domingo, 16 de junio de 2024

MANUELA GONZÁLEZ-HABA

 

De una manera fortuita, conocí la existencia de Manuela González-Haba. Soledad López-Lago me mandó la fotografía de uno de sus libros expuestos en la “Feria del Libro de Badajoz” de este año 2024. Mi respuesta por WhatsApp fue una interrogación. No sabía quién era esa señora. Soledad tenía referencias de Manuela González-Haba y de su vinculación con Madrigalejo a través de mi padre. Se me encendieron todas las alarmas y, manos a la obra, nos pusimos (Toni Loro y yo) a investigar por Internet. Solamente escarbando un poquito, nos dimos cuenta de la talla intelectual de esta señora. Simplemente se van a dar unas pinceladas, un esbozo, más con el propósito de abrir nuevas puertas a la entrada de información, que de abordar una biografía de Manuela. Por ello, si alguien lee estas líneas y puede ayudarnos en darnos más información, agradeceríamos que lo hiciera.

Manuela Josefa Felisa Pilar González-Haba Delgado nació en Madrigalejo el 23 de marzo de 1924. Su padre era José María González-Haba Barrante, natural de Villanueva de la Serena y oficial de Telégrafos de profesión, y su madre, Vicenta Delgado Romero, natural de Madrigalejo. El matrimonio tenía fijada su residencia en Osuna y, siguiendo la costumbre de la época, su madre vino a dar a luz a casa de sus padres. Por esta circunstancia, Manuela nació en la casa de sus abuelos maternos, el farmacéutico D. Anselmo Delgado Barranquero y su esposa, Dª Manuela Romero Delgado, en la calle Luisa Fortuna nº4 (hoy el nº6).[1]   

Desde muy joven fue una mujer con grandes inquietudes intelectuales, hasta el punto de no conformarse con sacar adelante sus estudios universitarios, sino que, al mismo tiempo, estuvo dirigiendo el coro de la Facultad de Filosofía y Letras, al frente del cual dio conciertos en Madrid, Lovaina, Lisboa y Roma[2]. Se licenció en Filosofía y Letras en la rama de Historia. Además, en estos primeros años, escribió dos guiones cinematográficos: El buen pastor (sobre el Padre Damián) y Mar Pacífico (sobre el viaje de Magallanes alrededor del mundo); y dos autos sacramentales: La samaritana y La oración del Huerto[3].

Su interés por el cine la llevó mucho más allá. Fue la primera mujer en cursar Dirección en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. Este instituto fue creado en 1947 y pasó a denominarse Escuela Oficial de Cinematografía entre 1962 y 1975, cuando pasó a integrarse en la Facultad de Ciencias de la Información[4]. Hay que tener en cuenta en qué tiempos nos movemos y cuál era la situación de la mujer entonces. Para hacernos una idea, cuando se creó el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas en 1947, en su reglamento, existía un artículo discriminatorio que cortaba alas a las aspiraciones de las mujeres, el cual decía: “el elemento femenino será admitido únicamente en la Sección de Interpretación y de Escenotecnia (Vestuario, Moblaje y Maquillaje)”[5]. Este artículo pronto fue derogado, aunque no por ello se lo pusieron fácil a las mujeres que querían cursar estudios de Dirección[6]. Para poder acceder, tenían que pasar un duro examen de ingreso[7]. En aquellos primeros tiempos, tan solo doce mujeres cursaron Dirección en el Instituto: Manuela González-Haba, Perpetua Mambrilla, María Jesús Lampreave,  Mª Elisa Corona, Ángela Asensio de Merlo, Teresa Durán y Dressel, Helena Lumbreras, Kathryn Waldo, Marina Téllez, Ángela Ubreva y María Luz Melcón[8]. Manuela estuvo estudiando Dirección en este Instituto entre 1950 y 1954. En esta última fecha renunció porque consiguió una beca de ampliación de estudios de la Ludwig-Maximilians-Universität de Munich[9].

Como ejercicios de aprendizaje, los alumnos de Dirección del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas debían hacer unos cortometrajes, que aún se conservan en “Filmoteca Española”[10]. Manuela González-Haba presentó en 1952 un cortometraje mudo de 14 minutos titulado Bosque, como práctica de su segundo curso[11], en el que un guarda forestal persigue a un leñador furtivo en el bosque, con las consecuencias que puede acarrear actuar al margen de la Ley. Es la única película que dirigió González-Haba y el trabajo más antiguo que se conserva de una mujer en la Escuela Oficial de Cinematografía[12].

Fotograma de Bosque

Mientras estudiaba en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, realizó su tesis doctoral, que fue publicada en 1954 con el título Sobre una poética del cine por la editorial Sapientia[13]

Además, Manuela González-Haba ha publicado varios libros de géneros muy diversos, ensayos, de teatro, libros infantiles y juveniles, etc.:

- Justificación del poeta a través de la historia (1952)

- Teatro musical (1954)

- Parábolas del amor o de la muerte (1955)

-Comedia del papel importante; Don Carlos (1964)

- Poemas y canciones (1968)

-Auto del Jueves Santo (1970)

-Mito y realidad (1975)

-El maravilloso Gontran (1977)

- Agenor, el robot (1980)

-Cuadrícula (1986). Segunda parte de Agenor, el robot

-La princesa y la manzana (1986)

-El mito de la edad dorada (1989)

-Heracles y Euristeo (1989)

 

Y, por último, señalar que también escribió guiones de series de Televisión: El condenado a muerte por su trabajo (1975), Manuel Ripoll (Serie Palabras cruzadas); Los Dombey (1976); Manuel Ripoll (Serie Novela, adaptaciones)[14].

 

Sin duda, Manuela González-Haba ha sido una mujer polifacética, con muchas inquietudes intelectuales, pionera en un mundo de hombres, que debería ser reivindicada y que, como hija de Madrigalejo, tenemos la obligación de conocer y apreciar.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo


WEBGRAFÍA:

https://www.cineclubfas.com/invitados-antiguos/manuela-gonz%C3%A1lez-haba

https://theconversation.com/las-mujeres-que-quisieron-ser-directoras-de-cine-en-una-espana-que-no-apostaba-por-ellas-221164

https://www.cultura.gob.es/cultura/areas/cine/mc/fe/comunes/noticias/2020/11/mujeresenlaeoc.html

https://cimamujerescineastas.es/mujeres-en-la-eoc-ante-la-ley-en-el-mes-del-archivo-en-filmoteca/

https://www.lasexta.com/noticias/cultura/el-cine-a-traves-de-la-mirada-de-mujeres-valientes-la-filmoteca-recupera-las-producciones-de-cineastas-pioneras-durante-el-franquismo_202011135faeada3f1b0790001a36bcf.html

https://cineconn.es/primeras-peliculas-de-molina-bartolome-y-lumbreras/

https://www.elmundo.es/cultura/cine/2023/10/19/6531175ae9cf4a95738b45ae.html

https://e-archivo.uc3m.es/rest/api/core/bitstreams/8a8f7362-01fc-4835-bd86-ce550b3e79a0/content



[1] Archivo Parroquial.

[3] Ibidem.

[6] Ibidem.


miércoles, 8 de mayo de 2024

SANTÍSIMO CRISTO DEL PERDÓN

 

En nuestra iglesia parroquial de San Juan Bautista, existen dos esculturas antiguas que representan a Cristo Crucificado: el Cristo de la Victoria y el que, a falta de nombre, era identificado como Cristo Chico o Cristo Negro. Ambas imágenes reflejan una estética gótica, con una cronología que podría estar en torno al siglo XVI. El Cristo de la Victoria aparece mencionado en algunos documentos parroquiales, generalmente vinculado a rogativas por sequía o a su Santa Hermandad, una hermandad que estuvo vigente, al menos, hasta finales del siglo XIX.

No hay tanta fortuna con la imagen del otro Crucificado, pues no existe ningún documento que, directa o indirectamente, haga referencia a él. Es de menor tamaño que el anterior, por eso se le solía llamar Cristo Chico. Por la pátina del tiempo de varios siglos de antigüedad, su policromía fue adquiriendo un color oscuro que dio lugar al segundo nombre con el que se conocía, el de Cristo Negro.


La imagen de este Cristo Crucificado es una escultura de bulto redondo en madera policromada. Jesucristo aparece representado en el momento de morir, pues tiene la herida de la lanza en el costado, presenta la boca abierta por el sufrimiento y los ojos semi cerrados. Está sujeto a la cruz por tres clavos: uno en cada mano y el tercero en los pies superpuestos. Mientras que su rostro refleja cierto realismo, la anatomía del resto del cuerpo está trazada de forma un tanto esquemática, como podemos ver en las líneas paralelas que sugieren las costillas, en los músculos esbozados de brazos y piernas o en unos brazos rectos, que no sostienen el peso del cuerpo. También los cabellos y la corona de espinas están tratados de forma sintética y primaria, sin abordar detalles, lo que denota ser obra de un autor de segunda fila. El perizoma o paño de pureza, con esquemáticos pliegues, lleva un sencillo nudo en su lado izquierdo. Esa misma rusticidad de la talla le confiere una belleza ancestral, lo que, unido a que su rostro transmite un sufrimiento que remueve los sentimientos, da lugar a una obra con alma, que no deja a nadie indiferente.

Tanto el tiempo, como las malas intervenciones ejecutadas sobre esta obra, habían pasado factura sobre ella. Había llegado a nuestros días con una pátina de suciedad que mostraban un Crucificado totalmente oscurecido y sin color. La Madera se había resquebrajado y tenía profundas grietas. La escultura estaba sujeta a la cruz con un alambre… Por todo ello, urgía una restauración, que ya se ha hecho realidad.

Desde diciembre de 2023 a marzo de 2024, el Cristo Chico de la Parroquia de San Juan Bautista de Madrigalejo ha estado inmerso en un proceso de restauración. Al actuar en la escultura, se encontró con pérdida de policromía, con la utilización de goma laca en algunas intervenciones que habían oscurecido aún más la obra; la unión del brazo estaba abierta, con clavos a la vista; habían sido aplicados estucos de diversa naturaleza que se habían agrietado; se había añadido una mano perdida, sin policromar y con un clavo extemporáneo; tenía repintes de sangre y barniz requemado por la cercanía de las velas; una gran grieta longitudinal recorría el torso; le habían aplicado una gruesa capa de goma laca de forma grosera -con desigual espesor y con abundantes churretones-; la laca había provocado abrasiones en la policromía, etc. En la cruz, también se habían producido pérdidas de material en el soporte y aplicados gruesos repintes, que se apreciaban igualmente en el cartel de INRI, con goma laca. Todo ello ha dado lugar a unos trabajos de restauración laboriosos y delicados.


El proceso de restauración comenzó con catas de limpieza con disolventes, retirando la capa de suciedad y la laca aplicada en otras intervenciones. Otra parte del proceso fue la fijación de la policromía original, la eliminación de estucos añadidos y de clavos, así como la liberación de los brazos para colocarlos en su posición original -brazos que han tenido que ser sujetados con varillas de fibra de vidrio-. También se actuó en la cruz, eliminando repintes y aplicando bases de color sobre los estucos.

Además, esta escultura es una imagen de culto, cuyo destino es para ser venerada por los fieles y debe tener un aspecto que invite a la piedad. Distinto sería si fuera para ser conservada en un museo, donde lo que interesa es mostrar lo original de la obra. Por esta razón, aparte de los trabajos de restauración, ha sido preciso estucar las lagunas y reintegrar policromía en toda la superficie de la obra, con las técnicas adecuadas para que pueda diferenciarse lo original de lo que se ha incorporado en la nueva actuación.  

Una vez restaurada, la imagen del Cristo Crucificado fue presentada ante los fieles de la Parroquia en un acto que tuvo lugar el lunes 18 de marzo de 2024, en el que fue explicado todo el proceso. Unos días después, concretamente el 22 de marzo, fecha que se celebraba el Viernes de Dolores, la imagen fue bendecida por el párroco, D. Francisco José Parejo Andrada, bajo el título de “Santísimo Cristo del Perdón”. A continuación, se celebró un Viacrucis por las calles y las imágenes de Nuestra Señora de las Angustias y del Santísimo Cristo del Perdón fueron sacadas a hombros por los niños, que participaron activamente en esta celebración.


Presentación de la obra restaurada

Presentación de la obra restaurada

Bendición del Santísimo Cristo del Perdón
Viacrucis
Viacrucis
Viacrucis
Viacrucis
Viacrucis









lunes, 8 de abril de 2024

EL LUGAR DE MADRIGALEJO TRAS LA RECONQUISTA

 

El proceso de recuperación de la Península Ibérica por las tropas cristianas del dominio musulmán -lo que se conoce como la “Reconquista”-, se desarrolló de una forma lenta y discontinua. El proceso fue tan dilatado en el tiempo que duró casi ocho siglos, aunque no siempre se luchó con la misma intensidad -de ahí lo de discontinuo-, pues se intercalaron periodos de mayor actividad bélica, con épocas mucho más tranquilas. Y conforme iba avanzando la Reconquista hacia el sur, había que ir consolidando el territorio. Es lo que Sánchez Albornoz resumió como “tras la batalla, la puebla, y tras la puebla, la batalla”. Es decir, una vez conquistado un territorio, había que repoblarlo para que quedara consolidado, y una vez consolidado, se avanzaba en la lucha a por otro territorio.

En este avance hacia el sur, la recuperación definitiva de nuestra zona por las tropas cristianas tuvo lugar cuando fue conquistada Trujillo, en 1233. Y a partir de ese momento, comenzó su repoblación. El sistema de repoblación que se llevó a cabo entre los ríos Tajo y Guadiana se basó en el ALFOZ, es decir, se entregaba un amplio territorio de realengo a una ciudad para que lo administrara en nombre del rey y, para ello, se le otorgaban unos fueros particulares, como derechos o privilegios, que favorecieran su repoblación. De esta forma, cuando se produjo la conquista de Trujillo, Madrigalejo quedó integrada en su alfoz, siendo una de sus 32 aldeas. Desde entonces y hasta el siglo XIX, el Cabildo trujillano ejerció el gobierno sobre el lugar, a excepción de los asuntos de poca monta, para los que era competente su Concejo. Y el Concejo de Madrigalejo estaba formado por dos alcaldes ordinarios, dos diputados del común, un procurador síndico personero, un mayordomo, dos escribanos y, a partir del siglo XV, dos alcaldes de la Hermandad.

Trujillo

Entre los beneficios y privilegios que se otorgaron para consolidar el asentamiento de la población en nuestro territorio, a Madrigalejo le correspondió la concesión de su Dehesa Boyal. De esta forma, tan sólo treinta años después de pasar del dominio musulmán al cristiano, Madrigalejo empezó a gozar de su dehesa comunal, que le fue concedida por un documento fechado en 1264. Este documento es el primer escrito privativo de nuestra localidad, donde ya aparece con su nombre actual. En él, también se señalan los mojones que delimitaban la Dehesa Boyal, lo que aporta una información preciosa para conocer algunos aspectos de ese momento concreto en Madrigalejo, como la existencia de viñas y de tierras labrantías o de un tejar, así como la referencia a enclaves tan significativos como el Toro del Hito, el Molino de Arriba o la Fuentecilla de la Carrizosa.

Una vez superada la etapa musulmana, y desde muy temprano, se instalaron en suelo madrigalejeño dos grandes hacendados, que no ejercieron señorío sobre el lugar, aunque sí dejaron sentir su influencia en su devenir cotidiano. Estos dos grandes hacendados fueron la familia Vargas y el Monasterio de Guadalupe.

Los Vargas pertenecían al linaje trujillano de los Bejarano y recibieron su patrimonio en Madrigalejo -incluido su castillo- por derecho de conquista; por tanto, desde ese mismo momento gozaron aquí de grandes propiedades, que mantuvieron ininterrumpidamente hasta finales del siglo XX.

Y la primera posesión de la Iglesia de Guadalupe en Madrigalejo data de 1349, sólo unas décadas después de ser hallada la imagen de la Virgen en las Villuercas y cuarenta años antes de la llegada de los Jerónimos a Guadalupe. La escasez de terrenos cultivables en Guadalupe, tanto por su orografía como por la escasa profundidad de sus suelos, determinó que se fijaran en las tierras fértiles de cultivo de Valdepalacios y de Madrigalejo. La mayor parte de su patrimonio rústico en nuestra localidad se fraguó en los siglos XIV y XV, y estuvo formado por dehesas, tierras sueltas, viñedos, huertos y olivares, además de casas en el pueblo y de un molino en el Ruecas –el Molino de Arriba-.

Monasterio de Guadalupe

Tanto los Vargas como el Monasterio de Guadalupe tenían carta de vecindad en Madrigalejo, porque ambos tenían casa abierta en el lugar, con los mismos derechos y obligaciones que el resto de los vecinos. Así era en teoría, aunque en la práctica, los grandes herederos aprovechaban mejor los recursos de los bienes comunales. Estas ventajas provocaban el recelo de los vecinos que, junto con las fricciones entre propiedades y condominios, fueron la causa de innumerables conflictos entre los pobladores de Madrigalejo –amparados por la ciudad de Trujillo- y el Monasterio de Guadalupe.

Más complicado fue el conflicto generado por García de Vargas entre 1470 y 1477. Desde su castillo en Madrigalejo, García de Vargas, con una banda de unos 130 hombres, se dedicó a cometer todo tipo de tropelías, atropellos y robos en la zona, que fueron de tal calado, que el Monasterio de Guadalupe –el más perjudicado en sus múltiples propiedades- abandonó temporalmente sus explotaciones en Madrigalejo por esa causa. La situación se resolvió cuando la reina Isabel la Católica mandó derribar la fortaleza, en 1477, como castigo ejemplarizante para otros señores levantiscos, como la Condesa de Medellín o el Maestre de Alcántara D. Gómez de Solís.   

También hay que tener en cuenta la afluencia de peregrinos que empezaron a llegar hacia Guadalupe desde que se produjo el descubrimiento de la imagen de la Virgen en las Villuercas y la difusión de su fama. La afluencia se peregrinos se incrementó a raíz de la protección real por parte de Alfonso XI de Castilla, que lo hizo agradecido por la victoria conseguida en la batalla del Salado en 1340. A partir de entonces y en poco tiempo, Guadalupe se convirtió en uno de los lugares de peregrinación más importantes de la cristiandad. Hacia el santuario mariano se dirigían numerosos romeros y Madrigalejo se constituyó en un lugar de paso para aquellos que procedían del suroeste, utilizando la brecha natural que supone el río Ruecas hacia las Villuercas.

Al principio, los peregrinos utilizaron para llegar a Guadalupe el camino de Cañamero –que discurría por la margen derecha del río Ruecas-. Esta vía después se convirtió en el “camino viejo de Guadalupe” cuando comenzó a ser más transitado el que pasaba por Valdepalacios -más cómodo de andar- y pronto pasaría a ser camino real. Este camino real tenía como última parada Madrigalejo o la primera si se trataba de la vuelta. Por tanto, los peregrinos que se dirigían a Guadalupe procedentes del suroeste solían tomar este camino real, cruzando Madrigalejo por la calle del Rey (1418) o calle Real (1426), que después fue llamada con el significativo nombre de calle “Mesones” y que actualmente corresponde a la calle “Luisa Fortuna”.

Por tanto, en la Baja Edad Media, Madrigalejo era un lugar de realengo, perteneciente a la jurisdicción de la ciudad de Trujillo. Desde fechas muy tempranas, empezó a gozar de su Dehesa Boyal. En su territorio se asentaron dos grandes hacendados: los Vargas y el Monasterio de Guadalupe, aunque también había otros herederos con propiedades más pequeñas. Y por Madrigalejo pasaba gran número de peregrinos hacia Guadalupe que, sin duda, influyeron, en buena medida, en la vida cotidiana de nuestra localidad.

Guadalupe Rodríguez Cerezo


BIBLIOGRAFÍA:

-M.A. LADERO QUESADA, Los últimos años de Fernando el Católico 1505-1517. Editorial Dykinson, S.L. Madrid. 2016

- L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008.

- F.P. de ALHOBERA. Libro de la Hacienda del Monasterio de Guadalupe.

- A. RAMIRO CHICO. “La última visita de Fernando el Católico a Guadalupe, en el V Centenario de su muerte (1516-2016)”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXXII. Número III- Septiembre/diciembre. 2016.




jueves, 7 de marzo de 2024

UN EJEMPLO DE ARTE EFÍMERO. MONUMENTO DE JUEVES SANTO

 


Existen dos tiempos fuertes en la religión cristiana: Navidad, en la que se celebra el nacimiento de Cristo, y Semana Santa, con la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Concretamente en la liturgia católica de Jueves Santo, la Eucaristía tiene un lugar muy destacado, en la celebración de la Última Cena. Y para ese día se levanta en los templos un monumento al Santísimo Sacramento.

El monumento es una exaltación del Cuerpo de Cristo. Consiste en un montaje levantado para guardar las formas consagradas durante la tarde de Jueves Santo hasta la tarde del Viernes Santo. Su finalidad es crear un contexto adecuado para que los fieles adoren la Eucaristía. Por todo el esmero que se pone en su montaje, el monumento puede ser considerado un ejemplo de arte efímero.

En Jueves Santo se consagra un gran número de formas para poder dar la comunión a los fieles que se acercan a recibir la Eucaristía en la celebración de la Última Cena y en los Santos Oficios de Viernes Santo, porque los cánones litúrgicos no contemplan celebrar misa ni consagrar desde Jueves Santo hasta la Vigilia Pascual del Sábado Santo.

Las formas consagradas que no se consumen en la celebración de la Última Cena, son llevadas en procesión solemne desde el Altar hasta el monumento montado exprofeso para ello. Allí, en un sagrario o en una arqueta portátil, se reserva el Santísimo para ser venerado y velado hasta el momento eucarístico de la liturgia en Viernes Santo, que se traslada de nuevo al Altar para ser distribuido a los fieles asistentes. Después, las formas consagradas que queden se llevan, de una forma sobria y discreta, hasta un lugar reservado en el templo; es el signo de que el Señor permanece muerto en el sepulcro.

Como el monumento va a contener y a reservar al mismísimo Jesús Sacramentado, se procura un gran esmero en su decoración. El sagrario donde se reserva la Eucaristía debe estar en el centro de la composición. No puede haber cruz, ni reliquias ni imágenes. El monumento suele estar decorado con signos alusivos a la Eucaristía o a la Pasión, con flores y luces -velas-. De hecho, tras la celebración de Jueves Santo, el “monumento” es el único lugar del templo donde están presentes las luces y las flores, que contrasta fuertemente con el Altar mayor sin vestir. 

El carácter efímero de estas obras hace que no quede rastro de ellas después de su desmantelamiento y que, sólo a través de fotografías, podamos acercarnos a ellas -siempre en el caso de que se hubieran hecho, y más probablemente en los últimos años-. Por eso, aunque es una tradición con varios siglos de antigüedad, en pocas ocasiones podemos conocer la estética de cada monumento concreto.

En el caso de Madrigalejo, tenemos la suerte de contar con la descripción de lo que se armaba para montar aquellos monumentos del Santísimo Sacramento con anterioridad a 1940, creando una escenografía de gran espectacularidad. La descripción está recogida en el libro Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, de Lorenzo Rodríguez Amores:

Por entonces, se colocaban unos grandes telones en el presbiterio, que procedían de un teatro madrileño, que fueron adquiridos por el boticario del pueblo D. Anselmo Delgado. “Se trataba de dos lienzos que lucían una pintura que simulaba la entrada y la galería de un suntuoso palacio romano. El más grande era puesto a la subida del presbiterio y el de tamaño más reducido pasaba a segundo plano. El escenario se completaba con la silueta en madera de dos soldados pretorianos haciendo guardia en la puerta palaciega y sujetos por la alta y hoy desaparecida barandilla. En el fondo de todo, se exponía a Jesús Sacramentado para recibir las acostumbradas visitas, diurnas y nocturnas, de los fieles en un acto de recogimiento para hacer la vela al Santísimo.”[1]

“Era costumbre inveterada que la primera vela la realizasen el señor Alcalde y el señor Juez, entregando sus respectivos bastones de mando para ser puestos, cruzados, delante del tabernáculo, cuya llave exhibirá al exterior y colgada al cuello el párroco, vestido con sus mejores galas de manteo y teja, mientras dure la Exposición. Numerosos cirios ardían junto al sagrario, lo cuales, luego, eran muy solicitados por los feligreses para ser encendidos en sus hogares cuando los cielos se alborotaban con la presencia de una temerosa tempestad de truenos y relámpagos, por la firme creencia de que las velas que habían alumbrado al Santísimo tenían la gracia de apaciguar el firmamento.”[2]

El tabernáculo donde se colocaba el Santísimo todavía se conserva. Fue realizado entre 1909 y 1920 por los hermanos Martínez, carpinteros y ebanistas locales que eran llamados los “Mecánicos”, por encargo el párroco de entonces, D. Fernando Marcos.[3]

Tabernáculo realizado por los Hermanos Martínez

Sin embargo, para colocar toda aquella gran parafernalia, sufrió bastante el precioso retablo plateresco que tenemos en la parroquia. Era claveteado, a martillazos limpios y sin ningún remilgo, con puntas gruesas para sujetar aquellos pesados telones[4]. Y aquellas grandes alcayatas que se le clavaron permanecieron en él hasta que fue restaurado el retablo en 2008.

Más cercano a nosotros es el recuerdo de personas que lo vivieron en los años 50, siendo ya párroco D. José Blanco. El monumento se seguía montando en el presbiterio, delante del retablo, pero desaparece el decorado teatral y se instala una escalinata de madera, al final de la cual, en la hornacina donde habitualmente está San Juan, se coloca el tabernáculo. Cada escalón se decoraba con velas y flores. Las imágenes del retablo se tapaban con telas moradas, igual que todas las demás imágenes de la iglesia. Y también en estos momentos se sigue maltratando el retablo para asegurar la estabilidad de la escalinata.

Y terminamos con fotografías de los monumentos de Jueves Santo de los últimos años:

2018
2021
2022
2023

2024

2025

2026

Detalle de 2026

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

Biografía y webgrafía:

L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf, S.A. Badajoz, 2008. Pág. 290.

http://sacramentalmayrena.org/monumento-al-santisimo/