viernes, 16 de septiembre de 2022

VAMOS A CALLEJEAR. GALLEGO FORTUNA Y RAMIFICACIONES. (1ª parte)


Después de un intermedio de dos años, volvemos a callejear, a contar historias, la historia de nuestras calles, plazas y plazoletas, en las que vivimos, por las que pasamos, en las que nos encontramos con nuestros amigos y vecinos.

En esta ocasión nos vamos a centrar en la calle Gallego Fortuna, con sus ramificaciones y con su proyección y salida al exterior. Puede decirse que, junto con la prolongación de la calle Luisa Fortuna, son las vías que marcaron el crecimiento de la población durante siglos. Ambas calles formaron parte del camino que atravesaba la localidad, aquel camino que guiaba los pasos de peregrinos y romeros hacia Guadalupe, y por ello, constituyó uno de los ejes principales por donde se desarrolló el entramado urbano de Madrigalejo. Recordemos que el Monasterio de Guadalupe se había convertido, a partir del siglo XIV, en uno de los grandes centros de peregrinación de la Península Ibérica. Por esta razón, transitaban por nuestras calles viajeros y peregrinos de toda condición, ya que el camino real que unía Guadalupe con Sevilla pasaba por Madrigalejo, así como otras vías importantes como la que llegaba hasta Lisboa.

Los caminos reales eran las vías de mayor categoría de aquellos tiempos. Unían puntos importantes y lejanos entre sí, y tenían anchura suficiente como para cruzarse dos caravanas sin molestarse. Salvando las distancias, serían las autovías de antaño.

Por tanto, la calle Gallego Fortuna, desde su entronque en la plaza, es una de las calles más antiguas de Madrigalejo, que iba creciendo siguiendo la trayectoria del camino. Su nombre primitivo era calle San Gregorio, detalle que más adelante contaremos. Por ser parte del camino, era una vía de mucho tránsito, especialmente de peregrinos. Y entre aquellos peregrinos, no fueron pocos los que acudía desde el vecino Reino de Portugal. ¿Sería casualidad que una de las calles más antiguas que salen de Gallego Fortuna se llame Portugalejo?

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Veamos qué nos tienen que contar algunos de aquellos peregrinos…

(Entra un ciego apoyándose en el hombro de su lazarillo)

-C- ¡Válgame Dios! No puedo más. Andar el camino con este calor y la sed que traigo me está quedando sin fuerzas… Muchacho, anda… ¿no encontraremos por aquí un poco de buena agua para beber?

-L- Por ahí vienen dos mozas con cántaros ¿no traerán agua?

-C- Esperemos que los traigan llenos…Acércame a ellas, por tu bien, a ver nos pudieran socorrer.

(Se acercan los cuatro)

-L- Aquí mi amo; … si por caridad le pueden socorrer.

-V1- Por caridad, si está en nuestra mano, le podremos atender.

-V2- Díganos, buen hombre. ¿Qué es lo que precisa Usted?

-C- ¡Ay qué voz tan cantarina! ¿no tendrá un poco de agua para apaciguar la sed de este pobre ciego que hasta aquí acaba de llegar?

-V1- ¿Será por agua? A lo mejor de otra cosa no les podríamos proveer, pero venimos de acarrear unos cántaros de agua para beber.

(Una de las mozas saca un vaso de hojalata y le vierte un poco de agua de un cántaro y se los ofrece a ciego y al lazarillo)

-V2- Beban, beban lo que necesiten, que si se acaba el agua que llevamos, nos damos la vuelta y vamos a por más…

-C- ¡Ahhh! ¡Qué agua más rica y fresca! Como recién salida de un pozo

-V1- Y así es, que venimos de por agua del pozo del tío Juan Pedro, el que tiene el agua más fina desta parte del pueblo.

-V2- ¿Ya se ha repuesto usted? Y tú, muchacho, ¿t´has saciao?

-L-¡Menúa panzá de agua m´he metío!

-C- Muchas gracias, bunas mozas… y mi garganta también se lo agradece…así ya puedo cantar mis coplas o recitar unos romances… y díganme, muchachitas, ¿en qué lugar me hallo?... somos peregrinos que a Guadalupe vamos…

-V1- Pues por el camino van bien… Está usted en Madrigalejo, por esa calle p´arriba, atravesando tol pueblo, va el camino real que hasta el monasterio lleva…

-C- ¡Madrigalejo!, ¡Qué bien! D´este lugar tengo unas coplas, que en plazas y calles de aldeas, villas y ciudades romanceo… ¿No habrá por aquí nadie que me escuche?

-V2- Si quiere ganar buenos cuartos con sus retahílas… esta es buena ocasión, aquí anda la gente callejeando, porque las ferias se acercan y el pueblo se va animando…

-C-¡Muchacho!, ten preparada la gorra… a ver si tenemos suerte y sacamos pa la cena.

-L-Guarden silencio, por favor, que mi amo les va contar una historia, que, de suyo, les gustará.      

-C- Oigan, caballeros, damas, niños, niñas… Oigan me y no se arrepentirán, y si, al terminar, les gusta, no dejen de apoquinar…

Cuéntase una gran historia

que en un lugar ocurrió;

el lugar, Madrigalejo,

la historia, la cuento yo.

 

Desde el cerro el Castillejo,

un pastorcillo advirtió

que una regia comitiva

por el camino avanzó.

 

-Portando grandes pendones,

que de la realeza son,

vienen muchos a caballo

e infantes de dos en dos;

 

carruajes, unos cuantos,

y una litera mejor,

que la llevan entre cuatro

andando al mismo son.

 

-¿Quién viaja en la litera?

-Es el Rey, nuestro señor,

Fernando V en Castilla

y segundo en Aragón.

 

Ya no viene tan garrido

como otras veces pasó;

ahora viene muy enfermo,

pronto lo llamará Dios.

 

No lo sabe el pastorcillo,

que corriendo ya avisó,

y todo el pueblo lo espera

con las campanas al son.

 

Suenan, suenan las campanas,

repican más y mejor,

esperando la llegada

del monarca de Aragón.

 

Esperan y más esperan

y no llega el gran señor

-¿Qué sucede que no viene?

-Alguna cosa pasó.

 

En la Cruz de los Barrero:

-¡Ay, madre! ¡Qué desazón!

El Rey está muy malito

¡Hay que hacer algo, por Dios!

 

-Con urgencia hay que llevarlo

a alguna casa o mansión.

-Aquí está Santa María,

que es una casa de Dios.

 

Se ha corrido la noticia

de forma rauda y veloz.

Ya no suenan las campanas,

han perdido ya su son.

 

Don Fernando ya descansa

con mucha pena y dolor

en la casa de los frailes

que de Guadalupe son.

 

Casa de Santa María,

año de Nuestro Señor,

mil quinientos diez y seis,

en enero sucedió. 

 

(Las dos mozas aplauden)

 

-V1- ¡Bravo, bravo!

 

-V2- ¡Cuánto me ha gustado!

 

-C- Esperemos que al público congregado también les haya gustado… Este es el primer canto. Como este, hay varios más…, que los guardaremos para otra ocasión. Y después de un merecido descanso, seguiremos con nuestro camino.

               Decidme, buenas mozas, ¿dónde  nos podrían hospedar?

 

-V1- Entren al pueblo, por la calle San Gregorio, pasen por delante de la iglesia y en la calle de los Mesones, encontrarán donde pernoctar.

 

-V2- Que lleven buen camino y que la Virgen de Guadalupe les proteja.

 

-C-Muy agradecidos. ¡Con Dios…¡

 

-V1- Y nosotras, vamos otra vez al pozo la rellenar los cántaros…

 

-V2- Vamos allá, que si no, no nos dejan entrar por casa…



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Como hemos visto, pasaron por estas calles viajeros de toda condición. De todos ellos, Fernando el Católico es el más significativo, aquel rey que nuestros antepasados conocían como Fernando V. Y por haber fallecido en nuestra localidad, Madrigalejo le dedicó una de sus calles, una de las que salen de esta vía principal, la calle Fernando V, la cual, por su sinuosidad y trazado irregular, indica su antigüedad de siglos. Un trazado irregular que vemos también en la calle Huertas, significativo nombre enraizado en el hecho de conducir a la zona de huertas de la vera del río Ruecas.

El resto de calles que salen de Gallego Fortuna son ya más recientes, con un trazado más rectilíneo, que indican un urbanismo planificado, como es el caso de las que surgieron en torno al siglo XIX y principios del XX, tales como las calles Recio o Grijota, y las más recientes, de Fernández Rentero y Cervantes, que son ya de mediados del siglo pasado.

El nombre de Gallego Fortuna hace referencia a D. Antonio Gallego Fortuna, un hacendado de Madrigalejo que hizo un acto de generosidad en beneficio de todos sus convecinos. En unos momentos complicados, en los que, como consecuencia de la ley desamortizadora de Madoz, el pueblo pudo haber perdido la Dehesa del Monte y el Concejil, D. Antonio Gallego adelantó el dinero que el Ayuntamiento debía abonar a Hacienda para poder conservar las fincas del común. A cambio, este señor disfrutó de partes de ellas por un tiempo determinado.

En reconocimiento de aquella ayuda prestada al Consistorio, la Corporación Municipal confirmó el acuerdo de modificar el nombre de la calle San Gregorio por el de Gallego Fortuna en 1931.

Y si ya conocemos por qué actualmente se rotula como Gallego Fortuna, a continuación, sabremos la razón por la que anteriormente era conocida como de San Gregorio…

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(Tres vecinas se encuentran en el camino.)

- ¿Ya vas como to los día?

- Sí, voy a ver cómo va el lino en la enriaera. Hay que vigilar que no se meta el ganao en el río y se coman o destrocen lo que ha costao to un año cultivar.

-Menuda tarea t´ha caío

- Así to el verano, hasta que se separe la parte leñosa de la fibra que usamos pa hilar. Y ¿a ti que te pasa que no dejas el moquero?

-Que ¿qué me pasa?... Que cada vez que paso por delante d´ estas ruinas m´ entran unas ganas de llorar que pa qué…

-Sí que da pena que la ermita esté como está, pero ¡no es pa tanto!

-¡Ay, si yo te contara…!

- ¡Es verdad!, que tu abuela Juana era la sacristana.

-¡Claro...! Las veces que la he ayudao a preparar la ermita… Sobre to, cuando se acercaba su fiesta, el 9 de mayo.

-Sí, m´acuerdo de la procesión de San Gregorio. ¡No faltaba un labraor!

-Cuando llegaba mayo y to estaba ya hecho, esperando que llegara el tiempo de recoger la cosecha… Era entonces el momento de encomendarse al santo pa que no viniera la temida plaga de langosta.

-¡Es que la langosta es mu puñetera! Puee acabar con el sacrificio de to el año y con el pan del año siguiente en na que se pongan a comer. Lo devoran toíto.

-Así se veía a unos hombretones tan grandes, con tanta fe, pidiendo al santo que protegiera sus cosechas, sobre to si habían visto algún canuto que anunciara su presencia.

-Y dime, ¿por qué se reza a San Gregorio contra la langosta y no en la ermita de los Santos Mártires o en la iglesia?

-Mira..., me contaba mi abuela que, hace muchos, muchos años, San Gregorio estuvo predicando la penitencia y haciendo rogativas pa limpiar de langosta unos campos que estaban arruinaos.

- ¿Dónde fue eso?

-Pues no te pueo decir… Creo que por allá arriba… Pero el caso es que logró limpiar aquellos campos. Y desde entonces, se le reza pa que medie por las cosechas.

- No es mal intercesor entonces. Pero… no sé…, plagas sigue habiendo de vez en cuando y ¿por qué, si fuese tan eficaz, los mismos labraores han dejao arruinar su ermita?  

- ¿No has oído que se dice que no nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena? Pues lo mismo, mientras no hay langostas… ni nos acordamos del santo. Y cuando nos acordamos…ya es demasiao tarde…

- Pero los labraores no se quedan con los brazos cruzaos, que bien miran si hay canutos de langosta pa prevenir que no venga la plaga al año siguiente. Como vean algunos, se dedican a quitarlos y quemarlos. Y si ven que hay muchos, aran toa la tierra pa que no haya pasto cuando salgan las crías y no tengan con qué alimentarse.

- To ayuda. Hay que rezar, pero no hay que cruzarse de brazos.

- Por cierto, ya pronto no habrá ni ruinas aquí. ¿No has oído que quieren tirar la ermita totalmente? Van a usar el material pa otra nueva.

- Sí, algo sé. Van a levantar otra ermita al acabar la calle San Juan.

- Creo que va a ser en honor a la Virgen de las Angustias.

- Vamos, que van a desvestir a un santo pa vestir a otro.

- Pero es pa la Virgen, que tie más categoría.

- ¡Ay qué pena!... ¡Que me da mucha pena! (Y vuelve a enjugarse las lágrimas con el pañuelo)

- Pues ahí te dejamos con tu pena… Que nos vamos a la enriaera, no vaya a ser que alguna oveja nos la líe y nos quede sin lino pa tejer el año que viene.

- Bueno, pues que Dios os acompañe

- Y a ti, también, con la ayuda de San Gregorio.



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             La ermita de San Gregorio se encontraba ya fuera de la localidad, justo donde terminaba la calle San Gregorio, hoy Gallego Fortuna.
             Aquí finaliza la primera parte. 

(Continuará...)




 

miércoles, 24 de agosto de 2022

LUISA FORTUNA

 

Una de las calles principales de Madrigalejo está dedicada a Luisa Fortuna. Es una de las vías de entrada a la localidad, que llega hasta la Plaza de España. Hace un siglo era conocida como calle de los “Mesones”, un significativo nombre teniendo en cuenta que por esta misma vía pasaba el camino por donde transitaban viajeros y, sobre todo, peregrinos que se dirigían a Guadalupe, y estos viajeros y peregrinos debían encontrar, en esta calle, establecimientos donde hacer parada, repostar y descansar de su largo viaje.

El 29 de mayo de 1921, según aparece en el Libro de Actas del Ayuntamiento, la Corporación Municipal aprueba por unanimidad que la calle de los Mesones pase a denominarse de Luisa Fortuna. Y después de haber pasado un siglo del cambio de nombre, los madrigalejeños nos preguntamos quién debió ser aquella mujer que mereció tal homenaje.



Algunos datos biográficos

Luisa Fortuna Gómez vivió a caballo entre el siglo XIX y XX. Pertenecía a una familia acomodada, propietaria de tierras. Era hija de Pedro Fortuna, natural de Madrigalejo, y de María Gómez, oriunda de Orellana de la Sierra, y vecinos ambos de Madrigalejo, con domicilio en la Calle de los Mesones, nº13.

Sabemos que se casó con José Sánchez Moreno y que tenían su casa en la Plaza -indistintamente los documentos hablan de calle de la Iglesia y calle de la Plaza-. Intuimos que puede ser la casa que hoy se rotula con el nº5 de la Plaza de España, porque fue la casa de su heredera y sobrina, la señorita Nieves Lozano de Sosa Fortuna, y que está enterrada en el mismo panteón familiar.


Su vida conyugal no fue fácil, porque fue una continua sucesión de nacimientos y muertes en un corto espacio de tiempo. Estas circunstancias debieron generar en Luisa Fortuna un gran sufrimiento:

-En enero de 1870, nació su primera hija, Antonia Sánchez Fortuna, y a los seis meses de vida, el 26 de julio, falleció de una gastroenteritis ulcerosa.

-Un año después, el matrimonio tuvo otra hija, a la que pusieron el mismo nombre, Antonia. Vivió tan solo diez meses; murió el 1 de julio de 1872.

-Tuvieron un hijo varón en enero de 1873, a quien llamaron Fermín. La muerte de nuevo llamó a sus puertas y falleció a los seis meses de su nacimiento, el día primero de agosto del mismo año.

-En 1874 nació el cuarto vástago, una hija, a la que pusieron el nombre de Julia.

-En septiembre del 75 nació Ana Josefa, que falleció en junio de 1876, a los 9 meses de edad.

-Ese mismo año 76, en octubre, vino al mundo Lucila, que hacía el sexto lugar entre los hijos del matrimonio.

-Por último, 1877 fue un año aciago. El día primero de enero falleció su marido, José Sánchez Moreno, a los 51 años de edad. Ese mismo año le siguieron las dos hijas que le quedaban: Julia falleció el 31 de mayo, a los tres años de edad, y el 26 de julio dejó de existir Lucila, con tan solo nueve meses.

Por tanto, en esos 7 años, Luisa Fortuna pasó de ser una mujer recién casada, con la posibilidad de tener una familia numerosa, a quedar viuda y sin haberle sobrevivido ninguno de los seis hijos que tuvo.

 

Un acto de generosidad.

Poco más sabemos de su vida personal, pero sí tenemos conocimiento de algunos de sus gestos que tuvieron repercusiones en la vida de la comunidad.

Estamos ya en la segunda década del siglo XX y el municipio se había embarcado en un proyecto muy importante para el futuro de sus vecinos: la construcción de unas Escuelas Públicas para niños de ambos sexos. Las obras se iban dilatando a lo largo de varios años, fundamentalmente por la carencia de recursos. Así, en dos sesiones plenarias de 1918[1], se da cuenta de la falta de fondos para continuar las obras, porque, aunque se utiliza la mano de obra de los obreros que están en paro, los materiales son muy caros y se expone que, cuando se terminen los fondos, habría que recurrir a los mayores contribuyentes para salvar la situación. Y entre los mayores contribuyentes se encontraba doña Luisa Fortuna.

No sabemos si hubo llamada a los grandes hacendados o si fue Luisa Fortuna la que se ofreció al conocer la situación. Lo cierto es que, en marzo de 1921, la corporación decide conceder un voto especial de gracia a doña Luisa, librándola del pago que le correspondía por derecho del panteón familiar que había construido en el cementerio “como pago y merecido agradecimiento a que es acreedora, por la obra llevada a efecto en pro de su pueblo, al llevar sola por sí el coste para la terminación de las Escuelas Públicas de ambos sexos de esta localidad” [2].

Y dos meses después, la corporación municipal acuerda por unanimidad que:

“Reconocido por este Ayuntamiento el favor y sacrificio que la bondadosa señora doña Luisa Fortuna Gómez ha llevado a efecto en pro de su pueblo con la terminación de los locales para Escuelas Públicas de ambos sexos, obra de tan importantísima consideración, en homenaje y agradecimiento de todo ello, se le dé a la calle de Mesones el nombre verdadero de tan caritativa señora, o sea, el de Dª Luisa Fortuna Gómez…”[3].

Por tanto, bien claro lo dicen las actas, fue Luisa Fortuna quien asumió el coste de la terminación de la Escuelas Públicas que tan necesarias eran. Y entre los homenajes por su contribución en favor de la educación en Madrigalejo, también se colocó una placa de mármol blanco en el edificio de las nuevas escuelas que dice así:

 

HOMENAJE A

Dª LUISA FORTUNA GÓMEZ,

PROTECTORA DE LA INSTRUCCIÓN.

MADRIGALEJO 1º DE SEPTIEMBRE DE 1921.


 

Esta placa sigue estando presente en la fachada de aquellas escuelas, en el mismo edificio, situado en la calle Lorenza Gallego, esquina con Curro Broncano. Es una construcción de dos plantas y, en cada una, se habilitaron dos aulas de gran amplitud -hay que tener en cuenta que la ratio de alumnos por aula de entonces era muy superior al actual-. Las escuelas estuvieron funcionando unos sesenta años, hasta la construcción del nuevo colegio en la calle Enriaderas. Y a lo largo de tantos años, fuimos muchos madrigalejeños los que pasamos por aquellas aulas. Hoy en día este edificio acoge a la Biblioteca Pública Municipal y al NCC -Nuevo Centro de Conocimiento- o Centro de Competencias Digitales, por lo que su razón de ser, en pro de la educación y de la cultura, sigue estando presente.



Preparando su sepultura

En octubre de 1918, viendo ya el ocaso de su vida, Dª Luisa Fortuna solicitó al Ayuntamiento “edificar un portal por dentro del cementerio, en su extremo norte, que sirviera de resguardo a las puertas de entrada del cementerio, a la vez que el resto del portal como depósito para los cadáveres que fuese preciso, y por fuera del portal, pero muy inmediato, construir un panteón familiar”[4]. Las obras de los portales corrían también a su costa y la corporación municipal accedió a tal petición.

Más arriba hemos podido ver que el panteón familiar ya estaba construido en 1921, y en él fue enterrada al fallecer; óbito que tuvo lugar el día 13 de octubre de 1923.


No podemos menos que congratularnos con la decisión de la corporación municipal de 1921, al poner el nombre a una de sus calles principales de una persona benefactora de la educación y la enseñanza en Madrigalejo, y más, siendo mujer, en un tiempo en el que empezaban a surgir los movimientos feministas.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.



[1] Archivo municipal de Madrigalejo. Signatura: 01.01.21. 29/septiembre/1918 y 3/noviembre/1918.

[2] Ibidem, 27/marzo/1921.

[3] Ibidem. Sesión de pleno de 29 de mayo de 1921.

[4] Ibidem. Sesión de penos del 27 de octubre de 1918.


lunes, 4 de julio de 2022

LORENZO R. AMORES. UN SIGLO DE SU NACIMIENTO


Cuando se cumplen cien años del nacimiento de Lorenzo Rodríguez Amores -mi querido padre- he seleccionado algunas fotografías de las que se guardan celosamente en álbumes y cajas, unas instantáneas que van a ser las columnas que sustenten el presente trabajo. Este trabajo que no tiene otra pretensión que la de repasar toda una vida a través de las imágenes. Y, como suele decirse, no son todas las que están ni están todas las que son. Lo primero, porque la selección es necesaria, y lo segundo, porque toda una vida no cabe en unas fotografías.

Lorenzo Rodríguez Amores nació en Madrigalejo el día 5 de julio de 1922. Sus padres fueron Domingo Rodríguez Silva, labrador de Acedera, y María Amores Pizarroso, natural de Madrigalejo. Domingo y María se habían casado el 27 de febrero de 1909 y fijaron su residencia en Acedera. Cuando iba a dar a luz, mi abuela María, se instalaba en Madrigalejo, en casa de su madre. Aquí nacieron sus hijos Antonio y Lorenzo. No fue así en el caso del segundo hijo, Vicente, que se adelantó el parto y nació en Acedera.

La fotografía que acompaña es de estudio, con disfraz incluido. Fue tomada en Córdoba en la luna de miel de mis abuelos, Domingo y María.

Fueron tres los hijos del matrimonio Rodríguez Amores. La fotografía es el retrato de los dos hijos mayores: Antonio -montado en triciclo- y Vicente -de pie-. Cuando se hizo la instantánea, todavía no había nacido Lorenzo, pues se llevaba 10 y 12 años respectivamente con ellos. En sus dos hermanos mayores, Lorenzo tenía el ejemplo a seguir. Siempre estuvieron muy unidos los tres hermanos.

 


Tras la enfermedad y muerte del padre, en 1933 la familia ya estaba instalada en Madrigalejo. Siguiendo los pasos de sus hermanos, estuvo interno en el Colegio San Luis Gonzaga de Sevilla, donde estudió los tres primeros años de bachillerato. En esta fotografía de grupo, Lorenzo aparece el 4º empezando por la derecha de la 2ª fila desde abajo. La foto fue tomada en 1936, poco antes del comienzo de la Guerra Civil. Al estallar la guerra en julio, le pilló durante sus vacaciones en Madrigalejo. Los tres años de la guerra los pasó en Madrigalejo con su madre, siguiendo sus estudios de bachillerato de forma libre. Iba a examinarse a Trujillo y a Cáceres. Terminó la etapa de bachillerato de nuevo en Sevilla.  

 


Y de Sevilla se fue a Córdoba, a estudiar Veterinaria, licenciándose en esta disciplina en 1948. En él dejó un lugar muy especial Córdoba y sus años de estudiante. Le vemos en este retrato de su época de estudiante.

 

Como cualquier joven, también le gustaba practicar deporte, concretamente el fútbol. Vestido con camiseta, calzones, medias y botas para salir al campo, le vemos en el extremo derecho.


Hizo el Servicio Militar en las Milicias Universitarias, con el grado de Alférez de Caballería. Estuvo destinado en Badajoz y en Ronda. Frecuentemente contaba la siguiente anécdota: que estando realizando unas prácticas montando a caballo, se cayeron por un barranco el caballo y él; rápidamente el superior se acercó a ver si le había pasado algo al caballo, pero, en ningún momento, llegó a interesarse por él. Le vemos en la fotografía con el uniforme de Alférez.



Estando ya en relaciones con quien sería su esposa, Anita Cerezo, disfrutaba de la Feria de Madrigalejo. Son dos instantáneas del mismo día. En la primera, llevando en la carreta a sus futuras sobrinas engalanadas para ir los toros. En la segunda fotografía, están ya colocados en la plaza para ver la corrida. Llaman la atención los mantones de Manila. Era un gran aficionado a los toros y, además, como veterinario, en alguna ocasión ejerció como tal en algunas corridas.



El 5 de febrero de 1950 se celebró en Guadalupe la boda entre Lorenzo Rodríguez Amores y Ana Cerezo Fortuna. Cuentan quiénes lo vivieron, que fue un día infernal de frío, agua y nieve; nevando en Guadalupe y lloviendo a mares en Madrigalejo.

 

Sentados en un velador en Baños de Montemayor, el joven matrimonio con sus sobrinas Nina y Pepi. Allí solían pasar algunos días de descanso en verano, en la casa llamada “Buenos Aires”, que era propiedad de su suegro.

 


Tras vivir los primeros años en la calle San Juan nº7, hicieron una casa en la Calle Luisa Fortuna nº1, en cuya puerta está tomada la fotografía, recién trasladados a la nueva vivienda. Para entonces ya eran familia numerosa, aunque todavía faltaba por llegar la pequeña.

 

Le vemos aquí en una de las facetas que le caracterizaban, la de gran conversador y narrador. En el comedor de su casa, rodeado de familia, está de espaldas, pero todas las miradas se dirigen hacia él, hacia lo que está hablando. Seguro que estaba contando algo apasionante y ameno, por el interés que suscita en los contertulios.

 


Un día en el campo, como otros muchos. Encinas, retamas, el monte… ¡Cuánto empeño ponía en cuidar y conservar el monte! Cuando a nadie le interesaban las encinas y se arrancaban por miles, no solo las conservó y procuró mantener el monte intacto del Valle Judío, sino que le parecía una barbaridad el arranque indiscriminado de encinas.

Y su viejo Land Rover… No se caracterizó por ser buen conductor, más bien lo contrario; pero le dio mucha independencia.

 

Apasionado de la Historia, en los libros y a pie de campo, curioso donde los haya, le encontramos aquí visitando y enseñando la cueva de Villavieja, en el término municipal de Navalvillar de Pela, donde habitaron pueblos prerromanos. Tomo prestadas las palabras de Ángel Ruiz del Árbol, de la entradilla al poema acróstico -todo un homenaje- que le dedicó cuando murió: “Cuando los hombres trabajan en el silencio del pasado, su obra se convierte en un grito de emoción y de esperanza”.

 

También podíamos encontrarlo en congresos, certámenes y simposios de Historia, como en esta foto de familia de los participantes de una de las ediciones de los Coloquios Históricos de Extremadura, que se celebran cada septiembre en Trujillo, una cita a la que no faltó mientras le fue posible. Y es que tuvo una gran vinculación a los Coloquios desde el principio, hasta el punto que la primera comunicación de la primera edición de los Coloquios, allá por 1971, fue suya y llevaba el título de “La casa de Fernando el Católico en Madrigalejo”.



 Y precisamente, durante muchos años, su gran caballo de batalla fue salvar de la ruina a la Casa de Santa María -donde había fallecido el Rey Fernando el Católico y donde había firmado su último testamento-. Trabajó incansablemente por ello y para que fuera declarada Monumento Nacional. Ambas cosas se lograron. Aquí le vemos husmeando en las obras de restauración de la Casa de Santa María.

 

También trabajó por reivindicar a Madrigalejo como parada obligada en el camino de Guadalupe. Por ello, no dudó en promover que se hiciera una gran acogida a los primeros jinetes de la “Marcha de la Hispanidad” que decidieron hacer el camino tradicional a Guadalupe a caballo pasando por Madrigalejo.



 Un interés especial tuvo por la figura y la obra de Reyes Huertas, a quien dedicó varios de sus trabajos. Ese interés le llevó a acercarse a la familia del escritor, a la que visitaba con frecuencia en “Campos de Ortiga”, la casa familiar en La Guarda. Trabó una buena amistad con su yerno, José María Basanta. La fotografía es un momento del acto celebrado en Campanario en homenaje a Reyes Huertas en el 25 aniversario de su fallecimiento, acto del que fue colaborador.

Aparece aquí con el cigarro en la boca, pues, hay que decirlo, era un fumador empedernido.

 

Y también fue muy especial el homenaje a D. Aquilino Ramos Lozano, en el día de su jubilación, un acto de reconocimiento y agradecimiento, por su gran dedicación, a toda una carrera en el ejercicio del magisterio. D. Aquilino y mi padre se funden en un abrazo como muestra de su gran amistad, después de haberle dedicado unas palabras, que debieron haber sido muy emotivas, si observamos los rostros del mismo D. Aquilino, de su mujer, Dª Victoria, y de su hijo Javier.



También le llegó a él la hora de su jubilación. Ambas fotografías representan dos actos distintos tras llegar a su retiro, que tuvo que ser antes de tiempo por enfermedad. La primera reproduce el momento de la entrega de una insignia en el homenaje que el Colegio de Veterinarios de Badajoz rindió a los profesionales de esta disciplina que se jubilaron a lo largo de aquel año (1987). La segunda es el día del homenaje de jubilación que le tributaron sus amigos de Quintana de la Serena, donde estuvo ejerciendo la Veterinaria a lo largo de dos décadas. 

 

Y tras la jubilación, emprendió un proyecto que le ocupó la etapa final de su vida. Sin prisa, pero sin pausa, se dedicó a escribir el libro de la Historia de Madrigalejo, de la que tanto sabía. El libro, Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, vio la luz en marzo de 2008, cuando la enfermedad había hecho mella en él. Y, a su manera, disfrutó de la presentación de su obra, que tuvo lugar el 17 de marzo, en la Casa de la Cultura de Madrigalejo. La siguiente fotografía (21) es una instantánea de aquel día, y la última vez que se le vio en un acto público, que estuvo arropado por numerosos convecinos, amigos, algunos de los cuales se desplazaron desde otras localidades, y familia.

 

Falleció en Madrigalejo el 6 de marzo de 2009.


El último homenaje fue el de su pueblo, a través de su institución más destacada, el Ayuntamiento de Madrigalejo, el cual, en pleno y por unanimidad de todos los ediles, acordaron poner a una calle el nombre de Lorenzo Rodríguez Amores. Presidía entonces la Corporación Municipal D. Tomás Durán García. Al poco tiempo, hubo cambio en la Alcaldía y, al inicio de la legislatura de D. Sergio Rey Galán, tuvo lugar el acto de colocación de la placa en la calle que lleva su nombre. 

Muchas gracias a todos.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.