lunes, 18 de enero de 2021

CONTENIDO DEL TESTAMENTO DE FERNANDO EL CATÓLICO

 


El rey Fernando el Católico firmó su testamento definitivo en la casa de Santa María de Madrigalejo el 22 de enero de 1516. Este testamento aportó una gran seguridad a los reinos hispánicos, además de afianzar las leyes de primogenitura de la monarquía, lo que le convierte en un documento transcendental en la Historia de España.  El documento original se encuentra recogido en el Palacio de Liria de Madrid, en el Archivo de los Duques de Alba[1].

Es un documento extenso, de 15 hojas escritas en pergamino, muy interesante desde una perspectiva política e histórica, pero también desde el punto de vista humano. Por ello, no dudamos en compartir, de una manera resumida, su contenido:

Encabezamiento

Comienza el texto con el encabezamiento, encomendándose, en primer lugar, a “nuestro señor Ihesu Xhristo, verdadero Dios y verdadero hombre, (…) y en la Santísima Trinidat, Padre, Fijo y Spíritu Sancto…”, en quien profesa firmemente su fe.

A continuación, se presenta con su dignidad de señor temporal:

Nos, don Ferrando por la gracia de Dios Rey de Aragón, de Navarra, de las Dos Sicilias, de Hierusalém, de Valentia, de Mallorqua, de Cerdeña y de Córcega, conde de Barcelona, duque de Athenas y de Neopatria, conde de Rosellón y de Cerdaña, marqués de Oristán y de Goceano.

Como tal, manifiesta que, en plenas facultades mentales, está preparado para presentarse ante Dios, tomando como abogados e intercesores a Santa María Virgen, al arcángel San Gabriel, a San Juan Bautista, San Juan Evangelista, a Santiago apóstol y a San Jorge. Revoca y anula los testamentos y codicilos firmados anteriormente y se dispone a otorgar sus últimas voluntades y postrero testamento.

Establece todo lo relacionado con su fallecimiento y sepultura

Tras el encabezamiento, en primer lugar, encomienda su alma a Dios Omnipotente, que la creó, y le suplica, por su infinita clemencia, que le acoja en su santa gloria. Después, establece una serie de disposiciones para todo lo relacionado con su sepultura, con las exequias, funerales, misas, obras de caridad, etc.

Así dispone que su cuerpo sea sepultado en la Capilla Real de Granada, junto a los restos de la reina Isabel, su muy cara y amada mujer. En caso de que no estuviera acabada la Capilla Real, como así fue, y hasta que finalizaran las obras, establece que su cuerpo sea depositado en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra de Granada, donde se halla sepultada la reina Isabel.

También dispone que las exequias, funerales devociones y sufragios, tanto el día de su muerte y sepultura como de otros tiempos acostumbrados, se realicen sin pompa ni vanidad de este mundo, sino solo aquellas cosas que sean provechosas y saludables para su ánima.

Por último, manda que se distribuyan y repartan por monasterios e iglesias diez mil misas por su alma y por la de sus difuntos. Y que, el día de su sepultura y en los ocho días siguientes, se vistan a cien pobres.  

Tiene presentes a sus familiares directos, tanto vivos como difuntos

Agradece a Dios que le hubiera dado por mujer y compañera a la reina Isabel, a quien recuerda con palabras de gran cariño. A continuación, también tiene presentes a su hijo, el príncipe Juan, difunto; a su hija Isabel, reina de Portugal, difunta, y al hijo de esta, el príncipe Miguel, su nieto, también difunto; a su hija Juana, reina de Castilla, heredera y sucesora de sus reinos tras la muerte de los anteriores, y a su difunto marido, el rey Felipe, a los hijos de ambos: el príncipe Carlos, el infante Fernando y las infantas Leonor, María y Catalina, sus nietos; a su hija María, reina de Portugal, y a su hija Catalina, reina de Inglaterra.

Encarga a la reina Juana y a su hijo el príncipe Carlos que velen por que se cumpla el testamento de la reina Isabel y el suyo propio.

También tiene unas cariñosas palabras para la reina Germana, con la que tuvo que hacer un casamiento conveniente y en la que encontró virtud y amor. Y tampoco olvida al hijo que tuvo con ella, el príncipe Juan, que falleció después de nacer.

Señala a sus testamentarios

Para que sea cumplido su testamento, señala quiénes habrían de ser sus testamentarios, los ejecutores de sus últimas voluntades, a los que también llama marmessores.

Sus testamentarios serían: la reina Germana; el príncipe Carlos; don Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza y de Valencia e hijo natural del rey; doña Aldonza Enríquez, duquesa de Cardona y tía de don Fernando; don Fadrique de Toledo, duque de Alba, su primo; don Ramón de Cardona, su caballerizo mayor y virrey de Nápoles; el padre fray Tomás de Matienzo, su confesor, y Miguel Velázquez Climent, su protonotario.

A todos ellos pide que velen por el cumplimiento de su testamento y últimas voluntades y les concede todo poder para utilizar sus bienes muebles y rentas para liquidar las deuda y asuntos pendientes que aparecieren en sus libros de cuentas a la hora de su muerte. Así mismo deberían pagar lo que fuere obligado a quienes hasta ese momento había tenido como oficiales, criados, servidores y continuos en su casa y a su servicio.

Como la situación económica personal del rey no le había permitido pagar algunas deudas contraídas, siendo justo que esas deudas se pagaran del todo, manda a sus testamentarios que investiguen qué deudas estuvieran pagadas, libradas o pendientes de pago y que se ejecutaran lo antes posible. Además, también establece los recursos con los que se puede hacer frente a esas deudas.

En descargo de su ánima

Deja el rey 3.000 ducados de oro para la redención de cautivos cristianos en tierras de infieles y otros 3.000 ducados de oro para casar huérfanas y para pobres vergonzantes (pobres ocultos). Estos 6.000 ducados deberían sacarse de los bienes del rey, y manda a sus testamentarios que miren mucho que se dieran a los que más necesidad tuvieren o estuvieren en mayor peligro.

El monarca confiesa y reconoce que, a pesar de todos los dones recibidos de Dios omnipotente, le había ofendido en muchas y diversas maneras. Por ello, con arrepentimiento de corazón, suplica al Salvador y Redentor Nuestro Señor Jesucristo quisiera tener misericordia con su ánima y, para ello, pide que tomase en cuenta, como enmienda y remisión de sus faltas y pecados, la edificación y dotación que el rey y la reina Isabel hicieron de numerosos hospitales y monasterios, enumerando cada uno de ellos. 

Revisión de los testamentos de sus familiares difuntos

Así mismo, encarga a sus testamentarios que pidan al príncipe Carlos que revise los testamentos de la reina Isabel, su abuela, y de sus hijos Isabel, reina de Portugal, y el príncipe Juan, para que, si algo faltare por cumplir de sus últimas voluntades, vele por que se cumplan. Y que también haga lo mismo con los testamentos del rey Juan y de la reina Juana, padres del rey Fernando, estableciendo que, si algo faltare por cumplir, se ejecute de sus bienes si bastare para satisfacerlo.

Lo que deja a cada uno de sus herederos

Sus hijas María (reina de Portugal) y Catalina (reina de Inglaterra) fueron muy bien dotadas en el tiempo de sus casamientos, momento en el que renunciaron a cualquier derecho, parte y legítima de los bienes de su padre, el rey Fernando. Por tanto, con la dote que se les dio, no podían pedir ni alcanzar otra parte ni derecho en los bienes del rey.

Lega a doña Germana, la reina viuda, la ciudad de Zaragoza en Sicilia, con sus tierras, jurisdicción, derechos rentas y pertenencias, además de las villas de Tárrega, Sabadell y Villagrassa, en el principado de Cataluña. Tras realizar un largo elogio sobre su persona, le deja 5.000 ducados de oro al año, todo ello, mientras permanezca viuda. Además, también mientras permanezca viuda, pide a doña Germana que viva en alguna ciudad de los reinos de Aragón, donde ella escogiere y fuese su voluntad. Si decidiera volver a casarse, tanto la ciudad como las villas y los 5.000 ducados anuales retornarán a los herederos y sucesores del rey. Pero sí debería seguir recibiendo los 30.000 florines de oro por año que le corresponden por las capitulaciones matrimoniales mientras viva.

A su hermana, la reina de Nápoles, pide que no se le quite ni mengüe nada de lo que tiene en Nápoles. Y a su hija, cuando se casare, que se le den 100.000 ducados corrientes; estos los recibió ya el rey del reino de Nápoles para su dote. Y en el momento de su casamiento, las tierras que hasta entonces disfrutaba, debían volver a los herederos y sucesores del monarca.

A su sobrino, el duque don Fernando, que se hallaba prisión en el Castillo de Játiva, le perdona lo que hizo contra él y manda que sea liberado y que el príncipe Carlos le lleve consigo para que le pueda hacer el bien. Y en ausencia del príncipe, manda a sus testamentarios que, de sus bienes, le den para su mantenimiento lo mismo que se le estuviera dando estando en prisión.

Saldar deudas y diversos asuntos pendientes

Que el dinero que hubiera en la administración de la indulgencia de la Santa Cruzada en el momento de su fallecimiento, así como lo que se debiera, sea empleado en las cosas necesarias de la conquista de moros, enemigos de la fe católica y la defensa de las tierras ya conquistadas de ellas.

A las personas de los oficios de su casa a los que les quedaran deudas por pagar, que se les satisfagan, además de la paga que debía haber de sus salarios.

Al duque de Gandía, don Juan de Borja, al que debía cierta cantidad por la compra del ducado de Sessa, ordena que sea cumplida la deuda. También manda que se devuelva al Barón de Calatafinia, en el reino de Sicilia, lo que había pagado por la compra de cierta tierra para que se deshaga el trato.

En cuanto a las órdenes militares

Con la facultad recibida del Santo Padre, renuncia a la administración de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara, al mismo tiempo que reasigna su administración en favor del príncipe Carlos, para que las tenga como administrador perpetuo. Para ello, el protonotario debía presentarse ante el Santo Padre para que este lo confirmara y lo proveyera de título nuevo si fuera necesario.

Declara a sus herederos y sucesores

El rey Fernando deja e instituye como herederos del reino de Navarra a su hija Juana, reina de Castilla, y al príncipe Carlos, su nieto, y a sus herederos y sucesores. Aclara que el reino de Navarra le fue adjudicado a él por conquista, y que él mismo lo incorporó a los reinos de Castilla.

También declara herederos y sucesores a la reina Juana y al príncipe Carlos de todos los reinos de Aragón, Sicilia, Jerusalén, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Córcega, condado de Barcelona, ducados de Atenas y Neopatria, ducados de Rosellón y Cerdaña, marquesado de Oristán y condado de Gociano y en las islas adyacentes, y en las ciudades de Bugía, Lalger y Trípoli, y en la parte que le pertenecía de las Indias del mar océano. Al mismo tiempo establece la línea sucesoria de sus herederos, empezando por la reina Juana y sus hijos, prevaleciendo siempre el mayor sobre el menor y el masculino sobre el femenino. Lo mismo con sus sucesores legítimos. Si tanto la reina Juana y el príncipe Carlos muriesen sin descendencia, nombra heredera y sucesora a su hija María, reina de Portugal, y a sus descendientes legítimos, con las mismas condiciones de prevalencia. Y si esta y sus sucesores muriesen sin descendientes legítimos, nombra heredera y sucesora a su hija Catalina, reina de Inglaterra, y tras ella, a sus descendientes legítimos, siguiendo las leyes de primogenitura y de predominio del masculino sobre el femenino.


Instrucciones para el gobierno de los reinos de la Corona de Aragón

Comienza este apartado del testamento declarando, como padre y como rey, la incapacidad manifiesta de la reina Juana para gobernar, regir y administrar los reinos. Por ello, deja como gobernador general de todos sus reinos y señoríos al príncipe Carlos, encomendándole que los gobierne, conserve, rija y administre en nombre de su madre, la reina Juana. Y hasta que el príncipe llegare a estas tierras a hacerse cargo de las Coronas, nombra y señala a don Alonso de Aragón, su hijo natural y arzobispo de Zaragoza y Valencia, para que gobierne y administre los reinos de Aragón, para lo que le confiere todo el poder necesario.

Pide al príncipe Carlos que, tras su fallecimiento, acuda cuanto antes a hacerse cargo de la gobernación de estos reinos ante la incapacidad de su madre de poder gobernar; al mismo tiempo que insta a los testamentarios para que hagan lo posible para que venga el príncipe Carlos a la mayor brevedad.

Y también ofrece al príncipe Carlos algunos consejos de gobernación para los reinos de Aragón: que no haga mudanza en el gobierno y reino, que se apoye en los naturales del lugar para su gobierno, que tenga todos los reinos en paz y justicia y que mire mucho por el bien de sus súbditos.

Instrucciones para los reinos de la Corona de Castilla

Y como el monarca había tenido la administración y gobernación de los reinos de Castilla, en lugar de la reina Juana, conforme al testamento de la reina Isabel y que, a su vez, fue aprobado y confirmado en Cortes por los procuradores del reino, y ante su próxima muerte, para proveer de la mejor manera a dichos reinos, nombra gobernador de los reinos de Castilla, de León, de Granada y de Navarra, etc., al príncipe Carlos, para que los gobierne y administre en nombre de la reina Juana, su madre.

Por ausencia del príncipe Carlos y hasta que él viniera a hacerse cargo de estos reinos, le parecía oportuno nombrar a alguna persona de autoridad, buen celo y conciencia para la cosa pública. Por ello, nombra y señala al Cardenal y Arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, para que administre, provea y gobierne los reinos de la Corona de Castilla, en nombre del príncipe Carlos.

Además, da al príncipe los mismos consejos y encargos que le hizo con la Corona de Aragón, y a sus testamentarios vuelve a recordarlos que hagan lo posible para que acuda presto a estas tierras el príncipe Carlos.


A su nieto el infante don Fernando

Apena mucho al rey dejar a su nieto Fernando de Aragón desprotegido, por el gran amor que le tiene. Por ello, le deja de gracia especial en su testamento una serie de ciudades y tierras en el reino de Nápoles, con todas sus fortalezas, puertos, términos y montes, además de 50.000 ducados corrientes al año hasta que el príncipe Carlos le conceda tierras y propiedades de equivalentes rentas. Encarece al príncipe para que acreciente esta cantidad.

Pago a sus testamentarios

Por los muchos gastos que había tenido en lo que requería el estado y gobierno de tantos reinos, el monarca confiesa no tener dinero suficiente para el cumplimiento de su testamento. Por esta razón, encarga al príncipe Carlos que destine los 100.000 cuentos de maravedí que el rey recibe anualmente de las alcabalas, según lo dejó consignado la reina Isabel en su testamento, para que los testamentarios puedan cobrar por cinco años, para que hagan cumplir sus últimas voluntades.

Encarga al príncipe que vele por la reina Germana.

Encomienda también al príncipe Carlos que cuide de la reina Germana, pues quedará por su muerte “viuda y con mucha tristeza, asflición y soledat”, que la trate como mujer suya que fue. Le encarga que vele por que sea muy acatada y servida en cualquier parte de los reinos de Aragón a donde ella quisiere estar y en las pagas de sus consignaciones.

Otras encomiendas para el príncipe

El rey pide al príncipe que se ocupe y preocupe de su nieto el infante don Enrique y de su primo, el duque de Segorbe, y su hijo. También le encomienda el arzobispo de Zaragoza y Valencia, don Alonso de Aragón, su hijo, al mismo tiempo que le aconseja que le tuviera en cuenta, pues le iba a ser de mucha ayuda en las cosas de los reinos y estado por ser persona de confianza y por su valía.

También le encomienda que vele por el celo, la defensa y ensalzamiento de la Santa Fe Católica y que ayude y favorezca la iglesia de Dios, que trabaje en destruir y extirpar la herejía de sus reinos y señoríos, eligiendo para ello a personas y ministros buenos y de buena vida y conciencia.

Además, le encomienda sus criados, oficiales y servidores, así como los caballeros y otros oficiales de su Consejo, Tesorería y Cancillería de los reinos de Aragón que vivieren con él hasta el tiempo de su fin, que fueran recibidos y que sirvieran en los mismos oficios en casa de la reina Juana y del príncipe Carlos, y que sean por él honrados y bien tratados.


Final

Con la fórmula protocolaria, el rey Fernando establece que este es su “último testamento y postrera voluntad”, el cual otorga y firma ante Miguel Velázquez Climente, su protonotario y notario público, a quien manda que estén presentes los testigos nombrados, para que vean que él firma el documento de su propia mano. También manda al protonotario que no lea ni publique el contenido del testamento hasta que él haya fallecido y que, entonces, lo abra y publique en presencia de los testamentarios que estuviesen presentes.

 

Fecho fue aquesto en el lugar de Madrigalejo, en la casa de los frayles del monasterio de Guadalupe, adonde Su Alteza posaba, martes a XXII días del mes de enero del anyo del nascimiento de Nuestro Señor Ihesu Christo mil quinientos y diez y seis…

       

  Antes de la firma, aparece que lo signa como Fernando, por la gracia de Dios rey de (…enumera todos los reinos y señoríos), que otorga y firma con su propia mano, con su sello lo manda sellar, con plenitud de consciencia, para que este testamento y lo en él contenido siempre sea firme y verdadero

 

Yo el Rey

 

Los testigos que estuvieron presentes, que vieron y oyeron cómo el Rey firmó de su propia mano este testamento fueron don Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla; don Bernardo de Rojas Sandoval, marqués de Denia; don Fadrique, obispo de Sigüenza; mosén Luis Sánchez, tesorero general; Juan Velázquez, contador mayor; don Pedro Sánchez de Calatayud, camarlengo, y mosén Martín Cabrero, camarero y del consejo de Su Alteza.

Firma de los testigos

 

Después, mandó que se cerrase y sellase con su sello y no se publicase hasta después de sus días.

Firma del protonotario, Miguel Velázquez Climente. 

Firma del lugarteniente de protonotario, Alonso de Soria.

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 

BIBLIOGRAFÍA:

Facsímil del Testamento de Fernando el Católico. Estudio y transcripción de José Manuel Calderón. Madrid: 2013.



[1] J.M. Calderón. Transcripción del Testamento de Fernando el Católico. Facsímil del Testamento de Fernando el Católico. (21)


martes, 22 de diciembre de 2020

ADORACIÓN DE LOS PASTORES (ESGRAFIADO)

 



Aparte de su sentido estético, todo arte es un poderoso medio de expresión, a través del cual el artista transmite mensajes. En artes como la pintura, escultura, danza, fotografía o cine, la comunicación directa se establece a través de la imagen, que tiene sus propios códigos de lenguaje y que, con frecuencia, se apoya en la “iconografía”. El poder comunicador del arte a través de las imágenes lo tuvo muy presente la Iglesia para catequizar a los fieles, fundamentalmente en unos siglos en los que la mayor parte de la población no sabía leer ni escribir. Por esta razón, los templos suelen ser libros abiertos a través de las obras de arte que contienen.

Recién construida la iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo, sus muros estaban desnudos y, en sus frontales, tanto en el presbiterio como en los dos altares laterales, se plasmaron unas representaciones figurativas en esgrafiado. La técnica del esgrafiado consiste en superponer varias capas de revoque de distinto color con una lechada de cal o yeso al final, al que se ha trasladado un dibujo, que, una vez raspadas las parte ajenas al dibujo, queda este en resalte y, a la vista, los colores de las distintas capas. Sobre estos esgrafiados ya se ha tratado ampliamente en Luz de Candil, que puede verse en el siguiente enlace https://luzdecandilmadrigalejo.blogspot.com/2019/02/esgrafiados-de-la-iglesia-san-juan.html

En uno de aquellos esgrafiados del siglo XVI, concretamente en el que se encontraba en al altar del lado de la epístola, se representaba la Adoración de los Pastores, una escena que nos acerca a la Navidad. En las representaciones iconográficas de la Natividad, de la Adoración de los Pastores o de la Adoración de los Magos se desarrolla una auténtica catequesis en torno a la Navidad. Y con esta intención catequética, se plasmó aquella escena de la que hablamos a continuación.

La base de la representación iconográfica de la Natividad está tomada del Evangelio de Lucas, en el que se proclama que, “por aquellos días, salió un decreto de César Augusto para que se empadronara todo el mundo. Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer, que estaba encinta. Mientras estaban allí, se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada. (Lc 2, 1. 3-7)


La escena representada en el esgrafiado estaba enmarcada en una especie de templete con columnas de orden corintio. El Niño Jesús, tendido y envuelto en pañales, ocupa el centro de la zona inferior, flanqueado por la Virgen María y San José. Son las tres figuras que aparecen nimbadas y que, por ser las principales, aparecen en primer plano. Detrás de la Virgen, asoman las cabezas de la mula y el buey.

 

La mula y el buey no podían faltar, a pesar de que no figuran en los evangelios, pero que, ya desde épocas muy tempranas, fueron incorporadas por la iconografía cristiana. El pesebre, donde fue colocado el Niño, es el recipiente donde comen animales domésticos y, por tanto, es lógico que, donde hay pesebres se puedan encontrar semovientes como un buey o una mula. Pero, además, tiene una simbología más profunda. En el Antiguo Testamento, concretamente en Isaías (1,3), puede leerse: “El buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende”. Con esta cita, junto con otras del profeta Habacuc (3,2) y del Éxodo (25, 18-20) relacionadas entre sí y con el pesebre, llevan a que, en estos dos animales, se simbolice a la humanidad, compuesta por judíos y gentiles, desprovista de entendimiento pero que, ante la presencia del Niño, les llega el conocimiento. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, La infancia de Jesús, (Barcelona: Planeta, 2012), 76).

Y junto a la Sagrada Familia, ocupando todo el espacio restante sin dejar espacio vacío (horror vacui), se distribuyen los demás motivos que llevan al espectador a la Adoración de los Pastores:

  Había en la misma región unos pastores acampados al raso, guardando por turnos sus rebaños. Se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor les envolvió con su luz. Ellos se asustaron. El ángel les dijo: ‘No tengáis miedo, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo. En la ciudad de David os ha nacido un salvador, el mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre’.

Y enseguida se unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: ‘Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama’.

Cuando los ángeles los dejaron y se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: ‘Vamos a Belén y veamos ese acontecimiento que el Señor nos ha anunciado’

Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre. Al verlo, manifestaron lo que les habían dicho acerca del niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.” (Lc 2, 8-20)

 

Así, una serie de cabezas de ángeles alados entre nubes pululan alrededor del “misterio”, quienes alaban a Dios diciendo “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama”. Uno de aquellos ángeles había dado la noticia del nacimiento del Salvador a los pastores, que ocupan la parte superior de la representación, junto a las ovejas que guardan. La alegría del momento se manifiesta en la dulzaina que toca uno de los pastores.

Los primeros testigos del gran acontecimiento fueron los pastores que velaban sus ganados. Jesús nació fuera de la ciudad, en un paraje rodeado de pastos a los que los pastores llevaban sus rebaños. Era natural que ellos, al estar más cerca, fueran los primeros llamados a la gruta. Además, desde el punto de vista catequético, también los pastores fueron los primeros destinatarios de la gran noticia, en cuanto que representan a la gente sencilla, a los humildes, a los predilectos del amor de Dios. Más aún, enlazando con el Antiguo Testamento, David, antes de ser señalado por Dios para ser rey de Israel, estaba pastoreando el rebaño y fue constituido pastor de Israel. Jesús nace en la ciudad de David, entre pastores; Él que será el Pastor de los hombres. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, La infancia de Jesús…, 78, 79 y 80).  

Lamentablemente, los esgrafiados de los altares laterales desparecieron en la última restauración importante que se realizó en la iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo. Y con su recuerdo, concretamente con la Adoración de los Pastores, que sirvió de ilustración para nuestros antepasados, deseo felicitar la Navidad, un tiempo de gracia, esencial en nuestra cultura.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 


domingo, 29 de noviembre de 2020

EL MÁRTIR FRANCISCO CÁSTOR SOJO LÓPEZ

 

Francisco Cástor Sojo López, joven. Estudio de fotografía M. Díez, de Plasencia .
Foto publicada por Valentín Soria y A. Soria Breña en “Biografía del deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura de 2008.   

En la tercera década del siglo XX, se vivieron en España acontecimientos muy convulsos, fruto de una sociedad muy polarizada, que dejaron muy herida a la población española. El sacerdote Francisco Cástor Sojo López, natural de Madrigalejo, se vio envuelto en esta vorágine y murió asesinado, víctima de la sinrazón de aquellos malhadados tiempos. El 30 de septiembre de 2020, el Papa Francisco reconoce el martirio de Francisco Cástor Sojo y de tres compañeros de la hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, autorizando los decretos por los que se pone en marcha su proceso de beatificación[1].

Sus primeros años de vida

Francisco Cástor Sojo López nació el 28 de marzo de 1881, a las ocho de la noche, en la calle del Río de Madrigalejo[2]. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de esta localidad el día 1 de abril, a los tres días de su nacimiento, por D. Matías Pazos Solano. Fueron sus padrinos Francisco Sojo y Francisca Galán[4]. Por su partida de nacimiento sabemos que lo inscribió en el Registro Civil Francisco Sojo, que era bracero, y que Ana Sojo –su madre- se dedicaba a las “ocupaciones propias de su sexo”. Estos datos son indicio de que la economía familiar era humilde[5].

 

Calle del Río (Madrigalejo)

 A los 11 años, ingresa en el colegio San José de Vocaciones Sacerdotales de Plasencia[6], donde entró en contacto con la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Con ellos, pasó un tiempo en el Colegio Vocacional de Lisboa, donde sufrió ya persecución por su fe. Ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios en agosto de 1902[7]. Durante dos años estudió Teología en el Seminario de Toledo y aquí se licenció en esta disciplina[8]. El 19 de diciembre de 1903 fue ordenado sacerdote en Plasencia y cantó su primera misa en Guadalupe en enero de 1904, donde residía por entonces su familia[9].

Pila Bautismal de la Iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo, donde Francisco Cástor Sojo recibió las aguas del bautismo.

Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos

La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos es una asociación de sacerdotes seculares, que se unen para ayudarse, como sacerdotes, “en el camino de la santidad y para ser más eficaces en el ejercicio del ministerio”[10]. Para pertenecer a esta hermandad hay que ser clérigo –diácono como mínimo-. El operario sigue estando vinculado a su diócesis y trabaja en colaboración estrecha con el obispo y los sacerdotes. Además, tiene disponibilidad y libertad para ir a trabajar a cualquier parte del mundo.[11]

 La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos fue fundada en 1883 por el beato Manuel Domingo y Sol. Entre sus objetivos, destacan el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas, religiosas y apostólicas, así como la formación cristiana de la juventud, infundiendo en ellos un espíritu de reparación y la devoción al Corazón de Jesús, especialmente en la Eucaristía.[12]

 No se trata de una congregación religiosa. Y, por ello, la Santa Sede reconoció oficialmente “la peculiaridad de esta asociación” en 1898[13].

Su vida sacerdotal

En el espíritu de los padres operarios vivió Francisco Cástor su sacerdocio, que estuvo, en su mayor parte, destinado a la docencia y a la formación en distintos colegios vocacionales y seminarios. Entre 1903 y 1918 estuvo en Plasencia, primero como Prefecto de los alumnos del Colegio de Vocaciones y, después, como Director del mismo. Desde aquí fue destinado a Badajoz, donde fue Administrador del Seminario durante cinco años, regresando a Plasencia como Prefecto de los alumnos del Seminario Diocesano. Poco tiempo estuvo en este último destino, pues en 1924 se incorpora al Seminario de Segovia como Superior, hasta 1926, cuando fue nombrado Director del Colegio de Vocaciones de Astorga. Su último destino fue Ciudad Real, donde se incorporó en 1933 como Mayordomo de su Seminario.[14]

El centro de su vida espiritual estaba en la Eucaristía, de la que fue un auténtico enamorado. Cuidaba mucho el aspecto musical de la liturgia, ya que poseía una formación musical completa en órgano, composición y dirección. Se especializó en el canto gregoriano, formación que completó, durante varios veranos, con los monjes de Montserrat. Su pasión por este canto y sus amplios conocimientos musicales le llevaron a infundir en sus alumnos el gusto por la liturgia cantada, pues, en todos sus destinos, impartió la asignatura de música.[15]

Desde niño, profesó una gran devoción hacia la Virgen de Guadalupe, devoción de la que se hace eco quien fuera su director espiritual, D. Esteban Ginés Ovejero, que dedicó a Francisco Cástor la presentación de su obra Guadalupe. Impresiones de un peregrino[16]. Esta publicación recoge una serie de artículos escritos por D. Esteban sobre este Santuario, para fomentar la devoción a la Virgen de Guadalupe y dar a conocer su Monasterio, en aquellos tiempos tan olvidado y dejado de la mano de Dios, y que había tenido ocasión de visitar cuando Francisco Cástor cantó su primera misa[17].

Monasterio de Guadalupe, donde Francisco Cástor Sojo cantó su primera misa.
 
Santa María de Guadalupe.

 Según sus compañeros, Francisco Cástor era una persona dócil, era sencillo, abierto, trabajador, muy piadoso y ejemplar, así como buen compañero y amigo.[18]

Tiempos convulsos

El panorama político y social en la España de la tercera década del siglo XX era muy complicado.

El siglo XIX había estado caracterizado por una gran inestabilidad política e institucional, que se cerró en falso con la Restauración borbónica (1874-1931), consistente en la alternancia dirigida desde dos partidos políticos: el conservador y el liberal. El turno de gobierno se llevaba a efecto a través de unas elecciones que eran dirigidas, en los distintos territorios, por las estructuras caciquiles. Este sistema derivó en una alta corrupción y en el mantenimiento de estructuras arcaicas, por lo que provocó un hondo descontento social, materializado en numerosas revueltas. La Iglesia, en la Restauración, había sido favorecida y privilegiada, gozando de un gran poder, al mismo tiempo que surgían, en buena parte de la sociedad, posiciones cada vez más anticlericales.

 Todas estas circunstancias fueron generando un caldo de cultivo que desembocó, tras la Dictadura de Primo de Rivera y la Dicta-blanda de Berenguer, en el derrocamiento de la Monarquía y en la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. A estas alturas, la sociedad estaba muy polarizada en posturas cada vez más enfrentadas. Tanto unos como otros, a toda costa, quisieron imponer sus postulados, en numerosas ocasiones sin respetar leyes ni instituciones. El anticlericalismo se acentuó y la Iglesia padeció persecución con la quema y destrucción de iglesias. El sectarismo llevó a las calles una gran agitación social no exenta de violencia, que explotó en el enfrentamiento fratricida de la Guerra Civil tras el Golpe de Estado de julio de 1936.

En aquel momento, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos en la fe fueron objeto de una gran persecución. Francisco Cástor fue víctima de aquella situación y entregó su vida por Cristo en Valverde, a las afueras de Ciudad Real, en la noche del 12 al 13 de septiembre de 1936[19]. Sus restos, que hasta el 25 de junio de 2021 habían estado enterrados en el cementerio municipal de Ciudad Real, fueron exhumados y depositados en el mausoleo de los mártires de la Hermandad de los Operarios en el templo de la Reparación de Tortosa el 27 de junio[20].

Los mártires en la Iglesia Católica

El martirio es el testimonio supremo de la verdad de la fe, un testimonio que llega hasta la muerte. Por tanto, el mártir es la persona que da testimonio de Cristo muerto y resucitado. Por la unión con Cristo en el amor, el mártir soporta con fortaleza la muerte. Como dijo San Ignacio de Antioquía, “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas, me será dado llegar a Dios”[21].

Para el pueblo cristiano, el martirio es una consecuencia intrínseca del seguimiento a Jesús. Y como tal, en la espiritualidad cristiana, el martirio se manifiesta a través de dos aspectos. Por un lado, el martirio rojo, por el que se da testimonio de fe derramando la propia sangre, lo que supone una gracia especial y un privilegio cristiano. Y por el otro, el martirio blanco, cuando la fe se testifica en la realidad del día a día. Así lo dejó dicho el mismo Jesús: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará” (Mt 16, 24-25). 

El siervo de Dios, Francisco Cástor, nos deja un ejemplo de valentía y testimonio de fe. El Papa Francisco ha reconocido su martirio y ha puesto en marcha el proceso para su beatificación. Por ello, su vida debe ser un estímulo en la vida de fe de los madrigalejeños. Es una gracia que ya tenemos la Iglesia de Madrigalejo, pues un miembro nacido de ella, con toda certeza, ha alcanzado la Gloria y goza de sus beneficios. Por ello, nosotros gozamos del privilegio de tener un mediador al que elevar nuestras plegarias para que interceda ante Dios.




FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

-Archivo Municipal de Madrigalejo. Registro Civil.

-Archivo Parroquial.

-E. GINÉS OVEJERO. Guadalupe. Impresiones de un peregrino. Imprenta de José L. Foguet. Tortosa. 1905.

-L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf Editores. Badajoz, 2008. Pág. 326.

-V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 2008.

-SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Epistula ad Romanos, 4, 1) Cfr. CCEECC, 2473.

https://www.vidanuevadigital.com/2020/09/30/el-papa-francisco-reconoce-el-martirio-de-cuatro-sacerdotes-operarios/

https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/

https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/asociacion-sacerdotal/

https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/historia/

https://www.cope.es/religion/hoy-en-dia/iglesia-espanola/gente-con-fe/noticias/calvario-que-sufrieron-los-religiosos-asesinados-durante-guerra-civil-que-seran-beatificados-20200930_920590

      



[1]https://www.vidanuevadigital.com/2020/09/30/el-papa-francisco-reconoce-el-martirio-de-cuatro-sacerdotes-operarios/

[2] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf Editores. Badajoz, 2008. Pág. 326. La información sobre Francisco Cástor Sojo López fue tomada del informe realizado para el trámite previo a la beatificación.

[3] Datos que aparecen en su partida de nacimiento del Registro Civil.

[4] Archivo Parroquial. Libro de Bautismos.

[5] Registro civil.

[6] V.SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 2008. Pág. 817.

[7] Ibídem.

[8] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas…. Op. cit. Pág. 326.

[9] https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/ //V.SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Pág. 817.

[10]https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/asociacion-sacerdotal/

[11] Ibídem.

[12] https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/historia/

[13] Ibídem.

[14] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326. // V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Op. cit. Pág. 818.

[15] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326. // V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Op. cit. Pág. 817.

[16] E. GINÉS OVEJERO. Guadalupe. Impresiones de un peregrino. Imprenta de José L. Foguet. Tortosa. 1905.

[17] Ibídem.

[18] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326.

[19]https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/