sábado, 8 de octubre de 2022

VAMOS A CALLEJEAR. G. FORTUNA (2ª parte)

La primera parte de esta entrega de “Vamos a Callejear” terminaba con la escena de tres vecinas charlando sobre la ermita de San Gregorio y las Enriaderas.

El final de la calle Gallego Fortuna marcaba el término del casco urbano de Madrigalejo hasta el siglo XIX. La ermita de San Gregorio estaba situada en el extrarradio, lo mismo que el cementerio viejo, que había sido construido en 1820, en un espacio que hoy ocupan solares entre las calles Badajoz, Pizarro y Alonso de Ojeda. Para construir este cementerio, se utilizó el material de las ruinas de la ermita de San Sebastián, que antaño estuvo situada en la otra punta de la localidad, allá por los Barrios Altos. Por su parte, la ermita de San Gregorio podría darse por desmantelada a finales del siglo XVIII.

El antiguo camposanto estuvo en activo hasta 1912, año en el que se inauguró el cementerio actual. Quedó totalmente clausurado y limpio de todos los restos en 1932; últimos restos que fueron depositados en el osario del cementerio nuevo.

Al ir creciendo la población, fue necesario construir nuevas viviendas y habilitar nuevas calles, de tal forma que se amplió el perímetro urbano también por esta parte. El ensanche fue planificado con una estructura en damero o cuadrícula, y se fue poblando a lo largo de mediados y finales del S. XX.

 La calle Pizarro es la prolongación de Gallego Fortuna. Pero antes, salía por la derecha el camino que iba hacia las Enriaderas, camino que se convirtió en calle, tomando también su nombre. A su vez, de las Enriaderas salen actualmente las calles Cid y Prados, Así como su prolongación, llamada calle Canal de Orellana.

De la calle Pizarro, salen dos vías perpendiculares: las calles Cáceres y Badajoz. A su vez, la calle Pizarro desemboca actualmente en la plazuela que une los dos tramos de la calle Alonso de Ojeda. Y paralela a Alonso de Ojeda, se encuentra la calle Daoiz y Velarde.

¿De dónde vienen los nombres de estas vías? Pues bien, a la hora de rotular las nuevas calles, el Ayuntamiento se inclinó fundamentalmente en dos direcciones; por una parte, con personajes históricos, y por otra, con apellidos madrigalejeños. Los personajes elegidos para identificar las calles fueron: Cid, Daoiz y Velarde, así como los conquistadores Pizarro y Alonso de Ojeda. Y los apellidos que encontramos en estas calles, tales como Recio, Grijota, Prados o Fernández Rentero, se pusieron en compensación a las personas propietarias de los terrenos que se expropiaron para trazar dichas vías. Caso diferente son las calles Cáceres y Badajoz, que anteriormente eran nombradas Capitán Arce (militar fallecido en el desastre de Annual, en la guerra de África) y 1º de junio, cuyo cambio de nomenclatura tuvo lugar en la década de los 80 del siglo pasado.

Y, por último, Canal de Orellana. Un nombre bien justificado por los beneficios que ha aportado a nuestra localidad el agua de riego que nos llega a través de esta infraestructura y que ha supuesto una gran transformación en la agricultura de nuestro pueblo. Recordemos que este año se está celebrando el 50 aniversario de la total puesta en regadío de la zona que abarca el Canal de Orellana.

Hasta aquí ha llegado el repaso del urbanismo en parte de nuestro pueblo. Pero no olvidemos también que, por este camino, se llegaba a las Matas, zona de dehesas y pastoreo, fincas en las vivían y trabajaban muchos madrigalejeños. Por ello, vamos a terminar este recorrido con un pequeño homenaje a aquellos pastores que día y noche pasaban en las majadas.

REUNIÓN DE PASTORES EN UNA NOCHE DE VERANO

-Dura jornada la de hoy.

-El calor nos tiene a toos agotaos. Así está también el ganao…

-¿Oís los campanillos? Ahora es cuando puden llenar la panza.

-Pobres ovejas…, con la calor, no pueen con su alma, están to el día acarrás.

-¿Y pa beber?, cada vez hay menos agua en las charcas. Ya mismo tendremos que empezar la tarea de llevar el rebaño a beber al río cada mañana.

-Aprovechad y remojaros bien en el río, que estéis vosotros también bien fresquitos to el día.

-Y si tenemos un buen ajoblanco al llegar… cuanto más y mejor…

-Disfrutemos del fresco de la noche ahora, que no hay mejor momento pa descansar…

-Pocos ratos como estos tan plácidos…

-A ver, zagales, vamos a jugar… tan largo como un camino y pesa menos que un comino… ¿Qué es?

-Yo, yo, yo lo sé… el humo

- ¿Y esta otra adivinanza? Tan largo como un camino y cabe en un cofrecino…

-Esa la sé yo… es el hilo

-A ver esta…Cien monjas en un convento y toas visten de negro…

-También la sé… son las hormigas.

-Esto es un aburrimiento, si es que ya os las sabéis...

-Pues la noche está lo propito pa recitar el romance de la loba parda. El que está presente en toas las majás, en las noches de invierno y verano, desde nuestras tierras hasta las de las sierras del norte.

 -Es uno de los romances que nos unen a toos los pastores, ya sean los serranos que vienen y van en la trashumancia como los que siempre estamos por aquí.

-Sí, y unos lo cantan y otros lo recitan…

- ¡Venga! ¿A ver quién se atreve?

- ¡Vamos!, tú que estás mu cayao.

- A ver cómo me sale…¡Allá voy!!!

laEstando yo en la mi choza, pintando la mi cayada,
las cabrillas altas iban y la luna rebajada;
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada.
Vide venir siete lobos por una oscura cañada.
Venían echando suertes cuál entrará a la majada.

Le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como punta de navaja.
Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada;
a la otra  vuelta que dio, sacó la borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos para el domingo de Pascua.

–¡Aquí, mis siete cachorros, aquí, perra trujillana,
aquí, perro el de los hierros, a correr la loba parda!
Si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza;
y si no me la cobráis, cenaréis de mi cayada.

Los perros tras de la loba las uñas se esmigajaban;
siete leguas la corrieron por unas sierras muy agrias.
Al subir un cotarrito la loba ya va cansada:
–Tomad, perros, la borrega, sana y buena como estaba.
–No queremos la borrega, de tu boca alobadada,
que queremos tu pelleja pa’ el pastor una zamarra;
el rabo para correas, para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas;
y las tripas para vihuelas para que bailen las damas.

-¡Mi madre! Te se ponen los pelos como escarpias…

-Mira que lo escucho veces… pero es que lo vive uno

(Niño)-Pero aquí no hay lobos, ¿a que no?

-No sé, no sé…

-¿A que no sabéis el cuento del tamborilero?

(Niño)-No ¿un cuento? A ver…

-Veréis…Erase una vez… Por, cierto, era por ahora…o quizá un poco más palante, ya más cerca del día de la Virgen… un mozalbete, que tenía un tambor, decidió ir a Guadalupe, pa estar allí el día de la fiesta.

-(Niño)- ¿Y de donde salió?

-Pues, creo que desde Villanueva o desde Rena, ya no estoy mu seguro… porque venía por el camino de Rena.

-(Niño)- ¿Ese que pasa por aquí cerca?

-Ese mismo, por el que vamos pal pueblo

-(Niño)- ¿Iba a caballo o en burro?

- Ni en uno ni en otro, que venía andandito.

-(Niño)- Pero… alguien vendría con él…

-Nadie le quiso acompañar y solo emprendió el viaje. Pero… además, salió más bien tarde. Porque tenía la intención de hacer noche en Madrigalejo.

(Niño)- ¿Cómo la intención? ¿Es que no llegó al pueblo?

- ¿Queréis tener un poco de pacencia?, venga sigue…

-Bueno, pues estando ya cerca de aquí, por la Mata Budiona… el sol ya se estaba poniendo… El pobrecito veía que tendría que hacer noche en el monte… Empezó a ponerse nervioso… escuchaba a las cornejas y a los mochuelos… Pero no lograba oír campanillos de ovejas que le condujeran hacia alguna majá o hacia algún chozo…

-(Niño)- ¿Y qué pasó? ¿Encontró algún lugar donde meterse?

- Pues tan nervioso se puso que se salió del camino y ya no sabía por dónde andaba… y la noche cada vez era más cerrada… Los sonidos ya no eran los mismos… A ver…silencio… ¿Qué escucháis?

-(Niño)- Los campanillos de las ovejas… (silencio) Una lechuza… (silencio)

-(Niño)-Un grillo… También suena una chicharra…

-Bueno… pos tos esos son los sonidos que suelen escucharse cuando caen las tinieblas. Pero aquella noche…, de pronto…, solo se oía el silencio… y allá a lo lejos, se empezaron a oír unos aullidos

-(Niño)- ¡Ay qué miedo!

- Miedo el que empezó a sentir el tamborilero… y los lobos, que olieron su miedo… cada vez estaban más cerca. El mozalbete soltó su tambor y quiso trepar a una encina…pero los animales ya estaban encima… (silencio)

-Niño- ¡Pero, sigue! ¿Qué pasó después?

- Nada más se supo del tamborilero… A los pocos días, un leñador pasó por esa encina y se encontró el tambor y unos zapatos…

-Sí, y me contaron que el leñador, hizo entonces una cruz en la encina con su hacha.

-Y allí sigue la cruz y la encina, junto al carril que, desde entonces, se empezó a llamar “del tamborilero”.

-(Niño) -¡Ay que penina más grande…!

-Venga, que eso pasó hace mucho tiempo…

- Bueno, bueno, dejemos ya los cuentos y los romances, y to el mundo a la cama, que mañana hay que madrugar…

-(Niño)- ¿Y si vienen los lobos esta noche?

-Dentro del chozo no entran los lobos. Y vosotros, niños, lo que tenéis que hacer es no alejaros nunca de por aquí, y mucho menos cuando la tarde va de caída.

-Así es que, ¡Venga!, to el mundo a dormir… (y dirigiéndose al público) y ustedes, también, que mañana será otro día.

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Y hasta aquí el paseo histórico-cultural por la calle Gallego Fortuna y las vías que parten de ella. 


 

viernes, 16 de septiembre de 2022

VAMOS A CALLEJEAR. GALLEGO FORTUNA Y RAMIFICACIONES. (1ª parte)


Después de un intermedio de dos años, volvemos a callejear, a contar historias, la historia de nuestras calles, plazas y plazoletas, en las que vivimos, por las que pasamos, en las que nos encontramos con nuestros amigos y vecinos.

En esta ocasión nos vamos a centrar en la calle Gallego Fortuna, con sus ramificaciones y con su proyección y salida al exterior. Puede decirse que, junto con la prolongación de la calle Luisa Fortuna, son las vías que marcaron el crecimiento de la población durante siglos. Ambas calles formaron parte del camino que atravesaba la localidad, aquel camino que guiaba los pasos de peregrinos y romeros hacia Guadalupe, y por ello, constituyó uno de los ejes principales por donde se desarrolló el entramado urbano de Madrigalejo. Recordemos que el Monasterio de Guadalupe se había convertido, a partir del siglo XIV, en uno de los grandes centros de peregrinación de la Península Ibérica. Por esta razón, transitaban por nuestras calles viajeros y peregrinos de toda condición, ya que el camino real que unía Guadalupe con Sevilla pasaba por Madrigalejo, así como otras vías importantes como la que llegaba hasta Lisboa.

Los caminos reales eran las vías de mayor categoría de aquellos tiempos. Unían puntos importantes y lejanos entre sí, y tenían anchura suficiente como para cruzarse dos caravanas sin molestarse. Salvando las distancias, serían las autovías de antaño.

Por tanto, la calle Gallego Fortuna, desde su entronque en la plaza, es una de las calles más antiguas de Madrigalejo, que iba creciendo siguiendo la trayectoria del camino. Su nombre primitivo era calle San Gregorio, detalle que más adelante contaremos. Por ser parte del camino, era una vía de mucho tránsito, especialmente de peregrinos. Y entre aquellos peregrinos, no fueron pocos los que acudía desde el vecino Reino de Portugal. ¿Sería casualidad que una de las calles más antiguas que salen de Gallego Fortuna se llame Portugalejo?

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Veamos qué nos tienen que contar algunos de aquellos peregrinos…

(Entra un ciego apoyándose en el hombro de su lazarillo)

-C- ¡Válgame Dios! No puedo más. Andar el camino con este calor y la sed que traigo me está quedando sin fuerzas… Muchacho, anda… ¿no encontraremos por aquí un poco de buena agua para beber?

-L- Por ahí vienen dos mozas con cántaros ¿no traerán agua?

-C- Esperemos que los traigan llenos…Acércame a ellas, por tu bien, a ver nos pudieran socorrer.

(Se acercan los cuatro)

-L- Aquí mi amo; … si por caridad le pueden socorrer.

-V1- Por caridad, si está en nuestra mano, le podremos atender.

-V2- Díganos, buen hombre. ¿Qué es lo que precisa Usted?

-C- ¡Ay qué voz tan cantarina! ¿no tendrá un poco de agua para apaciguar la sed de este pobre ciego que hasta aquí acaba de llegar?

-V1- ¿Será por agua? A lo mejor de otra cosa no les podríamos proveer, pero venimos de acarrear unos cántaros de agua para beber.

(Una de las mozas saca un vaso de hojalata y le vierte un poco de agua de un cántaro y se los ofrece a ciego y al lazarillo)

-V2- Beban, beban lo que necesiten, que si se acaba el agua que llevamos, nos damos la vuelta y vamos a por más…

-C- ¡Ahhh! ¡Qué agua más rica y fresca! Como recién salida de un pozo

-V1- Y así es, que venimos de por agua del pozo del tío Juan Pedro, el que tiene el agua más fina desta parte del pueblo.

-V2- ¿Ya se ha repuesto usted? Y tú, muchacho, ¿t´has saciao?

-L-¡Menúa panzá de agua m´he metío!

-C- Muchas gracias, bunas mozas… y mi garganta también se lo agradece…así ya puedo cantar mis coplas o recitar unos romances… y díganme, muchachitas, ¿en qué lugar me hallo?... somos peregrinos que a Guadalupe vamos…

-V1- Pues por el camino van bien… Está usted en Madrigalejo, por esa calle p´arriba, atravesando tol pueblo, va el camino real que hasta el monasterio lleva…

-C- ¡Madrigalejo!, ¡Qué bien! D´este lugar tengo unas coplas, que en plazas y calles de aldeas, villas y ciudades romanceo… ¿No habrá por aquí nadie que me escuche?

-V2- Si quiere ganar buenos cuartos con sus retahílas… esta es buena ocasión, aquí anda la gente callejeando, porque las ferias se acercan y el pueblo se va animando…

-C-¡Muchacho!, ten preparada la gorra… a ver si tenemos suerte y sacamos pa la cena.

-L-Guarden silencio, por favor, que mi amo les va contar una historia, que, de suyo, les gustará.      

-C- Oigan, caballeros, damas, niños, niñas… Oigan me y no se arrepentirán, y si, al terminar, les gusta, no dejen de apoquinar…

Cuéntase una gran historia

que en un lugar ocurrió;

el lugar, Madrigalejo,

la historia, la cuento yo.

 

Desde el cerro el Castillejo,

un pastorcillo advirtió

que una regia comitiva

por el camino avanzó.

 

-Portando grandes pendones,

que de la realeza son,

vienen muchos a caballo

e infantes de dos en dos;

 

carruajes, unos cuantos,

y una litera mejor,

que la llevan entre cuatro

andando al mismo son.

 

-¿Quién viaja en la litera?

-Es el Rey, nuestro señor,

Fernando V en Castilla

y segundo en Aragón.

 

Ya no viene tan garrido

como otras veces pasó;

ahora viene muy enfermo,

pronto lo llamará Dios.

 

No lo sabe el pastorcillo,

que corriendo ya avisó,

y todo el pueblo lo espera

con las campanas al son.

 

Suenan, suenan las campanas,

repican más y mejor,

esperando la llegada

del monarca de Aragón.

 

Esperan y más esperan

y no llega el gran señor

-¿Qué sucede que no viene?

-Alguna cosa pasó.

 

En la Cruz de los Barrero:

-¡Ay, madre! ¡Qué desazón!

El Rey está muy malito

¡Hay que hacer algo, por Dios!

 

-Con urgencia hay que llevarlo

a alguna casa o mansión.

-Aquí está Santa María,

que es una casa de Dios.

 

Se ha corrido la noticia

de forma rauda y veloz.

Ya no suenan las campanas,

han perdido ya su son.

 

Don Fernando ya descansa

con mucha pena y dolor

en la casa de los frailes

que de Guadalupe son.

 

Casa de Santa María,

año de Nuestro Señor,

mil quinientos diez y seis,

en enero sucedió. 

 

(Las dos mozas aplauden)

 

-V1- ¡Bravo, bravo!

 

-V2- ¡Cuánto me ha gustado!

 

-C- Esperemos que al público congregado también les haya gustado… Este es el primer canto. Como este, hay varios más…, que los guardaremos para otra ocasión. Y después de un merecido descanso, seguiremos con nuestro camino.

               Decidme, buenas mozas, ¿dónde  nos podrían hospedar?

 

-V1- Entren al pueblo, por la calle San Gregorio, pasen por delante de la iglesia y en la calle de los Mesones, encontrarán donde pernoctar.

 

-V2- Que lleven buen camino y que la Virgen de Guadalupe les proteja.

 

-C-Muy agradecidos. ¡Con Dios…¡

 

-V1- Y nosotras, vamos otra vez al pozo la rellenar los cántaros…

 

-V2- Vamos allá, que si no, no nos dejan entrar por casa…



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Como hemos visto, pasaron por estas calles viajeros de toda condición. De todos ellos, Fernando el Católico es el más significativo, aquel rey que nuestros antepasados conocían como Fernando V. Y por haber fallecido en nuestra localidad, Madrigalejo le dedicó una de sus calles, una de las que salen de esta vía principal, la calle Fernando V, la cual, por su sinuosidad y trazado irregular, indica su antigüedad de siglos. Un trazado irregular que vemos también en la calle Huertas, significativo nombre enraizado en el hecho de conducir a la zona de huertas de la vera del río Ruecas.

El resto de calles que salen de Gallego Fortuna son ya más recientes, con un trazado más rectilíneo, que indican un urbanismo planificado, como es el caso de las que surgieron en torno al siglo XIX y principios del XX, tales como las calles Recio o Grijota, y las más recientes, de Fernández Rentero y Cervantes, que son ya de mediados del siglo pasado.

El nombre de Gallego Fortuna hace referencia a D. Antonio Gallego Fortuna, un hacendado de Madrigalejo que hizo un acto de generosidad en beneficio de todos sus convecinos. En unos momentos complicados, en los que, como consecuencia de la ley desamortizadora de Madoz, el pueblo pudo haber perdido la Dehesa del Monte y el Concejil, D. Antonio Gallego adelantó el dinero que el Ayuntamiento debía abonar a Hacienda para poder conservar las fincas del común. A cambio, este señor disfrutó de partes de ellas por un tiempo determinado.

En reconocimiento de aquella ayuda prestada al Consistorio, la Corporación Municipal confirmó el acuerdo de modificar el nombre de la calle San Gregorio por el de Gallego Fortuna en 1931.

Y si ya conocemos por qué actualmente se rotula como Gallego Fortuna, a continuación, sabremos la razón por la que anteriormente era conocida como de San Gregorio…

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(Tres vecinas se encuentran en el camino.)

- ¿Ya vas como to los día?

- Sí, voy a ver cómo va el lino en la enriaera. Hay que vigilar que no se meta el ganao en el río y se coman o destrocen lo que ha costao to un año cultivar.

-Menuda tarea t´ha caío

- Así to el verano, hasta que se separe la parte leñosa de la fibra que usamos pa hilar. Y ¿a ti que te pasa que no dejas el moquero?

-Que ¿qué me pasa?... Que cada vez que paso por delante d´ estas ruinas m´ entran unas ganas de llorar que pa qué…

-Sí que da pena que la ermita esté como está, pero ¡no es pa tanto!

-¡Ay, si yo te contara…!

- ¡Es verdad!, que tu abuela Juana era la sacristana.

-¡Claro...! Las veces que la he ayudao a preparar la ermita… Sobre to, cuando se acercaba su fiesta, el 9 de mayo.

-Sí, m´acuerdo de la procesión de San Gregorio. ¡No faltaba un labraor!

-Cuando llegaba mayo y to estaba ya hecho, esperando que llegara el tiempo de recoger la cosecha… Era entonces el momento de encomendarse al santo pa que no viniera la temida plaga de langosta.

-¡Es que la langosta es mu puñetera! Puee acabar con el sacrificio de to el año y con el pan del año siguiente en na que se pongan a comer. Lo devoran toíto.

-Así se veía a unos hombretones tan grandes, con tanta fe, pidiendo al santo que protegiera sus cosechas, sobre to si habían visto algún canuto que anunciara su presencia.

-Y dime, ¿por qué se reza a San Gregorio contra la langosta y no en la ermita de los Santos Mártires o en la iglesia?

-Mira..., me contaba mi abuela que, hace muchos, muchos años, San Gregorio estuvo predicando la penitencia y haciendo rogativas pa limpiar de langosta unos campos que estaban arruinaos.

- ¿Dónde fue eso?

-Pues no te pueo decir… Creo que por allá arriba… Pero el caso es que logró limpiar aquellos campos. Y desde entonces, se le reza pa que medie por las cosechas.

- No es mal intercesor entonces. Pero… no sé…, plagas sigue habiendo de vez en cuando y ¿por qué, si fuese tan eficaz, los mismos labraores han dejao arruinar su ermita?  

- ¿No has oído que se dice que no nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena? Pues lo mismo, mientras no hay langostas… ni nos acordamos del santo. Y cuando nos acordamos…ya es demasiao tarde…

- Pero los labraores no se quedan con los brazos cruzaos, que bien miran si hay canutos de langosta pa prevenir que no venga la plaga al año siguiente. Como vean algunos, se dedican a quitarlos y quemarlos. Y si ven que hay muchos, aran toa la tierra pa que no haya pasto cuando salgan las crías y no tengan con qué alimentarse.

- To ayuda. Hay que rezar, pero no hay que cruzarse de brazos.

- Por cierto, ya pronto no habrá ni ruinas aquí. ¿No has oído que quieren tirar la ermita totalmente? Van a usar el material pa otra nueva.

- Sí, algo sé. Van a levantar otra ermita al acabar la calle San Juan.

- Creo que va a ser en honor a la Virgen de las Angustias.

- Vamos, que van a desvestir a un santo pa vestir a otro.

- Pero es pa la Virgen, que tie más categoría.

- ¡Ay qué pena!... ¡Que me da mucha pena! (Y vuelve a enjugarse las lágrimas con el pañuelo)

- Pues ahí te dejamos con tu pena… Que nos vamos a la enriaera, no vaya a ser que alguna oveja nos la líe y nos quede sin lino pa tejer el año que viene.

- Bueno, pues que Dios os acompañe

- Y a ti, también, con la ayuda de San Gregorio.



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             La ermita de San Gregorio se encontraba ya fuera de la localidad, justo donde terminaba la calle San Gregorio, hoy Gallego Fortuna.
             Aquí finaliza la primera parte. 

(Continuará...)




 

miércoles, 24 de agosto de 2022

LUISA FORTUNA

 

Una de las calles principales de Madrigalejo está dedicada a Luisa Fortuna. Es una de las vías de entrada a la localidad, que llega hasta la Plaza de España. Hace un siglo era conocida como calle de los “Mesones”, un significativo nombre teniendo en cuenta que por esta misma vía pasaba el camino por donde transitaban viajeros y, sobre todo, peregrinos que se dirigían a Guadalupe, y estos viajeros y peregrinos debían encontrar, en esta calle, establecimientos donde hacer parada, repostar y descansar de su largo viaje.

El 29 de mayo de 1921, según aparece en el Libro de Actas del Ayuntamiento, la Corporación Municipal aprueba por unanimidad que la calle de los Mesones pase a denominarse de Luisa Fortuna. Y después de haber pasado un siglo del cambio de nombre, los madrigalejeños nos preguntamos quién debió ser aquella mujer que mereció tal homenaje.



Algunos datos biográficos

Luisa Fortuna Gómez vivió a caballo entre el siglo XIX y XX. Pertenecía a una familia acomodada, propietaria de tierras. Era hija de Pedro Fortuna, natural de Madrigalejo, y de María Gómez, oriunda de Orellana de la Sierra, y vecinos ambos de Madrigalejo, con domicilio en la Calle de los Mesones, nº13.

Sabemos que se casó con José Sánchez Moreno y que tenían su casa en la Plaza -indistintamente los documentos hablan de calle de la Iglesia y calle de la Plaza-. Intuimos que puede ser la casa que hoy se rotula con el nº5 de la Plaza de España, porque fue la casa de su heredera y sobrina, la señorita Nieves Lozano de Sosa Fortuna, y que está enterrada en el mismo panteón familiar.


Su vida conyugal no fue fácil, porque fue una continua sucesión de nacimientos y muertes en un corto espacio de tiempo. Estas circunstancias debieron generar en Luisa Fortuna un gran sufrimiento:

-En enero de 1870, nació su primera hija, Antonia Sánchez Fortuna, y a los seis meses de vida, el 26 de julio, falleció de una gastroenteritis ulcerosa.

-Un año después, el matrimonio tuvo otra hija, a la que pusieron el mismo nombre, Antonia. Vivió tan solo diez meses; murió el 1 de julio de 1872.

-Tuvieron un hijo varón en enero de 1873, a quien llamaron Fermín. La muerte de nuevo llamó a sus puertas y falleció a los seis meses de su nacimiento, el día primero de agosto del mismo año.

-En 1874 nació el cuarto vástago, una hija, a la que pusieron el nombre de Julia.

-En septiembre del 75 nació Ana Josefa, que falleció en junio de 1876, a los 9 meses de edad.

-Ese mismo año 76, en octubre, vino al mundo Lucila, que hacía el sexto lugar entre los hijos del matrimonio.

-Por último, 1877 fue un año aciago. El día primero de enero falleció su marido, José Sánchez Moreno, a los 51 años de edad. Ese mismo año le siguieron las dos hijas que le quedaban: Julia falleció el 31 de mayo, a los tres años de edad, y el 26 de julio dejó de existir Lucila, con tan solo nueve meses.

Por tanto, en esos 7 años, Luisa Fortuna pasó de ser una mujer recién casada, con la posibilidad de tener una familia numerosa, a quedar viuda y sin haberle sobrevivido ninguno de los seis hijos que tuvo.

 

Un acto de generosidad.

Poco más sabemos de su vida personal, pero sí tenemos conocimiento de algunos de sus gestos que tuvieron repercusiones en la vida de la comunidad.

Estamos ya en la segunda década del siglo XX y el municipio se había embarcado en un proyecto muy importante para el futuro de sus vecinos: la construcción de unas Escuelas Públicas para niños de ambos sexos. Las obras se iban dilatando a lo largo de varios años, fundamentalmente por la carencia de recursos. Así, en dos sesiones plenarias de 1918[1], se da cuenta de la falta de fondos para continuar las obras, porque, aunque se utiliza la mano de obra de los obreros que están en paro, los materiales son muy caros y se expone que, cuando se terminen los fondos, habría que recurrir a los mayores contribuyentes para salvar la situación. Y entre los mayores contribuyentes se encontraba doña Luisa Fortuna.

No sabemos si hubo llamada a los grandes hacendados o si fue Luisa Fortuna la que se ofreció al conocer la situación. Lo cierto es que, en marzo de 1921, la corporación decide conceder un voto especial de gracia a doña Luisa, librándola del pago que le correspondía por derecho del panteón familiar que había construido en el cementerio “como pago y merecido agradecimiento a que es acreedora, por la obra llevada a efecto en pro de su pueblo, al llevar sola por sí el coste para la terminación de las Escuelas Públicas de ambos sexos de esta localidad” [2].

Y dos meses después, la corporación municipal acuerda por unanimidad que:

“Reconocido por este Ayuntamiento el favor y sacrificio que la bondadosa señora doña Luisa Fortuna Gómez ha llevado a efecto en pro de su pueblo con la terminación de los locales para Escuelas Públicas de ambos sexos, obra de tan importantísima consideración, en homenaje y agradecimiento de todo ello, se le dé a la calle de Mesones el nombre verdadero de tan caritativa señora, o sea, el de Dª Luisa Fortuna Gómez…”[3].

Por tanto, bien claro lo dicen las actas, fue Luisa Fortuna quien asumió el coste de la terminación de la Escuelas Públicas que tan necesarias eran. Y entre los homenajes por su contribución en favor de la educación en Madrigalejo, también se colocó una placa de mármol blanco en el edificio de las nuevas escuelas que dice así:

 

HOMENAJE A

Dª LUISA FORTUNA GÓMEZ,

PROTECTORA DE LA INSTRUCCIÓN.

MADRIGALEJO 1º DE SEPTIEMBRE DE 1921.


 

Esta placa sigue estando presente en la fachada de aquellas escuelas, en el mismo edificio, situado en la calle Lorenza Gallego, esquina con Curro Broncano. Es una construcción de dos plantas y, en cada una, se habilitaron dos aulas de gran amplitud -hay que tener en cuenta que la ratio de alumnos por aula de entonces era muy superior al actual-. Las escuelas estuvieron funcionando unos sesenta años, hasta la construcción del nuevo colegio en la calle Enriaderas. Y a lo largo de tantos años, fuimos muchos madrigalejeños los que pasamos por aquellas aulas. Hoy en día este edificio acoge a la Biblioteca Pública Municipal y al NCC -Nuevo Centro de Conocimiento- o Centro de Competencias Digitales, por lo que su razón de ser, en pro de la educación y de la cultura, sigue estando presente.



Preparando su sepultura

En octubre de 1918, viendo ya el ocaso de su vida, Dª Luisa Fortuna solicitó al Ayuntamiento “edificar un portal por dentro del cementerio, en su extremo norte, que sirviera de resguardo a las puertas de entrada del cementerio, a la vez que el resto del portal como depósito para los cadáveres que fuese preciso, y por fuera del portal, pero muy inmediato, construir un panteón familiar”[4]. Las obras de los portales corrían también a su costa y la corporación municipal accedió a tal petición.

Más arriba hemos podido ver que el panteón familiar ya estaba construido en 1921, y en él fue enterrada al fallecer; óbito que tuvo lugar el día 13 de octubre de 1923.


No podemos menos que congratularnos con la decisión de la corporación municipal de 1921, al poner el nombre a una de sus calles principales de una persona benefactora de la educación y la enseñanza en Madrigalejo, y más, siendo mujer, en un tiempo en el que empezaban a surgir los movimientos feministas.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.



[1] Archivo municipal de Madrigalejo. Signatura: 01.01.21. 29/septiembre/1918 y 3/noviembre/1918.

[2] Ibidem, 27/marzo/1921.

[3] Ibidem. Sesión de pleno de 29 de mayo de 1921.

[4] Ibidem. Sesión de penos del 27 de octubre de 1918.