jueves, 16 de mayo de 2019

“EL CINE CARMONA EN EL CONGRESO DE CRONISTAS OFICIALES”



Los días 26, 27 y 28 de octubre de 2018 se celebró en Carmona y Sevilla el XLIV CONGRESO de la REAL ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE CRONISTAS OFICIALES. En él presenté la comunicación titulada “El Cine Carmona en Madrigalejo”, por el gran poso que quedó en nuestra localidad en sus seis décadas de existencia y por el evidente nexo entre el nombre de una de las ciudades donde se celebró el Congreso y el patronímico de la familia propietaria del cine. Para la realización del trabajo, fueron fundamentales las conversaciones que mantuve en diversos momentos con Catalina Vicente, viuda de Rafael Carmona, a la que estoy enormemente agradecida. Expongo aquí un resumen de dicha comunicación:



El primer cine
El primer cine que hubo en Madrigalejo estuvo situado en la calle hoy llamada “Héroes de Cobba Darsa”, donde Juan Carmona Gil y Tomasa Cañada Paredes regentaban un bar. En un salón contiguo al bar –de 18 m. de largo por 7, 70 m. de ancho y un aforo de 210 localidades-, se proyectaban las películas, y las entradas para poder acceder se despachaban a través de una ventana con rejas.
En esta sala se proyectaba la película Los Puños de Tom Tyler cuando estalló la Guerra Civil. Por los problemas de comunicación, de transporte y de abastecimiento, esta película quedó pillada en Madrigalejo, y era proyectada una y otra vez –siempre que la situación lo permitía- durante el periodo que duró el conflicto bélico. A pesar de todo, la sala se llenaba de soldados, y seguían la película con sonoras carcajadas.
Cuando muere Juan Carmona hacia1940, su viuda –Tomasa Cañada- y sus hijos continúan con el negocio del cine. Había una función semanal, los domingos, y el precio de las entradas era de 0,80 y 0,40 ptas.
En 1943, la familia Carmona forma una sociedad con el empresario Diego Loro Recio para la explotación del cine. En este momento se incrementó el aforo –hasta 240 localidades-, aumentaron las funciones a dos semanales –los domingos- y subió el precio de las entradas –las había de 1,90, de 1,35 y de 0,75 ptas.-. Al menos hasta 1953 estuvo vigente la sociedad, que el pueblo apodó como “un loro con tres pelos”.



Los nuevos locales
En 1952, Tomasa Cañada Paredes solicita licencia al Ayuntamiento para la construcción de un nuevo local para cine en la calle José Antonio –hoy Valeriano Muñoz-. Se trataba de un cine de verano, regentado por Ángel Carmona Cañada, en el local que hoy ocupa la farmacia Ramos.
El nuevo “Cine Carmona” de invierno lo levantó Rafael Carmona Cañada entre 1958 y 1959, junto al “Cine Carmona” de verano –donde hoy está la cafetería My Friend´s-. Tenía el nuevo local una superficie de 400 m² para un aforo de 360 localidades de butacas –de gutapercha- y de entre 150 y 200 asientos de general. La sala estaba insonorizada con paneles de corcho. Desde la cabina de proyección, dos máquinas funcionaban por medio de carbones.
Solía haber dos funciones –una de temprano y otra de tarde- los domingos y festivos. Los carteles de cada película debían exhibir una cinta de color blanco si iba destinada al público infantil; azul, si era tolerada para todos los públicos; rosa, si era para mayores de 12 años y, cuando la cinta era verde y grana, la película iba destinada exclusivamente para adultos. Además, había espectadores que tenían entradas abonadas, y podían asistir a todas las proyecciones en asientos fijos.



Un espectador muy especial   
Y hablando de espectadores, entre los asiduos asistentes al Cine Carmona, estaba el que después sería un gran cineasta -Pedro Almodóvar-. La familia Almodóvar había llegado a Madrigalejo cuando se estaban realizando las obras del Canal de Orellana, y una vez concluidas estas, su padre, Antonio Almodóvar, se quedó trabajando en la Estación de Servicio de Madrigalejo.
Por tanto, habiendo residido durante su niñez y adolescencia en Madrigalejo, sus primeros contactos con el cine como espectador tuvieron lugar en nuestra localidad. Así lo reconoce en unas declaraciones realizadas en Cáceres en 2018 “…yo en esta ciudad –Cáceres- es donde empecé a ver cine. Venía de Madrigalejo y allí en verano nos ponían spaguetti westerns básicamente…”. A estas palabras podríamos añadir que, dentro del género del spaguetti western, también se encuentran verdaderas obras maestras.
Cuando presenté la comunicación en Carmona, Pedro Almodóvar aún no había filmado su última película, Dolor y Gloria, en la que, entre sus primeros recuerdos, están sus vivencias como espectador en el cine –de Madrigalejo- y sus baños en el río –el Ruecas- junto a las mujeres lavando la ropa.

Cine Carmona de invierno. 
Fotografía cedida por Casi Tapia.

El último cine
Cuando Pedro Almodóvar vivió en Madrigalejo, conoció cinco locales de cine en nuestra localidad: dos de los cines Carmona que se han tratado –el de verano y el de invierno de la calle, entonces José Antonio y hoy, Valeriano Muñoz-, los dos cines de Alonso Carranza –de invierno y de verano- y el nuevo “Cine Carmona” de verano.      
 Este nuevo local fue construido en 1964 por Rafael Carmona Cañada en la calle hoy llamada Valeriano Muñoz, en la acera de enfrente de los anteriores. El patio de butacas tenía un aforo para 824 localidades. Y ya en este cine de verano se proyectó alguna de las primeras películas de Pedro Almodóvar.
En la década de los 70, cuando la sangría emigratoria hacía inviable este tipo de establecimientos, fueron cerrando progresivamente, y solo quedó en activo el último “Cine Carmona” de verano. Cuando la televisión y los vídeo-clubs entraron de lleno en la difusión de las películas de cine, este último local tuvo que echar el cierre al finalizar los años 80, cuando ya estaba en manos de Rafael Carmona Liviano.



Conclusión
 Simplemente añadir que el cine constituyó uno de los medios de evasión y de entretenimiento en los duros años del siglo XX para una buena parte de la población. Además, también fue una gran ventana desde donde se asomaban al mundo quienes apenas tenían posibilidades de moverse de su entorno más cercano. En la actualidad, el cine nos llega a través de medios muy distintos, pero en aquellos años, las salas de cine fueron el gran medio de difusión de masas, y por ello, merece que sea recordada toda su importancia.

(El trabajo está publicado en las actas del XLIV CONGRESO de la REAL ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE CRONISTAS OFICIALES. Vol. II. Sevilla. 2019)

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

miércoles, 17 de abril de 2019

“CRISTO DE LA VICTORIA”


Mi primer recuerdo del Cristo de la Victoria es viéndolo colgado delante de los esgrafiados de la Asunción de María, en el hueco frontal del lado del evangelio, junto al presbiterio de la iglesia de San Juan Bautista en Madrigalejo. En este mismo lugar, hoy está colocada una imagen de la Virgen de Guadalupe, sobre un muro blanco. Después, me fui enterando de que, anteriormente, el Cristo de la Victoria presidía un pequeño retablo barroco, que se hallaba en el mismo sitio. La imagen del Cristo estaba protegida por un cristal y tapada por una cortina, que se descorría en las celebraciones o cuando los devotos lo pidiesen. Le envolvía un halo de misterio que impresionaba a los niños.



El retablo del Cristo de la Victoria se vendió cuando se restauró la iglesia en 1964. Cuando se retiró el retablo y otro de características similares en el lado opuesto, aparecieron unos esgrafiados figurativos. Los esgrafiados de la iglesia ya han sido tratados en un post anterior: 
Aquellos esgrafiados fueron víctimas de la picota en la siguiente restauración de la iglesia, la realizada entre 1992/1994. A partir de entonces, la imagen del Cristo de la Victoria se colocó en el muro izquierdo del primer tramo de la nave, donde continúa hasta hoy.

Fotografía cedida por Choco.          

La pérdida de los esgrafiados debe movernos a reflexionar sobre la pérdida de nuestro patrimonio, del legado hemos recibido de nuestros antepasados y que estamos obligados a cuidarlo y conservarlo para las generaciones venideras.  No olvidemos que quien pierde su patrimonio pierde su identidad. La mejor manera de conservarlo es amarlo y, para quererlo, es necesario que lo conozcamos. Si ya perdimos el retablo y los esgrafiados, por fortuna, todavía conservamos el Cristo de la Victoria, una joya de nuestro patrimonio.

Fotografía cedida por Choco.       

La imagen del Cristo de la Victoria en una escultura de bulto redondo, en madera policromada, que representa a Cristo Crucificado, clavado con tres clavos en la cruz. Es un Cristo vivo, con los ojos levemente abiertos, de gran sobriedad, que nos muestra a un Dios hecho hombre abatido, más que sufriente. La talla quiere buscar cierto naturalismo, a través de una musculatura más esquemática que realista, en un cuerpo desnudo, apenas tapado por el paño de pureza -o perizoma- con nudo. El sufrimiento del crucificado se manifiesta en la sangre del rostro -la que brota de las heridas provocadas por la corona de espinas-, en la sangre de las manos y los pies -lacerados por los clavos-, en la que brota de las rodillas-provocada por las caídas- y la que mana de la herida del costado -traspasado por la lanza-.
El Cristo de la Victoria sigue la estética del Gótico y está datado en una etapa tardía, ya entrado el siglo XVI.

Fotografía cedida por Choco.

En el siglo XVIII, se hicieron intervenciones en su policromía, tanto de la imagen como en la cruz, y en el paño de pureza. La cruz, que en su origen era dorada, se pintó en negro, ocre y con dibujos en verde, como luce en la actualidad. El perizoma –o paño de pureza-, que era dorado y estofado, se cambió a azul y dorado en el siglo XVIII, y le serraron el nudo, para que le pudieran colocar la faldilla púrpura, como correspondía a la estética de la época de vestir a las imágenes con telas. El Cristo tuvo colocada la faldilla hasta 1964.


Fotografías cedidas por Choco

La imagen fue restaurada en 2009 por el Taller de Restauración “Virgen del Rosario”, de Holguera (Cáceres), y sufragada por la cofradía del Cristo de la Victoria. Los trabajos de limpieza, de fijación de la policromía y de restitución de trozos que faltaban fue importante, aunque lo fundamental fue evitar que desapareciera nuestro Cristo a causa de un ataque de xilófagos –insectos que se alimentan de la madera- quepadecía. Gracias a esta intervención, hoy podemos seguir rezando ante su imagen y disfrutando de su estética. Porque el Cristo de la Victoria ha significado –y sigue significando- un pilar importante de la fe popular, ante quien los fieles de Madrigalejo depositan muchas de sus plegarias.   

Fotografía cedida por Choco.

A través de los documentos, sabemos que, en 1575-1576, el Concejo de Acedera vino hasta Madrigalejo en procesión para suplicar a Nuestro Señor que enviase aguas, en tiempo de sequía. Y hasta épocas muy recientes, se ha estado sacando al Cristo de la Victoria y a la Virgen de las Angustias, en rogativas, para pedirles agua de lluvia para nuestros campos en épocas de sequía. Así dicen las coplas:

Al Cristo de la Victoria,
le venimos a rogar,
que nos conceda la lluvia,
que hay mucha necesidad.
***
Entre cuatro labradores,
le sacaron de su casa,
para que vea los campos
la necesidad que pasan.

De 1790 tenemos noticias de cinco cofradías que había en Madrigalejo. La imagen del Cristo de la Victoria era la titular de la "hermandad la de la Cruz", que se celebraba con misa y sermón, con su procesión el día de la invención de la Santa Cruz -14 de septiembre-. Y en el libro de fábrica de la parroquia, se hace alusión al Santísimo Cristo de los Hermanos en 1866 y 1892. Son ejemplos que prueban la existencia de una cofradía relacionada con el Cristo de la Victoria, al menos desde el siglo XVIII.



Fotografía cedida por Casi Tapia.

Llegada la Semana Santa, en las noches de Jueves y Viernes Santo, salían en procesión la Virgen de las Angustias –portada por los niños-, el Nazareno, el Cristo de la Victoria, en Santo Entierro –solo en Viernes Santo- y cerrando la comitiva, la Virgen de los Dolores. Es en las procesiones donde el pueblo, de un modo especial, manifiesta su fervor y su fe ante un Dios hecho hombre que sufre, que padece como y con nosotros. Con faroles y velas, se acompañaba a las imágenes cantando canciones de penitencia, como “Perdona a tu pueblo, Señor…” o “Perdón, oh Dios mío…”. En los últimos años del siglo pasado, las procesiones, en Madrigalejo, habían entrado en decadencia. Costaba encontrar a personas que portaran las andas. Se optó al final por construir andas con ruedas, y que fueran llevadas con más facilidad. Mucha gente sufría ante esta decadencia.

Fotografía cedida por la familia Moreno Hortet.       

Sin embargo, en el año 2000, se creó la “Cofradía del Cristo de la Victoria”, con un numeroso grupo de cofrades. Los lánguidos cantos penitenciales se tornaron en golpes de tambor y toque de trompetas que, con solemnidad, acompañan al Cristo de la Victoria, portado sobre andas nuevas por los cofrades, vestidos de túnica. A esta cofradía se incorporaron poco después la de la Virgen de los Dolores –totalmente femenina-, la del Nazareno y la del Santo Entierro. Desde entonces, nuestra Semana Santa ha vuelto a resurgir y, año tras año, se va superando. Teniendo en cuenta que, para organizar las procesiones, es necesario el trabajo de mucha gente, es una suerte que hayan surgido las cofradías, pues llevan el peso de la organización de los pasos, los engalanan, cuidan de las imágenes, renuevan sus accesorios, etc., en definitiva, contribuyen esencialmente a mantener la tradición que nos ha llegado de nuestros mayores. Desde aquí me gustaría agradecer la gran labor de las cofradías, no solo por su contribución al mantenimiento y conservación de nuestro patrimonio material, sino también porque dan vida al patrimonio inmaterial de una manifestación de fe religiosa acumulada durante siglos. 

Fotografía cedida por Ana Pérez.         

Intentemos, cada uno con nuestras posibilidades, conservar todo este patrimonio para que puedan disfrutar de él las generaciones venideras. De nosotros depende.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

martes, 2 de abril de 2019

“¿RECORDÁIS LOS CABEZUDOS?”



¿Recordáis los cabezudos?
Los cabezudos se hunden en la memoria de las tradiciones, de nuestras fiestas, y con los niños como protagonistas. Los cohetes y el desfile de “gigantes y cabezudos” marcaban el comienzo nuestra “Feria”, en la tarde de su víspera, recorriendo diversas calles del pueblo. Un tropel de niños acompañaba a la comitiva, entre la alegría y el miedo, tratando de esquivar los escobazos de los cabezudos que, con saña, los perseguían.



Aunque hay quien señala el origen de los gigantes y cabezudos en el reino de Aragón y de Navarra, o en el de Sicilia, a finales de la Edad Media, lo cierto es que estos desfiles formaban parte de los festejos de pueblos, villas y ciudades, repartidos por todo el territorio nacional. Y con ellos, la gente disfruta con gran alegría allí donde aún se conserva la tradición.



Hace tiempo que los cabezudos no pisan las calles de Madrigalejo; prácticamente los teníamos olvidados. Sin embargo, gracias a la sensibilidad artística de Jonatan Carranza, que los vio muy deteriorados y abandonados en algunas dependencias, los hemos vuelto a recuperar. Ante la posibilidad de que se perdieran definitivamente, buscó Jonatan un restaurador, una oferta y lo comunicó a la Asociación Cultural “Fernando el Católico”. La Asociación, viendo que lo podía asumir, acordó financiar su restauración, porque son parte de nuestro patrimonio y era nuestro deber recuperarlos. Son auténticas esculturas satíricas de cartón-piedra que merecen ser conservados. ¿Cuál es su antigüedad? No la podemos determinar, aunque “los más viejos del lugar” –con todo el cariño y respeto lo de ‘viejos’- los recuerdan de cuando ellos eran niños.  


Para presentar el resultado de su restauración, durante la Semana Fernandina –del 21 al 27 de enero de 2019- estuvieron expuestos en el Museo Municipal. Y ahora solo queda que los vecinos de Madrigalejo –particularmente los niños- puedan disfrutar de nuevo con los cabezudos y vuelvan a salir otra vez a nuestras calles y plazas, anunciando que llega la fiesta con el tradicional desfile de “Gigantes y cabezudos”.



Guadalupe Rodríguez Cerezo.

sábado, 9 de marzo de 2019

“UN DÍA DE CARNAVAL”



Las coplas y el carnaval han formado parte de nuestras tradiciones. Con estas líneas vamos a tratar de recuperar una “estudiantina” que cantaba la juventud nacida en torno a 1925 y que comenzaba, según las versiones, como “un día de carnaval”, “un lunes de carnaval” o un “en martes de carnaval”. Recuerdo que la cantaba mi madre cuando llegaba el carnaval, y su música la sigo conservando en la memoria, aunque no tanto la letra.
*En un chat de Facebook el 11 de febrero de 2018, Alejandra Agudo planteó el siguiente desafío:
Buenos días y feliz domingo de carnaval…
DECÍA UNA CANCIÓN…
Un día de carnaval,
de gitana me vestí,
entré en un salón de feria,
donde….
¿Quién la sigue?

*Como reconocí la copla, aporté las estrofas que recordaba:
Un lunes de carnaval,
de gitana me vestí,
entré un salón de baile,
donde yo a mi novio vi.
(…)
Estás queriendo a dos mozas,
ahora te las diré yo:
una es alta y morenita,
la otra es más rubia que el sol.

No te cases con la rubia,
vas a ser un desgraciao,
cásate con la morena
y serás afortunao.

Si las lanchas de tu puerta
me sirvieran de colchón,
el umbral de cabecera
y el cielo de cobertor.

*A Alejandra se la había enseñado su tía Vicenta, y añadió más:

Un día de carnaval,
de gitana me vestí,
entré un salón de feria,
donde yo te conocí.

Ven acá bella gitana.
Ven acá, tú, por favor.
Léeme la buenaventura
y el sino que tengo yo.

*Candi García Ciudad comentó: “Qué bonita canción, mi madre aún la canta con sus 92, para 93, años”.

*María Fernández, a quien se la había enseñado su madre, aportó hasta cuatro versiones distintas de la misma canción, incluidos finales muy diferentes:
1ª Versión.
El martes de carnaval
de gitana me vestí,
entré un salón de baile,
donde yo a mi novio vi.

Fue y me dijo, gitanilla,
prenda de mi corazón,
dame la buenaventura
o sino que seré yo.

Tú eres alto y morenito,
y tienes buen corazón,
pero tienes un defecto,
que eres un zalamerón.

Estás queriendo a dos chicas
con la mismita ilusión,
la una es alta y morenita,
la otra es rubia como yo.

No te cases con la rubia,
que serás un desgraciao,
cásate con la morena,
que serás afortunao.

Yo me caso con la rubia,
aunque sea un desgraciao.
La morena no la quiero,
aunque sea afortunao.

2ª Versión
El martes de carnaval
de gitana me vestí,
y en un gran salón de baile,
a mi novio perseguí. (Bis)

Y en la entrada del salón
Hacia mí se dirigió
Un chico muy bien portado
Con muchísima atención. (Bis)

Dígame buena gitana
el signo que tengo yo
Dígame buena gitana
el signo que tengo yo.

Un buen chico sí lo eres
y de muy buen corazón,
pero tienes un problema,
que eres falso en el amor. (Bis)

Tienes dos comprometidas,
comprometidas de amor.
Una es alta y morena,
la otra, rubia como el sol. (Bis)

No te cases con la rubia,
que serás un desgraciao,
cásate con la morena,
que serás afortunao. (Bis)

Yo me caso con la rubia,
aunque sea un desgraciao.
Y no quiero la morena,
aunque sea afortunao. (Bis)

Adiós, Pepe, que me voy,
Que mis amigas me esperan.
Si quieres saber quién soy,
Soy tu novia, la morena. (Bis)

Válgame Cristo bendito,
y la Virgen del Pilar,
que es mi novia la morena,
vestida de carnaval. (Bis)

3ª Versión
El martes de carnaval
de gitana me vestí,
me fui al salón de baile,
por ver a mi novio allí.

Me dijo: gitanilla,
dígame con salero
la gracia que tengo yo,
la gracia que tienes tú.

Que eres un chico muy guapo,
pero muy camelador.
Camelas a dos mujeres,
esas te las digo yo.

Si te casa con la rubia,
Has de ser muy desgraciao,
Cásate con la morena,
Y serás afortunao.

4ª Versión
Domingo de carnaval
de gitana me vestí,
y me fui al salón de baile,
por ver a mi novio allí.

Y me dijo: -Gitanilla,
¿quieres tú hacer el favor
de decirme con salero,
las faltas que tengo yo?

Tú eres un muchacho guapo,
y tienes buen corazón.
Pero tienes una falta,
que es la traición del amor.

Tú quieres a dos mujeres,
de eso me enterado yo;
la una es alta y morena,
la otra, rubia como el sol.

Cásate con la morena,
y serás afortunado.
No te cases con la rubia,
que has de ser un desgraciado.

-Yo me caso con la rubia,
aunque sea un desgraciado.
Y con la morena, no,
aunque sea afortunado.

-No te cases con la rubia
que pronto lo vas a ver,
antes del año que viene,
dos niños has de tener.

Has de tener un rubito
con el pelito rizao,
y has de tener un moreno
que ha de ser afortunao.

-¡Vaya una gitana lista,
que adivina el pensamiento!
Si no fuera gitanilla
trataría de casamiento.

Adiós, Pepe, que me voy,
porque mi madre me espera;
si quieres saber quién soy,
soy tu novia, la morena.

Soy tu novia, la morena,
la que te quiso y te amó,
y tú como ser tan pillo
me jugaste la traición.

*Y Celestina Jiménez aportó la última estrofa:
Si te casas, yo me caso.
Tú estás moza, yo mozo.
Si tú te metes a monja,
yo me meto a religioso.

En este caso, gracias a las redes sociales, hemos rescatado esta copla de carnaval. Y ahora, cada cual, puede quedarse con la versión que más le agrade. Gracias, Alejandra, Candi, María y Celestina, por recordar nuestro patrimonio oral

Guadalupe Rodríguez Cerezo.