martes, 25 de febrero de 2025

CURIOSIDADES: MÉDICO-CIRUJANO EN 1874

Escudriñando los documentos antiguos, con frecuencia nos encontramos con curiosidades muy interesantes. En esta ocasión traemos cuatro resoluciones de actas de plenos del Ayuntamiento de Madrigalejo de 1874, con un asunto común: la necesidad de proveer de una plaza de un médico/cirujano para la localidad.

Sesión extraordinaria del 1 de noviembre de 1874

La nueva corporación del Ayuntamiento había tomado posesión el día 11 de junio de 1874 y, en la sesión extraordinaria del primer día de noviembre del mismo año, el Ayuntamiento procedió al nombramiento de la Junta de Sanidad de esta población. Por unanimidad fueron nombrados los señores siguientes: D. José Fernández Borrallo -Alcalde Presidente-, D. Manuel Pascua y Martín -Médico Cirujano-, D. Fermín Fortuna Gómez, D. Vicente Flores y D. Rafael Rodríguez.

 

Sesión ordinaria del 22 de noviembre de 1874

El 22 de noviembre, en sesión ordinaria, se reunió el Ayuntamiento y la Junta Municipal, en la que el regidor síndico, D. Francisco Jiménez Garvín, expresó la necesidad de proveer en propiedad la plaza de Médico Cirujano de esta localidad, pues la plaza venía siendo ocupada por un interino desde 1866. La necesidad venía motivada para dar cumplimiento a la ley de 24 de octubre de 1873, por la que se recomendaba a los ayuntamientos y juntas municipales a cubrir tan importante servicio. Enterados los miembros de la Junta y atendiendo a las razones presentadas, acordaron publicar la vacante de la plaza titular de Medicina y Cirugía para la localidad de Madrigalejo, con término en veinte días.

 La plaza estaría dotada con setecientas cincuenta pesetas de los fondos municipales para dar asistencia a los pobres. Además, el facultativo tenía que hacer el reconocimiento de quintas, asistir en las causas criminales de oficio, inocular las vacunas y atender a los demás servicios que le encomendara el Ayuntamiento en lo referente a las leyes de policía, higiene y sanidad. Fue el único tema tratado en aquella sesión.

(Estuvieron presentes en dicha junta municipal: D. José Fernández Borrallo, Alcalde Presidente, D. Julián Arroyo Pachón, D. Francisco Giménez Garvín, D. Patricio Sánchez Quiñones, D. Agustín Regidor, D. Antonio Sánchez Loro, D. Domingo Cabanillas, D. Antonio Arroyo Ciudad, D. Pedro Hernando, D. Sebastián Durán, D. Eugenio Camacho, D. Pedro Guijarro, D. Francisco Moreno Paredes, D. Domingo Sánchez, D. Rafael Rodríguez, D. Juan Alberto, D. Miguel Benito, D. Pedro Manzanedo, D. Mateo Ávila, D. Juan Cabrera, D. Miguel López, D. Manuel Cano, D. Juan Soto, D. Juan Gregorio Pachón.)

 

Sesión ordinaria de 20 de diciembre de 1874

Los ediles del Ayuntamiento y los miembros de la Junta Municipal volvieron a reunirse el 20 de diciembre, una vez que el 16 había vencido el plazo de veinte días desde que se había publicado la vacante de la plaza de Médico Cirujano en el Boletín Oficial de la provincia. En la sesión, se comunicó que sólo había solicitado la plaza el Licenciado en Medicina y Cirugía D. Manuel Pascua y Martín. Podemos ver más arriba que D. Manuel Pascua era ya miembro de la Junta de Sanidad que se había formado el 1 de noviembre anterior, por lo que debería ser el mismo facultativo que ejercía la profesión de Medicina y Cirugía en la localidad de forma interina.

Una vez que se comprobó que la convocatoria, la certificación y la titulación se habían presentado correctamente, la Junta Municipal, después de una detenida y bien meditada discusión, por unanimidad acordó nombrar y nombró titular de la plaza de Medicina y Cirugía de esta población a D. Manuel Pascua y Martín, con el sueldo anual de setecientas cincuenta pesetas acordado en la convocatoria, y con libertad de celebrar contratos con los vecinos -según las bases del anuncio-, con la  obligación de hacer dos visitas diarias a los enfermos y de asistir a cincuenta o más familias pobres que designaría el Ayuntamiento. El contrato se firmaría por un tiempo de cuatro años.     

 

Sesión ordinaria de 31 de diciembre de 1874

El último día de diciembre de 1874, se reunieron los señores componentes del Ayuntamiento de Madrigalejo con el licenciado en Medicina D. Manuel Pascua y Martín para firmar el contrato que le facultaría a este último para desempeñar la plaza titular de Medicina y Cirugía en Madrigalejo. Las bases y condiciones del contrato fueron las siguientes:

1ª-Al D. Manuel Pascua Martín se le concede la plaza titular de Medicina y Cirugía de esta población por término de cuatro años que terminarán en treinta y uno de diciembre de mil ochocientos setenta y ocho, bajo la dotación de setecientas cincuenta pesetas anuales, que cobrará del presupuesto municipal por trimestres vencidos, por la asistencia de cincuenta a cien familias pobres que le designará el Ayuntamiento, quedando en libertad de celebrar contratos con los demás vecinos para prestarles la asistencia correspondiente a su profesión.

2ª-Es cargo del profesor hacer dos visitas diarias a los enfermos, asistir a las operaciones de quintas, causas criminales de oficio, hacer la inoculación de la vacuna y demás servicios que se le encomienden con arreglo a las leyes de policía, higiene y sanidad; así como los que prescriben en el en el artículo 3º del Reglamento de 24 de octubre de 1873.

3ª-También es cargo del mismo profesor quedar un facultativo que le sustituya en la visita siempre que tanga que salir de esta localidad en consulta o por otra causa y por más tiempo de el de veinticuatro horas.

4ª-Se le concede el beneficio de relevarle de las contribuciones que hayan de gravitar sobre su dotación y que tengan por objeto levantar las cargas de este municipio, así como el de darle licencia hasta quince días para que en la estación de verano pueda salir a tomar baños para alivio de sus dolencias, si bien con la obligación de quedar un facultativo que le sustituya durante su ausencia.

Estando conformes ambas partes y aceptadas las bases del contrato, se extendió el documento que fue firmado por todos los señores concurrentes, excepto por el Regidor D. Juan Ramos, porque no sabía firmar.

En las firmas aparecen: D. José Fernández Borrallo -Alcalde Presidente-, D. Francisco Gil Caños, D. Francisco Giménez Garvín, D. Julián Arroyo Pachón, D. Agustín Fortuna Orellana y D. José Sánchez Moreno -Regidores del Ayuntamiento-. D. Manuel Pascua Martín -Médico Cirujano-. Y D. Patricio Sánchez Bulnes -Secretario del Ayuntamiento-.

 

Breve comentario

Para conocer nuestra historia, no solo hay que atender a los grandes acontecimientos históricos -que también-, sino que tan importante como éstos, es la vida cotidiana de las personas que viven en un determinado momento y en un lugar específico. En el caso que nos ocupa, hemos traído la intrahistoria de un servicio esencial en el transcurrir cotidiano de una comunidad, como es la existencia de un médico cirujano para atender la sanidad de la población.

Antes de seguir, es necesario comentar que el apelativo cirujano no debe entenderse como “médico especialista en cirugía” tal y como lo entendemos en la actualidad. Unos siglos atrás, la única persona que atendía las dolencias en las poblaciones rurales era el “barbero cirujano”. Este personal sanitario, aparte de cortar el pelo y afeitar, sacaba muelas, sangraba a los enfermos, recomponía los huesos rotos y realizaba pequeñas y sencillas cirugías[1]. Como vemos, las funciones de dentista, barbero y cirujano recaían en la misma persona. No fue hasta el siglo XIX, precisamente la centuria que estamos tratando en el presente texto, cuando se separaron las profesiones de barbero, dentista y cirujano, y cuando, con las importantes reformas de ese siglo, se fusionaron los estudios de Medicina y Cirugía.

Son varios los aspectos que merecen ser destacados. Por una parte, vemos que es el municipio el que asume la contratación del Médico Cirujano y no para la asistencia de toda la población, sino para el socorro de entre cincuenta y cien familias pobres. Llama la atención el gran volumen de familias desfavorecidas que pudieran estar declaradas como tales desde el Ayuntamiento y que, por tanto, tendrían derecho a ser atendidas por el facultativo. Con respecto al resto de la población, era común recibir la asistencia sanitaria a través de las “igualas”, con las que se pagaba periódicamente al profesional una cantidad fijada a cambio de sus servicios cuando fuera necesario. Hoy lo llamamos “seguro”.

También podemos observar que el médico debía estar disponible de forma permanente y que, en caso de ausentarse, debía dejar un sustituto. Aunque no se especifique, se supone que sería el médico quien debía pagar al colega que le sustituyera, lo mismo que cuando fuera a “tomar baños” en verano. Aunque se le diera licencia para irse quince días de vacaciones, éstas no deberían ser pagadas tal y como las conocemos hoy en día. Eso sí, estaba eximido de pagar los impuestos municipales.

Y, por último, llamar la atención sobre algunos nombres y apellidos que podemos leer y que nos resultan familiares, nombres y apellidos que se han ido sucediendo a través de sus descendientes hasta casi la actualidad en nuestra localidad. Todo esto hace que, al echar la vista atrás en el tiempo, de una forma o de otra, podamos ver identificados a vecinos que nos precedieron, así como a sus descendientes. Además, observamos las diferencias considerables que se ha obrado en estos 150 años, en cuanto a la asistencia sanitaria se refiere. Pero también es patente el avance que se estaba operando en el siglo XIX en cuanto a la sanidad respecto de los siglos anteriores, como el hecho de que el facultativo sea Licenciado en Medicina y Cirugía, que las leyes vayan orientadas a cubrir las plazas de los servicios sanitarios con profesionales preparados o que sea una práctica común la inoculación de vacunas, que tanto beneficio han deparado para la sanidad pública.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.


 

jueves, 23 de enero de 2025

EN EL 509 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL REY FERNANDO EL CATÓLICO

 


El 23 de enero de 2025, hemos celebrado en Madrigalejo el 509 aniversario de la muerte del rey Fernando el Católico, con un pasacalles con zancudos y procesión de religiosos, desde la Plaza de España hasta la Casa de Santa María. Aquí, en la plazoleta de Fernando el Católico, iluminada con velas, hubo exhibición de trompeta y saxofón, de dos alumnos del aula de Música; después, las intervenciones de la Cronista Oficial, del Alcalde y de la Directora General de Desarrollo Rural de la Junta de Extremadura, y se remató con un chocolate, preparado por la Asociación Cultural de Mujeres.

En mi calidad de Cronista Oficial, dije unas palabras, que comparto a continuación:

"En el mundo de la inmediatez en el que nos movemos actualmente, donde queremos enterarnos de todo y ser los primeros en conocer las noticias, en no perder ningún detalle de lo que acontece en el mundo entero y a nuestro alrededor, estando preparando estas palabras, pensé en nuestro pueblo de Madrigalejo hace exactamente 509 años. Sería una aldea de unos 800 habitantes, con unos pobladores que vivirían mayormente pendientes de sus afanes, sin más empeño que la convivencia cotidiana con sus vecinos, sin conocer siquiera lo que acontecía en los pueblos de alrededor. Pues bien, en aquel enero de 1516, la tranquila vida de nuestra localidad se vio bastante alterada por la llegada de una comitiva de excepción, en la que viajaba el mismísimo rey Fernando V. En aquellos días, acontecieron unos hechos históricos de primer orden, que aquellos vecinos apenas fueron conscientes de su importancia, pero que vivieron con la intensidad propia de quienes saben que, alguien muy suyo, está en los últimos momentos de su vida y, debido al fatal desenlace, fueron los primeros súbditos en enterarse de la muerte del monarca.

No era la primera vez que veían con cortejo como aquel. En otras ocasiones, ya había pasado el monarca por Madrigalejo, lo que había sido todo un acontecimiento que había puesto patas arriba la vida cotidiana de la población. Pero en esta ocasión era distinto. Había prisas por llevarlo a la Casa de Santa María y una atmósfera de preocupación se respiraba en el ambiente. El Rey venía enfermo, muy enfermo.

De los acontecimientos históricos que se vivieron en el interior de esta casa y de los personajes que acompañaron al monarca en sus últimos días, se encargó de recogerlos, por escrito, Galíndez de Carvajal, testigo y partícipe de los hechos, en su Crónica de los Reyes Católicos, además de otros autores. Pero nada se nos dice del papel que tuvieron los vecinos de Madrigalejo, que, como las cosas sencillas, cumplen una función esencial aunque no se advierta su presencia. Pero estaban allí, y podemos intuir su cometido a través de fuentes indirectas, en situaciones similares y no alejadas en el tiempo, tanto en nuestra localidad como en lugares cercanos.

Por lo pronto, los lugareños se habían encontrado con la presencia de un nutrido número de personas a las que había que darles acomodo y abastecimiento en un lugar que tenía sus limitaciones y carencias. Todo un problema. Bien es verdad que la Corte estaba bien preparada para instalarse en descampado. Y si el monarca y los principales personajes fueron acogidos en la Casa de Santa María, también en las posadas se ocuparían todas las camas disponibles, mientras que el resto del acompañamiento montarían sus tiendas en las eras del ejido.

 Para la cuestión del abastecimiento, en ocasiones semejantes, se pedía al lugar que estuviera bien surtido de provisiones de carne de vaca, capones, aves, perdices y terneros, así como de peces, huevos, gallinas, pan masado, cebada y paja. Si se tiene en cuenta que la Casa de Santa María era una de las despensas del Monasterio de Guadalupe, no debieron ir muy lejos en busca de alimentos con los que dar de comer a aquella gente. Aquí se producían cereales, con la molienda incluida. Con ello se aseguraba el pan, que tuvo que ser cocido y amasado por el personal de la casa de los frailes y de las tahonas del pueblo. La carne y los huevos, procedentes de las dehesas del convento y de los corrales, no podían escasear. Tampoco faltaría aceite y vino. Y, sin duda, los peces serían pescados por los peceros del pueblo en las tablas del Ruecas, donde se criaban buenos barbos. Además, las caballerías estarían a buen recaudo, sin que escasearan cebada y paja.

Sí, el pueblo entero se desviviría por dar acomodo a toda esa gente, porque somos acogedores. Aunque, como se ha dicho anteriormente, aquellos vecinos no debieron ser conscientes de que la Historia con mayúsculas se estaba escribiendo en el interior de la Casa de Santa María, y que, sin duda, ellos fueron los primeros en conocer la fatídica noticia del fallecimiento del Rey Fernando el Católico. También aquellos madrigalejeños serían los primeros en elevar sus oraciones por el alma del monarca, de forma sencilla, sin gran ceremonial mortuorio, pues esos boatos estaban reservados para la llegada del cortejo fúnebre a Granada, donde descansarían sus restos.

Pero antes de partir hacia Granada, despojaron al cadáver de sus vísceras, que se quedaron aquí enterradas en la ermita de San Sebastián, según las fuentes. Algún carpintero del lugar compondría el ataúd donde colocaron el cuerpo del monarca sin vida para recorrer su último camino. Y el pueblo entero también saldría a despedirle. Sería el 25 o el 26 de enero cuando el féretro, con un acompañamiento bastante menguado, partió hacia Granada. Por cierto, el ataúd en el que salió no llegó a su destino, pues en Hinojosa, como consecuencia del traqueteo de aquellos caminos segundarios y mal pavimentados por donde llevaron al difunto, se desvencijó de tal manera, que hubo necesidad de mudarlo a otro féretro. 

Y, para terminar, destacar algo que no se nos puede escapar. Si bien es cierto que las crónicas nada hablan de los pobladores de Madrigalejo, el impacto que debió generar en aquella gente la muerte del Rey Fernando V de Castilla y II de Aragón fue tan grande que, su eco, ha llegado hasta nuestros días. Recordemos que, durante siglos, el hecho estuvo muy vivo en la memoria colectiva de la localidad, pasando oralmente de generación en generación hasta nuestros días. Incluso, cuando todo el mundo lo había olvidado, Madrigalejo siempre lo tuvo presente. Ninguno de nosotros hemos conocido por los libros de Historia que el Rey Fernando el Católico murió aquí. No. Nosotros lo conocimos por nuestros mayores, que nos lo contaron, como se lo habían contado a ellos. Por ello, podemos decir con orgullo que la muerte del rey Fernando el Católico es, de una forma muy especial, patrimonio de todos los madrigalejeños y que, como tal, tenemos la obligación de transmitirlo a las generaciones venideras.

Guadalupe Rodríguez Cerezo


BIBLIOGRAFÍA:

-L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf editores S.A. Badajoz. 2008.

-T. FERNÁNDEZ. “La visita que el rey Felipe III hizo a Trujillo y Guadalupe”. Revista de Guadalupe. Nº 607. Septiembre-octubre de 1973.

 -Archivo Parroquial de Madrigalejo, Libro de Acuerdos, Poderes y Protocolos del Concejo.

-Archivo Municipal de Trujillo. Libro de Actas del Ayuntamiento de Trujillo. Fol. 284, 284 vº, 285 y 285 vº. 26/12/1515. 


domingo, 29 de diciembre de 2024

FRAY ALONSO JIMÉNEZ, misionero en Filipinas con odisea en Camboya.

En los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA, celebrados en Trujillo en septiembre de 2023, presenté la comunicación titulada Fray Alonso Jiménez, uno de los pioneros dominicos en Filipinas. Este trabajo fue galardonado con el Premio “Fundación Obra Pía de los Pizarro” en su XXIX edición. 

La comunicación está publicada en las actas de los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA[1] y, en la página web de la Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura, en el enlace: https://chdetrujillo.com/fray-alonso-jimenez-uno-de-los-pioneros-dominicos-en-filipinas/


Comparto en esta entrada de Luz de Candil una síntesis ese trabajo sobre Fray Alonso Jiménez.

 

INTRODUCCIÓN

En el diccionario biográfico y bibliográfico Misioneros Extremeños en Hispanoamérica y Filipinas, dirigido por el Dr. Melquiades Andrés Martín, aparecen dos entradas consecutivas referidas a fray Alonso Jiménez. En la primera, se dice que fray Alonso Jiménez, de la Orden de Santo Domingo, nació en Madrigalejo, tomó el hábito en Salamanca y pasó a Filipinas en el último decenio del siglo XVI, donde llegó a ser provincial[2].

La siguiente entrada, sitúa el lugar de nacimiento de este misionero dominico en Garrovillas de Alconétar (Cáceres), hacia 1520. Igual que en la primera, se dice que tomó el hábito en Salamanca, especificando que lo hizo en el convento de San Esteban. También se añade que formó parte de la primera expedición dominica a Filipinas, y las dos concuerdan en que fue provincial de la Orden en este archipiélago…[3].

 Ambas reseñas biográficas coinciden en lo fundamental (mismo siglo, misma orden, mismo destino, mismo cargo…), lo que lleva a pensar que no son dos personas distintas, sino que se trata del mismo individuo. Sólo un dato difiere, el del lugar de nacimiento. Mientras que, en la primera entrada, se dice que es natural de Madrigalejo, en la segunda aparece que nació en Garrovillas de Alconétar, ambas localidades pertenecientes a la provincia de Cáceres.

Independientemente del lugar exacto de su nacimiento y ubicándolo como oriundo de Extremadura, su figura es tan interesante que merece ser recordada y divulgada. Además, ofrece la posibilidad de seguir indagando sobre su figura y de intentar resolver todos los interrogantes que están sin aclarar. Por esas razones, presenté un trabajo sobre Fray Alonso Jiménez en los “LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA”.

 

1. SOBRE LA PRIMERA ETAPA DE SU VIDA

Fray Alonso Jiménez nació en Extremadura, en el primer tercio del siglo XVI. Se formó en el Convento de San Esteban de Salamanca y, desde allí, se marchó a predicar el Evangelio a Guatemala, donde “gastó los años de mocedad, empleando sus fuerzas en el bien de aquel ministerio y conversión de aquellas almas”[4]. Nada más conocemos de su estancia en América y, cuando creyó llegado el momento de dejar atrás la actividad misionera y dedicarse a la vida contemplativa, decidió regresar a Salamanca, al convento de San Esteban.

Sin embargo, como tuvo noticia de que la orden dominica iba a fundar una nueva provincia en Filipinas, su espíritu inquieto y misionero se alborotó de nuevo y, a pesar de su edad avanzada, quiso formar parte de aquella prometedora empresa.

 

2. FUNDACIÓN DE LA PROVINCIA DEL SANTO ROSARIO DE PREDICADORES EN FILIPINAS

En 1582, fray Juan Crisóstomo obtuvo del Padre General de la Orden dominica y del Papa Gregorio XIII la autorización para fundar una Provincia de la Orden de Predicadores, en Filipinas, Japón y China, con la compañía de 30 religiosos. La nueva provincia dominica recibiría el nombre de “Nuestra Señora del Rosario”. Tras una serie de dificultades por las que estuvo parada la empresa unos años, en septiembre de 1585, Felipe II concedió a veinticuatro religiosos de la Orden de Predicadores la autorización para viajar a Filipinas, y estos dominicos iniciaron el viaje a pie hacia Sevilla[5]. En esta ciudad, el padre Crisóstomo renunció a ser prior de la comunidad recién creada en favor de fray Juan de Castro, para encargarse de las diligencias y negociaciones que requería la empresa[6]. Fueron muchos los impedimentos y contrariedades que se presentaron justo antes de iniciar el viaje y, por fin, el 17 de julio de 1586, se hicieron a la mar rumbo a México[7].

Siguieron la ruta establecida por los españoles para llegar a Filipinas entre 1565 y 1815[8]: atravesando el Atlántico con destino a Veracruz, cruzando Nueva España -México- hasta Acapulco, desde donde embarcaban en el Galeón de Manila para cruzar navegando el Pacífico hasta llegar al archipiélago asiático.

Pero, en mitad del viaje, había que parar obligatoriamente unos meses en México y, quien espera, desespera. Así ocurrió, que la larga espera jugó en contra de aquel grupo de dominicos. En primer lugar, se toparon con viajeros que volvían del archipiélago filipino que opinaban que allí no se necesitaban más religiosos; después, varios frailes del grupo sufrieron enfermedades y algunos murieron, lo que hizo crecer la desesperación y el desánimo entre ellos, planteándose si realmente era pertinente continuar con la empresa. Así fue como, sumidos en un gran debate y mucha oración, convinieron en dar libertad a cada uno para quedarse o continuar el viaje.

Al final, el número de dominicos que obtuvieron permiso para embarcar hacia Filipinas se vio reducido a diez y ocho, entre ellos, fray Alonso Jiménez. Fray Juan Crisóstomo no pudo embarcar por estar enfermo. Otros tres religiosos que embarcaron con ellos tenían como destino China, aunque debían estar sujetos a las directrices de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas.[9] 

De Acapulco salieron el 6 de abril de 1587 y tocaron puerto filipino el 22 de julio. La entrada de los primeros catorce religiosos dominicos en Manila tuvo lugar el día del apóstol Santiago, 25 de julio.[10]

 

3. IMPORTANCIA DE LA PRESENCIA DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN LA CONQUISTA DE FILIPINAS.[11]

Antes de seguir adelante, es preciso destacar la importancia de los religiosos en Filipinas durante la presencia española en aquellos territorios, ya que, desde el principio, la monarquía hispánica lo planteó como una misión evangelizadora.

En la primera expedición a Filipinas comandada por Miguel López de Legázpi en 1565, ya formaba parte de ella un grupo de frailes agustinos. No tardaron en hacer acto de presencia otras órdenes religiosas, como los franciscanos, que llegaron en 1578, los jesuitas en 1581, o los dominicos, en 1587 como hemos visto.

Los religiosos fueron los auténticos protagonistas activos y necesarios en la organización y funcionamiento de la administración española en Filipinas, debido a la falta de funcionarios en aquellas lejanas islas. Los misioneros se convirtieron en los representantes de la administración en los lugares donde se encontraban. Y aunque su principal misión era la de evangelizar, también se encargaron de las cuestiones fiscales, eran medios de información, revisaban los cargos municipales y controlaban su conducta, velaban por la administración de justicia, supervisaban censos y tributos, servían de interlocutores e intérpretes entre las autoridades y la población local, de la misma forma que se hicieron cargo de funciones sanitarias y asistenciales, de educación, construcción de edificios, caminos y obras públicas, etc.

 

4. PRIMEROS AÑOS EN FILIPINAS.

Después de algunos días de descanso en Manila, fueron enviados varios religiosos a distintos poblados. Fray Alonso Jiménez, junto con otros tres dominicos, fueron destinados a la zona de Bataan[12]. Con mucho empeño, fray Alonso fue aprendiendo la lengua de los naturales y dice fray Diego de Aduarte que, “aunque viejo, acudía a todos los trabajos y, de ordinario, era él el que acompañaba al religioso que salía para otros pueblos, caminando a pie y descalzo por cenagales y pantanos…”[13]. Cuidaba con gran esmero a los aborígenes enfermos, guisando para ellos y dándoles él mismo de comer[14]. Fray Alonso realizaba tantos sacrificios más allá de sus posibilidades que cayó enfermo y tuvo que ser derivado al convento de Manila para que fuese atendido.

En el tiempo de convalecencia en Manila, se cayó la primera iglesia, que había sido construida con materiales humildes[15]. Para evitar que volviera a suceder lo mismo, se decidió construir un nuevo templo en piedra[16]. Y cuando el Padre Jiménez se recuperó de su enfermedad, se puso a trabajar en la iglesia[17] al frente mismo de las obras[18], gracias a su reconocida fama de arquitecto[19], disciplina que habría adquirido y practicado en sus años de misión en Guatemala. Su vocación de servicio queda patente en su actitud en la obra, pues lo mismo hacía trazas como maestro que ayudaba como peón[20].

Durante la construcción de la iglesia, fray Alonso Jiménez fue nombrado prior del Convento y, posteriormente, el 9 de abril de 1592, fue nombrado Provincial. Y aprovechando la reunión del capítulo para la elección de Provincial, ese mismo día fue inaugurada, con gran solemnidad, la iglesia de piedra que se acababa de terminar [21]. Sin embargo, a pesar de que el templo se construyó a conciencia para que perdurara en el tiempo, en 1603 se produjo un voraz incendio en Manila que redujo a escombros todo el convento de Santo Domingo[22].

Sobre el padre Jiménez, fray Diego Aduarte señala que, en el tiempo que fue provincial de la orden, dispuso cosas “muy loables”[23]: se extendió mucho el territorio de la Provincia; se erigieron nuevas iglesias y ministerios y “procuró por dos veces la conversión del Reyno de Camboxa, en cuya pretensión padeció excesivos trabajos…”[24]

 

5. DOS EXPEDICIONES A CAMBOYA

5.1. Primera expedición.

En 1595, el rey de Camboya mandó una embajada a Manila solicitando ayuda frente a las hostilidades que sufría por parte del rey de Siam. Pedía “gente de guerra” y frailes dominicos para que enseñaran la Ley de Dios a él y a su reino. Tanto el gobernador como la orden dominica convinieron en que debían acudir a su llamada y, al frente de los soldados, se dispuso que estuviera el capitán Juan Juárez Gallinato, mientras que los dominicos señalaron al padre Provincial -Alonso Ximénez- para que formara parte de la expedición, acompañado de fray Juan Deza y de fray Diego de Aduarte. En enero de 1596, la expedición salió desde la bahía de Manila hacia Camboya, formada por tres navíos y 130 soldados.[25]

La travesía estuvo llena de grandes dificultades debido a la mala mar con la que se encontraron, que separó las naves y provocó destrozos en ellas. La nave en la que iban los religiosos, llegó destrozada a una playa y allí quedó varada. En tierra, los tripulantes pasaron muchas calamidades, con un calor insoportable, sin agua dulce ni comida. Cuando estaban a punto de perecer, se toparon con los compañeros de la otra embarcación y, a través de ellos, supieron que el rey de Camboya había huido, porque lo había invadido el rey de Siam, haciéndose con el territorio sin ninguna resistencia y había arrasado todo lo que encontró a su paso, antes de regresar a su tierra. Un antiguo súbdito del rey camboyano, aprovechando el vacío de poder, asumió el gobierno. [26]

A pesar de las buenas palabras del nuevo mandatario, su verdadera intención eran deshacerse de la expedición española. En un enfrentamiento entre los españoles y una comunidad china instalada en Camboya, el dirigente camboyano se posicionó del lado de la comunidad china y, en las refriegas, una bala alcanzó al gobernante y lo mató. Los españoles aprovecharon el momento de desconcierto y emprendieron la huida con una multitud de camboyanos persiguiéndoles muy de cerca[27]. A duras penas llegaron hasta los navíos y, en ese momento, llegaba hasta ellos la tercera nave de la expedición. Todos juntos salieron de Camboya de vuelta a Filipinas, haciendo una parada obligada en Conchinchina para abastecerse.[28]

En Conchinchina encontraron a unos padres agustinos, que invitaron a fray Alonso a celebrar con ellos la fiesta de San Agustín. Entretanto, los españoles se dieron cuenta de que estaban en peligro y embarcaron con urgencia, dejando atrás a fray Alonso, que fue hecho prisionero. El virrey de Conchinchina concedió permiso a fray Alonso para que fuera a vivir con los padres agustinos, con los que estuvo, hasta que pudo regresar a Manila año y medio después.[29]

 


5.2. Segunda expedición a Camboya.

Para entonces, los capitanes Blas Ruiz de Fernán González y Diego Velloso habían ayudado al hijo del verdadero rey de Camboya a reinstaurarle en el trono, pues su padre había fallecido. En agradecimiento, el nuevo monarca les concedió tierras y títulos; al mismo tiempo los españoles le plantearon los beneficios que supondría para Camboya la evangelización. Con este propósito se organizó una segunda expedición, a la que también se apuntaron fray Alonso Jiménez y fray Diego de Aduarte, acompañados de soldados para pacificar el país. [30]

Al poco de hacerse a la mar, de nuevo se toparon con mal tiempo, lo que provocó que se separaran los navíos y se perdieran, sin saber nada unos de otros. La nave en la que iba fray Alonso Jiménez, varó en la costa de China. El padre Aduarte, que iba en otra embarcación, pudo regresar a Filipinas y, después de contar lo que había sucedido, mandaron otra nave en su búsqueda. También se perdió esta embarcación y se hizo pedazos. Sus tripulantes fueron apresados por los chinos donde estaba fray Alonso Jiménez y volvieron a encontrarse los dos frailes dominicos.[31]   

En China encontró la muerte fray Alonso Jiménez entre 1598 y 1599. Así lo dice el padre Aduarte: “los muchos trabajos que padeció por espacio de más de dos años, peregrinando por la mar con muchos naufragios y por tierra con manifiestos peligros de muerte, hambre, sedes, cautiverio, solo por procurar predicar el Evangelio en el Reino de Camboja”[32] le llevaron a padecer “su última enfermedad en su convento de Macán, y allí recibió los Sanctos Sacramentos, y rodeado de religiosos de su orden dio el alma a su criador con particular alegría suya, y tristeça grande de los que asistían presentes, por ver que los dexava tan sancto compañero”[33].  

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 

BIBLIOGRAFÍA: 

ADUARTE, fray Diego: Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la Orden de Predicadores en Philippinas, Iapon y China. Manila 1640

ANDRÉS MARTÍN, Melquiades, y OTROS: Misioneros Extremeños en Hispanoamérica y Filipinas. Diccionario biográfico y bibliográfico. Biblioteca de autores cristianos. Madrid, 1993.

Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. Relaciones publicadas con motivo del séptimo centenario de la confirmación de la sagrada orden de predicadores. 1916.

NAVARRO DEL CASTILLO, Vicente: La epopeya de la raza extremeña en Indias, Mérida (Badajoz), 1978.

RODRÍGUEZ AMORES, L: Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, Tecnigraf S.A. Badajoz. 2008.

https://sge.org/publicaciones/numero-de-boletin/boletin-61/las-ordenes-religiosas-en-filipinas/

https://www.larazon.es/cultura/historia/20211125/xqwbqcv46bdo3mhb6cfjf76if4.html

https://dbe.rah.es/biografias/19037/juan-diego-aduarte

https://lapaseata.net/2023/07/02/espanoles-en-la-cochinchina-blas-de-ruiz-y-diego-veloso/


FUENTES: 

Archivo Parroquial de Madrigalejo. Libro de Acuerdos, Poderes y Protocolos del Concejo de Madrigalejo.


[1] G. RODRÍGUEZ CEREZO: “Fray Alonso Jiménez, uno de los pioneros dominicos en Filipinas”. Actas de los LII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA. 2024. I.S.B.N.: 978-84-09-62971-8. (Págs. 555-567)

[3] Ibidem.

[5] Ibidem, págs. 9 y 10.

[6] Ibidem, pág. 11.

[7]Ibidem, pág. 14.

[9]ADUARTE, fray Diego: Historia de la Provincia del (…) Op. cit.  págs. 16-20.

[10]Ibidem, págs. 24-29.

[13] Ibidem, pág. 244.

[14] Ibidem.

[15] Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. Relaciones publicadas con motivo del séptimo centenario de la confirmación de la sagrada orden de predicadores. 1916. Págs. 49 y 50.

[16] Ibidem, pág. 50.

[18] Ibidem, pág. 35.

[19] Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. (…) pág. 50.

[21] Ibidem, págs. 35 y 132; y Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. (…) pág. 50.

[22] Los Dominicos en Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. (…) pág. 50 y 51.

[23] ADUARTE, fray Diego: Historia de la Provincia del (…) Op. cit. Pág. 245.

[25] Ibidem, págs. 207 y 208.

[26] Ibidem, págs. 209-213.

[30] Ibidem, págs. 229 y 230.

[32] Ibidem, pág. 240.

[33] Ibidem, pág. 243.