jueves, 14 de abril de 2022

VISITA POR NUESTROS PASOS PROCESIONALES

 

Con motivo de Semana Santa, la Oficina de Turismo de Madrigalejo y la Asociación Cultural Fernando el Católico han organizado una visita guiada por los pasos que procesionan en las noches de Jueves Santo y Viernes Santo en Madrigalejo. La visita ha tenido lugar el 14 de abril de 2022, Jueves Santo. El guion seguido para la visita ha sido el siguiente: 

La Semana Santa, junto con la Navidad, es uno de los tiempos fuertes de la Iglesia Católica. Por ello, existe una gran riqueza litúrgica en esta semana grande, que prepara a los fieles para vivir la gran explosión de júbilo que, para los cristianos, debe ser la celebración de la Resurrección de Cristo, el Domingo de Pascua, el día más grande del año en el calendario cristiano.

Pero aparte de la liturgia, la fe popular también se manifiesta de una manera muy especial en estos días, sacando a las calles las imágenes de pasión, en procesiones, y de júbilo, con palmas y olivos en el Domingo de Ramos, y con el Encuentro en Pascua, lo que nosotros llamamos “la Carrerita”.

Las procesiones de Semana Santa proliferan en el siglo XVI tras el Concilio de Trento (1545-1563), en la Contrarreforma, como una manifestación de culto público del catolicismo frente a la Reforma Luterana. Pero su gran auge fue en el Barroco (Siglos XVII y XVIII). Desde entonces, las procesiones de Semana Santa forman parte de nuestro patrimonio cultural, tanto material -por la rica imaginería a la que ha dado lugar- como inmaterial -por la manifestación de la fe popular y sus tradiciones-.

Y Madrigalejo, como pueblo de tradición católica, también cuenta con su patrimonio vinculado a la Semana Santa. Para conocer mejor y para promocionar este patrimonio común, hemos organizado esta visita en el templo parroquial, donde ya se encuentran preparados los pasos que van a procesionar en unas horas. Nos vamos a detener en cada una de las imágenes y haremos un breve comentario sobre ellas.

Antes de comenzar, vamos a distinguir dos tipos de imágenes entre ellas. Por una parte, están las esculturas devocionales, que son las que han recibido y reciben culto general en la parroquia o en las ermitas. Estamos hablando del Cristo de la Victoria y de la Virgen de las Angustias. Y, por otra parte, están las imágenes de pasión, que son las que fueron adquiridas exprofeso para procesionar en Jueves Santo y Viernes Santo. Sería el caso del Nazareno, del Santo Entierro y de la Virgen de los Dolores.

El recorrido que vamos a hacer en esta visita por las imágenes no va a ser siguiendo un orden cronológico de la datación de las esculturas, sino que lo vamos a hacer tal y como salen en las procesiones. Por eso, comenzamos con la Virgen de las Angustias.

NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS


Ya hemos adelantado que la imagen de la Virgen de las Angustias es de tipo devocional y, como imagen muy venerada, tenía su propia hermandad. Conocemos algunos datos de su devoción gracias a que se conserva uno de los libros de su hermandad, el que va desde 1761 hasta 1826. Por él sabemos que estaba recogida en una de las ermitas que tuvo Madrigalejo, aunque no sabemos exactamente en cual, y que fue trasladada y colocada en 1792 en la actual ermita de Nuestra Señora de las Angustias, de la que esta imagen es titular, donde se la venera desde entonces.

También sabemos por el libro de su hermandad que se celebraba el día de su festividad cada 16 de septiembre y que, en tiempos de sequía, era sacada en procesión para hacer “rogativas”. Concretamente, salió de su ermita para pedir agua en 1762, 1772, 1775 y 1780.

 

Es una de las mejores tallas que, desde el punto de vista artístico, cuenta la parroquia. Es de madera policromada y de pequeño tamaño. Aunque no conocemos ni su datación exacta ni su autor, sí podemos afirmar que es una imagen barroca y, por supuesto, anterior a 1761. Probablemente sea del siglo XVII. Iconográficamente responde a la profecía de Simeón, cuando en el pasaje evangélico de la Presentación de Jesús en el templo, le anunció que una espada le atravesaría el alma. Por eso, se la representa con un puñal clavado en el pecho y en actitud de oración.



No conocemos desde cuándo procesiona en Semana Santa esta imagen, pero sí que es la preferida de los niños, que son quienes la portan en las últimas décadas, por su pequeño tamaño. Y para integrarla en el ambiente de penitencia, se la viste con manto negro, a pesar de no ser una imagen para ser vestida.

 

JESÚS NAZARENO

La segunda imagen en salir es Jesús Nazareno con la Cruz a cuestas. Es una imagen procesional de pasión, que representa a Cristo, camino del Calvario, hacia su muerte en cruz. Y como va en camino, es una imagen que sugiere movimiento y muy sugestiva para que los fieles la acompañen en su Vía Crucis, y en el vía crucis particular de cada uno de ellos.

 

Es una talla en madera policromada, de vestir, con cabello natural, muy del gusto del último barroco. Su rostro es sufriente.



La iconografía está cargada de simbolismo.

Desde la cruz que lleva a cuestas, con la que será crucificado; el peso de una cruz que es símbolo de la redención a la humanidad, llevando sobre sus hombros el peso de los pecados de los hombres para su salvación.

La corona de espinas es signo de sufrimiento y de tribulación.

El color morado de su túnica también representa el sufrimiento y la penitencia.

Y el cordón dorado que ajusta su túnica simboliza la predicción del profeta “no abrió la boca, como cordero fue llevado al matadero” (Isaías 53, 7).

 

Cuando, en torno al cambio de siglo, se produjo la revitalización de nuestra Semana Santa, surgió la cofradía de Jesús Nazareno, cuyos cofrades portan el paso vestidos de túnica morada, como el Nazareno, y capucha negra.

 

CRISTO DE LA VICTORIA

Es la imagen más antigua de la parroquia junto a otro Cristo crucificado de menor tamaño. Es de estética gótica más bien tardía, datado en el siglo XVI.



Siguiendo con la distinción que estamos haciendo, el Cristo de la Victoria es una imagen devocional, que responde a un Cristo crucificado de ojos abiertos. Y, como representa la crucifixión, debió ser el paso que saldría en la primera procesión de Semana Santa en Madrigalejo.

 

Como imagen devocional, ha sido venerado desde antaño. Sabemos que, en 1575, el concejo de Acedera vino a Madrigalejo en procesión para pedir a Nuestro Señor que enviase agua en tiempos de sequía. Y en muchas ocasiones ha salido procesionando en las rogativas pidiendo lluvia para los campos. Como imagen de gran devoción, tenía su propia hermandad, la “Hermandad de la Santa Cruz”, por lo que también aparece reflejado en algunos documentos como el “Santísimo Cristo de los hermanos”.

 

Es una escultura en madera policromada, que representa a Cristo crucificado, clavado con tres clavos, con los ojos levemente abiertos y de una gran sobriedad. Su tamaño es algo inferior al natural. Se busca cierto naturalismo en la talla a través de una esquematización de la musculatura en su cuerpo desnudo, apenas tapado con el paño de pureza. Es un Cristo más abatido que sufriente, y el sufrimiento se intenta manifestar a través de la sangre que brota de las heridas provocadas por la corona de espinas, por los clavos, por las caídas y por la lanza que traspasó su costado.



La antigua hermandad de la Santa Cruz estaría en activo hasta fines del siglo XIX, y no sabemos cuándo se extinguió. Pero, recientemente, concretamente en el año 2.000, se creó la Cofradía del Cristo de la Victoria, que se encarga de su preparación procesional. Los cofrades portan la imagen vestidos con túnica morada y capucha blanca.

 

SANTO ENTIERRO

A mediados del siglo XX, a la Semana Santa de Madrigalejo le faltaba el paso del Santo Entierro. Por ello, la parroquia organizó una colecta de suscripción popular con la que recaudar los fondos necesarios para adquirir la talla. Como la aportación de los fieles no fue suficiente para sufragarlo, el Ayuntamiento abonó la diferencia. Y el Santo Entierro procesionó por primera vez en la Semana Santa de 1949.



El Cristo yacente, colocado en una urna de cristal, comenzó a procesionar desde entonces, cada Viernes Santo, detrás del Cristo de la Victoria y antes de la Virgen de los Dolores.



Así como ha sido la última imagen de Pasión en llegar, también ha sido el último paso en tener cofradía que se ocupara de él. La cofradía del Santo Entierro se constituyó en 2018. Y estos cofrades acompañan a Cristo yacente vestidos totalmente de negro.

 

VIRGEN DE LOS DOLORES

Cierra la procesión la Virgen de los Dolores.

Es una imagen procesional y de vestir. La túnica y el manto no dejan ver nada más que el rostro y las manos, realizadas en madera policromada. Responde a la iconografía barroca de las advocaciones de la Virgen propias de la Pasión (de la Soledad, de la Amargura, de las Angustias, de la Piedad, etc.).




También la iconografía de la Virgen de los Dolores está cargada de simbolismo. Su rostro expresa los rasgos del dolor y del sufrimiento, con la mirada dirigida hacia lo Alto. También sus brazos, que son articulados, nos hablan con el gesto: unos brazos extendidos hacia abajo con las manos abiertas que expresan que todo está en manos de Dios.

Con la talla, la imagen de la Virgen de los Dolores lleva una serie de aditamentos que complementan su iconografía:

El color negro de la túnica y del manto son signo de luto y del dolor por la pérdida del Hijo.

El corazón traspasado por siete puñales que lleva prendido en el pecho son los siete dolores de María que aparecen en los evangelios:

1-La circuncisión de Jesús, pues fue la primera vez que la Virgen vio la sangre de su Hijo.

2-La huida a Egipto, con la angustia que supuso la amenaza de ser perseguidos por Herodes.

3-El Niño perdido y hallado en el templo.

4-En el camino de la Amargura, cuando se topó con su Hijo flagelado y con la cruz a cuestas.

5-A los pies de la cruz, acompañando a su Hijo crucificado y viéndolo morir.

6-Estrechando en sus brazos el cuerpo sin vida de su Hijo.

7-Viendo colocar el cadáver de su Hijo en el sepulcro y correr su losa.

Aunque, en realidad, el siete es un número simbólico en la Biblia, por lo que expresa que, a pesar de ser la “bendita de Dios”, el sufrimiento y el dolor también estuvieron presentes en su vida.

La corona que porta la imagen es la expresión de la participación de la Virgen María en la realeza del Hijo de Dios, hecho hombre, que nació de su seno.

 

Cada uno de los complementos que lleva la talla han ido cambiando a lo largo del tiempo y de los gustos de la época. Así, si miramos alguna fotografía de hace más de 50 años, pensaríamos que no estamos ante la misma imagen. La túnica y el manto eran muy austeros, de color negro con los ribetes dorados. La corona, una diadema nimbada con 10 estrellas, era sumamente sencilla. Y en el corazón, sobre el fondo negro de la túnica, destacaban mucho más los siete puñales clavados en él. Si antaño podíamos ver una imagen más propia de la sobriedad castellana, en la actualidad nos recuerda a los pasos que procesionan en Andalucía.



Desde 2001, la Virgen de Nuestra Señora de los Dolores cuenta con su cofradía, la más numerosa de nuestra Semana Santa y solo formada por mujeres. Las cofrades portan el paso con la cabeza descubierta y con túnica negra y esclavina blanca en su interior, así como el cordón.

 

Y con la Virgen de los Dolores CONCLUIMOS esta visita por los pasos procesionales de la Semana Santa madrigalejeña. Pero antes de terminar, es necesario agradecer la labor de las cofradías.

Primeramente, porque fomentan la devoción de los fieles y de sus cofrades.

Además, porque contribuyen al ornato y decoración de los pasos, dotándolos de todos los elementos necesarios para procesionar.

Porque ayudan a mantener nuestras tradiciones.

Porque cuidan las imágenes, favoreciendo su conservación. En este sentido, las cofradías del Cristo de la Victoria y de Nuestra Señora de los Dolores se encargaron de restaurar sus tallas, algo que fue esencial, especialmente, en el caso del Cristo porque un ataque de xilófagos estuvo a punto de hacer desaparecer una imagen de tantos siglos de antigüedad.

 

Por todo ello, debemos apoyar y animar a las cofradías y hermandades, porque mantienen viva nuestra fe y también nuestro patrimonio, tanto material como inmaterial, y contribuyen a fomentar los recursos y el bien común de nuestra localidad.


Guadalupe Rodríguez Cerezo


jueves, 17 de marzo de 2022

MADRIGALEJO-1922

 

No ocurrieron grandes acontecimientos en nuestra localidad hace exactamente un siglo, pero la vida continuaba su curso, lo que, en definitiva, construye la historia. Asomándonos a los libros de actas de las sesiones del Ayuntamiento, podemos hacernos una idea de los afanes que ocupaban el interés de quienes regían el Consistorio de Madrigalejo en 1922, quiénes eran, cuáles eran sus preocupaciones, qué soluciones aplicaban a los problemas que tenía el vecindario, cómo procuraban mejorar los servicios públicos ajustándose a un presupuesto, la recaudación de impuestos, etc.

Vamos a ver a continuación lo que pudiera ser una radiografía de la vida en Madrigalejo en 1922 a través de las sesiones de gobierno de su Ayuntamiento. No están todos los temas ni los asuntos que se trataron entonces, sino que me he permitido hacer una selección de lo que me ha parecido más significativo para conocer mejor la vida de nuestros abuelos.

¿Quiénes regían el Consistorio?

Desde enero hasta abril de 1922, hasta cuatro personas estuvieron al frente de la Corporación Municipal. El Alcalde, D. Manuel Campos Carrasco, había presentado su renuncia al cargo por enfermedad acompañada de una certificación facultativa el 8 de noviembre de 1921. Sin embargo, la Corporación no admitió su renuncia y, mientras estaba de baja, el primer Teniente de Alcalde, D. Damián Ramos Regidor, presidía el Ayuntamiento en funciones. D. Manuel Campos interpuso un recurso de alzada contra esta decisión del Ayuntamiento ante la comisión provincial; comisión que, el 14 de enero, avaló la renuncia del alcalde, estimando su recurso por las pruebas aportadas. La Corporación Municipal, en sesión del 22 de enero, no tuvo más remedio que aceptar su renuncia y acordó nombrar, como Alcalde, al concejal de mayor edad, D. Sebastián Rubio Calzado, quién desempeñó el cargo hasta el 1 de abril, día en el que entraba una nueva Corporación.

Hasta este día, aparte de los señores Campos Carrasco, Ramos Regidor y Rubio Calzado, los concejales que formaban el Ayuntamiento eran:

-D. José Pérez Regidor

-D. Antonio Hernando Ramos

-D. Juan Moreno Durán

-D. Narciso Granjo Arroyo

-D. Antonio Gallego Ramos y

-D. Simón Carranza Sierra.

 


El 1 de abril cesaron en sus funciones D. José Pérez Regidor, D. Antonio Hernando Ramos y D. Juan Moreno Durán, a quienes se les agradeció los servicios prestados. Este mismo día tomaron posesión de sus escaños los concejales proclamados en el mes de febrero:

-D. Sebastián Rubio Calzado

-D. Guzmán Fernández Rentero

-D. Manuel Campos Carrasco

-D. Pedro Arroyo Sánchez

-D. Damián Ramos Regidor

-D. Simón Carranza Sierra

-D. Antonio Gallego Ramos

-D. Benito Carranza González

-D. Pedro Sánchez Nieto y

-D. José Saavedra Garvín.

Por mayoría absoluta salió elegido como Alcalde D. Guzmán Fernández Rentero. 

Los terrenos comunales

Uno de los asuntos que ocupaban buena parte de la tarea del Consistorio era el de los terrenos comunales: la Dehesa del Monte, el Concejil o el Ejido. Los vecinos explotaban las dehesas comunales a partir de las bases reguladas por el plan de aprovechamiento forestal, que cada año debía aprobar la Superioridad Provincial. Para su explotación, se hacían lotes que, después, se sorteaban públicamente entre quienes optaban a ellos. Los lotes sobrantes y que no habían sido adjudicados, volverían a sortearse entre los hijos que se hubieran emancipado de sus padres por haber contraído matrimonio.

Algunos vecinos presentaron escrito de reclamación por no habérseles adjudicado lotes en la Dehesa del Monte y del Concejil, basándose en no estar delimitadas de forma legal o por ser deudores. Fueron atendidas las reclamaciones de ocho vecinos.

También se regulaba el aprovechamiento de la rastrojera de la Dehesa del Monte y del Concejil.

Beneficencia

Cada año se confeccionaba una lista de familias que, por sus escasos recursos, estaban acogidos a la beneficencia. A estas familias, el Ayuntamiento les subvencionaba los gastos que pudieran tener de recetas farmacéuticas. Las recetas eran adelantadas por los farmacéuticos y después las pasaban al cobro al Consistorio. Los farmacéuticos, en aquel tiempo, eran D. Anselmo Delgado Barranquero y D. José Ramos Sánchez –abuelo del farmacéutico actual, D. José Ramos Cerezo-.

Además, en aquel año, el Ayuntamiento también acordó una subvención destinada a una familia que carecía de recursos y en la que habían nacido gemelos.

El reloj público

El reloj público municipal, situado en la torre de la iglesia, estaba considerado un servicio público esencial para el vecindario, ya que los horarios de las actividades laborales, así como de los actos religiosos y sociales de la localidad, se regían por él. En sesión del 12 de febrero, se da cuenta del mal estado en el que se encuentra el reloj público y se autoriza al Sr. Alcalde –D. Sebastián Rubio- para que gestione su arreglo o la compra de otro, según lo que más convenga.

En agosto, siendo entonces concejal el Sr. Rubio Calzado, solicita que se tenga en cuenta el acuerdo del 12 de febrero -que no se había cumplido- respecto a la necesidad de que el pueblo cuente con un reloj público. De nuevo, la Corporación reconoció esta necesidad y se facultó al Sr. Alcalde para que gestionara, bien el arreglo del viejo, o la adquisición de uno nuevo, para lo cual se votó la disposición de 4.000 ptas.

Máquina del reloj municipal en activo hasta 2018.
¿Sería este el que se gestionó su adjudicación en 1922?
Seguiremos investigando.

En octubre, después de que un relojero de Logrosán –D. Daniel Moreno- presentara un escrito para el arreglo del viejo reloj público, la Corporación acordó por unanimidad desechar el proyecto de su compostura y, ratificando acuerdos anteriores, comprar uno nuevo. Para ello, otorgaron el más amplio poder al Alcalde para que gestionase su adquisición sin dilación.

El reloj público siguió dando que hablar en otra sesión. El concejal Sr. Gallego no entendía cómo se había decidido comprar un reloj nuevo si no se había hecho reconocer el viejo. Respondió el Sr. Rubio Calzado que, en los 25 años que llevaba con cargos en el Ayuntamiento, había tenido ocasión de ver componer en numerosas ocasiones la máquina del reloj, sin que ninguna diese el resultado esperado. Y teniendo en cuenta que su instalación databa de 1870 y que su engranaje debía estar muy desgastado y rotos algunos elementos, viendo la necesidad y el clamor general del vecindario por la adquisición de un nuevo reloj, se consignó en presupuesto la cantidad necesaria para ello. Por esta razón desecharon siempre la compostura del viejo reloj. 

Los mozos de reemplazo

Los mozos que eran llamados a filas para el Servicio Militar debían pasar antes un reconocimiento médico, además de inocularles las vacunas correspondientes y tallarles. Para el reconocimiento y vacunación se nombró a los médicos titulares D. Francisco Sánchez Sánchez y D. Antonio Fraile Pizarroso y, como tallador, a D. Agustín Pachón Álvarez.

Después se procedería a la clasificación y declaración de soldados, así como a la revisión de las excepciones.

El alguacil encargado de hacer el ingreso en caja de los reclutas fue D. Segundo Jiménez Manzanedo.

Muchos de aquellos mozos de reemplazo salían entonces por primera vez de estos contornos para adentrarse en una verdadera guerra, la que se estaba desarrollando en el Norte de África, en el Rif.

 


Homenaje a Gabriel y Galán

En febrero se recibió una carta del Gobernador Civil de la Provincia pidiendo la suscripción para contribuir al homenaje de Gabriel y Galán. La Corporación acordó por unanimidad que el Municipio aportara 10 ptas. y que se instruyera el expediente para constituir la junta local destinada a recaudar fondos destinados a un monumento dedicado a Gabriel y Galán.

Pocos años después, en 1926, se inauguró en Cáceres la escultura homenaje a Gabriel y Galán, realizada en bronce por Pérez Comendador, que lo ganó en concurso público. Está situada en el inicio del Paseo de Cánovas. ¿Sería para este monumento la recaudación de aquellos fondos?

Urbanismo

En varias ocasiones, aparecen los expedientes de casas de nueva construcción, que debían pasar por la comisión de urbanismo para señalar la alineación de los edificios con respecto a la línea de la calle en la que se situaban.

En 1922, los vecinos de la Calle Recio presentaron un escrito al Ayuntamiento solicitando el arreglo de dicha calle. Se accedió a su petición, aunque se llevaría a cabo después de haberse ejecutado las obras en la calle San Francisco, cuyos vecinos lo tenían planteado con antelación. ¡Vamos, que el cumplimiento de la intervención iba con retraso!

Jornales de los braceros  

Se establece que el jornal regulador del bracero en la localidad y su término estuviera en 3,50 ptas. para el año 1922.

Parada de sementales

En el año que estamos tratando, se estableció durante unos días en Madrigalejo una parada de caballos sementales del ejército. Para dar cobijo a este servicio, se preparó el corral de concejo con vallas y tablados y se blanqueó la cuadra destinada a los equinos. Este importante servicio ocasionó una serie de gastos para sufragar raciones de paja, carbón, petróleo o cebada, además del pago de alojamiento de dos soldados encargados de la parada de sementales.

Fuentes públicas

Una cuestión de sanidad y de salud pública para el vecindario es poder contar con suficiente agua para beber y de calidad. Pero cuando el agua corriente no llegaba a los hogares, el asunto podía ser muy preocupante.

En las primeras décadas del siglo XX, cuando solo se contaba con una fuente pública de agua para beber y se estaba produciendo un importante incremento de la población, era un asunto de primera necesidad atender a su demanda y velar para que este bien tan esencial estuviera en las mejores condiciones.

Fuente de los grifos

En primer lugar, para cuidar la calidad del agua, había que evitar que cualquier elemento extraño o animal muerto cayera en la “fuente pública de beber”. Por ello se acordó colocar en dicha fuente una tapadera de madera o tela y, además, en los meses de julio y agosto, poner un vigilante. Hay que tener en cuenta el peligro en los meses de verano, pues el calor favorece la propagación de microorganismos patógenos.

Por otra parte, el concejal Sr. Benito Carranza expuso la necesidad que tenía el vecindario de contar con otra fuente pública, por lo que propuso construir otro pozo en el sitio de la Carrizosa o Cardizosa, que tuviera suficiente caudal de agua para surtir a la población. (Se trataría del pozo que se abrió junto a la antigua fuentecilla de la Carrizosa). Y en otoño, ya se estaba procediendo al encañado de esta nueva fuente pública de beber.

Alimañas y aves de rapiña

Si en la actualidad existe una gran protección hacia los animales, no hace tanto tiempo era usual pagar a las personas que presentaran algún ejemplar muerto de alimañas, porque ponían en peligro a los animales domésticos y a los ganados. Así, a lo largo de 1922, se pagó por el registro de varios zorros, jinetas, águilas, etc.

Medios de Comunicación

La reivindicación de que la localidad contara con medios de comunicación aceptables ya se venía produciendo desde antaño. En esta ocasión se refieren al servicio de Correos y al teléfono público.

Así, el concejal Sr. Campos rogó a la presidencia que dirigiera un atento oficio al administrador de Correos de Zorita para que pusiera mayor celo en la remisión de los documentos con destino a Madrigalejo, en vista de los retrasos con los que se recibía la correspondencia en nuestra localidad.

Y el concejal Sr. Rubio se une a la petición de su compañero Sr. Campos y, además, protesta enérgicamente por el abandono que la Corporación viene arrastrando, desde tres o cuatro años atrás, por no hacer caso a la instalación de un teléfono público, que ya tenían concedido.

Cementerio

El nuevo cementerio llevaba ya algunos años abierto (desde 1911), aunque no disponía de depósito de cadáveres. A propuestas del concejal Sr. Campos, se empieza a hablar de su necesidad y a estudiar detenidamente el asunto. En la penúltima sesión del año, se propone consignar en el presupuesto una cantidad para la construcción del depósito de cadáveres municipal.

 


Escuelas Públicas de ambos sexos

El día 1 de septiembre de 1921 se inauguraron las Escuelas Públicas de ambos sexos. Es el edificio donde actualmente se encuentra la Biblioteca Pública Municipal y el Nuevo Centro de Conocimiento, situado en la calle Lorenza Gallego, esquina con Curro Broncano.

Inscripción de homenaje a la benefactora de las Escuelas Públicas

Estas escuelas tenían aún algunas carencias, por lo que en 1922 se fueron atendiendo varias de esas necesidades, como la colocación de verjas, el mobiliario para la “cantina escolar”, la gestión de solares adicionales, la apertura de la calle de acceso, etc.-. La “cantina escolar” sería lo que hoy conocemos como “comedor escolar”.

 


Adquisición de un microscopio

El Inspector Municipal de Carnes -el veterinario- era la persona encargada de velar para que la carne tuviera las condiciones idóneas para ser consumida. Especialmente importante para la salud pública era detectar posibles casos de triquinosis en los cerdos destinados, tanto a la venta de carne en las carnicerías, como a las matanzas domiciliarias. Para el veterinario, el microscopio era el instrumento esencial y necesario con el que poder realizar el reconocimiento de carnes y detectar así posibles enfermedades que pudieran ser transmitidas a los consumidores.

En 1921, el inspector de carnes del municipio, D. Julián Pino Calderón, había dirigido un escrito a la Alcaldía poniendo de manifiesto que el pequeño aparato microscopio del municipio era insuficiente y carente del material auxiliar necesario, por lo que no podían hacerse los reconocimientos de carnes con él en las mejores condiciones. La Corporación, una vez enterada, comunicó al inspector de carnes que continuara con el mismo aparato durante el año en curso, pues las circunstancia financieras y económicas por las que atravesaba el municipio impedían hacerse cargo de su desembolso y, añadían, porque el microscopio con el que se contaba hasta la fecha llevaba dando excelentes resultados durante años.

Pero ya en diciembre de 1922, se dio orden de pago de 324 ptas. a la Casa Metzger S. A. de Barcelona por el importe de un microscopio y del material para el mismo, destinado al reconocimiento de carnes del municipio.


Y hasta aquí, la mirada retrospectiva a 1922.

Algunas de aquellas propuestas se quedarían en agua de borrajas, como la adquisición de solares para casas para los maestros; otros asuntos los hemos pasado por alto, como la cuestión de impuestos o la campaña contra la extinción de plagas de langostas, de la que ya se ocupó “Luz de Candil” en otra ocasión. Pero con lo expuesto, hemos podido acercarnos a las cuestiones que ocupaban y preocupaban a los vecinos y a sus autoridades hace exactamente una centuria. Pueden parecernos pequeños pasos que se daban, pero, sin duda, fueron avances que mejoraron la vida cotidiana de aquellas personas.  

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 


miércoles, 26 de enero de 2022

ACTOS FERNANDINOS LIMITADOS POR LA PANDEMIA

Desde 2012, Madrigalejo viene celebrando cada año la “Semana Fernandina” en torno al 23 de enero, fecha de la efeméride de la muerte del Rey Fernando el Católico en nuestra localidad. La pandemia que estamos sufriendo a causa del COVID hizo que el año anterior (2021) se interrumpiera y no pudiera celebrarse, pues aparte de las limitaciones generales, Madrigalejo estuvo cerrado perimetralmente entre el 9 y el 22 de enero, ambos inclusive. 

Acaba de pasar el 506 aniversario de aquel memorable acontecimiento y, de nuevo a causa de la pandemia, los actos conmemorativos de la “Semana Fernandina” de 2022 también se han visto afectados, celebrándose a medio gas. Por una parte, el Ayuntamiento organizó un acto simbólico al aire libre al caer la noche del 22 de enero, en la plaza Fernando el Católico. Ambientado el exterior de la Casa de Santa María con velas y con música de la época de los Reyes Católicos, se procedió a la lectura de un texto rememorando los acontecimientos sucedidos aquellos días de enero de 1516. Así decía:

Desde varios días atrás, había una gran agitación en todo el lugar de Madrigalejo. Sus vecinos estaban acostumbrados a ver pasar a peregrinos, que iban y venían hacia Guadalupe, que pernoctaban aquí, incluso, a veces, se dejaba ver alguna gran personalidad, lo que causaba gran revuelo. Pero, en esta ocasión era diferente. Era el mismo Rey quien se alojaba en la Casa de Santa María. Aquellos que lo habían visto pasar comentaban que nada tenía que ver con aquel aguerrido y vital monarca que les había visitado en otras ocasiones. Se hablaba que venía muy enfermo.

La reina Germana acababa de llegar. Venía desde Aragón sin descansar día y noche, porque le habían dicho que la situación era crítica. Más apurada aun, cuando le comentaron que la campana de Velilla de Ebro había vuelto a sonar sin que nadie la moviera, lo que era signo de mal augurio.

Algunos recordaron entonces las palabras de aquel adivino, que había pronosticado que el monarca moriría en la villa de Madrigal. ¡Y bien se guardaba él de no entrar en Madrigal de las Altas Torres! Pero, ¿acaso no es Madrigalejo el diminutivo de Madrigal?     

Era 22 de enero de 1516, atardecía. Tras una jornada de tensión contenida y de frenético trabajo, por fin los escribanos habían terminado a tiempo las últimas voluntades del monarca. Y con extrema gravedad, aunque en plenas facultades, con mano temblorosa, pudo por fin el rey Fernando otorgar su postrer testamento, aquel que dejaba bien atado el futuro de los reinos hispánicos.

Llegó la calma. Los asuntos terrenales que tanto preocupaban estaban resueltos. Era el momento de que el monarca se preparara espiritualmente para rendir cuentas ante el Creador. Sabiendo que la vida se le acababa, con gran serenidad, recibió el Santísimo Sacramento y pidió la Unción, que le fue dada a continuación. Después, entró en agonía.

Fueron unas horas de tensa espera. Pasó la media noche y nadie dormía en la Casa de Santa María. Con la tenue luz de las velas y el mortecino murmullo de los latines, se velaba al gran rey Católico. Familiares, consejeros, funcionarios, obispos, religiosos, sirvientes… todo su acompañamiento permanecía expectante. El soberano se debatía entre la vida y la muerte, vestido ya con su mortaja, con el hábito de Santo Domingo, para esperar el desenlace final. Junto a él, la reina Germana le acompañaba en sus últimos momentos.

Y también, en silencio y con sus oraciones, el pueblo de Madrigalejo permanecía en vigilia velando a su Rey.

 Era ya la madrugada del día 23, una fría madrugada de enero -miércoles, día de San Ildefonso, para más señas-, cuando el monarca dejó la presente vida. El Rey había muerto.

La Casa de Santa María lloró y, con ella, todo Madrigalejo.  Lorenzo Galíndez de Carvajal, uno de los consejeros que fue testigo de los hechos, dejó escrito: “Nuestro Señor le quiera perdonar, que buen Rey fue”.

Poco después volvió la agitación. Había que abrir el testamento; aquel que unas horas antes había sido firmado y sellado. Era necesario conocer lo que el difunto había dispuesto acerca de su enterramiento. Y delante del representante del Príncipe Carlos -Adriano de Utrech-, y de los consejeros y testigos de su firma, se abrió el documento con las últimas voluntades del monarca. El cuerpo sin vida del rey Fernando el Católico debía ser enterrado junto con el de la Reina Isabel, su primera esposa, en la ciudad de Granada, por lo que el cadáver debía ser preparado para su último viaje.

De todos aquellos acontecimientos, Madrigalejo y sus vecinos fueron testigos presenciales; un legado histórico excepcional que ahora estamos conmemorando en su 506 aniversario.

Y el día 23 de enero, la Asociación Cultural “Fernando el Católico” organizó una charla con el tema “La Casa de Santa María. Nuevas aportaciones”, cuya ponencia recayó en mi persona, como Presidenta de la Asociación Cultural y como Cronista Oficial de Madrigalejo. Así, tomando como base los trabajos que ya estaban publicados anteriormente sobre la Casa de Santa María – U. RUBIO CALZÓN: “La Casa de Santa María de Guadalupe en Madrigalejo”, Revista Alcántara, 1979, y L. RODRÍGUEZ AMORES: “La Casa de Santa María”, Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, capítulo XVIII, 2008-, la ponencia recordó todo lo que, hasta el momento, se conocía de lo que fue la Casa de Santa María a través de las fuentes documentales, bibliográficas y por los restos que han llegado hasta hoy de aquel edificio y, además, aportó nuevas fuentes que pueden arrojar algo más de luz al estudio de la histórica casa. Las nuevas fuentes estaban referidas al descubrimiento del aljibe de la casa y a dos documentos que, con origen en el Monasterio de Guadalupe y por distintos avatares, habían estado en posesión de la familia Esteban Rodríguez. Tienen gran interés dichos manuscritos porque se refieren a asuntos relacionados con la presencia de la Iglesia de Guadalupe en el lugar de Madrigalejo, donde tuvo una gran hacienda a lo largo de unos 500 años y, por tanto, aportan información añadida sobre la Casa de Santa María.

Además, la página web de la asociación cultural publicó dos post relacionados con el rey Fernando y con la Casa de Santa María. Estos son sus enlaces:

https://www.fernandoelcatolico.org/el-escudo-de-los-reyes-catolicos-en-la-casa-de-santa-maria/

https://www.fernandoelcatolico.org/vinculacion-de-san-ildefonso-con-madrigalejo/

Nuestro deseo es que el próximo año podamos reanudar la celebración de la “Semana Fernandina” en Madrigalejo con toda la fuerza que merece tan gran acontecimiento.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

domingo, 26 de diciembre de 2021

UNA CONVULSA Y TRISTE NOCHEVIEJA

 


Si en la actualidad asociamos las campanadas con la Nochevieja, el 31 de diciembre de 1838 las campanas de la iglesia de Madrigalejo debieron llamar a la población de una forma frenética y para nada festiva. Hasta hace algunas décadas, las campanas eran el medio habitual para avisar y comunicar a los vecinos cualquier evento o eventualidad, con un código previamente establecido. Con su toque habitual, se llamaba a los fieles a los actos litúrgicos y a la oración, o el escuchar su doble lastimero era señal del fallecimiento de algún vecino, lo mismo que hoy. Pero antiguamente, además, al son de campana tañida, se convocaba a los lugareños para asistir a la Junta de Concejo, donde se trataban las cosas “tocantes y pertenecientes” al bien común del lugar. Y si había un sonido que nadie quería escuchar y que ponía los pelos de punta, era cuando se tocaba a “rebato”, es decir, cuando se avisaba a la población de un peligro inminente y del que tenían que salir a defenderse. El más habitual de los peligros con los que se enfrentaron durante siglos era cuando ardían los campos y los vecinos acudían rápidamente a la llamada para apagar el fuego.

Aquel último día del año de 1838 las campanas de la torre tocaron a rebato con especial desenfreno, porque sobre la población se cernía un gran peligro: se acercaba la temible partida manchega de los “Palillos”, una banda de guerrillas de las que combatían en la primera Guerra Carlista. Este hecho está recogido en el capítulo 32 del libro Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, de L. Rodríguez Amores (pp. 441-445)[1].

 Las guerras carlistas

Fernando VII firmó, en su lecho de muerte, el restablecimiento de la “Pragmática Sanción”, por la cual se derogaba la “Ley Sálica” implantada por Felipe V en 1713, ley que no permitía el acceso al trono de las mujeres siempre que hubiera un varón en una línea sucesoria colateral. Al morir el monarca en 1833, heredó el trono su hija Isabel, de tres años, y que, por ser menor de edad, asumió la regencia su madre, la reina Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias. La derogación de la Ley Sálica fue la excusa para que se levantara una buena parte de la sociedad española contra el régimen constituido, en lo que se llamarían las Guerras Carlistas.  Aunque, en realidad, el enfrentamiento de dos concepciones políticas opuestas fue la esencia de todo el conflicto. Por una parte, estaban los seguidores del infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, que defendían una monarquía tradicional, según los valores del Antiguo Régimen, cuyo lema era “Dios, Patria y Rey”. Era el bando carlista. Y, por otro lado, estaban los isabelinos o cristinos, partidarios de Isabel II y de la regente Mª Cristina, que se apoyaron en los liberales moderados para mantenerse en el trono, que promovían seguir llevando a cabo una serie de reformas políticas a través de un gobierno constitucional y parlamentario.   

 

El conflicto se enquistó a lo largo del siglo XIX, llegando a sucederse hasta tres guerras carlistas: la primera entre 1833-1840, la segunda entre 1846-1849 y la tercera entre1872-1876. Los carlistas no tenían una estructura militar bien organizada, frente al ejército gubernamental que sí lo estaba; por ello, la lucha de los rebeldes se desarrollaba en forma de guerra de guerrillas a través de una serie de “partidas” distribuidas por distintos territorios, que se movían con rapidez. Estas partidas guerrilleras crearon un gran clima de inquietud en la población rural, pues, con la excusa de hacerse con recursos para su causa, saqueaban los pueblos, arrasaban cosechas y se llevaban todo lo que encontraban a su paso.

 

La banda de los Palillos

Al frente de la llamada banda de los “Palillos” estaban los hermanos Vicente y Francisco Rujero, naturales de Almagro y antiguos militares que habían sido degradados en las reformas de la milicia que había practicado el gobierno en el reinado de Fernando VII. Esta partida, con 200 hombres a caballo, venían de hacer sendas incursiones en Almagro y en Talarrubias, sin encontrar apenas oposición.

Ante la amenaza de que se aproximaba a Madrigalejo la temible partida de los Palillos, los vecinos, avisados por el toque de las campanas, salieron con sus viejas armas a defenderse. Y los carlistas, que venían de victoria en victoria, se encontraron con los paisanos haciéndoles frente. Entraron los guerrilleros y cayó en sus manos aproximadamente una tercera parte de la población; mientras tanto, algunos vecinos se habían encerrado en la iglesia para aguantar el ataque hasta las últimas consecuencias.

Como venganza por la resistencia encontrada, y antes de emprender la retirada, la partida de los Palillos dejó una gran desolación: doce personas fallecidas, numerosas casas quemadas -26 según algunas fuentes o 40 según otras-, saquearon todas aquellas a las que pudieron acceder y quemaron numerosos enseres del Ayuntamiento, entre ellos, una parte del archivo municipal.

El día después

Fray Crispín Aynat, franciscano del convento de Puebla de Alcocer que era entonces párroco en Madrigalejo, dejó recogido en el libro de difuntos del archivo parroquial el entierro colectivo de la mayor parte de las víctimas, que tuvo lugar el 1 de enero de 1839. Sus nombres eran los siguientes:

 

-José Rodríguez, viudo de Librana Puerto.

-Juan Fernández, marido de Mª Jerónima Liviano.

-Francisco González, conjunta persona de Catalina Moreno.

-Luisa Arroba, mujer de Andrés Romero.

-María Fernández, conjunta persona de Francisco Sojo.

-Gregorio Arnaz, conjunta persona de Mª Bera, natural de Caravaca de la Cruz, reino de Murcia y vecino de Llerena.

-Andrés Moreno, marido de Francisca Canchalejo, natural y vecino de Orellana la Vieja.

-Mª Jimeno, viuda de Juan Francisco, natural y vecina de Navalvillar de Pela.

-Vicente Canal, marido de Josefa, y natural y vecino de Orellanita.

-Antonio Tapias, natural y vecino de Villanueva de la Serena.

 

Informa fray Crispín que todos resultaron muertos en la desgracia que sufrió este pueblo ayer 31 de diciembre, día de San Silvestre, por la facción titulada de “Palillo”. Se hizo Oficio General de Difuntos, gratis, con Misa Cantada. Fueron enterrados en el Camposanto del lugar, el que hoy conocemos como cementerio viejo, que estaba situado entre las actuales calles Pizarro y Avda. de Villanueva de la Serena.

 

Y terminamos

Los testigos recordarían toda su vida aquel acontecimiento tan aciago. Entre los más afortunados, estarían quienes perdieron por el fuego o el saqueo bienes materiales. También nos dolemos por el menoscabo de una parte de nuestro patrimonio común, como fueron los legajos del archivo municipal quemados, de los que ya nunca conoceremos lo que allí estaba escrito. Pero, entre las familias que perdieron algún miembro en aquel desdichado día, su recuerdo pasó de generación en generación. Y así ha llegado hasta hoy lo sucedido a María Fernández -mujer de Francisco Sojo-, tatarabuela de mi padre, quien fue abordada por los carlistas con una serie de preguntas, a las cuales no respondió. Esta actitud de no colaboración le costó la vida, aunque no fue por un acto de heroísmo, sino porque la pobre era más sorda que una tapia.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.



[1]Las noticias están tomadas de las siguientes fuentes:

-ANTONIO PILARA, Historia de la Guerra Civil y de los partidos liberal y carlista, hasta le regencia de Espartero. 2ª Edición. Imprenta y Librería Universal. Madrid. 1869.

- JUAN PÉREZ DE GUZMÁN Y GALLO, “Crónica de la Provincia de Cáceres”. Crónica General de España o sea Ilustrada y Descriptiva de las provincias…Tomo X.  Madrid. 1870.

-Diccionario Madoz.

-Archivo Parroquial de la Iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo.

-Tradición oral familiar.


lunes, 1 de noviembre de 2021

UN DÍA DE 1720 EN MADRIGALEJO

 


Como en otras ocasiones en las que había algún asunto que afectaba a la comunidad, el 29 de enero de 1720, se celebró reunión del Concejo de Madrigalejo, en las casas de ayuntamiento –de “ajuntamiento”, donde se juntaban-, que había sido convocada a “son de campana tañida”, como era el uso y la costumbre. El cabildo o reunión de Concejo lo convocaban “las justicias” para que acudieran los vecinos de la localidad, pues era una reunión abierta. “Las justicias” –o lo que es lo mismo, las autoridades que regían el Concejo- estaban compuestas por dos alcaldes ordinarios, dos regidores y el procurador síndico del común, cargos que se renovaban cada año en el día de San Juan Bautista.

Los Alcaldes Ordinarios ejercían la función de jueces municipales. Eran dos porque uno de ellos era el representante del estamento nobiliario, mientras que el otro se encargaba de las causas del pueblo llano. En enero de 1720, los alcaldes de Madrigalejo eran Bartolomé García Arias y Juan Sánchez Loro. Los Regidores eran los concejales y sus nombres eran Juan Cortés y Melchor Olalla. Por último, Alonso Gil Jiménez era el Procurador Síndico del Común, cuya función era promover los intereses de los vecinos y defender los derechos del pueblo.

A la llamada del Concejo acudieron los siguientes vecinos:

Gregorio Benito

Juan Jiménez Díaz

Alonso Gil Jiménez el viejo –para diferenciarlo del procurador síndico que se llamaba igual-

Miguel Fernández Cortés

Francisco Moreno

Bartolomé Fitara

Juan Orejudo

Juan García Iglesias

Felipe Benito

Juan García Moreno

Antón Falaya

Francisco Martín Moreno

Blas González

Miguel Fernández Moreno

Juan Sánchez Caballero

Francisco Solís

Bartolomé Sánchez Malpartida

Juan Rodríguez David

Domingo López

Diego Pizarro

Juan de Madrid

Diego Largo

Juan Cano

Martín Sierra

Andrés Bermejo y

Andrés Palmerín.

Motivo de la reunión

Cuando dio comienzo la reunión del Concejo, las justicias informaron de la visita que el Corregidor de la ciudad de Trujillo había efectuado a la localidad en los días precedentes. Los corregidores eran funcionarios reales; eran los representantes del Rey en una circunscripción determinada, formada por varios municipios, a la que se llamaba corregimiento. Residían en la ciudad principal del territorio, que era la cabeza del corregimiento, donde ejercían de alcaldes. Tenían la función de controlar a los regidores, fiscalizar las haciendas locales y la calidad de los abastecimientos, y ser jueces de justicia en lo civil y en lo criminal. Sus mandatos solían durar tres años. 

El lugar de Madrigalejo pertenecía al corregimiento de Trujillo, porque formaba parte de la jurisdicción de esta ciudad. Ostentaba el cargo de Corregidor de Trujillo en el trienio de 1717 a 1720 D. Matías Crespo Suárez, una persona muy celosa de sus funciones. Y la visita que realizó a Madrigalejo no fue precisamente de cortesía; al contrario, correspondía a lo que se llamaba “visita y residencia”, mecanismo por el que se inspeccionaba, in situ, la administración del Concejo.

Una vez que los vecinos fueron informados de la “visita y residencia” que había efectuado el Corregidor, se les comunicó las disposiciones que había establecido para que fueran cumplidas por el Concejo. Fueron las siguientes:

Control y gestión de impuestos

La gestión de los impuestos de los concejos corría a cargo de sus justicias y regidores, que debían ser ayudados y presididos por los corregidores. La recaudación de los tributos en los municipios estaba basada en el sistema de “encabezamientos”, a través del cual, a cada concejo se le asignaba un nivel de riqueza por el que debía contribuir. Y esta contribución se cobraba a los vecinos por el método de “repartimientos”, es decir, por derrama entre los vecinos pecheros de la cantidad con la que debía contribuir cada localidad. Recordemos que ni el estamento nobiliario ni el clero pagaban impuestos, solo el estado llano, los pecheros –es decir, los que pechaban, los que pagaban tributos-.

El Corregidor revisó los libros del Concejo, como era su cometido. Después mandó que se incluyera el 6 % en la derrama para pagar los gastos ocasionados por la gestión del cobro de los tributos y que, una vez que se hubiesen hecho efectivos esos gastos, llevasen la recaudación a las arcas reales en la ciudad de Trujillo, donde se centraba la recaudación. Todo ello debía hacerse conforme a la Ley, unas leyes que, desde la subida al trono de Felipe V, estaban siendo reformadas con vistas a una mayor centralización.

Sin embargo, los vecinos de Madrigalejo no estaban de acuerdo con los cambios que se exigían, preferían que la recaudación se ejecutara como se había hecho hasta entonces y expresaron su desconformidad a los mandatos de su señoría en el Concejo.

Control de gastos y petición de cuentas

Una vez fiscalizados los gastos del Concejo, el Corregidor mandaba regular los honorarios que debían percibir las personas que, por su cargo, tuvieran que realizar algún viaje –generalmente a Trujillo- o algún desplazamiento dentro del término –para controlar lindes o cualquier otro problema-. Se planteaba el control de lo que hoy llamaríamos “cobro de dietas”. En este sentido, el Corregidor ordenaba recortar los gastos de esas dietas, de tal forma, que no se abonara más de 80 reales a cada alcalde y que las demás autoridades y oficiales no deberían recibir nada.

También mostraron su desacuerdo los vecinos en este asunto; pedían que las cosas se quedaran como estaban y daban sus razones, pues el Corregidor no parecía tener en cuenta posibles circunstancias que pudieran acontecer en el día a día, como recorrer el término ante las incidencias que pudieran surgir, y ponían el ejemplo del “ojeo de lobos”. En aquel tiempo, la lucha contra los lobos para defender los rebaños de sus ataques era una de las eventualidades que surgían con frecuencia, por lo que, de vez en cuando, se realizaban batidas de lobos por esta zona. Aquellos ojeos llevaban consigo una serie de gastos, tanto de jornales en las batidas como para compensar a quienes presentaran ejemplares de lobos vivos o muertos.

Indicios de corrupción

Por último, el Corregidor, al investigar el libro de cuentas, encontró algunas anomalías en dineros malgastados y no justificados. Por ello, ordenó que quienes eran responsables de manejar el dinero del Concejo pagasen cuanto antes, de sus propias haciendas, lo que faltara para cuadrar las cuentas. En concreto, tres personas estaban bajo sospecha.

En esta cuestión, los vecinos también pusieron objeciones al Corregidor y, antes de exigir la devolución de la cantidad alcanzada, acordaron crear lo que hoy llamaríamos una “comisión de investigación”. La comisión estaría formada por el Sr. Cura –entonces D. Alonso Sánchez Gil-, el Procurador Síndico del Común –Alonso Gil Jiménez el mozo- y seis u ocho hombres que no fueran ninguno de los comprometidos en la investigación; para ello fueron nombrados Juan Sánchez Monzón, Domingo López y Andrés Palmerín, quienes, a su vez, deberían nombrar a otros tantos para formar dicha comisión. El Concejo acordó que se ejecutase lo que la comisión determinase una vez investigado el asunto y que se penalizase con rigor si se probaba el delito.

De todo esto tenemos noticia porque fue escrito en el libro de actas del Concejo. Lo firmaron quienes sabían firmar, tanto de las justicias como de los presentes, y un testigo, por quienes no sabían. Firmaron como testigos Francisco Cabanillas, Francisco Blázquez y Bartolomé Granjo. Dio fe de todo el documento el escribano público, Cristóbal Blázquez. 

En definitiva

Vemos cómo, hace 300 años, el Concejo de Madrigalejo no quedó bien parado en la “visita y residencia” que hizo el Corregidor, en lo que hoy llamaríamos una “auditoría”. Ante los desajustes, la máxima autoridad del sesmo trujillano estableció unas disposiciones para gestionar los impuestos, controlar los gastos y sancionar a quienes podrían haber metido mano en la caja. Sin embargo, los vecinos reunidos en Concejo expusieron sus opiniones para cada uno de los asuntos tratados e, incluso, crearon una comisión de investigación.

Me hubiera gustado saber si se llevaron a cabo cada una de las disposiciones, pero lamentablemente, el libro que contiene las actas de los años siguientes no se ha conservado, por lo que no he podido hacer su seguimiento. Por otra parte, el Corregidor D. Matías Crespo Suárez terminaba su mandato en Trujillo en 1720 y le sustituiría otra persona que, probablemente, no sería tan escrupuloso en sus encomiendas como él.

Terminamos

Esta pequeña entrada de “Luz de candil” es una síntesis de un trabajo titulado “Visita del Corregidor de Trujillo al lugar de Madrigalejo en 1720”, que presenté en los COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA que, por causa de la pandemia, se celebraron telemáticamente el 27 de noviembre de 2020. 


El trabajo está publicado en las actas de los XLIX Coloquios Históricos de Extremadura, págs. 457-468. El trabajo completo está disponible en el siguiente enlace: https://chdetrujillo.com/visita-del-corregidor-de-trujillo-al-lugar-de-madrigalejo-en-1720/

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

FUENTES

Archivo Municipal de Madrigalejo, Sig. 15.

RODRÍGUEZ CEREZO, G. “Visita del Corregidor de Trujillo al lugar de Madrigalejo en 1720”. XLIX Coloquios Históricos de Extremadura. 2020, págs. 457-468.