reino perdido, y muy convencido estaba de que así sería desde que la “beata del Barco de Ávila” le vaticinó que no moriría hasta haber conquistado Jerusalén del poder de los enemigos de Jesucristo. Tan confiado estaba de que la profecía era cierta que, cuando en su lecho de muerte en Madrigalejo, en enero de 1516, le comunicaron que se acercaba la hora de su muerte, no lo tomó en consideración porque estaba convencido de que aun le quedaba mucha vida por delante. A su confesor, fray Tomás de Matienzo, que trataba de asistirle en sus necesidades espirituales, no quería verlo ni en pintura y se resistía en recibirlo, pensando que sólo iba a sacarle prebendas. “Que no venía con más fin de negociar memoriales que no en entender en el descargo de su conciencia”[6], decía el monarca.

Entre unos y otros, y sobre todo los médicos, le advirtieron de que, sin demorarse, debía dejar bien atadas todas las cuentas que tuviera pendientes, tanto las de la vida terrena como las del más allá. Poco a poco se fue convenciendo de que la profecía de la beata debía referirse a la conquista de la Jerusalén Celestial. Y se decidió a conquistarla: fue entonces cuando mandó llamar a fray Tomás de Matienzo, que le confesó y le asistió espiritualmente. También convocó a sus consejeros para que prepararan la redacción de un nuevo testamento y otros documentos importantes. Tras la firma de sus últimas voluntades, en el atardecer del 22 de enero, recibió la Santa Eucaristía y la Unción de Enfermos de manos de fray Tomás, y fue vestido con el hábito de Santo Domingo, que le sirvió de mortaja.[7]

Fragmento del Testamento de Fernando el Católico.
Subrayado, por dos veces, Hierusalem.

Enseguida entró en agonía, falleciendo en la madrugada del 23 de enero de 1516, en la Casa de Santa María de Madrigalejo.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

Bibliografía:

https://raed.academy/por-que-felipe-vi-es-rey-de-jerusalen/#:~:text=%C2%ABTodos%20los%20Reyes%20de%20Espa%C3%B1a,cont%C3%B3%20una%20an%C3%A9cdota%20realmente%20impactante

https://www.xlsemanal.com/conocer/20160403/felipe-jerusalen-9644.html

GALÍNDEZ DE CARVAJAL, L., Crónica de los Reyes de Castilla. Biblioteca de Autores Españoles. M. Rivadeneyra. Madrid, 1978

RODRÍGUEZ AMORES, L. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf editores S.A. Badajoz, 2008


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