lunes, 4 de julio de 2022

LORENZO R. AMORES. UN SIGLO DE SU NACIMIENTO


Cuando se cumplen cien años del nacimiento de Lorenzo Rodríguez Amores -mi querido padre- he seleccionado algunas fotografías de las que se guardan celosamente en álbumes y cajas, unas instantáneas que van a ser las columnas que sustenten el presente trabajo. Este trabajo que no tiene otra pretensión que la de repasar toda una vida a través de las imágenes. Y, como suele decirse, no son todas las que están ni están todas las que son. Lo primero, porque la selección es necesaria, y lo segundo, porque toda una vida no cabe en unas fotografías.

Lorenzo Rodríguez Amores nació en Madrigalejo el día 5 de julio de 1922. Sus padres fueron Domingo Rodríguez Silva, labrador de Acedera, y María Amores Pizarroso, natural de Madrigalejo. Domingo y María se habían casado el 27 de febrero de 1909 y fijaron su residencia en Acedera. Cuando iba a dar a luz, mi abuela María, se instalaba en Madrigalejo, en casa de su madre. Aquí nacieron sus hijos Antonio y Lorenzo. No fue así en el caso del segundo hijo, Vicente, que se adelantó el parto y nació en Acedera.

La fotografía que acompaña es de estudio, con disfraz incluido. Fue tomada en Córdoba en la luna de miel de mis abuelos, Domingo y María.

Fueron tres los hijos del matrimonio Rodríguez Amores. La fotografía es el retrato de los dos hijos mayores: Antonio -montado en triciclo- y Vicente -de pie-. Cuando se hizo la instantánea, todavía no había nacido Lorenzo, pues se llevaba 10 y 12 años respectivamente con ellos. En sus dos hermanos mayores, Lorenzo tenía el ejemplo a seguir. Siempre estuvieron muy unidos los tres hermanos.

 


Tras la enfermedad y muerte del padre, en 1933 la familia ya estaba instalada en Madrigalejo. Siguiendo los pasos de sus hermanos, estuvo interno en el Colegio San Luis Gonzaga de Sevilla, donde estudió los tres primeros años de bachillerato. En esta fotografía de grupo, Lorenzo aparece el 4º empezando por la derecha de la 2ª fila desde abajo. La foto fue tomada en 1936, poco antes del comienzo de la Guerra Civil. Al estallar la guerra en julio, le pilló durante sus vacaciones en Madrigalejo. Los tres años de la guerra los pasó en Madrigalejo con su madre, siguiendo sus estudios de bachillerato de forma libre. Iba a examinarse a Trujillo y a Cáceres. Terminó la etapa de bachillerato de nuevo en Sevilla.  

 


Y de Sevilla se fue a Córdoba, a estudiar Veterinaria, licenciándose en esta disciplina en 1948. En él dejó un lugar muy especial Córdoba y sus años de estudiante. Le vemos en este retrato de su época de estudiante.

 

Como cualquier joven, también le gustaba practicar deporte, concretamente el fútbol. Vestido con camiseta, calzones, medias y botas para salir al campo, le vemos en el extremo derecho.


Hizo el Servicio Militar en las Milicias Universitarias, con el grado de Alférez de Caballería. Estuvo destinado en Badajoz y en Ronda. Frecuentemente contaba la siguiente anécdota: que estando realizando unas prácticas montando a caballo, se cayeron por un barranco el caballo y él; rápidamente el superior se acercó a ver si le había pasado algo al caballo, pero, en ningún momento, llegó a interesarse por él. Le vemos en la fotografía con el uniforme de Alférez.



Estando ya en relaciones con quien sería su esposa, Anita Cerezo, disfrutaba de la Feria de Madrigalejo. Son dos instantáneas del mismo día. En la primera, llevando en la carreta a sus futuras sobrinas engalanadas para ir los toros. En la segunda fotografía, están ya colocados en la plaza para ver la corrida. Llaman la atención los mantones de Manila. Era un gran aficionado a los toros y, además, como veterinario, en alguna ocasión ejerció como tal en algunas corridas.



El 5 de febrero de 1950 se celebró en Guadalupe la boda entre Lorenzo Rodríguez Amores y Ana Cerezo Fortuna. Cuentan quiénes lo vivieron, que fue un día infernal de frío, agua y nieve; nevando en Guadalupe y lloviendo a mares en Madrigalejo.

 

Sentados en un velador en Baños de Montemayor, el joven matrimonio con sus sobrinas Nina y Pepi. Allí solían pasar algunos días de descanso en verano, en la casa llamada “Buenos Aires”, que era propiedad de su suegro.

 


Tras vivir los primeros años en la calle San Juan nº7, hicieron una casa en la Calle Luisa Fortuna nº1, en cuya puerta está tomada la fotografía, recién trasladados a la nueva vivienda. Para entonces ya eran familia numerosa, aunque todavía faltaba por llegar la pequeña.

 

Le vemos aquí en una de las facetas que le caracterizaban, la de gran conversador y narrador. En el comedor de su casa, rodeado de familia, está de espaldas, pero todas las miradas se dirigen hacia él, hacia lo que está hablando. Seguro que estaba contando algo apasionante y ameno, por el interés que suscita en los contertulios.

 


Un día en el campo, como otros muchos. Encinas, retamas, el monte… ¡Cuánto empeño ponía en cuidar y conservar el monte! Cuando a nadie le interesaban las encinas y se arrancaban por miles, no solo las conservó y procuró mantener el monte intacto del Valle Judío, sino que le parecía una barbaridad el arranque indiscriminado de encinas.

Y su viejo Land Rover… No se caracterizó por ser buen conductor, más bien lo contrario; pero le dio mucha independencia.

 

Apasionado de la Historia, en los libros y a pie de campo, curioso donde los haya, le encontramos aquí visitando y enseñando la cueva de Villavieja, en el término municipal de Navalvillar de Pela, donde habitaron pueblos prerromanos. Tomo prestadas las palabras de Ángel Ruiz del Árbol, de la entradilla al poema acróstico -todo un homenaje- que le dedicó cuando murió: “Cuando los hombres trabajan en el silencio del pasado, su obra se convierte en un grito de emoción y de esperanza”.

 

También podíamos encontrarlo en congresos, certámenes y simposios de Historia, como en esta foto de familia de los participantes de una de las ediciones de los Coloquios Históricos de Extremadura, que se celebran cada septiembre en Trujillo, una cita a la que no faltó mientras le fue posible. Y es que tuvo una gran vinculación a los Coloquios desde el principio, hasta el punto que la primera comunicación de la primera edición de los Coloquios, allá por 1971, fue suya y llevaba el título de “La casa de Fernando el Católico en Madrigalejo”.



 Y precisamente, durante muchos años, su gran caballo de batalla fue salvar de la ruina a la Casa de Santa María -donde había fallecido el Rey Fernando el Católico y donde había firmado su último testamento-. Trabajó incansablemente por ello y para que fuera declarada Monumento Nacional. Ambas cosas se lograron. Aquí le vemos husmeando en las obras de restauración de la Casa de Santa María.

 

También trabajó por reivindicar a Madrigalejo como parada obligada en el camino de Guadalupe. Por ello, no dudó en promover que se hiciera una gran acogida a los primeros jinetes de la “Marcha de la Hispanidad” que decidieron hacer el camino tradicional a Guadalupe a caballo pasando por Madrigalejo.



 Un interés especial tuvo por la figura y la obra de Reyes Huertas, a quien dedicó varios de sus trabajos. Ese interés le llevó a acercarse a la familia del escritor, a la que visitaba con frecuencia en “Campos de Ortiga”, la casa familiar en La Guarda. Trabó una buena amistad con su yerno, José María Basanta. La fotografía es un momento del acto celebrado en Campanario en homenaje a Reyes Huertas en el 25 aniversario de su fallecimiento, acto del que fue colaborador.

Aparece aquí con el cigarro en la boca, pues, hay que decirlo, era un fumador empedernido.

 

Y también fue muy especial el homenaje a D. Aquilino Ramos Lozano, en el día de su jubilación, un acto de reconocimiento y agradecimiento, por su gran dedicación, a toda una carrera en el ejercicio del magisterio. D. Aquilino y mi padre se funden en un abrazo como muestra de su gran amistad, después de haberle dedicado unas palabras, que debieron haber sido muy emotivas, si observamos los rostros del mismo D. Aquilino, de su mujer, Dª Victoria, y de su hijo Javier.



También le llegó a él la hora de su jubilación. Ambas fotografías representan dos actos distintos tras llegar a su retiro, que tuvo que ser antes de tiempo por enfermedad. La primera reproduce el momento de la entrega de una insignia en el homenaje que el Colegio de Veterinarios de Badajoz rindió a los profesionales de esta disciplina que se jubilaron a lo largo de aquel año (1987). La segunda es el día del homenaje de jubilación que le tributaron sus amigos de Quintana de la Serena, donde estuvo ejerciendo la Veterinaria a lo largo de dos décadas. 

 

Y tras la jubilación, emprendió un proyecto que le ocupó la etapa final de su vida. Sin prisa, pero sin pausa, se dedicó a escribir el libro de la Historia de Madrigalejo, de la que tanto sabía. El libro, Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, vio la luz en marzo de 2008, cuando la enfermedad había hecho mella en él. Y, a su manera, disfrutó de la presentación de su obra, que tuvo lugar el 17 de marzo, en la Casa de la Cultura de Madrigalejo. La siguiente fotografía (21) es una instantánea de aquel día, y la última vez que se le vio en un acto público, que estuvo arropado por numerosos convecinos, amigos, algunos de los cuales se desplazaron desde otras localidades, y familia.

 

Falleció en Madrigalejo el 6 de marzo de 2009.


El último homenaje fue el de su pueblo, a través de su institución más destacada, el Ayuntamiento de Madrigalejo, el cual, en pleno y por unanimidad de todos los ediles, acordaron poner a una calle el nombre de Lorenzo Rodríguez Amores. Presidía entonces la Corporación Municipal D. Tomás Durán García. Al poco tiempo, hubo cambio en la Alcaldía y, al inicio de la legislatura de D. Sergio Rey Galán, tuvo lugar el acto de colocación de la placa en la calle que lleva su nombre. 

Muchas gracias a todos.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.    


domingo, 5 de junio de 2022

EVOLUCIÓN DEL CAMPO EN LAS VEGAS ALTAS DEL GUADIANA

Con motivo de la celebración del 50 aniversario de la puesta en riego del canal de Orellana, la Comunidad de Usuarios del Canal de Orellana organizó una mesa de debate acerca del “Pasado, presente y futuro de los pueblos de colonización”, que tuvo lugar en Valdivia, el 12 de mayo de 2022. Tuve el honor de ser invitada a la mesa de debate como ponente en calidad de Cronista de Madrigalejo y Presidenta de la “Asociación Cultural Fernando el Calólico”, junto a Fernando Aranda -Director Técnico de Confederación Hidrográfica del Guadiana-, Celia Santos -Gerente de Tomates del Guadiana- y Esther Abujeta -Doctora en Historia del Arte y experta en pueblos de colonización-. Moderó la mesa de debate Samuel Sánchez.  

A continuación, comparto la ponencia que presenté.

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La transformación del campo extremeño en las últimas décadas y, en concreto, de las tierras de las Vegas Altas del Guadiana, ha sido tan radical que no se puede hablar de evolución, sino de una auténtica revolución. Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, se ha pasado de una agricultura tradicional, caracterizada por el inmovilismo, a una agricultura en continuo progreso, donde las innovaciones más recientes, rápidamente se van quedando obsoletas. Y con la agricultura, la transformación ha sido también de carácter económico, social, cultural o paisajístico. Veamos algunos aspectos de esta transformación.

Agricultura:

Transformación de las tierras de secano en tierras de regadío 

Sin duda, el motor de todo el cambio experimentado en las Vegas Altas del Guadiana en las últimas décadas fue la puesta en regadío, con el Plan Badajoz, de grandes dehesas y de tierras de cultivo que antaño fueron de secano. Y con la llegada del agua de riego, también cambiaron los cultivos, el aprovechamiento del suelo y la productividad.



(Foto de María García Ciudad) 

Nuevos cultivos

Las tierras hoy regadas por el canal de Orellana, tradicionalmente, estaban dedicadas a la ganadería extensiva en dehesas y al cultivo de la trilogía mediterránea: cereal (trigo, cebada, avena o centeno), olivo y vid. También se cultivaban otros productos destinados al autoconsumo, como legumbres o lino. Y en las riberas de los ríos y manantiales, sacando agua con norias y cigüeñales, se cultivaban huertos y huertas, destinados a hortícolas y frutales, respectivamente.  



El regadío trajo nuevos cultivos. Hubo ensayos para cultivar tabaco y algodón, que no prosperaron. Desde el principio se consolidaron cultivos como arroz, maíz y frutales -de pepitas al comienzo y, después, de hueso-; también productos hortícolas, especialmente tomates- y, más recientemente, olivos de regadío.



Redistribución de la tierra y aprovechamiento del suelo    

Con la puesta en marcha del regadío, también se llevó a cabo una redistribución más equitativa de la tierra, mediante la expropiación de latifundios y la concentración parcelaria de pequeñas suertes, dando lugar a explotaciones cuyas dimensiones fuesen más rentables. Pues este era el objetivo, la rentabilidad de la tierra, modificando el sistema de aprovechamiento del suelo desde la agricultura extensiva tradicional a una agricultura intensiva de alta productividad, que es la que hoy predomina.



Antiguas herramientas y nuevas tecnologías

Y en el proceso de alcanzar mayor productividad, también ha sido esencial la evolución de la maquinaria agrícola y los avances tecnológicos de las últimas décadas.

Durante siglos, apenas hubo avances significativos en los métodos de labranza para realizar las tareas agrícolas. No hace tanto tiempo, la tierra se preparaba con el arado tirado por yuntas de bestias. La siembra se realizaba a mano. El arisqueo con semovientes tenía la función de quitar las hierbas tempranas; mientras que, cuando la cosecha estaba más crecida, las malas hierbas se quitaban a mano, mediante el escardado. También la siega era manual, empleando la hoz y el hocino como herramientas.



Museo Municipal de Madrigalejo.
(Foto de Jonatan Carranza)

Una vez segada la mies, las hacinas se llevaban a la era para trillar la parva, donde se separaba la paja del grano, un trabajo que ocupaba todo el verano.

Y tras la cosecha, la tierra debía descansar para regenerarse, poniéndola en barbecho, en rotación bienal.

Todo esto ya es historia. Grandes tractores y maquinaria agrícola, cada vez más sofisticada, realizan el trabajo que antes hacían hombres y animales, economizando tiempo, esfuerzo y mano de obra. Los productos fitosanitarios controlan malas hierbas, plagas y enfermedades. La tierra se enriquece con abonos y fertilizantes, por lo que no necesita barbecho. Y las máquinas cosechadoras realizan, en un día, la tarea que antes ocupaba todo el verano.



Economía:

Paso de una economía de subsistencia a una economía de mercado

El paso a la agricultura intensiva, con el incremento sustancial del rendimiento de la tierra, generó y sigue generando unos beneficios que han revertido indiscutiblemente en la economía de toda la zona.

En la agricultura tradicional, ligada a una economía autárquica, buena parte de la cosecha se destinaba al autoconsumo, había pocos excedentes, se pagaba parte de los jornales en especies y seguía perviviendo el trueque entre los vecinos.

Con la transformación en regadío de nuestras tierras, se ha pasado a una economía de mercado. Los mayores beneficios que empezaron a obtener las exploraciones eran revertidos en dinero líquido. Y buena parte de ese dinero líquido hay que invertirlo en la propia explotación para la puesta en marcha de cada campaña; dinero que revierte en servicios, prestaciones y empresas que viven alrededor de la agricultura, haciendo que el sector primario sea un gran motor de dinamización económica para la zona.

 

Cambios sociales

De labrador a agricultor

Y con todos estos cambios, también cambió el individuo, la persona que lleva toda la carga de la explotación. El labrador, aquel hombre de campo recio, trabajador de sol a sol, paciente, sufridor de las inclemencias del tiempo, que aprendió el oficio de su padre, quien a su vez lo hizo del suyo, ya no existe, pasando a ser agricultor.


(Foto de los Hnos. Bustamante Hurtado)

Al agricultor actual, poco le aporta ya el conocimiento ancestral de la labranza. Necesita estar continuamente formándose y actualizándose, y destina buena parte del tiempo a la burocracia y al papeleo. Tiene a su alcance una tecnología y unos medios inimaginables para el antiguo labrador. Se agrupa en cooperativas para acceder más fácilmente a los insumos, hacer más presión en los precios y tener unos servicios de administración que le ayude con la burocracia. Y unos sindicatos específicos luchan por sus intereses.

 

Mejora la calidad de vida

Además, todo lo anterior ha redundado en una mejora significativa en la calidad de vida y en la renta per cápita, no solo de quienes se dedican a las tareas agrícolas, sino de toda la población en general.

 

Fijación de la población

Todos estos avances y mejoras significativas en la agricultura han incidido también en la fijación de población en el territorio, apuntalada con la fundación de pueblos de nueva creación, por lo que las Vegas Altas del Guadiana son ahora una de las zonas rurales más pobladas de Extremadura.

Se consiguió frenar algo la sangrante emigración que padecían los viejos pueblos y se produjo un trasvase de población desde otros lugares hacia los pueblos de colonización. Esta inmigración supuso un reto humano de gran calado, con nueva vida, nuevas amistades, dejar atrás las raíces y, sobre todo, participar en la creación de nuevas comunidades, con mucha ilusión y trabajo.

 

Aspectos culturales

Arte y patrimonio

Como los pueblos de colonización se levantaron de nueva planta, su urbanismo fue planificado y se construyeron los edificios necesarios para la nueva comunidad: plazas, ayuntamientos, escuelas, iglesias, viviendas, fuentes públicas, cines o cementerios. Así, en los nuevos pueblos, encontramos trazas, edificios y obras única y originales, que son reflejo de la sensibilidad artística imperante a mediados del siglo XX y que forman parte ya de un patrimonio común.


(Foto cedida por la Biblioteca Pública de Vagas Altas)

Además, los nuevos pobladores trajeron de sus lugares de origen tradiciones, gastronomía o maneras de festejar, que entraron en contacto unas con otras y que, con el tiempo, la comunidad las ha ido haciendo suyas, adaptándolas o creando nuevas iniciativas para sus fiestas y celebraciones. Todo ello está generando un patrimonio inmaterial nuevo que hay que tener muy en cuenta.

 

El paisaje   

Y no podemos olvidarnos del paisaje, que ha cambiado radicalmente. Allá donde antes había encinas centenarias y tierras dedicadas al cultivo de cereal de invierno, hoy encontramos frutales, hortícolas, arroz o maíz. Los pardos secarrales y los rastrojos propios del verano han sido sustituidos por distintas tonalidades verdes y la floración de los frutales en primavera ofrece un espectáculo visual de gran belleza. Y, entre tanto, la tierra descansa en invierno.

Pero también la nueva distribución del suelo agrícola ha modificado el paisaje, así como los procesos de allanamiento y nivelación de tierras, o las necesarias infraestructuras, como canales, acequias, desagües, vías de servicio, carreteras y, por supuesto, el surgimiento de pueblos de nueva creación.

 

Cambios en el ecosistema

Tan significativo cambio vegetativo ha repercutido también en el ecosistema de la zona. Están desapareciendo algunas especies de la flora y de la fauna autóctonas, y apareciendo otras que no existían en estos parajes. Especialmente significativo es el caso de las aves. Se está produciendo una sensible disminución de aves esteparias y están proliferando especies propias de humedales en torno a los arrozales. Además, la gran reserva de alimento que se queda en el campo tras la cosecha de otoño favorece la invernada de grandes aves migratorias, como las grullas, que son un gran reclamo turístico. Por la misma razón, las cigüeñas ya no tienen necesidad de emigrar y permanecen aquí todo el año. La riqueza ornitológica que se ha creado es tal que han sido declaradas varias zonas ZEPA en el territorio regado por el Canal de Orellana.

Y significativo también es el caso de los insectos, con la gran proliferación de mosquitos en verano, que no es cosa menuda.

 

Hacia dónde nos dirigimos

Y tras más de 50 años de evolución, se presentan nuevos problemas y nuevos retos. Estamos asistiendo en los últimos años a la disminución de los márgenes de beneficio en las explotaciones. Con la globalización, nuestros productos compiten con los de terceros países, a los que les cuesta bastante menos producir; esto ha provocado que los precios de nuestros productos sigan al mismo nivel que hace años, al mismo tiempo que los gastos han sufrido un fuerte incremento. Además, las ayudas procedentes de Europa se van reduciendo sensiblemente con cada revisión de la P.A.C.

La reducción de beneficios repercute en que las explotaciones sean menos rentables, que cueste más financiar su modernización para competir en buenas condiciones, y que no sea atractivo a los jóvenes incorporarse a la agricultura, buscando su futuro profesional lejos del sector primario y de los pueblos. Como consecuencia, la población está envejeciendo, desaparecen las explotaciones menos rentables y aumentan las que son gestionadas por grandes empresas.

Por tanto, para evitar el envejecimiento y la despoblación de los pueblos, hay que conseguir que las explotaciones familiares sean rentables, que la renta per cápita de los agricultores se equipare con la de profesionales de otros sectores y, así, hacer más atractivo a los jóvenes quedarse en el campo.

 

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Y termino diciendo que, para esta ponencia, me he servido del cuadernillo La labranza, publicado por la Asociación Cultural “Fernando el Católico” de Madrigalejo en 2016, fruto de un encuentro celebrado el 21 de enero de 2015 llamado “Diálogo Intergeneracional”. En aquel coloquio, antiguos labradores que se habían reconvertido en agricultores, contaron a los más jóvenes sus vivencias y experiencias de la gran revolución del campo, de la que ellos fueron protagonistas activos.



Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

Bibliografía

-La Labranza. Memoria Vivida. “Asociación Cultural Madrigalejo 2016-Fernando el Católico-V Centenario”. 2016.

 

Imágenes

-Jonatan Carranza

-Hnos. Bustamante Hurtado

-Biblioteca Pública de Vegas Altas

-María García Ciudad.

-Fotografías antiguas

-G. Rodríguez Cerezo

 

viernes, 13 de mayo de 2022

PRESENTACIÓN DE LOREM IPSUM

El 5 de mayo de 2022, Mª Ángeles García Carranza presentó en Madrigalejo su último libro de poesía: LOREM IPSUM, publicado en la editorial Cuadranta en 2021. El poemario ha sido prologado por Khaled Salem, Doctor en Filología Hispánica, Catedrático de la Academia de Artes, Universidades de El Cairo y Complutense de Madrid. Y el epílogo es obra de nuestro amigo y paisano Ángel Ruiz del Árbol Pérez, Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Salamanca y Profesor agregado de institutos de bachillerato (Filosofía).  

Cartel del acto

El acto, organizado por la Asociación Cultural “Fernando el Católico”, tuvo lugar en un lugar muy especial, allí donde reposa la palabra guardada en libros, esperando unas manos que los abran y los toquen, unos ojos que los miren y los lean y una mente que los interprete y que los haga suyos, en la Biblioteca Pública Municipal de Madrigalejo. En este lugar tan emblemático, nos congregamos un grupo de personas para festejar la palabra hecha belleza en el arte de la poesía.


Conocemos a Mª Ángeles García Carranza desde siempre, porque ha crecido entre nosotros, porque es natural de Madrigalejo. Ha vivido en Madrid, Villanueva de la Serena y Valencia. En la capital del Turia escribió sus dos primeros libros: La noche que Gilda bailó sin guantes (2015) y La cara norte de los sueños (2018). Desde hace pocos años, vuelve a residir en Villanueva de la Serena y, en esta localidad, ha escrito su último poemario, Lorem Ipsum (2021), en el silencio forzado de la pandemia.


Momento de la entrevista.

Como presidenta de la Asociación Cultural “Fernando el Católico”, tuve el honor de participar en la presentación de Lorem Ipsum, junto a Teresa García Ginés, bibliotecaria de la institución que nos acogía. Teresa hizo a Mª Ángeles una muy buena entrevista, acerca de la poesía, de ella como poeta, de su obra y de su nuevo libro. Después, Mª Ángeles compartió con nosotros varios de sus poemas, enriquecidos con los múltiples matices de su voz.


La autora firmando libros.

Para la presentación, hice un breve comentario -que ahora comparto- sobre Lorem Ipsum, sobre lo que, a mí como lectora, me ha provocado, me ha impresionado o me ha sugerido. Porque lo que el autor expresa en su poesía sufre una sustancial transformación cuando el lector la hace suya, puesto que la poesía está viva.


Precisamente muy viva es la poesía de Mª Ángeles. Tan viva como la “vida”, a la que está dedicado este libro. Pues es vida lo que hay en cada uno de los 24 poemas que conforman la obra, incluso, cuando la muerte es protagonista. La vida está tratada en su totalidad en Lorem Ipsum, en el tiempo y en el espacio; desde los orígenes del hombre hasta la actualidad; desde lo más íntimo del ser humano hasta el universo. 


Y como parte inherente de la vida del ser humano, el dolor y el sufrimiento, que solemos anestesiar en nuestro vivir cotidiano, está presente en sus poemas. Sufrimiento físico, pero también dolor emocional, que lleva al pesimismo con ventanas abiertas a la esperanza o que conduce al pesimismo existencial. También podemos ver en Lorem Ipsum dolor social, que se manifiesta en la protesta, en la reivindicación, en el pensamiento crítico de la autora.


Además, la vida de Mª Ángeles es ser mujer, y su ser mujer, su feminismo practicante, supura por toda la obra. Libre, combativa, viviendo el presente, con sueños y gozos, con personalidad, sintiéndose viva, así es la mujer que nos presenta Mª Ángeles, evitando nombres propios; con un pronombre es suficiente, no necesita más.


Aboga por vivir el presente, el hoy, aprovechando el momento. Por vivir sintiendo, con todos los sentidos. Así el gusto, el olfato, la vista, el oído y el tacto ocupan un lugar destacado en su poesía, del mismo modo que todo lo que es susceptible de ser sentido, como la belleza, las flores, la música, el mar, la naturaleza, la lluvia, las estrellas o el arte.


Y nada más grande para ser sentido, para ser vivido, que el amor; el amor pasional lleno de sensualidad y de erotismo; también el que puede ser soñado a través de personajes de cine; la pasión de un amor que sigue latente, incluso, cuando llega el desamor; o el que, a pesar de todas las dificultades, se supera cuando del y el yo se pasa al nosotros, desviviéndose mutuamente, y ¿cómo no? también el amor que pudo haber sido y que no llegó a ser.


Todo lo que tiene que ver con el ser humano es consustancial a la vida y, por ello, la civilización y su conocimiento, a través de las ciencias humanas, tienen su lugar en Lorem Ipsum, como el recorrido esencial trazado por el hombre para llegar a ser lo que hoy es. Así vemos guiños a la Filosofía, a la Historia y a todas las Artes: Música, Danza, Cine, Pintura, Arquitectura… y, por supuesto, a la Literatura.


Entre los géneros literarios, la poesía es uno de los pilares de esta obra. Porque, además, Mª Ángeles aquí canta a la poesía, al poeta, a la palabra, a la inspiración, a las musas, a la obra que se dilata en el tiempo aun cuando ya ha callado la voz del poeta, y a los sueños que son poesía. 


Y con la poesía, hemos llegado a la “palabra”, a la que dedica la obra junto con la “vida”, sus únicas patrias. Con la palabra, los mimbres de su poesía, Mª Ángeles maneja magistralmente el lenguaje poético con figuras retóricas como metáforas, antítesis, comparaciones, personificaciones, anáforas, elipsis…, que invita al lector a leer una y otra vez sus poemas para intentar sacarles todo su jugo.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.