sábado, 10 de agosto de 2024

FERIA DE MADRIGALEJO

Viniendo del rodeo y una atracción de feria junto a la iglesia. 
(Principios de los años 60 del S.XX)

En Madrigalejo celebramos nuestra tradicional Feria los días 20, 21 y 22 de agosto, en los que, con su víspera, disfrutamos de cuatro jornadas seguidas de fiestas. Lo que comenzó siendo una feria de ganado, son hoy fiestas lúdicas y días de reencuentros de todo madrigalejeño, vecino o nacido, que tiene marcado esos días en el calendario para estar en La Feria.  

Aunque no conocemos desde cuando se celebra nuestra feria, sí sabemos que es más que centenaria. El documento más antiguo que hasta ahora hemos manejado en el que se habla de ella data de 1907, concretamente del 8 de agosto, y corresponde a una noticia que aparece en el periódico cacereño El Adarve en la que se dice a propósito de Madrigalejo: En este pueblo tendrá lugar la gran feria de ganados que se viene celebrando cada año los días 20, 21 y 22 del corriente mes. Hay abundantes aguas, pues el río Ruecas circunda la población, pastos gratis y fácil acomodo, tanto para ganaderos como para merchantes.

Con la expresión la gran feria de ganados que se viene celebrando cada año los días 20, 21 y 22 del corriente mes, podemos afirmar que la Feria de Madrigalejo, ya estaba consolidada en 1907, que era de carácter anual celebrándose los mismos días que en la actualidad, y que ya era considerada una feria importante. Además, se vende bien el evento ganadero que tendría lugar en breve, especialmente para los interesados en el ramo ganadero de localidades vecinas y comarcanas. Que hubiera agua en abundancia para abastecer a los ganados que se llevaban a la feria, así como pastos gratis a su disposición, era fundamental para que la convocatoria tuviera éxito. Y si ganaderos y marchantes -que movían la mercancía y el dinero- tenían fácil acomodo en fondas y alojamientos, no había excusas para no asistir. Es lo que hoy diríamos que contaban con buenas instalaciones e infraestructuras.

Más adelante, en 1921, las autoridades municipales facilitaban la asistencia de interesados en la feria proporcionando medios de transporte. Se contrató un carro de la localidad para que el día 20 de agosto estuviera en Zorita a la hora de la llegada del Correo de Trujillo a Logrosán, para transportar a Madrigalejo a los viajeros que vinieran a la feria. Y lo mismo se hizo con los carruajes necesarios para el mismo fin para transportar a viajeros desde Villanueva de la Serena hasta nuestra localidad.   

El real de la feria para el ganado lanar, vacuno, caballar, mular y asnal se instala en la Dehesa Boyal y al sitio inmediato de la Cardizosa -así se refleja en 1925- y los cerdos, en el sitio de costumbre -que debía ser diferente-. El lugar del real de la feria era el idóneo, tanto por la extensión de pastos, en la finca comunal, como por la abundancia de agua que existe en ese paraje, hoy ocupado por varias lagunas. Y el real estaría bien señalizado, pues consta en 1921 el pago de un cuadro de tela y de una tablilla para anunciar la feria de la localidad.

Igual que sucede en la actualidad, el peligro de propagación de ciertas enfermedades contagiosas también acarreaba limitaciones en la movilidad animal. En sesión del 1 de agosto de 1920, la corporación municipal acordó que, al anunciar la feria de este pueblo, como en años anteriores, se haga constar que no se admitirá ganado de pezuña abierta más que lo de este vecindario y esté en este término municipal, desde la existencia declarada de glosopeda en varios pueblos próximos. Como vemos, era un problema que se venía arrastrando de años anteriores y convenía evitar la presencia en la feria de animales que pudieran estar contagiados, por ser la glosopeda o fiebre aftosa una enfermedad vírica de gran poder de difusión, que afecta a numerosas especies y origina grandes pérdidas en la producción[1]. 

La afluencia de gran cantidad de gente con motivo de la feria también causaba problemas de seguridad y de orden público, problemas que trataron de paliar en 1930 y 1931 solicitando al Sr. Gobernador Civil de la Provincia la concesión de dos parejas de la Guardia Civil durante los días del 19 al 23 del corriente (mes de agosto) … para así garantizar la vigilancia del vecindario y feriantes forasteros. (En las actas de sesiones del Ayuntamiento del 1 de agosto de 1930 y del 12 de agosto de 1931).

Aunque las escasas bombillas del alumbrado público apenas lucían para saber dónde estaban colocadas, era necesario hacer un esfuerzo durante la Feria para que hubiese mejor iluminación durante aquellas noches, en las que también se celebraban festejos lúdicos. Para ello, en sesión del 16 de agosto de 1931, se acordó autorizar al encargado de la luz eléctrica pública de este pueblo que instale ocho lámparas en la Plaza de la Constitución durante los días de feria, en la forma que el año último se verificó. La concesión eléctrica estaba entonces en manos de los herederos de Catalina Arroyo. Y para organizar los festejos públicos, se encargaba una comisión de festejos, que hemos visto reflejada, al menos, desde 1926.

Manuscrito inédito de Lorenzo Rodríguez Amores sobre la Feria de Madrigalejo

Si lo anteriormente expuesto es de lo que hablan los documentos sobre la Feria, ahora compartimos en este espacio los recuerdos de mi padre (Lorenzo Rodríguez Amores), cuando la perra chica y la perra gorda era la moneda usual y corriente, entre los niños.

 La Feria lúdica y para niños (sobre los años 30 del siglo pasado)

Como todos los alicientes feriantes se instalaban alrededor de los muros de la iglesia, era digna de ver la animación de aquella plaza, marco precioso reverberante de luz y variopintos cromáticos, con su gente endomingada y bullanguera, que transita de puesto en puesto extasiándose ante las relucientes quincallas y preguntando cuánto vale la navaja “del once”…

Pero, para quienes era un mundo de fantasía la plaza en feria, es para la grey infantil, que rebulle delirante de acá para allá, unas veces tras el barquillero, o hacia los carritos de los helados…  La chiquillería absortos en la suerte que deparará la rueda chirriante de la fortuna de que todo barquillero va provisto (…) y siempre contribuyendo con mayor proporción que los pregones, que la corneta del retratista o la campanilla del charlatán para dejarse oír entre tanto ruido la oferta de su mágica mercancía. Compitiendo también con el estalleteo de mixtos de revólveres y escopetillas de juguete y el sonido de pitos estridentes. Eran las adquisiciones a las que podían aspirar aquellos chiquillos, junto con la pelotita de badana …

Quizás el mayor atractivo de los pequeñuelos lo constituían los ensoñadores caballitos, que giraban plácidos y serenos, sin miedo a vértigos y mareos, porque la energía propulsora sólo la proporcionaba la fuerza de los brazos de su dueño, el tío Agustín “Piche”, unos caballitos que eran obra artesanal suya.

El rodeo y la feria de ganado

El mercado de ganado en la Cardizosa tuvo gran poder de convocatoria. Se calcula que entraban en el real de la feria de tres a cuatro mil caballerías. Desde bien temprano, todos los 20 de agosto era un constante fluir de gente, con sus reatas de bestias por todos los caminos y trochas que acudían al lugar. A las 11 de la mañana ya podía considerarse el rodeo ganadero formalizado y empezaban los primeros tanteos de trato. Pero mucho antes de esta hora, ya tenían ocupadas sus posiciones los gitanos. Aquellos gitanos daban gran colorido e intensa animación al ferial, que acudían en gran número a hacer su feria de Madrigalejo, apostándose en las riberas del río.

En el rodeo, las gentes de un mismo pueblo procuraban reunirse en un lugar determinado y que coincidía de año en año. Tenía muchas ventajas que los paisanos estuvieran juntos, pues así se ayudaban unos a otros en las transacciones y se defendían de tanto “vivale” como pululaba por el recinto del mercado ganadero. Además, siempre venía bien que alguien se quedara al cargo del ganado mientras uno daba la vuelta por el ferial para orientarse de precios. O se echaba a suertes quién se quedaba con las bestias mientras otros se iban a jalear a las animadoras que, en estos días, lucían sus habilidades en los grandes salones donde los forasteros pasaban las horas más rigurosas del calor.

No era difícil averiguar la procedencia de aquella gente. Bastaba oírlos hablar para saber de qué pueblo procedían, especialmente los comarcanos. Se distinguían por la variedad de matices, por los dejes inconfundibles, por el uso de giros peculiares y exclusivos localismos en su lenguaje popular. Como el rotundo arrastrar de la última vocal fuerte de las palabras en Orellana la Vieja, o el recrearse con la “j” de los de Villanueva, o aquella magnífica pronunciación de la “ll” de los peleños con influencias en Orellanita y las Casas de Don Pedro, o aquella graciosa habla campanaria de neto vocabulario extremeño rematado con eses castellanas…

Pero no sólo la forma de expresarse era signo identificativo, sino también había diferencias en las indumentarias de sus vestimentas, en los detalles de los arreos de sus caballerías y hasta por la preferencia de ciertos animales.

Todo el rodeo era un descampado sin arboleda en la Dehesa del Monte. Por ello, fueron allí las siestas inhóspitas, sin más sombra que las proporcionadas por los muy livianos juncales y las propias albardas, donde se protegía el panzudo barril del agua y las alforjas con la cuenca y los liaros para hacerse el refrescante gazpacho y la bien surtida fiambrera de juncia o de corcha.

¡Ah!, pero allí estaban las cantinas para alivio de los feriantes. Cantinas de la feria. Cantinas jaraneras. Las de los barreños albedriados y “cogolmados” de los ricos pececillos en escabeche. Aunque a última hora todas las cantinas estaban bien provistas de cervezas y de aquellas gaseosas de “bolindre”, lo suyo era el vino peleón servido en “mataíllas”.

Aquellas cantinas tenían su peligro. Más de uno se dejaba allí los cuartos del producto de la venta, a veces destinados a necesidades más que perentoria, o jugándoselos a “las tres cartas”. Por ese motivo, algunas mujeres acompañaban a sus maridos en los tratos y recogían a buen recaudo el dinero en esa caja fuerte que eran sus faldriqueras debajo del mandil.

Conclusión

Como vemos era una Feria totalmente distinta a la que hoy conocemos. Aunque surgió como feria ganadera de cualquier especie (lanar, vacuno, caballar, mular, asnal y de cerda), después se fue especializando en caballería, quizás por el problema surgido con la fiebre aftosa. Y junto con las transacciones ganaderas, y por la gran afluencia de gente que acudía a ella, se desarrollaba paralelamente la feria lúdica, en la que, de vez en cuando, también se celebraban festejos taurinos. Es esta parte lúdica y de fiesta en la que ha derivado la Feria y Fiestas que hoy disfrutamos en Madrigalejo. Pero es importante saber de dónde venimos.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.      

Algunas fotografías de la Feria de varias décadas atrás 

Preparados para ir a los toros en la Feria. 
(Mediados del S.XX)

En los toros, un día de Feria. 
(Mediados del S.XX)

Paseíllo en una capea en feria. (Años 70 del siglo XX)

Pidiendo las llaves en una corrida de feria.

Pidiendo las llaves en una corrida de toros en feria.


Niños retratados en la feria por un fotógrafo ambulante. 




domingo, 16 de junio de 2024

MANUELA GONZÁLEZ-HABA

 

De una manera fortuita, conocí la existencia de Manuela González-Haba. Soledad López-Lago me mandó la fotografía de uno de sus libros expuestos en la “Feria del Libro de Badajoz” de este año 2024. Mi respuesta por WhatsApp fue una interrogación. No sabía quién era esa señora. Soledad tenía referencias de Manuela González-Haba y de su vinculación con Madrigalejo a través de mi padre. Se me encendieron todas las alarmas y, manos a la obra, nos pusimos (Toni Loro y yo) a investigar por Internet. Solamente escarbando un poquito, nos dimos cuenta de la talla intelectual de esta señora. Simplemente se van a dar unas pinceladas, un esbozo, más con el propósito de abrir nuevas puertas a la entrada de información, que de abordar una biografía de Manuela. Por ello, si alguien lee estas líneas y puede ayudarnos en darnos más información, agradeceríamos que lo hiciera.

Manuela Josefa Felisa Pilar González-Haba Delgado nació en Madrigalejo el 23 de marzo de 1924. Su padre era José María González-Haba Barrante, natural de Villanueva de la Serena y oficial de Telégrafos de profesión, y su madre, Vicenta Delgado Romero, natural de Madrigalejo. El matrimonio tenía fijada su residencia en Osuna y, siguiendo la costumbre de la época, su madre vino a dar a luz a casa de sus padres. Por esta circunstancia, Manuela nació en la casa de sus abuelos maternos, el farmacéutico D. Anselmo Delgado Barranquero y su esposa, Dª Manuela Romero Delgado, en la calle Luisa Fortuna nº4 (hoy el nº6).[1]   

Desde muy joven fue una mujer con grandes inquietudes intelectuales, hasta el punto de no conformarse con sacar adelante sus estudios universitarios, sino que, al mismo tiempo, estuvo dirigiendo el coro de la Facultad de Filosofía y Letras, al frente del cual dio conciertos en Madrid, Lovaina, Lisboa y Roma[2]. Se licenció en Filosofía y Letras en la rama de Historia. Además, en estos primeros años, escribió dos guiones cinematográficos: El buen pastor (sobre el Padre Damián) y Mar Pacífico (sobre el viaje de Magallanes alrededor del mundo); y dos autos sacramentales: La samaritana y La oración del Huerto[3].

Su interés por el cine la llevó mucho más allá. Fue la primera mujer en cursar Dirección en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. Este instituto fue creado en 1947 y pasó a denominarse Escuela Oficial de Cinematografía entre 1962 y 1975, cuando pasó a integrarse en la Facultad de Ciencias de la Información[4]. Hay que tener en cuenta en qué tiempos nos movemos y cuál era la situación de la mujer entonces. Para hacernos una idea, cuando se creó el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas en 1947, en su reglamento, existía un artículo discriminatorio que cortaba alas a las aspiraciones de las mujeres, el cual decía: “el elemento femenino será admitido únicamente en la Sección de Interpretación y de Escenotecnia (Vestuario, Moblaje y Maquillaje)”[5]. Este artículo pronto fue derogado, aunque no por ello se lo pusieron fácil a las mujeres que querían cursar estudios de Dirección[6]. Para poder acceder, tenían que pasar un duro examen de ingreso[7]. En aquellos primeros tiempos, tan solo doce mujeres cursaron Dirección en el Instituto: Manuela González-Haba, Perpetua Mambrilla, María Jesús Lampreave,  Mª Elisa Corona, Ángela Asensio de Merlo, Teresa Durán y Dressel, Helena Lumbreras, Kathryn Waldo, Marina Téllez, Ángela Ubreva y María Luz Melcón[8]. Manuela estuvo estudiando Dirección en este Instituto entre 1950 y 1954. En esta última fecha renunció porque consiguió una beca de ampliación de estudios de la Ludwig-Maximilians-Universität de Munich[9].

Como ejercicios de aprendizaje, los alumnos de Dirección del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas debían hacer unos cortometrajes, que aún se conservan en “Filmoteca Española”[10]. Manuela González-Haba presentó en 1952 un cortometraje mudo de 14 minutos titulado Bosque, como práctica de su segundo curso[11], en el que un guarda forestal persigue a un leñador furtivo en el bosque, con las consecuencias que puede acarrear actuar al margen de la Ley. Es la única película que dirigió González-Haba y el trabajo más antiguo que se conserva de una mujer en la Escuela Oficial de Cinematografía[12].

Fotograma de Bosque

Mientras estudiaba en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, realizó su tesis doctoral, que fue publicada en 1954 con el título Sobre una poética del cine por la editorial Sapientia[13]

Además, Manuela González-Haba ha publicado varios libros de géneros muy diversos, ensayos, de teatro, libros infantiles y juveniles, etc.:

- Justificación del poeta a través de la historia (1952)

- Teatro musical (1954)

- Parábolas del amor o de la muerte (1955)

-Comedia del papel importante; Don Carlos (1964)

- Poemas y canciones (1968)

-Auto del Jueves Santo (1970)

-Mito y realidad (1975)

-El maravilloso Gontran (1977)

- Agenor, el robot (1980)

-Cuadrícula (1986). Segunda parte de Agenor, el robot

-La princesa y la manzana (1986)

-El mito de la edad dorada (1989)

-Heracles y Euristeo (1989)

 

Y, por último, señalar que también escribió guiones de series de Televisión: El condenado a muerte por su trabajo (1975), Manuel Ripoll (Serie Palabras cruzadas); Los Dombey (1976); Manuel Ripoll (Serie Novela, adaptaciones)[14].

 

Sin duda, Manuela González-Haba ha sido una mujer polifacética, con muchas inquietudes intelectuales, pionera en un mundo de hombres, que debería ser reivindicada y que, como hija de Madrigalejo, tenemos la obligación de conocer y apreciar.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo


WEBGRAFÍA:

https://www.cineclubfas.com/invitados-antiguos/manuela-gonz%C3%A1lez-haba

https://theconversation.com/las-mujeres-que-quisieron-ser-directoras-de-cine-en-una-espana-que-no-apostaba-por-ellas-221164

https://www.cultura.gob.es/cultura/areas/cine/mc/fe/comunes/noticias/2020/11/mujeresenlaeoc.html

https://cimamujerescineastas.es/mujeres-en-la-eoc-ante-la-ley-en-el-mes-del-archivo-en-filmoteca/

https://www.lasexta.com/noticias/cultura/el-cine-a-traves-de-la-mirada-de-mujeres-valientes-la-filmoteca-recupera-las-producciones-de-cineastas-pioneras-durante-el-franquismo_202011135faeada3f1b0790001a36bcf.html

https://cineconn.es/primeras-peliculas-de-molina-bartolome-y-lumbreras/

https://www.elmundo.es/cultura/cine/2023/10/19/6531175ae9cf4a95738b45ae.html

https://e-archivo.uc3m.es/rest/api/core/bitstreams/8a8f7362-01fc-4835-bd86-ce550b3e79a0/content



[1] Archivo Parroquial.

[3] Ibidem.

[6] Ibidem.


miércoles, 8 de mayo de 2024

SANTÍSIMO CRISTO DEL PERDÓN

 

En nuestra iglesia parroquial de San Juan Bautista, existen dos esculturas antiguas que representan a Cristo Crucificado: el Cristo de la Victoria y el que, a falta de nombre, era identificado como Cristo Chico o Cristo Negro. Ambas imágenes reflejan una estética gótica, con una cronología que podría estar en torno al siglo XVI. El Cristo de la Victoria aparece mencionado en algunos documentos parroquiales, generalmente vinculado a rogativas por sequía o a su Santa Hermandad, una hermandad que estuvo vigente, al menos, hasta finales del siglo XIX.

No hay tanta fortuna con la imagen del otro Crucificado, pues no existe ningún documento que, directa o indirectamente, haga referencia a él. Es de menor tamaño que el anterior, por eso se le solía llamar Cristo Chico. Por la pátina del tiempo de varios siglos de antigüedad, su policromía fue adquiriendo un color oscuro que dio lugar al segundo nombre con el que se conocía, el de Cristo Negro.


La imagen de este Cristo Crucificado es una escultura de bulto redondo en madera policromada. Jesucristo aparece representado en el momento de morir, pues tiene la herida de la lanza en el costado, presenta la boca abierta por el sufrimiento y los ojos semi cerrados. Está sujeto a la cruz por tres clavos: uno en cada mano y el tercero en los pies superpuestos. Mientras que su rostro refleja cierto realismo, la anatomía del resto del cuerpo está trazada de forma un tanto esquemática, como podemos ver en las líneas paralelas que sugieren las costillas, en los músculos esbozados de brazos y piernas o en unos brazos rectos, que no sostienen el peso del cuerpo. También los cabellos y la corona de espinas están tratados de forma sintética y primaria, sin abordar detalles, lo que denota ser obra de un autor de segunda fila. El perizoma o paño de pureza, con esquemáticos pliegues, lleva un sencillo nudo en su lado izquierdo. Esa misma rusticidad de la talla le confiere una belleza ancestral, lo que, unido a que su rostro transmite un sufrimiento que remueve los sentimientos, da lugar a una obra con alma, que no deja a nadie indiferente.

Tanto el tiempo, como las malas intervenciones ejecutadas sobre esta obra, habían pasado factura sobre ella. Había llegado a nuestros días con una pátina de suciedad que mostraban un Crucificado totalmente oscurecido y sin color. La Madera se había resquebrajado y tenía profundas grietas. La escultura estaba sujeta a la cruz con un alambre… Por todo ello, urgía una restauración, que ya se ha hecho realidad.

Desde diciembre de 2023 a marzo de 2024, el Cristo Chico de la Parroquia de San Juan Bautista de Madrigalejo ha estado inmerso en un proceso de restauración. Al actuar en la escultura, se encontró con pérdida de policromía, con la utilización de goma laca en algunas intervenciones que habían oscurecido aún más la obra; la unión del brazo estaba abierta, con clavos a la vista; habían sido aplicados estucos de diversa naturaleza que se habían agrietado; se había añadido una mano perdida, sin policromar y con un clavo extemporáneo; tenía repintes de sangre y barniz requemado por la cercanía de las velas; una gran grieta longitudinal recorría el torso; le habían aplicado una gruesa capa de goma laca de forma grosera -con desigual espesor y con abundantes churretones-; la laca había provocado abrasiones en la policromía, etc. En la cruz, también se habían producido pérdidas de material en el soporte y aplicados gruesos repintes, que se apreciaban igualmente en el cartel de INRI, con goma laca. Todo ello ha dado lugar a unos trabajos de restauración laboriosos y delicados.


El proceso de restauración comenzó con catas de limpieza con disolventes, retirando la capa de suciedad y la laca aplicada en otras intervenciones. Otra parte del proceso fue la fijación de la policromía original, la eliminación de estucos añadidos y de clavos, así como la liberación de los brazos para colocarlos en su posición original -brazos que han tenido que ser sujetados con varillas de fibra de vidrio-. También se actuó en la cruz, eliminando repintes y aplicando bases de color sobre los estucos.

Además, esta escultura es una imagen de culto, cuyo destino es para ser venerada por los fieles y debe tener un aspecto que invite a la piedad. Distinto sería si fuera para ser conservada en un museo, donde lo que interesa es mostrar lo original de la obra. Por esta razón, aparte de los trabajos de restauración, ha sido preciso estucar las lagunas y reintegrar policromía en toda la superficie de la obra, con las técnicas adecuadas para que pueda diferenciarse lo original de lo que se ha incorporado en la nueva actuación.  

Una vez restaurada, la imagen del Cristo Crucificado fue presentada ante los fieles de la Parroquia en un acto que tuvo lugar el lunes 18 de marzo de 2024, en el que fue explicado todo el proceso. Unos días después, concretamente el 22 de marzo, fecha que se celebraba el Viernes de Dolores, la imagen fue bendecida por el párroco, D. Francisco José Parejo Andrada, bajo el título de “Santísimo Cristo del Perdón”. A continuación, se celebró un Viacrucis por las calles y las imágenes de Nuestra Señora de las Angustias y del Santísimo Cristo del Perdón fueron sacadas a hombros por los niños, que participaron activamente en esta celebración.


Presentación de la obra restaurada

Presentación de la obra restaurada

Bendición del Santísimo Cristo del Perdón
Viacrucis
Viacrucis
Viacrucis
Viacrucis
Viacrucis









lunes, 8 de abril de 2024

EL LUGAR DE MADRIGALEJO TRAS LA RECONQUISTA

 

El proceso de recuperación de la Península Ibérica por las tropas cristianas del dominio musulmán -lo que se conoce como la “Reconquista”-, se desarrolló de una forma lenta y discontinua. El proceso fue tan dilatado en el tiempo que duró casi ocho siglos, aunque no siempre se luchó con la misma intensidad -de ahí lo de discontinuo-, pues se intercalaron periodos de mayor actividad bélica, con épocas mucho más tranquilas. Y conforme iba avanzando la Reconquista hacia el sur, había que ir consolidando el territorio. Es lo que Sánchez Albornoz resumió como “tras la batalla, la puebla, y tras la puebla, la batalla”. Es decir, una vez conquistado un territorio, había que repoblarlo para que quedara consolidado, y una vez consolidado, se avanzaba en la lucha a por otro territorio.

En este avance hacia el sur, la recuperación definitiva de nuestra zona por las tropas cristianas tuvo lugar cuando fue conquistada Trujillo, en 1233. Y a partir de ese momento, comenzó su repoblación. El sistema de repoblación que se llevó a cabo entre los ríos Tajo y Guadiana se basó en el ALFOZ, es decir, se entregaba un amplio territorio de realengo a una ciudad para que lo administrara en nombre del rey y, para ello, se le otorgaban unos fueros particulares, como derechos o privilegios, que favorecieran su repoblación. De esta forma, cuando se produjo la conquista de Trujillo, Madrigalejo quedó integrada en su alfoz, siendo una de sus 32 aldeas. Desde entonces y hasta el siglo XIX, el Cabildo trujillano ejerció el gobierno sobre el lugar, a excepción de los asuntos de poca monta, para los que era competente su Concejo. Y el Concejo de Madrigalejo estaba formado por dos alcaldes ordinarios, dos diputados del común, un procurador síndico personero, un mayordomo, dos escribanos y, a partir del siglo XV, dos alcaldes de la Hermandad.

Trujillo

Entre los beneficios y privilegios que se otorgaron para consolidar el asentamiento de la población en nuestro territorio, a Madrigalejo le correspondió la concesión de su Dehesa Boyal. De esta forma, tan sólo treinta años después de pasar del dominio musulmán al cristiano, Madrigalejo empezó a gozar de su dehesa comunal, que le fue concedida por un documento fechado en 1264. Este documento es el primer escrito privativo de nuestra localidad, donde ya aparece con su nombre actual. En él, también se señalan los mojones que delimitaban la Dehesa Boyal, lo que aporta una información preciosa para conocer algunos aspectos de ese momento concreto en Madrigalejo, como la existencia de viñas y de tierras labrantías o de un tejar, así como la referencia a enclaves tan significativos como el Toro del Hito, el Molino de Arriba o la Fuentecilla de la Carrizosa.

Una vez superada la etapa musulmana, y desde muy temprano, se instalaron en suelo madrigalejeño dos grandes hacendados, que no ejercieron señorío sobre el lugar, aunque sí dejaron sentir su influencia en su devenir cotidiano. Estos dos grandes hacendados fueron la familia Vargas y el Monasterio de Guadalupe.

Los Vargas pertenecían al linaje trujillano de los Bejarano y recibieron su patrimonio en Madrigalejo -incluido su castillo- por derecho de conquista; por tanto, desde ese mismo momento gozaron aquí de grandes propiedades, que mantuvieron ininterrumpidamente hasta finales del siglo XX.

Y la primera posesión de la Iglesia de Guadalupe en Madrigalejo data de 1349, sólo unas décadas después de ser hallada la imagen de la Virgen en las Villuercas y cuarenta años antes de la llegada de los Jerónimos a Guadalupe. La escasez de terrenos cultivables en Guadalupe, tanto por su orografía como por la escasa profundidad de sus suelos, determinó que se fijaran en las tierras fértiles de cultivo de Valdepalacios y de Madrigalejo. La mayor parte de su patrimonio rústico en nuestra localidad se fraguó en los siglos XIV y XV, y estuvo formado por dehesas, tierras sueltas, viñedos, huertos y olivares, además de casas en el pueblo y de un molino en el Ruecas –el Molino de Arriba-.

Monasterio de Guadalupe

Tanto los Vargas como el Monasterio de Guadalupe tenían carta de vecindad en Madrigalejo, porque ambos tenían casa abierta en el lugar, con los mismos derechos y obligaciones que el resto de los vecinos. Así era en teoría, aunque en la práctica, los grandes herederos aprovechaban mejor los recursos de los bienes comunales. Estas ventajas provocaban el recelo de los vecinos que, junto con las fricciones entre propiedades y condominios, fueron la causa de innumerables conflictos entre los pobladores de Madrigalejo –amparados por la ciudad de Trujillo- y el Monasterio de Guadalupe.

Más complicado fue el conflicto generado por García de Vargas entre 1470 y 1477. Desde su castillo en Madrigalejo, García de Vargas, con una banda de unos 130 hombres, se dedicó a cometer todo tipo de tropelías, atropellos y robos en la zona, que fueron de tal calado, que el Monasterio de Guadalupe –el más perjudicado en sus múltiples propiedades- abandonó temporalmente sus explotaciones en Madrigalejo por esa causa. La situación se resolvió cuando la reina Isabel la Católica mandó derribar la fortaleza, en 1477, como castigo ejemplarizante para otros señores levantiscos, como la Condesa de Medellín o el Maestre de Alcántara D. Gómez de Solís.   

También hay que tener en cuenta la afluencia de peregrinos que empezaron a llegar hacia Guadalupe desde que se produjo el descubrimiento de la imagen de la Virgen en las Villuercas y la difusión de su fama. La afluencia se peregrinos se incrementó a raíz de la protección real por parte de Alfonso XI de Castilla, que lo hizo agradecido por la victoria conseguida en la batalla del Salado en 1340. A partir de entonces y en poco tiempo, Guadalupe se convirtió en uno de los lugares de peregrinación más importantes de la cristiandad. Hacia el santuario mariano se dirigían numerosos romeros y Madrigalejo se constituyó en un lugar de paso para aquellos que procedían del suroeste, utilizando la brecha natural que supone el río Ruecas hacia las Villuercas.

Al principio, los peregrinos utilizaron para llegar a Guadalupe el camino de Cañamero –que discurría por la margen derecha del río Ruecas-. Esta vía después se convirtió en el “camino viejo de Guadalupe” cuando comenzó a ser más transitado el que pasaba por Valdepalacios -más cómodo de andar- y pronto pasaría a ser camino real. Este camino real tenía como última parada Madrigalejo o la primera si se trataba de la vuelta. Por tanto, los peregrinos que se dirigían a Guadalupe procedentes del suroeste solían tomar este camino real, cruzando Madrigalejo por la calle del Rey (1418) o calle Real (1426), que después fue llamada con el significativo nombre de calle “Mesones” y que actualmente corresponde a la calle “Luisa Fortuna”.

Por tanto, en la Baja Edad Media, Madrigalejo era un lugar de realengo, perteneciente a la jurisdicción de la ciudad de Trujillo. Desde fechas muy tempranas, empezó a gozar de su Dehesa Boyal. En su territorio se asentaron dos grandes hacendados: los Vargas y el Monasterio de Guadalupe, aunque también había otros herederos con propiedades más pequeñas. Y por Madrigalejo pasaba gran número de peregrinos hacia Guadalupe que, sin duda, influyeron, en buena medida, en la vida cotidiana de nuestra localidad.

Guadalupe Rodríguez Cerezo


BIBLIOGRAFÍA:

-M.A. LADERO QUESADA, Los últimos años de Fernando el Católico 1505-1517. Editorial Dykinson, S.L. Madrid. 2016

- L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008.

- F.P. de ALHOBERA. Libro de la Hacienda del Monasterio de Guadalupe.

- A. RAMIRO CHICO. “La última visita de Fernando el Católico a Guadalupe, en el V Centenario de su muerte (1516-2016)”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXXII. Número III- Septiembre/diciembre. 2016.