jueves, 17 de marzo de 2022

MADRIGALEJO-1922

 

No ocurrieron grandes acontecimientos en nuestra localidad hace exactamente un siglo, pero la vida continuaba su curso, lo que, en definitiva, construye la historia. Asomándonos a los libros de actas de las sesiones del Ayuntamiento, podemos hacernos una idea de los afanes que ocupaban el interés de quienes regían el Consistorio de Madrigalejo en 1922, quiénes eran, cuáles eran sus preocupaciones, qué soluciones aplicaban a los problemas que tenía el vecindario, cómo procuraban mejorar los servicios públicos ajustándose a un presupuesto, la recaudación de impuestos, etc.

Vamos a ver a continuación lo que pudiera ser una radiografía de la vida en Madrigalejo en 1922 a través de las sesiones de gobierno de su Ayuntamiento. No están todos los temas ni los asuntos que se trataron entonces, sino que me he permitido hacer una selección de lo que me ha parecido más significativo para conocer mejor la vida de nuestros abuelos.

¿Quiénes regían el Consistorio?

Desde enero hasta abril de 1922, hasta cuatro personas estuvieron al frente de la Corporación Municipal. El Alcalde, D. Manuel Campos Carrasco, había presentado su renuncia al cargo por enfermedad acompañada de una certificación facultativa el 8 de noviembre de 1921. Sin embargo, la Corporación no admitió su renuncia y, mientras estaba de baja, el primer Teniente de Alcalde, D. Damián Ramos Regidor, presidía el Ayuntamiento en funciones. D. Manuel Campos interpuso un recurso de alzada contra esta decisión del Ayuntamiento ante la comisión provincial; comisión que, el 14 de enero, avaló la renuncia del alcalde, estimando su recurso por las pruebas aportadas. La Corporación Municipal, en sesión del 22 de enero, no tuvo más remedio que aceptar su renuncia y acordó nombrar, como Alcalde, al concejal de mayor edad, D. Sebastián Rubio Calzado, quién desempeñó el cargo hasta el 1 de abril, día en el que entraba una nueva Corporación.

Hasta este día, aparte de los señores Campos Carrasco, Ramos Regidor y Rubio Calzado, los concejales que formaban el Ayuntamiento eran:

-D. José Pérez Regidor

-D. Antonio Hernando Ramos

-D. Juan Moreno Durán

-D. Narciso Granjo Arroyo

-D. Antonio Gallego Ramos y

-D. Simón Carranza Sierra.

 


El 1 de abril cesaron en sus funciones D. José Pérez Regidor, D. Antonio Hernando Ramos y D. Juan Moreno Durán, a quienes se les agradeció los servicios prestados. Este mismo día tomaron posesión de sus escaños los concejales proclamados en el mes de febrero:

-D. Sebastián Rubio Calzado

-D. Guzmán Fernández Rentero

-D. Manuel Campos Carrasco

-D. Pedro Arroyo Sánchez

-D. Damián Ramos Regidor

-D. Simón Carranza Sierra

-D. Antonio Gallego Ramos

-D. Benito Carranza González

-D. Pedro Sánchez Nieto y

-D. José Saavedra Garvín.

Por mayoría absoluta salió elegido como Alcalde D. Guzmán Fernández Rentero. 

Los terrenos comunales

Uno de los asuntos que ocupaban buena parte de la tarea del Consistorio era el de los terrenos comunales: la Dehesa del Monte, el Concejil o el Ejido. Los vecinos explotaban las dehesas comunales a partir de las bases reguladas por el plan de aprovechamiento forestal, que cada año debía aprobar la Superioridad Provincial. Para su explotación, se hacían lotes que, después, se sorteaban públicamente entre quienes optaban a ellos. Los lotes sobrantes y que no habían sido adjudicados, volverían a sortearse entre los hijos que se hubieran emancipado de sus padres por haber contraído matrimonio.

Algunos vecinos presentaron escrito de reclamación por no habérseles adjudicado lotes en la Dehesa del Monte y del Concejil, basándose en no estar delimitadas de forma legal o por ser deudores. Fueron atendidas las reclamaciones de ocho vecinos.

También se regulaba el aprovechamiento de la rastrojera de la Dehesa del Monte y del Concejil.

Beneficencia

Cada año se confeccionaba una lista de familias que, por sus escasos recursos, estaban acogidos a la beneficencia. A estas familias, el Ayuntamiento les subvencionaba los gastos que pudieran tener de recetas farmacéuticas. Las recetas eran adelantadas por los farmacéuticos y después las pasaban al cobro al Consistorio. Los farmacéuticos, en aquel tiempo, eran D. Anselmo Delgado Barranquero y D. José Ramos Sánchez –abuelo del farmacéutico actual, D. José Ramos Cerezo-.

Además, en aquel año, el Ayuntamiento también acordó una subvención destinada a una familia que carecía de recursos y en la que habían nacido gemelos.

El reloj público

El reloj público municipal, situado en la torre de la iglesia, estaba considerado un servicio público esencial para el vecindario, ya que los horarios de las actividades laborales, así como de los actos religiosos y sociales de la localidad, se regían por él. En sesión del 12 de febrero, se da cuenta del mal estado en el que se encuentra el reloj público y se autoriza al Sr. Alcalde –D. Sebastián Rubio- para que gestione su arreglo o la compra de otro, según lo que más convenga.

En agosto, siendo entonces concejal el Sr. Rubio Calzado, solicita que se tenga en cuenta el acuerdo del 12 de febrero -que no se había cumplido- respecto a la necesidad de que el pueblo cuente con un reloj público. De nuevo, la Corporación reconoció esta necesidad y se facultó al Sr. Alcalde para que gestionara, bien el arreglo del viejo, o la adquisición de uno nuevo, para lo cual se votó la disposición de 4.000 ptas.

Máquina del reloj municipal en activo hasta 2018.
¿Sería este el que se gestionó su adjudicación en 1922?
Seguiremos investigando.

En octubre, después de que un relojero de Logrosán –D. Daniel Moreno- presentara un escrito para el arreglo del viejo reloj público, la Corporación acordó por unanimidad desechar el proyecto de su compostura y, ratificando acuerdos anteriores, comprar uno nuevo. Para ello, otorgaron el más amplio poder al Alcalde para que gestionase su adquisición sin dilación.

El reloj público siguió dando que hablar en otra sesión. El concejal Sr. Gallego no entendía cómo se había decidido comprar un reloj nuevo si no se había hecho reconocer el viejo. Respondió el Sr. Rubio Calzado que, en los 25 años que llevaba con cargos en el Ayuntamiento, había tenido ocasión de ver componer en numerosas ocasiones la máquina del reloj, sin que ninguna diese el resultado esperado. Y teniendo en cuenta que su instalación databa de 1870 y que su engranaje debía estar muy desgastado y rotos algunos elementos, viendo la necesidad y el clamor general del vecindario por la adquisición de un nuevo reloj, se consignó en presupuesto la cantidad necesaria para ello. Por esta razón desecharon siempre la compostura del viejo reloj. 

Los mozos de reemplazo

Los mozos que eran llamados a filas para el Servicio Militar debían pasar antes un reconocimiento médico, además de inocularles las vacunas correspondientes y tallarles. Para el reconocimiento y vacunación se nombró a los médicos titulares D. Francisco Sánchez Sánchez y D. Antonio Fraile Pizarroso y, como tallador, a D. Agustín Pachón Álvarez.

Después se procedería a la clasificación y declaración de soldados, así como a la revisión de las excepciones.

El alguacil encargado de hacer el ingreso en caja de los reclutas fue D. Segundo Jiménez Manzanedo.

Muchos de aquellos mozos de reemplazo salían entonces por primera vez de estos contornos para adentrarse en una verdadera guerra, la que se estaba desarrollando en el Norte de África, en el Rif.

 


Homenaje a Gabriel y Galán

En febrero se recibió una carta del Gobernador Civil de la Provincia pidiendo la suscripción para contribuir al homenaje de Gabriel y Galán. La Corporación acordó por unanimidad que el Municipio aportara 10 ptas. y que se instruyera el expediente para constituir la junta local destinada a recaudar fondos destinados a un monumento dedicado a Gabriel y Galán.

Pocos años después, en 1926, se inauguró en Cáceres la escultura homenaje a Gabriel y Galán, realizada en bronce por Pérez Comendador, que lo ganó en concurso público. Está situada en el inicio del Paseo de Cánovas. ¿Sería para este monumento la recaudación de aquellos fondos?

Urbanismo

En varias ocasiones, aparecen los expedientes de casas de nueva construcción, que debían pasar por la comisión de urbanismo para señalar la alineación de los edificios con respecto a la línea de la calle en la que se situaban.

En 1922, los vecinos de la Calle Recio presentaron un escrito al Ayuntamiento solicitando el arreglo de dicha calle. Se accedió a su petición, aunque se llevaría a cabo después de haberse ejecutado las obras en la calle San Francisco, cuyos vecinos lo tenían planteado con antelación. ¡Vamos, que el cumplimiento de la intervención iba con retraso!

Jornales de los braceros  

Se establece que el jornal regulador del bracero en la localidad y su término estuviera en 3,50 ptas. para el año 1922.

Parada de sementales

En el año que estamos tratando, se estableció durante unos días en Madrigalejo una parada de caballos sementales del ejército. Para dar cobijo a este servicio, se preparó el corral de concejo con vallas y tablados y se blanqueó la cuadra destinada a los equinos. Este importante servicio ocasionó una serie de gastos para sufragar raciones de paja, carbón, petróleo o cebada, además del pago de alojamiento de dos soldados encargados de la parada de sementales.

Fuentes públicas

Una cuestión de sanidad y de salud pública para el vecindario es poder contar con suficiente agua para beber y de calidad. Pero cuando el agua corriente no llegaba a los hogares, el asunto podía ser muy preocupante.

En las primeras décadas del siglo XX, cuando solo se contaba con una fuente pública de agua para beber y se estaba produciendo un importante incremento de la población, era un asunto de primera necesidad atender a su demanda y velar para que este bien tan esencial estuviera en las mejores condiciones.

Fuente de los grifos

En primer lugar, para cuidar la calidad del agua, había que evitar que cualquier elemento extraño o animal muerto cayera en la “fuente pública de beber”. Por ello se acordó colocar en dicha fuente una tapadera de madera o tela y, además, en los meses de julio y agosto, poner un vigilante. Hay que tener en cuenta el peligro en los meses de verano, pues el calor favorece la propagación de microorganismos patógenos.

Por otra parte, el concejal Sr. Benito Carranza expuso la necesidad que tenía el vecindario de contar con otra fuente pública, por lo que propuso construir otro pozo en el sitio de la Carrizosa o Cardizosa, que tuviera suficiente caudal de agua para surtir a la población. (Se trataría del pozo que se abrió junto a la antigua fuentecilla de la Carrizosa). Y en otoño, ya se estaba procediendo al encañado de esta nueva fuente pública de beber.

Alimañas y aves de rapiña

Si en la actualidad existe una gran protección hacia los animales, no hace tanto tiempo era usual pagar a las personas que presentaran algún ejemplar muerto de alimañas, porque ponían en peligro a los animales domésticos y a los ganados. Así, a lo largo de 1922, se pagó por el registro de varios zorros, jinetas, águilas, etc.

Medios de Comunicación

La reivindicación de que la localidad contara con medios de comunicación aceptables ya se venía produciendo desde antaño. En esta ocasión se refieren al servicio de Correos y al teléfono público.

Así, el concejal Sr. Campos rogó a la presidencia que dirigiera un atento oficio al administrador de Correos de Zorita para que pusiera mayor celo en la remisión de los documentos con destino a Madrigalejo, en vista de los retrasos con los que se recibía la correspondencia en nuestra localidad.

Y el concejal Sr. Rubio se une a la petición de su compañero Sr. Campos y, además, protesta enérgicamente por el abandono que la Corporación viene arrastrando, desde tres o cuatro años atrás, por no hacer caso a la instalación de un teléfono público, que ya tenían concedido.

Cementerio

El nuevo cementerio llevaba ya algunos años abierto (desde 1911), aunque no disponía de depósito de cadáveres. A propuestas del concejal Sr. Campos, se empieza a hablar de su necesidad y a estudiar detenidamente el asunto. En la penúltima sesión del año, se propone consignar en el presupuesto una cantidad para la construcción del depósito de cadáveres municipal.

 


Escuelas Públicas de ambos sexos

El día 1 de septiembre de 1921 se inauguraron las Escuelas Públicas de ambos sexos. Es el edificio donde actualmente se encuentra la Biblioteca Pública Municipal y el Nuevo Centro de Conocimiento, situado en la calle Lorenza Gallego, esquina con Curro Broncano.

Inscripción de homenaje a la benefactora de las Escuelas Públicas

Estas escuelas tenían aún algunas carencias, por lo que en 1922 se fueron atendiendo varias de esas necesidades, como la colocación de verjas, el mobiliario para la “cantina escolar”, la gestión de solares adicionales, la apertura de la calle de acceso, etc.-. La “cantina escolar” sería lo que hoy conocemos como “comedor escolar”.

 


Adquisición de un microscopio

El Inspector Municipal de Carnes -el veterinario- era la persona encargada de velar para que la carne tuviera las condiciones idóneas para ser consumida. Especialmente importante para la salud pública era detectar posibles casos de triquinosis en los cerdos destinados, tanto a la venta de carne en las carnicerías, como a las matanzas domiciliarias. Para el veterinario, el microscopio era el instrumento esencial y necesario con el que poder realizar el reconocimiento de carnes y detectar así posibles enfermedades que pudieran ser transmitidas a los consumidores.

En 1921, el inspector de carnes del municipio, D. Julián Pino Calderón, había dirigido un escrito a la Alcaldía poniendo de manifiesto que el pequeño aparato microscopio del municipio era insuficiente y carente del material auxiliar necesario, por lo que no podían hacerse los reconocimientos de carnes con él en las mejores condiciones. La Corporación, una vez enterada, comunicó al inspector de carnes que continuara con el mismo aparato durante el año en curso, pues las circunstancia financieras y económicas por las que atravesaba el municipio impedían hacerse cargo de su desembolso y, añadían, porque el microscopio con el que se contaba hasta la fecha llevaba dando excelentes resultados durante años.

Pero ya en diciembre de 1922, se dio orden de pago de 324 ptas. a la Casa Metzger S. A. de Barcelona por el importe de un microscopio y del material para el mismo, destinado al reconocimiento de carnes del municipio.


Y hasta aquí, la mirada retrospectiva a 1922.

Algunas de aquellas propuestas se quedarían en agua de borrajas, como la adquisición de solares para casas para los maestros; otros asuntos los hemos pasado por alto, como la cuestión de impuestos o la campaña contra la extinción de plagas de langostas, de la que ya se ocupó “Luz de Candil” en otra ocasión. Pero con lo expuesto, hemos podido acercarnos a las cuestiones que ocupaban y preocupaban a los vecinos y a sus autoridades hace exactamente una centuria. Pueden parecernos pequeños pasos que se daban, pero, sin duda, fueron avances que mejoraron la vida cotidiana de aquellas personas.  

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 


miércoles, 26 de enero de 2022

ACTOS FERNANDINOS LIMITADOS POR LA PANDEMIA

Desde 2012, Madrigalejo viene celebrando cada año la “Semana Fernandina” en torno al 23 de enero, fecha de la efeméride de la muerte del Rey Fernando el Católico en nuestra localidad. La pandemia que estamos sufriendo a causa del COVID hizo que el año anterior (2021) se interrumpiera y no pudiera celebrarse, pues aparte de las limitaciones generales, Madrigalejo estuvo cerrado perimetralmente entre el 9 y el 22 de enero, ambos inclusive. 

Acaba de pasar el 506 aniversario de aquel memorable acontecimiento y, de nuevo a causa de la pandemia, los actos conmemorativos de la “Semana Fernandina” de 2022 también se han visto afectados, celebrándose a medio gas. Por una parte, el Ayuntamiento organizó un acto simbólico al aire libre al caer la noche del 22 de enero, en la plaza Fernando el Católico. Ambientado el exterior de la Casa de Santa María con velas y con música de la época de los Reyes Católicos, se procedió a la lectura de un texto rememorando los acontecimientos sucedidos aquellos días de enero de 1516. Así decía:

Desde varios días atrás, había una gran agitación en todo el lugar de Madrigalejo. Sus vecinos estaban acostumbrados a ver pasar a peregrinos, que iban y venían hacia Guadalupe, que pernoctaban aquí, incluso, a veces, se dejaba ver alguna gran personalidad, lo que causaba gran revuelo. Pero, en esta ocasión era diferente. Era el mismo Rey quien se alojaba en la Casa de Santa María. Aquellos que lo habían visto pasar comentaban que nada tenía que ver con aquel aguerrido y vital monarca que les había visitado en otras ocasiones. Se hablaba que venía muy enfermo.

La reina Germana acababa de llegar. Venía desde Aragón sin descansar día y noche, porque le habían dicho que la situación era crítica. Más apurada aun, cuando le comentaron que la campana de Velilla de Ebro había vuelto a sonar sin que nadie la moviera, lo que era signo de mal augurio.

Algunos recordaron entonces las palabras de aquel adivino, que había pronosticado que el monarca moriría en la villa de Madrigal. ¡Y bien se guardaba él de no entrar en Madrigal de las Altas Torres! Pero, ¿acaso no es Madrigalejo el diminutivo de Madrigal?     

Era 22 de enero de 1516, atardecía. Tras una jornada de tensión contenida y de frenético trabajo, por fin los escribanos habían terminado a tiempo las últimas voluntades del monarca. Y con extrema gravedad, aunque en plenas facultades, con mano temblorosa, pudo por fin el rey Fernando otorgar su postrer testamento, aquel que dejaba bien atado el futuro de los reinos hispánicos.

Llegó la calma. Los asuntos terrenales que tanto preocupaban estaban resueltos. Era el momento de que el monarca se preparara espiritualmente para rendir cuentas ante el Creador. Sabiendo que la vida se le acababa, con gran serenidad, recibió el Santísimo Sacramento y pidió la Unción, que le fue dada a continuación. Después, entró en agonía.

Fueron unas horas de tensa espera. Pasó la media noche y nadie dormía en la Casa de Santa María. Con la tenue luz de las velas y el mortecino murmullo de los latines, se velaba al gran rey Católico. Familiares, consejeros, funcionarios, obispos, religiosos, sirvientes… todo su acompañamiento permanecía expectante. El soberano se debatía entre la vida y la muerte, vestido ya con su mortaja, con el hábito de Santo Domingo, para esperar el desenlace final. Junto a él, la reina Germana le acompañaba en sus últimos momentos.

Y también, en silencio y con sus oraciones, el pueblo de Madrigalejo permanecía en vigilia velando a su Rey.

 Era ya la madrugada del día 23, una fría madrugada de enero -miércoles, día de San Ildefonso, para más señas-, cuando el monarca dejó la presente vida. El Rey había muerto.

La Casa de Santa María lloró y, con ella, todo Madrigalejo.  Lorenzo Galíndez de Carvajal, uno de los consejeros que fue testigo de los hechos, dejó escrito: “Nuestro Señor le quiera perdonar, que buen Rey fue”.

Poco después volvió la agitación. Había que abrir el testamento; aquel que unas horas antes había sido firmado y sellado. Era necesario conocer lo que el difunto había dispuesto acerca de su enterramiento. Y delante del representante del Príncipe Carlos -Adriano de Utrech-, y de los consejeros y testigos de su firma, se abrió el documento con las últimas voluntades del monarca. El cuerpo sin vida del rey Fernando el Católico debía ser enterrado junto con el de la Reina Isabel, su primera esposa, en la ciudad de Granada, por lo que el cadáver debía ser preparado para su último viaje.

De todos aquellos acontecimientos, Madrigalejo y sus vecinos fueron testigos presenciales; un legado histórico excepcional que ahora estamos conmemorando en su 506 aniversario.

Y el día 23 de enero, la Asociación Cultural “Fernando el Católico” organizó una charla con el tema “La Casa de Santa María. Nuevas aportaciones”, cuya ponencia recayó en mi persona, como Presidenta de la Asociación Cultural y como Cronista Oficial de Madrigalejo. Así, tomando como base los trabajos que ya estaban publicados anteriormente sobre la Casa de Santa María – U. RUBIO CALZÓN: “La Casa de Santa María de Guadalupe en Madrigalejo”, Revista Alcántara, 1979, y L. RODRÍGUEZ AMORES: “La Casa de Santa María”, Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, capítulo XVIII, 2008-, la ponencia recordó todo lo que, hasta el momento, se conocía de lo que fue la Casa de Santa María a través de las fuentes documentales, bibliográficas y por los restos que han llegado hasta hoy de aquel edificio y, además, aportó nuevas fuentes que pueden arrojar algo más de luz al estudio de la histórica casa. Las nuevas fuentes estaban referidas al descubrimiento del aljibe de la casa y a dos documentos que, con origen en el Monasterio de Guadalupe y por distintos avatares, habían estado en posesión de la familia Esteban Rodríguez. Tienen gran interés dichos manuscritos porque se refieren a asuntos relacionados con la presencia de la Iglesia de Guadalupe en el lugar de Madrigalejo, donde tuvo una gran hacienda a lo largo de unos 500 años y, por tanto, aportan información añadida sobre la Casa de Santa María.

Además, la página web de la asociación cultural publicó dos post relacionados con el rey Fernando y con la Casa de Santa María. Estos son sus enlaces:

https://www.fernandoelcatolico.org/el-escudo-de-los-reyes-catolicos-en-la-casa-de-santa-maria/

https://www.fernandoelcatolico.org/vinculacion-de-san-ildefonso-con-madrigalejo/

Nuestro deseo es que el próximo año podamos reanudar la celebración de la “Semana Fernandina” en Madrigalejo con toda la fuerza que merece tan gran acontecimiento.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

domingo, 26 de diciembre de 2021

UNA CONVULSA Y TRISTE NOCHEVIEJA

 


Si en la actualidad asociamos las campanadas con la Nochevieja, el 31 de diciembre de 1838 las campanas de la iglesia de Madrigalejo debieron llamar a la población de una forma frenética y para nada festiva. Hasta hace algunas décadas, las campanas eran el medio habitual para avisar y comunicar a los vecinos cualquier evento o eventualidad, con un código previamente establecido. Con su toque habitual, se llamaba a los fieles a los actos litúrgicos y a la oración, o el escuchar su doble lastimero era señal del fallecimiento de algún vecino, lo mismo que hoy. Pero antiguamente, además, al son de campana tañida, se convocaba a los lugareños para asistir a la Junta de Concejo, donde se trataban las cosas “tocantes y pertenecientes” al bien común del lugar. Y si había un sonido que nadie quería escuchar y que ponía los pelos de punta, era cuando se tocaba a “rebato”, es decir, cuando se avisaba a la población de un peligro inminente y del que tenían que salir a defenderse. El más habitual de los peligros con los que se enfrentaron durante siglos era cuando ardían los campos y los vecinos acudían rápidamente a la llamada para apagar el fuego.

Aquel último día del año de 1838 las campanas de la torre tocaron a rebato con especial desenfreno, porque sobre la población se cernía un gran peligro: se acercaba la temible partida manchega de los “Palillos”, una banda de guerrillas de las que combatían en la primera Guerra Carlista. Este hecho está recogido en el capítulo 32 del libro Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, de L. Rodríguez Amores (pp. 441-445)[1].

 Las guerras carlistas

Fernando VII firmó, en su lecho de muerte, el restablecimiento de la “Pragmática Sanción”, por la cual se derogaba la “Ley Sálica” implantada por Felipe V en 1713, ley que no permitía el acceso al trono de las mujeres siempre que hubiera un varón en una línea sucesoria colateral. Al morir el monarca en 1833, heredó el trono su hija Isabel, de tres años, y que, por ser menor de edad, asumió la regencia su madre, la reina Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias. La derogación de la Ley Sálica fue la excusa para que se levantara una buena parte de la sociedad española contra el régimen constituido, en lo que se llamarían las Guerras Carlistas.  Aunque, en realidad, el enfrentamiento de dos concepciones políticas opuestas fue la esencia de todo el conflicto. Por una parte, estaban los seguidores del infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, que defendían una monarquía tradicional, según los valores del Antiguo Régimen, cuyo lema era “Dios, Patria y Rey”. Era el bando carlista. Y, por otro lado, estaban los isabelinos o cristinos, partidarios de Isabel II y de la regente Mª Cristina, que se apoyaron en los liberales moderados para mantenerse en el trono, que promovían seguir llevando a cabo una serie de reformas políticas a través de un gobierno constitucional y parlamentario.   

 

El conflicto se enquistó a lo largo del siglo XIX, llegando a sucederse hasta tres guerras carlistas: la primera entre 1833-1840, la segunda entre 1846-1849 y la tercera entre1872-1876. Los carlistas no tenían una estructura militar bien organizada, frente al ejército gubernamental que sí lo estaba; por ello, la lucha de los rebeldes se desarrollaba en forma de guerra de guerrillas a través de una serie de “partidas” distribuidas por distintos territorios, que se movían con rapidez. Estas partidas guerrilleras crearon un gran clima de inquietud en la población rural, pues, con la excusa de hacerse con recursos para su causa, saqueaban los pueblos, arrasaban cosechas y se llevaban todo lo que encontraban a su paso.

 

La banda de los Palillos

Al frente de la llamada banda de los “Palillos” estaban los hermanos Vicente y Francisco Rujero, naturales de Almagro y antiguos militares que habían sido degradados en las reformas de la milicia que había practicado el gobierno en el reinado de Fernando VII. Esta partida, con 200 hombres a caballo, venían de hacer sendas incursiones en Almagro y en Talarrubias, sin encontrar apenas oposición.

Ante la amenaza de que se aproximaba a Madrigalejo la temible partida de los Palillos, los vecinos, avisados por el toque de las campanas, salieron con sus viejas armas a defenderse. Y los carlistas, que venían de victoria en victoria, se encontraron con los paisanos haciéndoles frente. Entraron los guerrilleros y cayó en sus manos aproximadamente una tercera parte de la población; mientras tanto, algunos vecinos se habían encerrado en la iglesia para aguantar el ataque hasta las últimas consecuencias.

Como venganza por la resistencia encontrada, y antes de emprender la retirada, la partida de los Palillos dejó una gran desolación: doce personas fallecidas, numerosas casas quemadas -26 según algunas fuentes o 40 según otras-, saquearon todas aquellas a las que pudieron acceder y quemaron numerosos enseres del Ayuntamiento, entre ellos, una parte del archivo municipal.

El día después

Fray Crispín Aynat, franciscano del convento de Puebla de Alcocer que era entonces párroco en Madrigalejo, dejó recogido en el libro de difuntos del archivo parroquial el entierro colectivo de la mayor parte de las víctimas, que tuvo lugar el 1 de enero de 1839. Sus nombres eran los siguientes:

 

-José Rodríguez, viudo de Librana Puerto.

-Juan Fernández, marido de Mª Jerónima Liviano.

-Francisco González, conjunta persona de Catalina Moreno.

-Luisa Arroba, mujer de Andrés Romero.

-María Fernández, conjunta persona de Francisco Sojo.

-Gregorio Arnaz, conjunta persona de Mª Bera, natural de Caravaca de la Cruz, reino de Murcia y vecino de Llerena.

-Andrés Moreno, marido de Francisca Canchalejo, natural y vecino de Orellana la Vieja.

-Mª Jimeno, viuda de Juan Francisco, natural y vecina de Navalvillar de Pela.

-Vicente Canal, marido de Josefa, y natural y vecino de Orellanita.

-Antonio Tapias, natural y vecino de Villanueva de la Serena.

 

Informa fray Crispín que todos resultaron muertos en la desgracia que sufrió este pueblo ayer 31 de diciembre, día de San Silvestre, por la facción titulada de “Palillo”. Se hizo Oficio General de Difuntos, gratis, con Misa Cantada. Fueron enterrados en el Camposanto del lugar, el que hoy conocemos como cementerio viejo, que estaba situado entre las actuales calles Pizarro y Avda. de Villanueva de la Serena.

 

Y terminamos

Los testigos recordarían toda su vida aquel acontecimiento tan aciago. Entre los más afortunados, estarían quienes perdieron por el fuego o el saqueo bienes materiales. También nos dolemos por el menoscabo de una parte de nuestro patrimonio común, como fueron los legajos del archivo municipal quemados, de los que ya nunca conoceremos lo que allí estaba escrito. Pero, entre las familias que perdieron algún miembro en aquel desdichado día, su recuerdo pasó de generación en generación. Y así ha llegado hasta hoy lo sucedido a María Fernández -mujer de Francisco Sojo-, tatarabuela de mi padre, quien fue abordada por los carlistas con una serie de preguntas, a las cuales no respondió. Esta actitud de no colaboración le costó la vida, aunque no fue por un acto de heroísmo, sino porque la pobre era más sorda que una tapia.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.



[1]Las noticias están tomadas de las siguientes fuentes:

-ANTONIO PILARA, Historia de la Guerra Civil y de los partidos liberal y carlista, hasta le regencia de Espartero. 2ª Edición. Imprenta y Librería Universal. Madrid. 1869.

- JUAN PÉREZ DE GUZMÁN Y GALLO, “Crónica de la Provincia de Cáceres”. Crónica General de España o sea Ilustrada y Descriptiva de las provincias…Tomo X.  Madrid. 1870.

-Diccionario Madoz.

-Archivo Parroquial de la Iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo.

-Tradición oral familiar.


lunes, 1 de noviembre de 2021

UN DÍA DE 1720 EN MADRIGALEJO

 


Como en otras ocasiones en las que había algún asunto que afectaba a la comunidad, el 29 de enero de 1720, se celebró reunión del Concejo de Madrigalejo, en las casas de ayuntamiento –de “ajuntamiento”, donde se juntaban-, que había sido convocada a “son de campana tañida”, como era el uso y la costumbre. El cabildo o reunión de Concejo lo convocaban “las justicias” para que acudieran los vecinos de la localidad, pues era una reunión abierta. “Las justicias” –o lo que es lo mismo, las autoridades que regían el Concejo- estaban compuestas por dos alcaldes ordinarios, dos regidores y el procurador síndico del común, cargos que se renovaban cada año en el día de San Juan Bautista.

Los Alcaldes Ordinarios ejercían la función de jueces municipales. Eran dos porque uno de ellos era el representante del estamento nobiliario, mientras que el otro se encargaba de las causas del pueblo llano. En enero de 1720, los alcaldes de Madrigalejo eran Bartolomé García Arias y Juan Sánchez Loro. Los Regidores eran los concejales y sus nombres eran Juan Cortés y Melchor Olalla. Por último, Alonso Gil Jiménez era el Procurador Síndico del Común, cuya función era promover los intereses de los vecinos y defender los derechos del pueblo.

A la llamada del Concejo acudieron los siguientes vecinos:

Gregorio Benito

Juan Jiménez Díaz

Alonso Gil Jiménez el viejo –para diferenciarlo del procurador síndico que se llamaba igual-

Miguel Fernández Cortés

Francisco Moreno

Bartolomé Fitara

Juan Orejudo

Juan García Iglesias

Felipe Benito

Juan García Moreno

Antón Falaya

Francisco Martín Moreno

Blas González

Miguel Fernández Moreno

Juan Sánchez Caballero

Francisco Solís

Bartolomé Sánchez Malpartida

Juan Rodríguez David

Domingo López

Diego Pizarro

Juan de Madrid

Diego Largo

Juan Cano

Martín Sierra

Andrés Bermejo y

Andrés Palmerín.

Motivo de la reunión

Cuando dio comienzo la reunión del Concejo, las justicias informaron de la visita que el Corregidor de la ciudad de Trujillo había efectuado a la localidad en los días precedentes. Los corregidores eran funcionarios reales; eran los representantes del Rey en una circunscripción determinada, formada por varios municipios, a la que se llamaba corregimiento. Residían en la ciudad principal del territorio, que era la cabeza del corregimiento, donde ejercían de alcaldes. Tenían la función de controlar a los regidores, fiscalizar las haciendas locales y la calidad de los abastecimientos, y ser jueces de justicia en lo civil y en lo criminal. Sus mandatos solían durar tres años. 

El lugar de Madrigalejo pertenecía al corregimiento de Trujillo, porque formaba parte de la jurisdicción de esta ciudad. Ostentaba el cargo de Corregidor de Trujillo en el trienio de 1717 a 1720 D. Matías Crespo Suárez, una persona muy celosa de sus funciones. Y la visita que realizó a Madrigalejo no fue precisamente de cortesía; al contrario, correspondía a lo que se llamaba “visita y residencia”, mecanismo por el que se inspeccionaba, in situ, la administración del Concejo.

Una vez que los vecinos fueron informados de la “visita y residencia” que había efectuado el Corregidor, se les comunicó las disposiciones que había establecido para que fueran cumplidas por el Concejo. Fueron las siguientes:

Control y gestión de impuestos

La gestión de los impuestos de los concejos corría a cargo de sus justicias y regidores, que debían ser ayudados y presididos por los corregidores. La recaudación de los tributos en los municipios estaba basada en el sistema de “encabezamientos”, a través del cual, a cada concejo se le asignaba un nivel de riqueza por el que debía contribuir. Y esta contribución se cobraba a los vecinos por el método de “repartimientos”, es decir, por derrama entre los vecinos pecheros de la cantidad con la que debía contribuir cada localidad. Recordemos que ni el estamento nobiliario ni el clero pagaban impuestos, solo el estado llano, los pecheros –es decir, los que pechaban, los que pagaban tributos-.

El Corregidor revisó los libros del Concejo, como era su cometido. Después mandó que se incluyera el 6 % en la derrama para pagar los gastos ocasionados por la gestión del cobro de los tributos y que, una vez que se hubiesen hecho efectivos esos gastos, llevasen la recaudación a las arcas reales en la ciudad de Trujillo, donde se centraba la recaudación. Todo ello debía hacerse conforme a la Ley, unas leyes que, desde la subida al trono de Felipe V, estaban siendo reformadas con vistas a una mayor centralización.

Sin embargo, los vecinos de Madrigalejo no estaban de acuerdo con los cambios que se exigían, preferían que la recaudación se ejecutara como se había hecho hasta entonces y expresaron su desconformidad a los mandatos de su señoría en el Concejo.

Control de gastos y petición de cuentas

Una vez fiscalizados los gastos del Concejo, el Corregidor mandaba regular los honorarios que debían percibir las personas que, por su cargo, tuvieran que realizar algún viaje –generalmente a Trujillo- o algún desplazamiento dentro del término –para controlar lindes o cualquier otro problema-. Se planteaba el control de lo que hoy llamaríamos “cobro de dietas”. En este sentido, el Corregidor ordenaba recortar los gastos de esas dietas, de tal forma, que no se abonara más de 80 reales a cada alcalde y que las demás autoridades y oficiales no deberían recibir nada.

También mostraron su desacuerdo los vecinos en este asunto; pedían que las cosas se quedaran como estaban y daban sus razones, pues el Corregidor no parecía tener en cuenta posibles circunstancias que pudieran acontecer en el día a día, como recorrer el término ante las incidencias que pudieran surgir, y ponían el ejemplo del “ojeo de lobos”. En aquel tiempo, la lucha contra los lobos para defender los rebaños de sus ataques era una de las eventualidades que surgían con frecuencia, por lo que, de vez en cuando, se realizaban batidas de lobos por esta zona. Aquellos ojeos llevaban consigo una serie de gastos, tanto de jornales en las batidas como para compensar a quienes presentaran ejemplares de lobos vivos o muertos.

Indicios de corrupción

Por último, el Corregidor, al investigar el libro de cuentas, encontró algunas anomalías en dineros malgastados y no justificados. Por ello, ordenó que quienes eran responsables de manejar el dinero del Concejo pagasen cuanto antes, de sus propias haciendas, lo que faltara para cuadrar las cuentas. En concreto, tres personas estaban bajo sospecha.

En esta cuestión, los vecinos también pusieron objeciones al Corregidor y, antes de exigir la devolución de la cantidad alcanzada, acordaron crear lo que hoy llamaríamos una “comisión de investigación”. La comisión estaría formada por el Sr. Cura –entonces D. Alonso Sánchez Gil-, el Procurador Síndico del Común –Alonso Gil Jiménez el mozo- y seis u ocho hombres que no fueran ninguno de los comprometidos en la investigación; para ello fueron nombrados Juan Sánchez Monzón, Domingo López y Andrés Palmerín, quienes, a su vez, deberían nombrar a otros tantos para formar dicha comisión. El Concejo acordó que se ejecutase lo que la comisión determinase una vez investigado el asunto y que se penalizase con rigor si se probaba el delito.

De todo esto tenemos noticia porque fue escrito en el libro de actas del Concejo. Lo firmaron quienes sabían firmar, tanto de las justicias como de los presentes, y un testigo, por quienes no sabían. Firmaron como testigos Francisco Cabanillas, Francisco Blázquez y Bartolomé Granjo. Dio fe de todo el documento el escribano público, Cristóbal Blázquez. 

En definitiva

Vemos cómo, hace 300 años, el Concejo de Madrigalejo no quedó bien parado en la “visita y residencia” que hizo el Corregidor, en lo que hoy llamaríamos una “auditoría”. Ante los desajustes, la máxima autoridad del sesmo trujillano estableció unas disposiciones para gestionar los impuestos, controlar los gastos y sancionar a quienes podrían haber metido mano en la caja. Sin embargo, los vecinos reunidos en Concejo expusieron sus opiniones para cada uno de los asuntos tratados e, incluso, crearon una comisión de investigación.

Me hubiera gustado saber si se llevaron a cabo cada una de las disposiciones, pero lamentablemente, el libro que contiene las actas de los años siguientes no se ha conservado, por lo que no he podido hacer su seguimiento. Por otra parte, el Corregidor D. Matías Crespo Suárez terminaba su mandato en Trujillo en 1720 y le sustituiría otra persona que, probablemente, no sería tan escrupuloso en sus encomiendas como él.

Terminamos

Esta pequeña entrada de “Luz de candil” es una síntesis de un trabajo titulado “Visita del Corregidor de Trujillo al lugar de Madrigalejo en 1720”, que presenté en los COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA que, por causa de la pandemia, se celebraron telemáticamente el 27 de noviembre de 2020. 


El trabajo está publicado en las actas de los XLIX Coloquios Históricos de Extremadura, págs. 457-468. El trabajo completo está disponible en el siguiente enlace: https://chdetrujillo.com/visita-del-corregidor-de-trujillo-al-lugar-de-madrigalejo-en-1720/

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

FUENTES

Archivo Municipal de Madrigalejo, Sig. 15.

RODRÍGUEZ CEREZO, G. “Visita del Corregidor de Trujillo al lugar de Madrigalejo en 1720”. XLIX Coloquios Históricos de Extremadura. 2020, págs. 457-468.


domingo, 5 de septiembre de 2021

EL TORO PERREQUE

 

El texto que a continuación se va compartir en “Luz de Candil” es obra original de Lorenzo Rodríguez Amores. Lo escribió dentro de uno de los capítulos de su libro Crónicas Lugareñas Madrigalejo, aunque finalmente decidió no incluirlo –como otros varios textos- para que no fuera excesivamente extensa la obra. Se reproduce aquí tal y como él lo escribió, excepto algunas posibles aclaraciones, que irán entre paréntesis.

El Toro Perreque:

Era un 20 de agosto de 1925, cuando el pueblo hierve en fiestas. ¡Es su Feria! En aquella ocasión, la gente rebulle nerviosa porque se anuncia que va a haber toros. Espectáculo que, muy de tarde en tarde, forma parte de las diversiones feriales y, por eso, conmocionaba al personal su celebración, además de que las diversiones no eran ni abundantes ni variadas, sino, por regla general, bastante simples.

El escenario de la corrida fue la mismísima Plaza de la localidad, sin faltarle la clásica estampa de los festejos de antaño con las pintorescas empalizadas y los carros entrelazados. La Plaza era entonces de tierra, estaba sin enrollar (y mucho menos sin asfaltar). El edificio que destacaba algo, y no mucho, era el Ayuntamiento (se refiere al edificio antiguo, que estaba situado donde hoy se encuentra una parte de los “pisos tutelados”, la que da a la calle Cisneros y donde antes estaba el “hogar rural”, al que se accedía a través de unas gradas para salvar el desnivel de la plaza). Aquí (en el edificio del Ayuntamiento) se instala el botiquín, bien provisto de tintura de yodo y atendido por los médicos D. Antonio Fraile y D. Francisco Sánchez, con la ayuda del practicante D. Manuel Collado, sin que faltasen otros allegados por allí que elegían el sitio por más seguro.

Aquí se encontraba situado el Ayuntamiento en 1925, cuando ocurrieron el hecho que se relata.

Tres reses de tres años, y los tres negros como una mora, se trajeron de los campos de Miajadas para el festejo taurino. No traen divisa ni señal en orejas y, por supuesto, tampoco hierro de fama, pero, a pesar de esa procedencia cunera demuestran una casta, como ganado bravo, que para sí la quisieran vacadas de abolengo. Un maletilla de pelo en pecho, que le dicen “Bocanegra”, se va a enfrentar a los tres toritos como único espada, luciendo con majeza un traje de luces desvaído por el uso y en donde palidecen manchas de sangre de anteriores actuaciones; manchas que prueban ser lidiador de cierto cartel y, sobre todo, de valentía, a lo que hay que añadir los numerosos zurcidos del terno, muchos de ellos calcados en la propia carne del torero.

Sirvió de toril la calleja del Coso, una callejita al “coso”, es decir, a la Plaza grande del pueblo (no se refiere a la vía que actualmente lleva el nombre del Coso, pues esta ni parte ni sale de la Plaza). El propio Ayuntamiento se habilitó de portón para hacer el paseíllo, lo que indica que su puerta no se hallase demasiado protegida, quizás por la confianza puesta en la relativa pendiente que existía entre el acceso y el terreno exterior.

El gentío rugía de entusiasmo durante la corrida ante el airoso comportamiento de “Bocanegra” y la extraordinaria bravura de los utreros. Pero si bien cumplieron todos, uno de ellos destacó sobre los otros dos, por la impetuosidad de las embestidas y por la saña de su acoso. Este toro, en el momento álgido del espectáculo, sin duda observa algo que le llama la atención en la portada del Ayuntamiento. Y hacia allá se dirige sin titubeos en su manía persecutoria, sin tener en cuenta, por supuesto, el derecho de asilo que pudiera representar la institución municipal.

Nada más advertir las intenciones del animal los que allí se encontraban, naturalmente, despejan el sitio en un santiamén sin que, en la pavorosa huida, nadie se pare a cerrar la puerta, ni a hacer concesiones a la cortesía del “pase usted primero”. ¡El toro se mete en la Casa de los Consistorios con la furia de un vendaval!

El público del exterior se estremece de pánico porque sabe que los encerrados no tienen escape por otra puerta, pues nadie tuvo la precaución de abrir una trasera pequeña que había en un corralillo. Aquello no podía terminar si no en una descomunal tragedia. Los del interior buscaron refugio como pudieron, protegiéndose con los más inverosímiles enseres que había depositados en un cuartucho del Ayuntamiento. Como aquel humilde servicio funerario que se utilizaba, en común, para llevar al camposanto a los fallecidos, y que, nunca con más propiedad que en ese momento, se podría decir aquello de “no tener donde caerse muertos”, del cual, después de pasado el susto, más muerto que vivo, fue extraído aquel magnífico barbero y buena persona que era el maestro Rafael Capilla. De una tina, costó trabajo sacar al tío Manuel Manzanedo. Mientras que otros salvaron la vida debajo de aquella barquichuela que el Concejo guardaba para el salvamento de náufragos y que prestó valiosos servicios cuando el río crecía deprisa e inesperadamente pillando desprevenidos a los ribereños. Hasta una enorme esfera del reloj de la torre –la primera que hubo y mucho más grande que las posteriores- sirvió de frágil parapeto o mejor escondite. Los primeros en abandonar su puesto habían sido los facultativos, que salieron a la tira y lograron subir al cuchitril en el que se atendía el servicio telegráfico; allí se los encontraron encaramados en la mesita y en el par de sillas que había por todo mobiliario, como si esos enseres pudieran constituir un salvavidas para ellos.

Milagrosamente no ocurrió otra cosa que las consabidas escenas de pánico, escenas que no se manifestaron en el momento del apuro y que sería la causa de la salvación, pues, con la gente que había dentro del edificio, el toro no percibió nada más que un silencio sepulcral, como si en aquel interior no hubiera un vivo. Sin embargo, uno de los hombres que se hallaban en aquella pavorosa situación salió antes de tiempo de su escondrijo, creyendo que el animal había terminado de poner en regla los papeles municipales y ya estaría en su sitio, en la plaza. A este señor le conocían en el pueblo por el mote del tío “Perreque”, y gran sorpresa se llevó cuando, al llegar al umbral, se dio cuenta de que el toro no había salido al exterior. El tío Perreque no sabía si tirar hacia adelante o hacia atrás y, sin darle tiempo a tomar una decisión, el toro viene por la espalda, le pilla por los sobacos sin causarle ninguna lesión, lo zarandea como un pelele y lo saca en volandas al redondel hasta que lo arroja al santo suelo. El resultado no pasó de unas leves magulladuras sin que pasara la cosa a mayores.

Solo por algún hecho excepcional se le cambia el nombre a una res vacuna, pues la costumbre es bautizar en los primeros periodos de la vida, casi siempre por un derivativo de la madre o alguna particularidad de su capa, sin despreciar tampoco ciertas características de su temperamento. Pues bien, desde este hecho en adelante, a aquel gallardo torito se le empezó a llamar el toro “Perreque”, en honor a la persona que había paseado en sus cuernos.

La existencia de aquel bravo animal no acabó aquella tarde, como sí ocurrió con la de sus compañeros. ¡El Perreque fue indultado! El perdón fue recibido por el público con verdadero clamor, máxime cuando se enteraron de que se iba a quedar en una ganadería del pueblo. Se lo llevan a padrear a la finca “El Saltillo”, para echar salsa picante a las vacas del gran aficionado, que en vida fue, Fermín Sánchez Cerezo, y no lo decimos por su exuberante humanidad, motivadora de que en Madrigalejo se le llamase cariñosamente “Ferminote”, pues era un hombre que, a su lado, no había penas y que siempre estaba presente allí donde hubiese quehaceres taurinos, lo mismo si se tratase de organizar festejos populares que en las faenas camperas, en las que uno se tenía que guardar muy bien de sus habituales bromas.

Repetidas veces hablé del toro Perreque con nuestro amigo y convecino Diego Durán, a quien todo el mundo llama Diego el Vaquero, pues cuando era zagalillo imberbe, ayudaba en la custodia de la vacada en la que fue recogido el animal. Diego, siempre, nos ha contado que el “Perreque” se comportó con tal nobleza en la pastoría y fuera de ella que jamás se observó una peligrosa acción ni creó problema alguno a sus guardianes. Dándose a la vida padre, nunca con más propiedad dicho, se tiró en esa vacada, entre las vegas del Cubilar y el Gargáligas, cuatro años.

Transcurrido ese tiempo, con increíble temeridad, se decidió volver a lidiarle, en otro día de feria. El pueblo se estremece de miedo ante el anuncio de que vuelve el “Perreque”. Todo era recomendaciones a la chiquillería de que no saliéramos a la calle, pero ¿quién nos sujetaba estando la Plaza pletórica de atracciones?

En esta ocasión, con criterio muy razonable, la corrida se celebra fuera del casco urbano, ya que la clásica plaza de carros se hizo en la “Carrizosa”. ¿Se encontraría a algún torerillo templado que fuera capaz de enfrentarse a aquella fiera de siete años y con el agravante de ser conocedora del oficio? Ya lo creo, ¡vuelve el “Bocanegra”! ¿Estaría en su juicio el mozo? ¿Por qué arriesgarse así en una actuación que, por muy airoso que saliese, no podría darle mucho cartel? Ya se necesitaba derroche de valor salir a vérselas con el “Perreque” el mismísimo “Bocanegra”, conociéndose uno y otro cuando cuatros años atrás se enfrentaron en la otra plaza de Madrigalejo.  

Ocurrió lo que era de esperar… El Perreque no concede la más mínima oportunidad al torero. El Perreque no consiente que aquel capote le burle una sola vez. Al primer intento, todo lo resuelve el toro bravo por expedita vía de una gran cornada, de la cual, si bien salva la vida el pundonoroso “Bocanegra”, le impide seguir la función.

¡Ya está el Perreque arrogante y esperando el desafío, hecho el dueño absoluto del redondel! Aunque no hay cuidado, nadie se atreve a llamarle la atención. La situación se hizo tan embarazosa que las autoridades solicitan y ordenan que, con las armas, hagan desaparecer el peligro en ciernes que supone ya aquel enfurecido animal. Allí mismo cae redondo ante los disparos de los civiles.

¡Así murió aquel toro de romance! Ciertamente no fue una muerte bella, pero bien pudo ser la más lógica.

Con toda la tarde por delante y sin disponer de más toros y más toreros, ¿qué hacer con el respetable? Como allí estaban las vacas que habían servido para conducir por los caminos al “Perreque”, se recurre a las capeas con ellas. Se suelta la primera vaca, llamada la “Morena”, y nada más salir, zarandea violentamente al vecino apodado el “Choncho”. Desde ese momento se empezará a llamar a la vaca la “Choncha”. Acto seguido, un compañero de cantina del “Choncho” avanza decidido hacia el animal, que hasta ese momento se sorprende del atrevimiento. A corta distancia le increpa airado por su desconsiderada conducta con su amigo, dirigiéndose a ella en alta voz:

-“Mala jembra. ¡Eso no se jace con los jombres!”

Y la “Choncha”, por respuesta, le mandó a contar las estrellas.     



lunes, 30 de agosto de 2021

CREDENCIAL DEL PEREGRINO A GUADALUPE

 


A finales del siglo XIII, el vaquero Gil Cordero encontró enterrada la imagen de la Virgen de Guadalupe de forma milagrosa. A partir de ese momento, comenzaron a acudir peregrinos hasta el lugar, que iban siendo más numerosos conforme crecía su fama. Desde el romero más humilde, hasta aristócratas y reyes, a lo largo de la historia, multitud de peregrinos fueron a postrarse ante Nuestra Señora a través de numerosos caminos, convirtiéndose el Monasterio de Guadalupe en uno de los grandes centros de peregrinación de la Península Ibérica.


Para fomentar esos antiguos caminos de peregrinación, el arzobispado de Toledo y el monasterio de Santa María de Guadalupe están promoviendo su recuperación. Se está trabajando en 23 itinerarios que, desde distintos puntos de la geografía española, llegan hasta el santuario mariano. Las 23 rutas son las siguientes: Camino de San Antonio de El Tiemblo, Camino Real de Madrid a Guadalupe, Camino de Segovia-San Lorenzo de El Escorial, Camino de Santa Teresa y de los pastores (Ávila), Camino Real de Toledo a Guadalupe, Camino Real de Madrid a Guadalupe hasta las Ventas de Retamosa (con variante de conexión de Camino Real de Madrid con Camino Real de Toledo por cañada real), Camino de Santa María de la Cruz (Cubas de la Sagra), Camino de la Fundación Jerónima (San Bartolomé de Lupiana-Guadalajara), Camino nuevo jareño (desde Talavera de la Reina), Camino de los Montes de Toledo, Vía verde de la Jara y Villuercas (Calera y Chozas), Camino Viejo de Talavera, Camino de Cabañeros (Alcoba de los Montes), Camino de Levante o de la Orden del Sácer (Saceruela), Camino Mineros (Almadén), Camino Descubridores (Cáceres), Camino Visigodo (Alcuéscar), Camino Romano y Portugués (Lisboa-Mérida), Camino Vía de la Plata, Camino Mozárabe (Monterrubio de la Serena), Camino Real de Sevilla, Camino del Monasterio de Yuste y los Ibores, y Camino de Monfragüe y Evangelizadores (Plasencia).


El 19 de julio de 2021, en el Real Monasterio de Guadalupe, fue presentado un interesante documento destinado a potenciar el camino a través de los distintos itinerarios. Se trata de la “Credencial del Peregrino a Guadalupe”, preparada conjuntamente por la archidiócesis de Toledo y el Monasterio de Guadalupe. La presentación tuvo lugar en un acto presidido por el arzobispo de Toledo, D. Francisco Cerro, y contó con la intervención del guardián del Monasterio, Guillermo Cerrato, OFM; la delegada diocesana de Fe y Cultura, Pilar Gordillo, y el delegado para el Cuidado de la Creación, Javier Gómez-Elvira.


La credencial es un documento que certifica el camino recorrido, mediante la estampación de un sello en cada etapa del itinerario andado, hasta llegar ante la presencia de la imagen de la Virgen Morenita. Además, el documento recoge información de las 23 rutas históricas propuestas. La credencial podrá ser sellada en cada una de las parroquias y en otras instituciones por donde pasen los distintos itinerarios. Se podrá adquirir en el Monasterio de Guadalupe, en las sedes de los obispados de Toledo, de Mérida-Badajoz, de Coria- Cáceres, de Plasencia y en la Basílica de Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina. También se puede descargar de la Web del Jubileo www.guadalupejubileo.com

Cuatro de esos caminos históricos atraviesan Madrigalejo: el Camino Romano y Portugués (Lisboa-Mérida), el Camino Vía de la Plata, el Camino Mozárabe (Monterrubio de la Serena) y el Camino Real de Sevilla. La presencia de la Iglesia de Guadalupe en nuestra localidad desde tiempos muy tempranos, con su importante hacienda y la Casa de Santa María, así como el paso constante de peregrinos, hicieron de Madrigalejo un enclave histórico en el camino a Guadalupe. Y en la historia de España por la puerta grande entramos gracias a uno de esos viajeros más ilustres, el rey Fernando el Católico, que en su último peregrinar se quedó en el camino, pues falleció en la Casa de Santa María de Madrigalejo el 23 de enero de 1516.


Por esta razón, Madrigalejo no podía faltar en el acto de presentación de la “Credencial del Peregrino a Guadalupe”. Y allí estuvo representado por su Alcalde, D. Sergio Rey Galán, y la Asociación Cultural Fernando el Católico, que ha participado en la documentación e información de la etapa que corresponde a nuestra localidad.