lunes, 1 de mayo de 2023

MURALES EN MADRIGALEJO

 


El 12 y 13 de noviembre de 2021, se celebraron en Siruela los XIII Encuentros de Estudios Comarcales Vegas Altas, La Serena y La Siberia. En estas jornadas, presenté una comunicación titulada Arte Urbano en el mundo rural. Murales en Madrigalejo, y este trabajo está publicado en las actas de aquellos Encuentros, en las páginas 375-398 (BA-000052-2023). A continuación, podéis leer un extracto de la comunicación:

 


INTRODUCCIÓN.

“Arte Urbano” es aquel que se desarrolla en las calles, heredero de los grafitis reivindicativos y provocadores surgidos en grandes ciudades a finales del siglo XX y que engloba “otras formas de expresión artística callejera”[1], entre las que se encuentra el muralismo.

La pintura mural es tan antigua como el mismo Arte. Pero, recientemente, el Muralismo ha cobrado gran notoriedad y ha salido a las calles a transformar grandes paramentos abandonados en enormes obras de arte, en las que el artista, con diseños muy trabajados, da rienda suelta a su creatividad, a veces con una fuerte intencionalidad social y didáctica, o simplemente por puro interés estético[2]. Aunque en sus orígenes el Arte Callejero se caracterizaba por su clandestinidad, el Muralismo de hoy se aparta del anonimato y los artistas firman sus obras y reciben encargos de las instituciones públicas.

 Si este tipo de arte surgió en los barrios periféricos de las grandes ciudades, hoy podemos encontrarlo en cualquier lugar y podemos afirmar también que su presencia ha proliferado y se ha convertido en moda en el mundo rural. Un ejemplo es el pueblo cacereño de Romangordo, referente turístico en la simbiosis del arte urbano con el mundo rural, que, por iniciativa de su Ayuntamiento y concretamente de quien era su alcaldesa Charo Cordero -ya fallecida-, se ha convertido en un museo al aire libre, con más de 100 murales, puertas y frases que cuentan su historia más reciente. Y entre los autores de este conjunto pictórico está el madrigalejeño Jonatan Carranza Sojo.[3]

La misma Charo Cordero, siendo Presidenta de la Diputación de Cáceres, también apostó por el Muralismo a través del proyecto “Muro Crítico”, que trata de “impulsar el diálogo entre el arte, la sensibilización y el entorno rural”[4], pues cada mural que se crea es “una obra de arte singular y única, inspirada en la identidad rural y en el deseo de una sociedad mejor”[5].

En “Muro Crítico” han participado los madrigalejeños Sojo y Caín Ferreras, además de Isabel Flores, que nos visita con frecuencia. Un grupo de artistas que, junto a Checa Noguera, han dejado obras murales en Madrigalejo, las que se van a ver en este trabajo.

UNA INICIATIVA DE MICRO-MECENAZGO Y LA ARRACADA


En verano de 2017, Sojo tuvo la iniciativa de adquirir una réplica de la “Arracada de Madrigalejo” para su museo municipal a través de micro-mecenazgo. La Arracada es un pendiente de oro, de origen celta, custodiada en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, que la memoria colectiva iba olvidando. Se sumaron a la propuesta el Ayuntamiento, a través de la Oficina de Turismo, y la Asociación Cultural “Fernando el Católico”.

Con 2 € por nombre y 1400 donantes, Sojo realizó un mural en la pared de un solar de la calle Luisa Fortuna. Así, jugando con nombres de distintos colores –gris, rojo, azul y verde- sobre fondo blanco, se plasmó la frase “Somos Madrigalejo”. Logró recaudarse dinero suficiente para la réplica de la “Arracada” y, además, sobró para realizar otro mural.

Y fue la “Arracada” lo que Sojo pintó en el mural, en una calleja sin salida de la Calle San Juan. La pintura ocupa la parte superior de un esquinazo de bloques de hormigón y ladrillos sin lucir, que ha conseguido cambiar su impronta, para fijar la mirada en el mural y obviando el material de la construcción.

"La Arracada". Fotografía de Jonatan Carranza Sojo.

La imagen representa la parte esencial de la arracada, con tonos dorados, desde los más oscuros a los más claros, reproduciendo la incidencia de la luz en el repujado de la joya. A tamaño gigante, se observa la labor de orfebrería de esta importante pieza celta de nuestro patrimonio, que fue labrado hace más de 20 siglos.

 

ÉXODO

"Éxodo". Fotografía de Jonatan Carranza Sojo.

En 2018, dentro del programa “Muro Crítico” de la Diputación de Cáceres, Sojo realizó el mural titulado “Éxodo”. Lo podemos ver en la fachada lateral de una vivienda situada en la carretera con dirección a Zorita. “Éxodo” es una llamada de atención a la despoblación que sufre el mundo rural en las últimas décadas por falta de oportunidades laborales, fundamentalmente entre los jóvenes, y que les produce un gran desarraigo.

Ese desarraigo se manifiesta con la frustración de una joven que se lleva las manos al rostro, mientras aparecen multiplicadas, sobre un fondo negro, dos fotografías que representarían a su familia. El dolor del desarraigo se hace patente en el contraste entre el pasado, en blanco y negro de sus antepasados, al que tiene que dar la espalda, y su juventud, con todo el futuro por delante, donde domina la brillante tonalidad mostaza de su jersey.

Las imágenes de los antepasados son fotografías antiguas de vecinos de Madrigalejo; como la joven Andrea o Enedina García Calderón con sus hijos –Carmen, Benito, Vicente y Alfonso-. Curiosamente, sin ser premeditado, Enedina y Benito son abuela y padre de la propietaria de la vivienda donde está la pintura.

Andrea.
Enedina García con sus hijos.

LA CREATIVIDAD

"La Creatividad".

En el verano de 2018, Isabel Flores, Caín Ferreras, Checa Noguera y Sojo, cuando disfrutaban de sus vacaciones estivales, se pusieron a pintar una obra en común. Lo titularon “La Creatividad”.

Lo que el artista plasma en sus obras, ya sean de Literatura, Música o Artes Plásticas, surge de la creatividad. La simbiosis de los cuatro artistas deja patente el ingenio, la estética y el mensaje en sus distintos planos. El arte figurativo se combina con decoración geométrica y caligráfica. Los artistas dejaron aquí su impronta personal, como los motivos ornamentales de Isabel Flores, los dibujos caligráficos de Checa, el peculiar tratamiento de la piel humana de Caín Ferreras o el juego de luces y sombras de Sojo.

LA DECISIÓN

"La Decisión". Fotografía de Jonatan Carranza Sojo.

La “Decisión” es una obra de Sojo, de enero del 19. Reproduce el hecho histórico de la firma del testamento de Fernando el Católico, que tuvo lugar en Madrigalejo el 22 de enero de 1516. Representa el momento en el que el monarca, despojado de todo atributo de su alta dignidad, y con la pluma en la mano, se dispone a firmar sus últimas voluntades.

Fue encargo del Ayuntamiento, dentro de las actividades de la “Semana Fernandina”. Se encuentra en la Plaza de España, en el espacio que dejó el retranqueo de un edificio colindante al Ayuntamiento. El espacio alargado en vertical condiciona la figura del rey, representado en tres cuartos.

Detalle de "La Decisión". Fotografía de Jonatan Carranza Sojo.

Dominan los tonos marrones y ocres. El camisón ocupa gran parte de la pintura, con juegos de luces y sombras por las arrugas que forma el tejido, especialmente en el puño de la manga abullonada. La mano y la pluma se encuentran en el centro de la obra, para dar relevancia al acto de la firma del testamento.

Sojo escogió como modelo a Vicente Rodríguez, actor del corto titulado “Laudes, el testamento de Madrigalejo”. Con esta obra, se ponen de manifiesto las aptitudes del pintor como retratista.

MURAL DE LA PLAZA DE LA ERMITA

Trampantojo en la Plaza de la Ermita. Fotografía de Jonatan Carranza Sojo.

También a instancias del Ayuntamiento, Sojo realizó, en mayo de 2019, este mural situado en la plaza de la Ermita, para recordar la vida cotidiana del pasado más reciente, donde estuvo enclavada una fuente pública. Por ello, la pintura ofrece una instantánea del “acarreo del agua”, una actividad esencial antes de que llegara a los hogares el agua corriente. Es un grupo de cuatro mujeres llevando los cántaros de agua al cuadril y a la cabeza; escena que se desarrolla en una calle pintada con la técnica del trampantojo.

Detalle del mural de la Plaza de la Ermita. Fotografía de Jonatan Carranza Sojo.

Se representa la Calle Luisa Fortuna, aunque invertida; es decir, el artista coloca los edificios de la izquierda en la parte derecha y viceversa. Tanto la calle como las escenas se basan en dos fotografías de 1954, de los hermanos Bustamante Hurtado.

Para acentuar la ilusión óptica del trampantojo, la misma fachada donde se sitúa el mural forma parte de la calle ficticia, convirtiéndola en las dos esquinas por donde se accedería a ella.

ME QUIERO LIBRE, TE QUIERO LIBRE. ZORAIDA.

"Me quiero libre, te quiero libre. Zoraida". Fotografía de Jonatan carranza Sojo.

“Me quiero libre, te quiero libre. Zoraida” es un mural realizado por Sojo en junio de 2019, por encargo del Ayuntamiento, para sensibilizar a la población dentro del “Pacto de Estado contra la Violencia de Género”. Representa el torso partido de una mujer –una mujer quebrantada-, con las muñecas atadas, intentando cortar el cordón que le impide su libertad de movimientos, que se contrapone a la armonía de una decoración vintage de flores, de una vida normal en apariencia.

Sojo ha realizado varias versiones de este tema, utilizando dos modelos: Zoraida y Alba. Así puede verse “Me quiero libre, te quiero libre. Alba” en Garvín de la Jara y en Abertura, mientras que, en Don Benito, hay otro mural con Zoraida como modelo.

CALLE DEL RÍO.

Calle del Río. Restos de grafitis.

Unos jóvenes grafiteros, nacidos en torno a 1980, plasmaron sus grafitis en el muro de un solar de la Calle del Río, que las inclemencias del tiempo fueron deteriorando. Aquellos jóvenes son hoy los artistas de los murales que estamos tratando y han querido recuperar este espacio con nuevas obras. Primero, Sojo pintó el busto de un adolescente, en el que predomina el dibujo y distintas tonalidades de verde, en contraste de luces y sombras.

Calle del Río.

En agosto de 2019, Isabel Flores, Checa, Giova, JP y Caín Ferreras, junto con Sojo, continuaron pintando el muro con una obra de conjunto, en la que evocan sus vacaciones estivales de adolescencia, aquellas “tardes de verano” en las que pululaban las libélulas sobre los puros de aneas y los arrozales, cuando combatían el calor bañándose en el “Pico-Pato”. La obra expresa estas sensaciones y también estos versos:

Fue de una calma celeste

que se mezclaba con los aromas

de una tarde de verano.

Las risas frugaban entre las

historias de señoritos y pololas,

mientras el día jugaba

a sentirse verde como

una aguada en la ribera

del Pico Pato.

Mural de la Calle del Río.

Vemos cenefas caligráficas y ornamentos geométricos entre libélulas y puros de aneas, con toques étnicos aportados por los chilenos JP y Giova. Expresan su técnica artística con brochas y aerosol, desde unos ojos, la piel arrugada por la experiencia de los años vividos y heridas restañadas con tiritas. La creatividad no tiene aquí más condicionamiento que el espacio bidimensional que acota el muro. Y con sus firmas, invitan a seguirles en la calle más transitada del mundo, el escaparate que ofrecen las redes sociales.

Detalle del mural de la Calle del Río.

Más adelante, en octubre del 19, Sojo pintó el retrato de Cheka Noguera. Su rostro surge a través del color, de la luz y de la sombra, en tonos azules, violetas y naranjas, como si de un personaje de comic se tratara. Los tonos cálidos dominan las luces, mientras la gama fría es de las sombras. Da la impresión de una tecnología humanizada, con rasgos compuestos por medios tecnológicos.

Calle del Río. "Cheka".
Mural de la Calle del Río.

Los colores del retrato de Cheka se prolongan en el fondo y al final del muro con decoración geométrica, de líneas rectas paralelas y contornos curvos, conjugando las gradaciones de color para crear una ilusión óptica de profundidad y de alturas diferentes, con gamas de violetas, azules y grises. Esta composición geométrica lleva el sello de Checa Noguera.

CALLE FÁBRICA

Mural de la Calle Fábrica. Fotografía de Checa Noguera.

Checa llevó este tipo de composición geométrica a la fachada lateral de la casa del nº 6, en la Calle Fábrica, propiedad de las hermanas Martínez Saavedra, muy amigas del artista.

La composición geométrica está basada en gradaciones de azules y utiliza dos de los espacios creados para introducir sus características pinturas caligráficas, donde está escrita la frase todo fluye, nada permanece, del filósofo griego Heráclito de Éfeso. Frase que alude a lo transitorio de la vida, como también lo es este tipo de expresión artística.

PAÑUELO DE CIEN COLORES

"Pañuelo de cien colores". Fotografía de Jonatan Carranza Sojo.

En marzo de 2021, por encargo del Ayuntamiento, Sojo pintó el mural Pañuelo de cien colores, como parte de un espacio dedicado a la fiesta del “Jueves de Comadres”. Caballos y pañuelos típicos, enraizados en la tradición, se lucen en esta fiesta. Por ello, encontramos en este conjunto una escultura en hierro forjado de un caballo, obra de Machaco, y un gigantesco pañuelo de cien colores.

El “pañuelo de cien colores” es una prenda de lana prensada que, por sus vivos colores, es una de las piezas más llamativas del traje regional de muchos pueblos extremeños. El mural es un enorme pañuelo doblado en pico que despliega todo su colorido por la fachada, desde el tejado, y se desliza a ambos lados del viejo portalón como cayera por el torso de una mujer.

CONCLUSIÓN

En resumen, vemos cómo el muralismo también ha llegado al mundo rural y, así, quienes vivimos lejos de las urbes tenemos acceso al arte y disfrutamos de obras únicas y originales. Este fenómeno se explica porque hay artistas enraizados en el medio rural, que han encontrado espacios donde expresar su arte y su medio de vida en el ámbito de “la España vaciada”, pues hay instituciones, asociaciones y empresas que financian sus obras, para mejorar estéticamente edificios y rincones, lo que contribuyen a ampliar la oferta turística en estas zonas. Además, los artistas componen un gremio muy cohesionado por vínculos de amistad, que les ayuda a colaborar y a crear obras de conjunto.

Vecino y natural de Madrigalejo es Sojo, que tiene obras repartidas por gran parte de la geografía regional y nacional, traspasando incluso nuestras fronteras. Caín Ferreras también es de Madrigalejo, como lo es así mismo la madre de Checa Noguera. Por ello los vemos con frecuencia por nuestra localidad, en compañía de Isabel Flores, descansando en sus días libres, y también, con el mono de trabajo y subidos al andamio.

Los murales han sido financiados, en buena parte, por instituciones oficiales: por el Ayuntamiento y por la Diputación de Cáceres. También hemos visto un ejemplo de micro-mecenazgo. Pero, también, los mismos artistas han pintado por amor al arte, en las obras que han realizado con mayor libertad.

Las obras se encuentran en paramentos con buena visibilidad. En ocasiones, han logrado disimular el deterioro de los muros o camuflar sus materiales, mejorando estéticamente el espacio. Además, llevan mensajes implícitos, pues el arte es también un medio de expresión. Hemos visto murales reivindicativos de carácter social –contra la violencia de género o la despoblación de las zonas rurales-; o promoviendo el interés por el patrimonio, la historia, nuestras tradiciones o la cultura, y también la expresión y la creación artística del arte por el arte.

Hablando de arte, hemos encontramos en estos murales distintos géneros artísticos, desde el arte figurativo al abstracto, pasando por bodegones, escenas de costumbrismo, trampantojos, retratos o pintura histórica.

Pero estos murales están expuestos a merced de las inclemencias del tiempo y de múltiples factores, lo que les convierte en obras efímeras y perecederas. Como los artistas de arte urbano son conscientes de ello, lo remedian sacando provecho de la fotografía y de Internet. Las obras fotografiadas se difunden a través de las redes sociales y llegan instantáneamente a cualquier lugar del mundo, garantizando su difusión desde el mismo momento de su creación. 

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

FUENTES:

“Los trampantojos de Romangordo, donde nada es lo que parece”. ELDIARIO.ES. 7 de agosto de 2020.

https://flecha.es/blog/que-es-el-arte-urbano/

https://concepto.de/arte-callejero/

https://www.arteneo.com/blog/arte-urbano-grafitti-arte-mural/

https://psicologiaymente.com/cultura/tipos-arte-urbano https://m.facebook.com/MuroCritico/?locale2=es_ES



[3]“Los trampantojos de Romangordo, donde nada es lo que parece”. ELDIARIO.ES. 7 de agosto de 2020.

[5]Ibídem.


domingo, 9 de abril de 2023

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL ENTORNO DEL PUEBLO DE VEGAS ALTAS

Desde que los alcaldes de Don Benito y Villanueva de la Serena decidieran que el municipio que saliera de la fusión de ambos se llamaría Vegas Altas, el pueblo de “Vegas Altas”, nacido hace 64 años en el término municipal de Navalvillar de Pela (Badajoz), comenzó una lucha por reivindicar su nombre, porque sus vecinos no están dispuestos a compartir la denominación que los identifica. Con este fin, se están movilizando y se han organizado en la plataforma “Vegas Altas ya existe”, a través de la cual defienden sus derechos, el de su nombre primigenio. Esta lucha se ha convertido en una disputa entre David y Goliat.

Entre las actividades que la plataforma está llevando a cabo para dar difusión a esta reivindicación, se celebró el día 10 de marzo la II Conferencia-Coloquio “Vegas Altas: identidad y memoria colectiva”. El evento consistió en una mesa redonda formada por seis ponentes, que aportaron sus conocimientos desde distintos ámbitos. Junto a Esther Sánchez Tapia -Alcaldesa de San Gil (Cáceres)-, Miguel Gregorio Martínez -Secretario General de FEEM Y FAEM-, Antonia Esther Abujeta Martín -Doctora en Historia del Arte e Investigadora de los Pueblos de Colonización Extremeños y Patrimonio Arquitectónico-, Andrés Alberto Amarilla Toril -Cronista Oficial de Santa Marta de Magasca- y Cecilia Gallego Sánchez -Dirigente del bufete de Gallego-Abogados-, participé en esta mesa redonda como Cronista Oficial de Madrigalejo.

Mi ponencia estuvo dedicada a los “Antecedentes históricos del entorno del pueblo de Vegas Altas”, ponencia que a continuación reproduzco, no antes de agradecer a la plataforma “Vegas altas ya existe” que pensaran en mí para colaborar en esta interesante conferencia-coloquio:

 

 

Cuando Óscar, presidente de la plataforma “Vegas Altas ya existe”, me invitó a participar en esta jornada, empecé a plantearme cuál podría ser mi aportación desde el ámbito en el que me muevo, que no es otro que el de la Historia. La Historia de Vegas Altas, desde su fundación, la conocéis vosotros mucho mejor que yo, porque vosotros, vuestros padres y vuestros abuelos, comenzasteis a construirla. Fuisteis pioneros que, con mucho trabajo, dificultades y añoranzas, pero también con una gran ilusión, os embarcasteis en la construcción de una nueva comunidad, la comunidad humana que hoy es Vegas Altas. Ese relato lo tenéis muy vivo aún y, me consta, estáis haciendo todo lo que está en vuestras manos para conservarlo y pasarlo a las siguientes generaciones. Pero, además, seguís haciendo Historia en estos momentos, en esta lucha por defender vuestra identidad, en unidad y cargados de razón.

Por estas razones, pensé que podía ser interesante esbozar los antecedentes históricos del entorno físico donde hoy está enclavado el pueblo de Vegas Altas y sus tierras aledañas. Partiendo de la base de que la Historia la construyen los hombres en su trajinar por un territorio determinado, la presencia humana, con su incidencia en el paisaje, se ha dejado sentir por estos contornos desde tiempos muy remotos.

No podemos saber quiénes fueron los primeros hombres que pisaron estas tierras, pero tenemos la certeza, a través de restos arqueológicos cercanos, de que el hombre estaría presente por estos lugares en sus idas y venidas desde, al menos, dos castros habitados en la Edad del Hierro. Se trata de restos de construcciones prerromanas enclavadas en las cuevas de Villavieja, en la Sierra de Pela, y en el cerro del Castillejo, en Madrigalejo. Los habitantes de aquellos asentamientos pertenecían a los Vetones, pueblo de origen celta que vivían en castros fortificados situados en zonas elevadas y eran eminentemente guerreros y ganaderos. Precisamente esta es la zona más meridional del territorio ocupado por los vetones, cuyo ámbito territorial se circunscribía a las actuales provincias de Salamanca, Ávila, Cáceres y algo de Toledo. Es fácil imaginar a aquellos moradores, guerreros y ganaderos, aunque también cazadores, campando a sus anchas por estos parajes en busca de alimentos y recursos.

Además, las fuentes antiguas hablan de dos ciudades vetonas, que no estarían muy lejanas de aquí, en las que se produjo un gran proceso de romanización. Se trata de Lacimurga, identificada su localización en los restos arqueológicos de Cogollugo, y Lacipea, sobre cuya ubicación no hay teorías concluyentes y en las que no vamos a entrar. Estamos ya en época romana y restos de esta civilización se han encontrado en abundancia por la zona. Además, la calzada 25 del itinerario de Antonino, que unía Mérida con Zaragoza por Toledo, no transcurría lejos de aquí. Estas consideraciones llevan a pensar que también los romanos estuvieron hollando y explotando el terreno que hoy ocupa Vegas Altas.

También debemos referirnos a la presencia islámica en sus 500 años de ocupación en la comarca. Su presencia se constata, por ejemplo, en el topónimo de una de las fincas de la tierra de Vegas Altas, concretamente de “Moheda Bajera”. Moheda es una palabra de origen árabe que significa “lugar oculto con monte espeso”, lo que invita a pensar en una vigorosa vegetación. Uno de los grupos más importantes que deambularon por estos parajes en época musulmana, y de los que se tiene noticias, pertenecía a los Nafza, tribu de origen bereber que tenían su centro en el castillo de Mojáfar, el que hoy conocemos como castillo de la Encomienda, en Villanueva de la Serena. 

El fin de la etapa islámica por estos contornos debemos colocarlo a partir de la toma de Trujillo por los cristianos, en torno a 1232/1234. Desde entonces, el terreno que hoy pisamos empezó a formar parte del alfoz de la “Tierra de Trujillo”, como tierra de realengo. Esto quiere decir que todo este territorio dependía directamente de la Corona, a través de la delegación del poder político y jurídico (civil y penal) en el Concejo de Trujillo. Una de las aldeas del alfoz trujillano era Madrigalejo, a cuyo término pertenecían entonces las tierras donde hoy se asienta Vagas Altas.

El poblado de Vegas Altas está enclavado en la finca “El Campillo”, una heredad que está bastante bien documentada desde antaño. Se sabe que una tal doña Inés fue propietaria de El Campiello -como se conocía entonces- en una fecha anterior a 1362. Y que, en 1382, Sancho Blázquez, quien debía ser su dueño entonces, se la vendió a la Iglesia de Guadalupe por 1.800 maravedíes. Desde esa fecha hasta 1835, el Campillo formó parte de la hacienda de este monasterio, lo mismo que varias fincas aledañas como la Parrilla, el Palacio de Nuño Matheos -lo que hoy se conoce como Palazuelo- o los Cinchos. Y es que la Iglesia de Guadalupe, por la necesidad que tenía de adquirir tierras de pan y de pastos, buscó tierras fértiles, llanas y despejadas en los lugares de Valdepalacios y Madrigalejo, donde se hicieron con un enorme patrimonio. Y digo Iglesia, porque estas heredades fueron adquiridas antes de que se constituyese el monasterio, hecho que tuvo lugar en 1389 con la llegada de la Orden Jerónima. Podemos decir, sin equivocarnos, que los beneficios que se obtenían de la explotación de estas tierras contribuyeron a engrandecer el monasterio, a sostenerlo y a sufragar hospitales, obras pías y obras de arte. Sin duda, los frailes se caracterizaron por administrar sus bienes de la forma más provechosa.

¿De qué forma se explotaron estas heredades? Las fincas en las que actualmente se asientan, tanto el pueblo de Vegas Altas como sus tierras, estaban dedicadas a la labor y a la ganadería. Concretamente, en el “Campillo” se cultivaba cereal (cebada, centeno y trigo), mientras que, en las dehesas de la “Paridera”, “Moheda Bajera” o el “Chaparral” -que llevan topónimos tan sugestivos para el uso pecuario- estuvieron dedicadas a la explotación ganadera, fundamentalmente de ovino. Y ya que hablamos de actividad ganadera, por aquí pasarían también numerosos rebaños de la Mesta, en su trashumancia desde las zonas de montaña hacia las tierras de pastos de la Serena. No olvidemos que un ramal de la “Cañada Real Leonesa Oriental” pasa muy cerquita de aquí.

Todo el tráfago agropecuario que generaba el Monasterio de Guadalupe por estos contornos se administraba desde la Casa de Santa María de Madrigalejo, edificio en el que, en 1516, moriría el Rey Fernando el Católico. Y así fue hasta que, a principios del siglo XVIII, el Monasterio decidió construir otra edificación que descongestionara la gran actividad que soportaba la Casa de Santa María. Es el origen de las llamadas Casas de San Isidro y que hoy conocemos como Cortijo de San Isidro, cuya silueta estáis tan acostumbrados a ver los vegasalteños.

Hablan los documentos que:

“…la obra de la tinada que se haze en el Campillo término de Madrigalejo se comenzó el día 4 de noviembre de 1733 = y se puso la primera piedra el día 11 día de San Dámaso.”[1](Es decir, el 11 de diciembre)

Así, el cortijo de San Isidro se levantó entre 1733 y 1737, siendo prior Fray Alonso de San Juan y estando al frente de las obras el maestro Juan Fernández. Es una construcción de grandes proporciones, fabricada con mampostería, adobe y ladrillo, con puertas y ventanas de cantería labrada[2]. Se planteó el conjunto distribuyendo las distintas dependencias en torno a un gran patio central cuadrangular. Había espacios destinados a la actividad agro-pecuaria, así como aposentos reservados para hospedería y vivienda: había celdas, alcobas con chimeneas francesas, cocinas, hornos, quesera, pozo, caballerizas, graneros y hasta una capilla u oratorio[3]. La existencia de una quesera nos remite también a la transformación de los productos, de la leche de oveja al queso elaborado. Y la capilla parecer ser que contaba con una torrecilla para la campana y todos los aditamentos y objetos sagrados necesarios para celebrar misa, algunos de los cuales procedían de los que se custodiaban en la sacristía del Monasterio[4]. También a través de los documentos sabemos que, hasta el cortijo de San Isidro, se trasladaba el administrador religioso de la Casa de Santa María en vísperas de festivos para oficiar el Santo Sacrificio de la Misa[5].

Si durante varios siglos no hubo cambios en el sistema de propiedad de estas tierras ni en su adscripción jurisdiccional, todo cambió con las reformas liberales del siglo XIX, cuyas leyes afectaron sustancialmente a la zona que estamos tratando. En 1833, se llevó a cabo una reorganización administrativa, a través de la cual se dividió el territorio español en 49 provincias, que se agruparon a su vez en regiones. A partir de entonces, las provincias se convirtieron en el soporte básico de la nueva organización centralizada de la nación, en sus funciones administrativa, judicial, fiscal y también militar. En nuestro caso, la región de Extremadura se dividió en dos provincias: Cáceres y Badajoz. Y si, hasta ese momento, las tierras ocupadas hoy por Vegas Altas habían pertenecido jurisdiccionalmente a la Tierra de Trujillo, la nueva distribución territorial en provincias trazó el límite entre Cáceres y Badajoz en esta zona, de tal forma que, a partir de entonces, pasaron a pertenecer a la Provincia de Badajoz y al término de Navalvillar de Pela, mientras que Madrigalejo pasó a formar parte de la provincia de Cáceres.

Del mismo modo, también las leyes desamortizadoras de Mendizábal supusieron un cambio en la propiedad de estas tierras. Con los decretos de 1835 y 1836, la comunidad jerónima de Guadalupe fue exclaustrada y expulsada del convento, al mismo tiempo que se expropiaron sus bienes para salir posteriormente a la venta en pública subasta. En general, los compradores que accedieron a las tierras expropiadas por la Desamortización fueron personas acaudaladas: burgueses, terratenientes, nobles o funcionarios bien posicionados.  De esta forma, las fincas que hasta entonces habían pertenecido al Monasterio de Guadalupe cambiaron de manos y, en el caso del Cortijo de San Isidro y las fincas Campillo, Paridera, Moheda Bajera y Chaparral, junto con otras dehesas aledañas, pasaron a ser propiedad del Marqués de Gorbea.

Algunas décadas después, en 1878, una peregrinación muy especial pasó por aquí con destino a Guadalupe, formada aproximadamente por unas 50 personas, que habían partido desde Villanueva. Era, a la vez, una marcha cultural, reivindicativa y religiosa, encabezada por el escritor y bibliófilo extremeño Vicente Barrantes, cuya misión era llamar la atención sobre el abandono y la desolación en la que se encontraba en aquellos momentos el Monasterio de Guadalupe tras la expulsión de los frailes jerónimos. A la vuelta, pararon a pernoctar en el Cortijo de San Isidro, donde dicen que fueron acogidos de mil amores. Fruto de aquella peregrinación fue la declaración de Monumento Nacional del Monasterio de Guadalupe al año siguiente[6].

Avanzando el tiempo, ya en el siglo XX, llegamos hasta la Guerra Civil, donde estas tierras fueron escenario de aquel enfrentamiento fratricida, pues aquí estuvo situado el frente bélico desde que comenzó la guerra hasta julio de 1938, cuando se inició la ofensiva que terminaría con la caída de la “Bolsa de la Serena”. 

Fotografía proporcionada por la Biblioteca de Vegas Altas

Como habéis visto, hemos hecho un recorrido a lo largo de los siglos por estos lugares, cuyos recursos agrícolas y ganaderos han sido aprovechados y explotados desde antiguo. Fueron heredades que estuvieron destinada a cultivo de labor en las tierras de pan y a la explotación ganadera en sus dehesas, caracterizándose por un inmovilismo secular. Pero todo esto cambió a mediados del siglo XX con la llegada del regadío del Plan Badajoz, que supuso una transformación radical. Las fincas que en otro tiempo pertenecieron al Monasterio de Guadalupe y, con posterioridad a la casa de Gorbea, pasaron a manos de un buen número de colonos. Y junto al gran cortijo de San Isidro, se creó un pueblo al que se puso el nombre de una comarca recién creada: las Vegas Altas del Guadiana, surgida como consecuencia de la puesta en regadío de estas tierras. El nombre de Vegas Altas para este pueblo fue muy acertado si tenemos en cuenta que estamos en la cabecera de esta joven comarca. Desde entonces, cambiaron los cultivos, cambió la distribución de la tierra, aumentó su rentabilidad, se crearon infraestructuras, se modificó el paisaje y cambió el ecosistema.

Y, a través de este proceso, el pueblo de Vegas Altas, que vive de sus recursos, ha creado comunidad con una identidad propia, conformada por el alma de sus vecinos, que han luchado y siguen luchando por que así sea. Esta comunidad también se ha identificado con su historia y con el trabajo del campo, así eligió por patrón y titular de su parroquia a un santo humilde y entrañable campesino, San Isidro Labrador.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008.

https://www.funcas.es/wp-content/uploads/Migracion/Articulos/FUNCAS_PEE/020art07.pdf

http://cronistasdeguadalupe.blogspot.com/2019/07/vicente-barrantes-siempre-en-la-memoria.html

https://navalvillar.com/conocenos/historia/



[1]ARCHIVO DEL MONASTERIO DE GUADALUPE. Legajo 62. Tomado de J. MALDONADO ESCRIBANO, “Fundación y levantamiento del Cortijo de San Isidro por el Monasterio de Guadalupe:1733-1737”. Norba-Arte, ISSN 0213-2214, vol. XXVII (2007) 111-122, p. 112.

[2]Ibidem.

[3]Ibidem.

[4]Ibidem.

[5]Archivo del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, legajo FAMILIA RODRÍGUEZ-ESTEBAN, Expediente y Respuesta del Fiscal General del Obispado de Plasencia, D. Blas García Cañas, a fray Juan de la Victoria…,pp. 5 y 6.

[6]http://cronistasdeguadalupe.blogspot.com/2019/07/vicente-barrantes-siempre-en-la-memoria.html