martes, 22 de junio de 2021

EL DÍA DEL SEÑOR SAN JUAN

 

San Juan Bautista es el Santo Patrón de Madrigalejo. Cuando decidieron sus vecinos ponerse bajo la protección de un intercesor ante Dios, eligieron uno de los más grandes santos de la Iglesia, aquel de quien el mismo Jesús dijo que “entre los nacidos de mujer, no surgió nadie mayor que Juan el Bautista” (Mt 11, 11). Otros santos también gozaron de la devoción de los madrigalejeños y, para darles culto, se levantaron ermitas dedicadas a los Benditos Mártires, a Santiago, a San Sebastián, a San Gregorio y a la Virgen de las Angustias. Y a San Juan Bautista, como su Santo Patrón, está dedicado el templo mayor de Madrigalejo, su iglesia parroquial, cuyo edificio actual acumula ya cinco siglos de antigüedad.  

Iglesia parroquial de San Juan Bautista

No es difícil imaginar por qué los antiguos pobladores de Madrigalejo eligieron a San Juan Bautista como patrón. Hay que pensar en su tradición agrícola y ganadera, en sus tierras fértiles para el cereal, cuyo ciclo termina en torno a la celebración de San Juan y, por tanto, es el tiempo de la recogida de la cosecha. Y también en su parte ganadera, fundamentalmente en los rebaños de ganado lanar; podemos ver en la imagen del Bautista, que va acompañado del Cordero de Dios. 

Campo de cebada.

Y por ser el Santo Patrón de la comunidad, el 24 de junio era la fecha que marcaba el inicio y el final de la actividad concejil. Así aparece constatado en los documentos. 

Nombramientos del Concejo

Era costumbre desde “tiempo inmemorial” que, cada 24 de junio, “el día del señor San Juan”, se eligiera a las personas que deberían desempeñar los cargos del Concejo durante un año. Ese día, al son de campana tañida, se convocaba a los vecinos a juntarse en “aiuntamiento”, en la ermita de los Benditos Mártires.

La ermita de los Benditos Mártires debía ser la más antigua de Madrigalejo. No se conoce su localización exacta, aunque por algunos indicios se sospecha que pudo estar situada entre el Llanejo y la calle Hondonada. La última noticia que tenemos de esta ermita data de 1813, cuando una vecina, Mª Asunción Fernández, fue enterrada en su interior, por expreso deseo suyo, reflejado en su testamento. (L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Badajoz, 2008, pp. 307, 308 y 309).

Plaza del Llanejo

Las personas que en esa fecha estaban ejerciendo los cargos de alcaldes, regidores y demás oficios concejiles debían nombrar a los vecinos que consideraban idóneos para que les sustituyeran en el Concejo. La elección debía realizarse según unas pautas determinadas que estaban consolidadas por “el uso y la costumbre”.

Por ello, para que la elección tuviera un mejor efecto cumplido, los cargos salientes debían comunicar los nombramientos a los “electores”. Cada uno de los cargos debía proponer a la persona que debía sucederle para desempeñar el cargo, no pudiendo nombrar a nadie que tuviera con él lazos de parentesco. Los “electores” eran un grupo de vecinos y naturales del lugar, que debían dar su parecer a esos nombramientos: si estaba bien hecha la elección “por ser toda gente honrada” o manifestar su contrario, si así les parecía.

Los cargos que se renovaban

Los cargos que debían renovarse eran los siguientes:

-Dos alcaldes ordinarios. Uno de ellos representaba a los hijosdalgo y el otro, a los pecheros.

-Dos alcaldes de la Santa Hermandad. Su misión era la vigilancia de los campos, especialmente velar por la seguridad en los caminos. Para acompañarles en esa vigilancia y para guardar la cárcel si hubiera algún delincuente preso, necesitaban unos cuadrilleros, personas que estos alcaldes consideraban ser idóneas para ejercer el oficio.

-Dos regidores o diputados del común, que se encargaban del cuidado y celo del gobierno político y económico del concejo.

-Un procurador síndico del común, que era el encargado de promover y defender los intereses de la población y de velar porque no se produjeran agravios. Era una función eminentemente reivindicativa.

-Un mayordomo, que llevaba las cuentas del concejo.

-Un depositario del pósito. El pósito era un almacén municipal de cereales destinado a tener reservas de grano ante los años de malas cosechas.

-Un alguacil mayor. Oficial subalterno de la justicia local.

-Un receptor de bulas. El receptor de bulas de la Santa Cruzada era un recaudador, encargado de recoger el dinero de las limosnas que generaba el reparto de bulas.

-Un padre de menores. Encargado en el municipio de velar por los niños huérfanos.

Después de la elección

Una vez que los electores dieran por buena la elección, era necesario que, ese mismo día 24, el resultado fuera pregonado en la plaza pública, por si hubiera alguna persona que pudiera decir algo en contra de dicha elección. El escribano tenía que dar fe de que el pregonero lo hubiera voceado públicamente, pues debía estar presente en la plaza, concurrida de gente, mientras se echaba el pregón.

Para que los nombramientos tuvieran validez, los cargos electos debían ser ratificados por el corregidor de la ciudad de Trujillo y, mientras tanto, no podían ejercer el oficio. Por ello, pocos días después –el 27 o 28 de junio-, uno de los alcaldes recién elegidos debía personarse en Trujillo y presentar la elección de los nuevos cargos ante el corregidor de la ciudad.

Si la autoridad trujillana daba por buenos los nombramientos, seguidamente tomaba la aceptación y el juramento del alcalde personado, de “usar y ejercer bien y fielmente cumplir en todo con la obligación del dicho oficio”. Para concluir, debía decir: “Sí, juro. Amén”. El corregidor, entonces, le daba poder y comisión para poder usar y ejercer el oficio de alcalde ordinario en el lugar de Madrigalejo el tiempo para el que hubiese sido nombrado, igual que lo habían hecho y ejercido sus antecesores. También le advertía de que no podía tomar del concejo más jurisdicción del poder que se le otorgara, con pena de ser castigado con todo rigor si se sobrepasaba. Y una vez juramentado el alcalde, el corregidor le comisionaba para que tomase aceptación y juramento a los demás cargos electos.

Con este poder, al día siguiente, y ya en Madrigalejo, las personas que habían sido nombradas para ejercer los distintos cargos comparecían ante el alcalde juramentado, dando fe del acto el escribano público. Así, cada uno de los cargos electos aceptaban y juraban ante él los oficios para los que habían sido nombrados, con penas de prisión y de ser mandados ante la autoridad de la ciudad de Trujillo si eran “omisos y morosos”, es decir, si se negaban a ejercer su cargo. El juramento se hacía por Dios y ante la Cruz, comenzando por el otro alcalde ordinario y continuando por todos los demás.

Todo el proceso de elección era recogido en su correspondiente acta por el escribano, y, por tanto, también el juramento de cada uno de los oficiales, que debía ser firmado por quien juraba, a no ser que no supiera firmar –que era muy frecuente-; en este caso lo haría, por ellos, el alcalde que recibía el juramento.

Desde ese momento, los nuevos componentes del concejo debían ejercer el oficio para el que habían sido nombrados hasta el 24 de junio, “día del señor San Juan”, del año siguiente.

 

Para terminar

Con el tiempo, ya en el siglo XVIII, los vecinos eran convocados para la elección en las “casas de ayuntamiento”, en lugar de la ermita de los Benditos Mártires, y, a partir de 1721, el día de San Juan dejó de ser la fecha de las elecciones, para comenzar a celebrarse cada primer día de enero.

Como vemos, desde antiguo, San Juan Bautista estaba muy presente en la actividad del concejo de Madrigalejo. ¿Puede venir de aquellos tiempos la tradición de que el Alcalde entregue el bastón de mando a San Juan en su día?

San Juan con el bastón de mando del Alcalde

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

BIBLIOGRAFÍ Y FUENTES:

- L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Badajoz, 2008.

-Archivo Municipal de Madrigalejo. Sig. 656-3


miércoles, 19 de mayo de 2021

TRES PIEZAS CON MUCHOS SIGLOS A SUS ESPALDAS

La importancia y la antigüedad de algunos restos de nuestro entorno pasan desapercibidos, con mucha frecuencia, debido a su abandono y a su ruina. En otras ocasiones, algunos vestigios arqueológicos que formaban parte de nuestro paisaje han dejado de pertenecernos, no tanto por estar recogidos en un museo, sino porque estamos olvidando que son parte de nuestro pasado, de nuestro patrimonio. Esto es lo que ha sucedido con tres piezas de gran importancia histórica para Madrigalejo, tanto por su antigüedad como por el servicio que prestaron al vecindario y de las que vamos a hacernos eco en este trabajo.

La antigüedad de las tres piezas está atestiguada, no solo por sus características, sino también porque aparecen nombradas en el documento más antiguo referido exclusivamente a Madrigalejo que se conoce hasta ahora, como es el que recogía la concesión de la Dehesa Boyal a nuestra localidad.

El documento

En 1232/1234, se produjo la conquista cristiana de Trujillo y del territorio que iba a formar parte de su tierra a partir de entonces. Por ello, también hay que señalar esas fechas para la reconquista en Madrigalejo. Comenzaba una nueva etapa. A partir de ese momento, había que sentar las bases para fijar población en el territorio. En nuestra localidad, no fue necesario proceder a su fundación, pues hay varios indicios que demuestran que aquí existía población estable en época musulmana. Pero sí se dieron prisa sus herederos en solicitar la concesión de su Dehesa Boyal, que recibieron tempranamente, pues uno de los mecanismos que utilizaron los reyes para fijar población en los territorios fue, precisamente, la concesión de las dehesas boyales y de los bienes de propios a los ayuntamientos.

Por orden el rey Alfonso X el Sabio, le fue concedido a Madrigalejo su dehesa para los bueyes en 1264, tan solo treinta años después de que pasara a dominio cristiano. La concesión llegó a través de una carta, que “fue dada en Madrigal, que ahora se llama Madrigalexo”-dice el documento-, donde se establecía el perímetro de la dehesa a través del señalamiento de los mojones. Vemos aquí cómo, antes de ser Madrigalejo, a nuestra localidad se la conocía por el nombre de Madrigal.

Aunque la mayoría de los mojones que señalaban las lindes de la Dehesa Boyal en el siglo XIII han desparecido, sí han llegado hasta nosotros algunos de aquellos hitos y construcciones muy significativos. Sobre ellos vamos a tratar.

El toro de piedra

Dice el documento que la linde va por el “mojón cubierto a la quebrada do(nde) está el toro de piedra”. El toro de piedra es una escultura de granito, de época protohistórica, perteneciente a la llamada “cultura de los verracos”, propia de los vetones, pueblo de origen celta que habitó una extensa zona coincidente con lo que hoy son las provincias de Salamanca, Ávila Toledo y Cáceres, desde el siglo V a. de C. hasta la romanización. Actualmente se encuentra recogida en el Museo de Cáceres, en el patio, donde pasa totalmente desapercibida.

Durante veinticinco siglos aproximadamente, esta escultura zoomorfa estuvo integrada en nuestro paisaje, en la vega del río Ruecas, a unos 5 Km. al N.E. de Madrigalejo. No conocemos la utilidad que le dieron sus creadores, pero sí sabemos que ha estado sirviendo de mojón durante muchísimos años, pues, aparte de señalar los límites de la dehesa Boyal desde el siglo XIII, posteriormente también lo hizo entre las fincas de Casas de Hito y la Torrecilla de Arriba, así como entre los términos municipales de Madrigalejo y Navalvillar de Pela, y de las provincias de Cáceres y Badajoz.

El toro del Hito, como actualmente se conoce, está datada en torno al S. V a. C. Es una escultura bastante tosca, a la que le faltan la cabeza y parte de las patas. Tiene la particularidad de que su cuerpo está inundado de “petroglifos”, signos simbólicos grabados en rocas, que, en este caso, lo están en la superficie de la escultura. 

El Molino de don Pelai

En dos partes del documento, se alude a dos elementos de un mismo conjunto, como son la presa y el molino de don Pelai. Así dice: “e dende el vado primero sobre los cadosos de la presa de don Pelai, ms”, y más adelante, casi al final del escrito, puede leerse: “E se da en esta carta entrada al molino de don Pelai”.

El molino está situado cerca del río Ruecas, del que toma el agua para su fuerza motriz. Consta de presa, cauce y molino propiamente dicho. Estas tres partes del conjunto son imprescindibles para realizar la molienda del grano y, por ello, siempre constituyeron una propiedad indivisible.

El término “cadoso” al que alude el escrito es una palabra que ya no se utiliza. Hacía referencia a un lugar profundo en un río donde abundaban los remolinos, como los que debían formarse en la presa del molino. Esta presa consiste en un muro de lanchas de pizarra unidas por argamasa, que se construyó en el cauce del río, con el fin de embalsar agua, la cual entraba en el cauce del molino o aceña a través de la herida. La “herida” del molino era una abertura en la presa, por donde el agua se desviaba, durante aproximadamente kilómetro y medio, corriendo por el cauce o aceña hasta llegar directamente al molino propiamente dicho. La fuerza con la que entraba el agua en el molino hacía mover las piedras graníticas destinadas a machacar el grano. En un principio, se molía con dos piedras o “muelas” y, con posterioridad, se añadió una tercera.

Foto de María García

El molino es, con mucha diferencia, el edificio más antiguo de nuestra localidad, y que, como hemos visto, está certificado documentalmente. Es una lástima que se encuentre en estado ruinoso desde que se abandonara su actividad a mediados del siglo XX. El hecho de que estuviera en pleno rendimiento en 1264, tan solo treinta años después de la reconquista, implica la existencia de un vecindario que cultivaba cereal en esas tierras y que necesitaba de su servicio para transformar el cereal en harina. Harina que era la base de la alimentación de aquellos pobladores. Y aparte de un vecindario estable que precisara de su servicio y consumiera su producción, una obra de tal envergadura necesitaba de largo tiempo para ser construido. Todos ellos son indicios que llevan a pensar que Madrigalejo estaba habitado en época musulmana.

El documento del siglo XIII habla de la presa y del molino de don Pelai. Pero, ¿quién sería don Pelai? Para responder, vamos a seguir la argumentación de Lorenzo Rodríguez Amores[1], quien lo vincula al personaje histórico de don Pelay Pérez Correa, el que fuera Maestre de la Orden Militar de Santiago y protagonista muy destacado de la reconquista de buena parte del territorio extremeño.

Aunque solo aparece mencionado con su nombre de pila, el hecho de pertenecer a una personalidad muy conocida hacía prescindible apellidos o sobrenombres complementarios. Además, don Pelay Pérez Correa era contemporáneo de la firma del documento, pues murió en 1275, once años después. A todo esto, se suma que, en el documento, el nombre de don Pelay va acompañado de la abreviatura “ms.” y de un anagrama que recuerda una cruz de Santiago. La abreviatura haría referencia a “maestre” y la cruz, a la “Orden Militar de Santiago”.

Foto de María García.

Un siglo después, el molino pertenecía a Juana Sánchez, vecina de Trujillo, quien se lo vendió a la Iglesia de Guadalupe en 1359. Y en manos del Monasterio estuvo hasta la Desamortización, en el siglo XIX. Durante toda su historia, ha prestado un gran servicio a los vecinos de Madrigalejo, hasta que las grandes harineras acabaran con los seculares molinos tradicionales, por su escaso rendimiento.

La fuente de la laguna

En el documento también puede leerse “e como va a la fuente de la laguna”. La fuente y la laguna a la que se refiere el escrito es la Carrizosa, de donde los vecinos de Madrigalejo estuvieron abasteciéndose de agua potable durante siglos y siglos, puesto que sus aguas son finas y de buen beber. Es un pequeño pozo cubierto por una humilde bóveda de ladrillo, que tiene una abertura para sacar el agua, con espacio únicamente para una persona. A pesar de su pequeño tamaño, su caudal es grande y el agua se encuentra al alcance de la mano.

La fuentecilla y el río Ruecas eran los suministradores de agua potable para los vecinos de Madrigalejo. En temporadas como en verano –cuando las aguas se estancaban- o durante las grandes crecidas –en las que el agua venía como chocolate-, era perjudicial beber del Ruecas. Los pozos domésticos tampoco servían para consumo humano, pues las aguas de la margen izquierda del río son gordas y de mal beber. Por ello, en algunas épocas del año, solo se contaba con la fuentecilla de la Carrizosa. A principios del XX, debido al aumento demográfico que había experimentado la localidad, se empezó a plantear la necesidad de construir otros pozos públicos que tuvieran mayor capacidad. Como existía la certeza de un manantial inagotable en la Carrizosa y con aguas de buena calidad, se construyó otro pozo de bastante profundidad y anchura cerca de la fuentecilla. Y posteriormente, se sumaron otros dos depósitos más próximos al pueblo, las llamadas “fuente de los Grifos” y “fuente de la República”.

Con tres pozos públicos más en funcionamiento, la antigua fuentecilla fue abandonada y las sanguijuelas se adueñaron de ella, por eso, a menudo, se la conoce como “fuente de las sanguijuelas”. Hoy no se puede acceder a ella, pues está dentro de una de las lagunas de la Carrizosa, y es difícil de encontrar debido a la profusión de aneas que brotan a su alrededor.

Igual que argumentábamos con el molino, también con la fuentecilla de la Carrizosa se puede hablar de una construcción anterior a la reconquista, que indicaría la existencia de un poblamiento estable con necesidad de aprovisionarse de agua potable. Además, el aire oriental que refleja la fuente profundiza en la posibilidad de que fuera obra de alarifes islámicos.

Vemos, por tanto, que es una pequeña joya histórica –con más de ocho siglos en su haber-, que deberíamos valorar los madrigalejeños, ya que está prácticamente olvida y arrinconada. Es hora de reivindicar su existencia y su pasado, especialmente por el gran servicio que prestó a la población a lo largo de la historia.

Para terminar

Para quien desee conocer más sobre estos tres elementos tan ligados al devenir histórico de Madrigalejo, puede acudir a los capítulos IV –La piedra del toro-, XI –Primer documento privativo de Madrigalejo, XII –Dos reliquias del pasado- y XIII –Don Pelay, dueño del molino de Arriba- del libro Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, de Lorenzo Rodríguez Amores, de donde he recogido los datos que aparecen en este post.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.



[1] L.RODRÍGUEZ AMORES, Crónicas Lugareñas. Madrigalejo, Tecnigraf S.A., Badajoz, 2008, p. 147.


 

domingo, 11 de abril de 2021

IMAGEN DEL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSEPH.

 

En 1772, Francisco Gil Moreno y su esposa, Inés Fernández Mateos, vecinos de Madrigalejo, hicieron donación a su Iglesia de una escultura y talla de San José, que ellos mandaron hacer. La donación fue movida por su devoción “a mayor honrra y Gloria de Dios, culto y veneración del Glorioso Patriarca S. Joseph”[1]. Los donantes querían que la imagen sirviera para la devoción pública y deseaban verla colocada en uno de los altares de la iglesia parroquial “para excitar, promover y estender la devoción del santo en los otros fieles convecinos”[2]. Por ello, pidieron licencia al Visitador General de la Diócesis de Plasencia para colocar la imagen de San José en el altar que se dice de Ánimas. El Visitador, el Licenciado D. Joseph Fernández Díez, concedió dicha licencia el 4 de noviembre de 1772.

Esta es la síntesis de un documento que se encuentra recogido en el Archivo Parroquial de Madrigalejo, a partir del cual se pueden abordar diversas cuestiones de carácter histórico y artístico. 

Imagen de San José

En la iglesia de Madrigalejo, existen dos esculturas de bulto redondo que representan a San José. Una de ellas podemos verla actualmente en el retablo mayor, en una hornacina junto a San Juan Bautista. La otra está situada, sobre peana, en uno de los pilares que sostiene el coro. Esta última escultura es más reciente. Representa a S. José llevando de la mano al Niño Jesús, como su conductor, guía y educador. En la otra mano, lleva una vara que remata en un ramo de azucenas. Pero, en esta ocasión, nos vamos a centrar en la primera imagen.

La escultura que se encuentra en el retablo es una talla de madera policromada, que representa a San José como un varón adulto, en plenitud de su fortaleza física e intelectual. Es importante destacar este hecho pues, hasta el S. XVI, en el Arte, San José era tratado como una figura secundaria, de edad avanzada, y siempre formando parte de alguna escena relacionada con la infancia de Jesús y con María.

Formando parte de este tipo de escenas estuvo presente en nuestra iglesia parroquial en la “Adoración de los Pastores”, uno de los esgrafiados que, por desgracia, desaparecieron el siglo pasado. Y también podemos verlo en una pintura donde se representa la escena de la “Visitación”, en el retablo mayor.  

El banco del retablo acoge una tabla pintada al óleo de la “Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel”. En esta pintura, aparecen San José y San Zacarías, sus esposos, situados en un segundo plano y en penumbras, dejando el protagonismo a la Virgen y a Santa Isabel. Es un ejemplo de lo que se ha apuntado anteriormente. Sin embargo, el hecho de que aparezca en esta escena S. José, a quien no le correspondería estar presente según el relato evangélico, indica que el reconocimiento de su figura ya va cambiando. Estilísticamente, este cuadro corresponde al siglo XVI.

(Foto de María García)

El Concilio de Trento (1545-1563) declara la validez del culto a los santos frente a la reforma luterana. Siguiendo sus criterios, la Orden Jesuita, así como Santa Teresa de Jesús y los Carmelitas Descalzos, de forma especial, contribuyeron a dar un fuerte impulso al culto y devoción a San José, como correspondía al lugar tan destacado que tuvo en la infancia y en la educación de Jesús. Como consecuencia, en el Barroco, San José dejó de ser un personaje marginal en las obras de arte y empezó a prodigarse su figura, proliferando especialmente su imagen en bulto redondo.

(Foto de María García)

 Con este sentido se representa la escultura del S. XVIII que estamos tratando, en la que resalta su importante misión como padre terrenal de Jesús. Vemos que S. José lleva en sus brazos al Niño Jesús, como muestra de la cercanía y cariño que les une a ambos. La figura apoya sus pies sobre un trozo de Gloria (representada por una nube y una cabeza de angelote), incidiendo en el apelativo de “San José glorioso”. La disposición abierta del manto contribuye a dar volumen y movimiento a la figura, así como, su color marrón habla simbólicamente de sus dudas padecidas.

La escultura fue retocada, según aparece en el libro de fábrica de la parroquia en 1859, y este trabajo costó 100 reales.

En el altar de las Ánimas

Francisco Gil e Inés Fernández pidieron que la imagen se asentara “en el altar que se dice de Ánimas, propio de su demanda”[3], es decir, de la cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio. Señala el documento que este altar estaba dentro de la capilla mayor y que, sobre su mesa de altar, debía colocarse “el adorno, retablo o caja correspondiente a la mayor decencia del santo”[4]. El manuscrito sigue diciendo que, por encima de la imagen del santo, debía colocarse el cuadro donde se representa a las Ánima Benditas del Purgatorio. Advierte el Visitador al párroco que no debía consentir, por esta causa, que el altar perdiese “el concepto, nombre y denominación que antes tenía” con advocación de las Ánimas, ni tampoco debía privarlas de los sufragios y demás funciones eclesiásticas que, a sus capellanes y cofradía, le correspondían hacer como altar propio. Por esta razón, la cofradía de las Ánimas quedaba obligada a la asistencia y limpieza de la ropa de altar, así como a colocar el alumbrado –velas- que, por costumbre, se correspondería en días festivos y otros que, por devoción, debían ponerse.

El culto a las Ánimas Benditas del Purgatorio se extendió por toda la cristiandad también tras el Concilio de Trento, donde se aprobó que los curas predicaran sobre la existencia del purgatorio. El alma del difunto que tuviera penas que “purgar”, antes de entrar en el cielo, debe pasar primero por el purgatorio, donde puede recibir alivio mediante el sufragio de los fieles. Con el fin de propagar su devoción, la Iglesia facilitó la creación de cofradías de ánimas en las parroquias, que gozaron de amplio seguimiento especialmente en los siglos XVII y XVIII.

Como vemos, la iglesia de Madrigalejo también contó con su cofradía de Ánimas del Purgatorio, que estuvo vigente, según los libros de cuentas, al menos desde 1642 hasta 1856[5]. Por este documento sabemos que su altar gozaba de un lugar privilegiado, en la capilla mayor, y que había un cuadro donde se representaba a las Ánimas del Purgatorio, pero que no tenía retablo ni ningún otro tipo de adorno.

Retablo de San José

No sabemos si llegó a realizarse algún retablo para el altar de las Ánimas, tal como había aconsejado el Visitador en 1772, pero sí hubo un altar dedicado a San José, con su retablo de madera estofada. Este se encontraba situado en el paño de pared que hay entre el púlpito y la puerta del norte, en el lugar que hoy ocupa el Nazareno. El retablo estaba adornado con robustas columnas salomónicas que tenían enrolladas sarmientos de vid en torno a ellas. Este tipo de columnas son características del Barroco –S. XVII y XVIII-, estando plenamente vigentes cuando se ejecutó la imagen de San José, por lo que no es descartable que se mandara construir ex profeso para esta escultura.

El centro del retablo lo ocupaba una hornacina con la imagen de San José y, a ambos lados, se situaban dos pinturas en las que estaban representados los padres de la Virgen, San Joaquín y Santa Ana. Además, tenía un tabernáculo donde se guardaban las reliquias de Santa Severa. Lamentablemente el retablo fue vendido en 1964, junto con el del Cristo de la Victoria y el de la Virgen del Rosario, siendo otra pieza de nuestro patrimonio que ha desaparecido.[6]

Una vez desaparecido el retablo, la imagen de S. José pasó a ocupar la hornacina del retablo mayor donde hoy se le puede contemplar. 

(Foto de María García)

Ahora es una buena ocasión para traer a Luz de Candil esta imagen de San José, pues 2021 está dedicado a él; es un año josefino convocado por el Papa Francisco para conmemorar los 150 años del decreto Quemadmodum Deus, por el que Pío IX declaró a San José “Patrono de la Iglesia universal”.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

Bibliografía y fuentes:

-Archivo Parroquial de Madrigalejo.

-L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas lugareñas. Madrigalejo, Tecnigraf. S.A., Badajoz, 2008.

-https://librerias.paulinas.es/pastoral/san-jose-iconografia-arte-cristiano/

-http://artehistoriaestudios.blogspot.com/2017/03/capitulo-7-san-jose.html

-http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-culto-a-las-animas-devocion-y-disciplina-el-ramo-de-animas-de-abelon-zamora-1884-784333/html/

-https://www.aciprensa.com/noticias/ano-de-san-jose-conoce-estos-datos-sobre-el-nuevo-ano-convocado-por-el-papa-francisco-43363


 



[1] Archivo Parroquial de Madrigalejo. Libro de Visitas. 1772.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.

[5] L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008, p. 301.

[6] L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A, Badajoz, 2008, p. 294.


jueves, 25 de febrero de 2021

TRADICIÓN NO CELEBRADA. JUEVES DE COMADRES 2021

Llegó el 11 febrero de 2021, una fecha que estaba marcada en rojo en el calendario laboral de Madrigalejo, por ser fiesta local. En tal día caía este año el “Jueves de Comadres”, una fiesta gorda que los vecinos esperan con entusiasmo cada año. Sin embargo, en esta ocasión, no hemos podido disfrutar de su día a causa de la pandemia del COVID-19, como tantas otras fiestas y celebraciones públicas y privadas desde que comenzó la enfermedad. Y es que la esencia de esta fiesta es la confraternidad, la convivencia, las relaciones sociales, la reunión de “comadres” y también de “compadres”, el compañerismo, la hermandad, la amistad… en definitiva, todo lo que es incompatible con lo que marca la “distancia social” que debemos guardar para prevenir los contagios por coronavirus. 

Por esta razón, el Jueves de Comadres de este año ha sido especial. No hemos podido juntarnos en la Estación como es costumbre. Sin embargo, lo hemos tenido presente y se ha vivido de otra manera, por otros medios y con las herramientas propias de nuestros días.

¡Cuántas tortillas, chuletas empanadas, rebozados, patateras y demás productos de la matanza se pusieron en las mesas de los madrigalejeños ese día! Tampoco debió faltar el vino de pitarra del año para acompañar tan suculenta comida. Y… ¿Quién no cantó el “Cura de la Conquista” y el “Adiós Carnaval”?... Se sacaron los mantones de cien colores y se vieron mascarillas con el estampado propio de los pañuelos tradicionales. Muchos de estos gestos se compartieron y se vieron en las redes sociales, lo que hizo que fuera una confraternización virtual. Una buena manera de acercarnos unos a otros en un día tan especial.


Además, el Ayuntamiento ha creado un espacio dedicado al “Jueves de Comadres” en la Plaza de España; un espacio que está compuesto por dos obras de arte: un mural y una escultura. Es una iniciativa que enriquece nuestro patrimonio material, al mismo tiempo que afianza nuestro legado intangible, haciendo que esté presente durante todo el año la fiesta más genuina que heredamos de nuestros ancestros. Este espacio se complementa con un texto informativo que puede leerse en un plóter.

 


Un gigantesco pañuelo de cien colores

El artista madrigalejeño Jónatan Carranza “Sojo” es el autor del mural que representa al “Jueves de Comadres”, cuyo soporte es una pared de la Plaza de España. El artista nos introduce en el “Jueves de Comadres” a través de un gigantesco pañuelo, doblado en pico, que se extiende, desde el tejado, por toda la fachada, desplegando todo su colorido. Es una de las prendas tradicionales que las mujeres –las comadres- llevaban en la fiesta: el “pañuelo o mantón de cien colores”. En el mural, Jónatan juega con el contraste del sobrio portalón y de la ventana frente a la pared multicolor en la que se encuentran incrustados, de tal manera, que el pañuelo realza el marco de los vanos, creando un original conjunto. 


(Sojo. Firma del artista en el mural)

¿Por qué el pañuelo de cien colores? Porque es una prenda que representa a la tradición, a la mujer y a la fiesta. El mantón o pañuelo de cien colores es una de las piezas más llamativas del traje regional femenino extremeño. Está fabricado en lana prensada, muy fina, y teñida con unos característicos estampados, entre geométricos y vegetales, de múltiples y vistosos colores. La forma del pañuelo es cuadrada. La mujer extremeña se lo coloca con gracia, doblado en pico, sobre sus hombros y cruzado en el pecho. El traje regional es incómodo para llevarlo todo el día en el campo, pero el pañuelo de cien colores es el complemento ideal para lucirlo con una cómoda falda o unos sencillos vaqueros. Contribuye a la alegría y vistosidad de la fiesta y realza la belleza femenina. Al final del día, celosamente, la mujer guarda su pañuelo de cien colores en el baúl, con mucho cuidado, porque es patrimonio de las mujeres de la familia. Ahí permanecerá todo el año esperando, como las mocitas casaderas, a la fiesta del año que viene. 


Un peculiar caballo

Junto al mural, se encuentra la escultura de un caballo de hierro forjado. Es obra del artista extremeño Jesús Díaz Montero, “Machaco”, pintor y escultor natural de Coria. Entre sus obras más conocidas, está la estatuilla de la diosa Ceres, con la que se galardona a quienes reciben los “Premios del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida”.

(Machaco. Firma del artista en la escultura)

Esta escultura está concebida entre el realismo y la abstracción. Mientras su contorno se perfila como un hermoso y elegante caballo, la figura está compuesta por un conjunto de piezas y huecos que van encajando, como si de un puzle tridimensional se tratara, dejando ver su interior vacío. El resultado final es una escultura horadada y ligera, en la que los huecos y la materia son complementarios, como la realidad y el sueño, y en cuyo interior, como dijo el artista en cierta ocasión, “hay un lugar donde dormir”[1].

En una de las piezas que conforman la escultura podemos encontrar la firma del autor, “Machaco”. Y en otras dos, colocadas en espacios diferentes, podemos ver que el comitente es el Ayuntamiento de Madrigalejo, a través de su escudo.


El caballo es un elemento esencial en la celebración del Jueves de Comadres. Tradicionalmente, quienes salían al campo a celebrarlo se desplazaban en cualquier tipo de caballería, ya fueran burros, mulos, yeguas o caballos, además de carros, carretas y carrozas. Los vecinos tenían sus animales de trabajo y, cuando llegaba el “Jueves de Comadres”, les ponían la jáquima de fiesta –una especial que solo sacaban ese día-, la mejor manta y los adornaban, ya fuera con madroños o con cintas de papeles de seda de colores. Los carros y carrozas también eran engalanados con lo que más a mano tuvieran, como ramas de árboles y arbustos. En la actualidad, el caballo es el rey del Jueves de Comadres y los jinetes se lucen con ellos.

El plóter 

Al mural que representa el pañuelo de cien colores y a la escultura del caballo, le acompaña un texto informativo de la tradición del Jueves de Comadres en un plóter, que dice lo siguiente:

“NO SOLO UNA TRADICIÓN, ES UN SENTIMIENTO

En Madrigalejo, celebramos el “Jueves de Comadres” desde tiempo inmemorial, el jueves anterior al Miércoles de Ceniza. Era la fiesta de las mujeres, con la que daba comienzo el Carnaval.

Hacia la mitad del invierno, en febrero, cuando el frío más crudo quería ir dejando paso a una incipiente primavera, cuando la matanza ya estaba curada y antes de que la Cuaresma llegara con sus restricciones de penitencia, los vecinos de Madrigalejo disfrutaban del “Jueves de Comadres”. Desde muy temprano, salían con sus caballerías y carros engalanados para ocupar las calles haciendo las rondas, al son de las coplas del Carnaval.  Las mozas, bien acicaladas con el pañuelo de cien colores sobre los hombros y las flores de papel en el pelo, se disponían a disfrutar de uno de sus mejores días de fiesta, en el que - ¿quién sabe? - podrían encontrar su media naranja. A media mañana, agrupados en lo que llamaban “corralás”, montados en burros, mulos, caballos y carros, iban desfilando hacia el campo, para comerse allí la “merienda”.

Antiguamente no había un lugar definido donde pasar el día; cada corralá iba a un paraje diferente. Después, poco a poco, se fueron concentrando en la ribera del río Pizarroso. Y cuando se construyó la estación del ferrocarril, se aprovechó la gran explanada para reunirse allí. Desde entonces, el “Jueves de Comadres” se festeja en la estación.

En el lugar elegido, se extendía la manta trapera, donde colocaban las fiambreras abiertas, con las mejores viandas de la matanza: la patatera, el chorizo, los torreznos, las costillas y el lomo adobado. Tampoco podía faltar la tortilla, en todas sus variantes, de patata, de espárragos, de pimiento o de espinacas. Además, la bota de vino de pitarra tenía que correr con frecuencia entre las manos de unos y de otros para llevar su gustoso caldo a la boca. También los dulces, como perrunillas, bollas de chicharrón, “escaldaíllos” o flores, estaban presentes en aquel improvisado mantel. Todo ello se degustaba en buena convivencia, amistad y fraternidad.

Cada “corralá” llevaba su acordeón para animar el día, pues la música y el baile siempre estuvieron presentes en el “Jueves de Comadres”. En otros tiempos, se bailaban “jotas”, especialmente las coplas que se refieren al Carnaval. En la actualidad, la música y el baile siguen estando presentes como parte esencial de la fiesta, aunque ya animada por una orquesta y música de todo tipo.

Ya cuando la tarde iba de caída, se recogían los bártulos y todos juntos iban entrando en el pueblo, haciendo otras rondas por las calles, con las que remataban la jornada.

La fiesta ha ido evolucionando, pero la esencia que nos llega de la tradición sigue viva: día de convivencia en el campo, en el que se disfruta de buen comer, de música, de baile, de los caballos y, en definitiva, de la fiesta.”


  Documental “Jueves de Comadres- Madrigalejo”

Además de todo lo anterior, el “Jueves de Comadres” también ha estado presente mediante un documental realizado por Ser o no Ser Comunicación y dirigido por Juan Pedro Sánchez para el Ayuntamiento de Madrigalejo. Un buen número de vecinos de todas las edades y algunas asociaciones han participado en él. Es un bonito reportaje, en el que se han cuidado mucho los detalles, la fotografía, la música y el montaje. Transmite de forma muy entrañable lo que es la esencia de la fiesta, la tradición, el folklore, la gastronomía, de tal modo que nos ha hecho revivir, en este año tan anómalo, el “Jueves de Comadres” que no hemos podido celebrar.

El documental puede verse en el siguiente enlace.

https://youtu.be/TncCl1NOavE

Para concluir, solo queda decir que la pandemia y sus consecuencias quedarán marcadas en nuestra memoria y, entre esos recuerdos, perdurará el del Jueves de Comadres que no pudimos festejar, pero que tuvimos muy presente. Al fin y al cabo será una anécdota para contar a nuestros nietos.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.



[1] “El artista siempre se siente insatisfecho con su obra”. Coria.hoy.es// 17 de diciembre de 2018.

 

lunes, 18 de enero de 2021

CONTENIDO DEL TESTAMENTO DE FERNANDO EL CATÓLICO

 


El rey Fernando el Católico firmó su testamento definitivo en la casa de Santa María de Madrigalejo el 22 de enero de 1516. Este testamento aportó una gran seguridad a los reinos hispánicos, además de afianzar las leyes de primogenitura de la monarquía, lo que le convierte en un documento transcendental en la Historia de España.  El documento original se encuentra recogido en el Palacio de Liria de Madrid, en el Archivo de los Duques de Alba[1].

Es un documento extenso, de 15 hojas escritas en pergamino, muy interesante desde una perspectiva política e histórica, pero también desde el punto de vista humano. Por ello, no dudamos en compartir, de una manera resumida, su contenido:

Encabezamiento

Comienza el texto con el encabezamiento, encomendándose, en primer lugar, a “nuestro señor Ihesu Xhristo, verdadero Dios y verdadero hombre, (…) y en la Santísima Trinidat, Padre, Fijo y Spíritu Sancto…”, en quien profesa firmemente su fe.

A continuación, se presenta con su dignidad de señor temporal:

Nos, don Ferrando por la gracia de Dios Rey de Aragón, de Navarra, de las Dos Sicilias, de Hierusalém, de Valentia, de Mallorqua, de Cerdeña y de Córcega, conde de Barcelona, duque de Athenas y de Neopatria, conde de Rosellón y de Cerdaña, marqués de Oristán y de Goceano.

Como tal, manifiesta que, en plenas facultades mentales, está preparado para presentarse ante Dios, tomando como abogados e intercesores a Santa María Virgen, al arcángel San Gabriel, a San Juan Bautista, San Juan Evangelista, a Santiago apóstol y a San Jorge. Revoca y anula los testamentos y codicilos firmados anteriormente y se dispone a otorgar sus últimas voluntades y postrero testamento.

Establece todo lo relacionado con su fallecimiento y sepultura

Tras el encabezamiento, en primer lugar, encomienda su alma a Dios Omnipotente, que la creó, y le suplica, por su infinita clemencia, que le acoja en su santa gloria. Después, establece una serie de disposiciones para todo lo relacionado con su sepultura, con las exequias, funerales, misas, obras de caridad, etc.

Así dispone que su cuerpo sea sepultado en la Capilla Real de Granada, junto a los restos de la reina Isabel, su muy cara y amada mujer. En caso de que no estuviera acabada la Capilla Real, como así fue, y hasta que finalizaran las obras, establece que su cuerpo sea depositado en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra de Granada, donde se halla sepultada la reina Isabel.

También dispone que las exequias, funerales devociones y sufragios, tanto el día de su muerte y sepultura como de otros tiempos acostumbrados, se realicen sin pompa ni vanidad de este mundo, sino solo aquellas cosas que sean provechosas y saludables para su ánima.

Por último, manda que se distribuyan y repartan por monasterios e iglesias diez mil misas por su alma y por la de sus difuntos. Y que, el día de su sepultura y en los ocho días siguientes, se vistan a cien pobres.  

Tiene presentes a sus familiares directos, tanto vivos como difuntos

Agradece a Dios que le hubiera dado por mujer y compañera a la reina Isabel, a quien recuerda con palabras de gran cariño. A continuación, también tiene presentes a su hijo, el príncipe Juan, difunto; a su hija Isabel, reina de Portugal, difunta, y al hijo de esta, el príncipe Miguel, su nieto, también difunto; a su hija Juana, reina de Castilla, heredera y sucesora de sus reinos tras la muerte de los anteriores, y a su difunto marido, el rey Felipe, a los hijos de ambos: el príncipe Carlos, el infante Fernando y las infantas Leonor, María y Catalina, sus nietos; a su hija María, reina de Portugal, y a su hija Catalina, reina de Inglaterra.

Encarga a la reina Juana y a su hijo el príncipe Carlos que velen por que se cumpla el testamento de la reina Isabel y el suyo propio.

También tiene unas cariñosas palabras para la reina Germana, con la que tuvo que hacer un casamiento conveniente y en la que encontró virtud y amor. Y tampoco olvida al hijo que tuvo con ella, el príncipe Juan, que falleció después de nacer.

Señala a sus testamentarios

Para que sea cumplido su testamento, señala quiénes habrían de ser sus testamentarios, los ejecutores de sus últimas voluntades, a los que también llama marmessores.

Sus testamentarios serían: la reina Germana; el príncipe Carlos; don Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza y de Valencia e hijo natural del rey; doña Aldonza Enríquez, duquesa de Cardona y tía de don Fernando; don Fadrique de Toledo, duque de Alba, su primo; don Ramón de Cardona, su caballerizo mayor y virrey de Nápoles; el padre fray Tomás de Matienzo, su confesor, y Miguel Velázquez Climent, su protonotario.

A todos ellos pide que velen por el cumplimiento de su testamento y últimas voluntades y les concede todo poder para utilizar sus bienes muebles y rentas para liquidar las deuda y asuntos pendientes que aparecieren en sus libros de cuentas a la hora de su muerte. Así mismo deberían pagar lo que fuere obligado a quienes hasta ese momento había tenido como oficiales, criados, servidores y continuos en su casa y a su servicio.

Como la situación económica personal del rey no le había permitido pagar algunas deudas contraídas, siendo justo que esas deudas se pagaran del todo, manda a sus testamentarios que investiguen qué deudas estuvieran pagadas, libradas o pendientes de pago y que se ejecutaran lo antes posible. Además, también establece los recursos con los que se puede hacer frente a esas deudas.

En descargo de su ánima

Deja el rey 3.000 ducados de oro para la redención de cautivos cristianos en tierras de infieles y otros 3.000 ducados de oro para casar huérfanas y para pobres vergonzantes (pobres ocultos). Estos 6.000 ducados deberían sacarse de los bienes del rey, y manda a sus testamentarios que miren mucho que se dieran a los que más necesidad tuvieren o estuvieren en mayor peligro.

El monarca confiesa y reconoce que, a pesar de todos los dones recibidos de Dios omnipotente, le había ofendido en muchas y diversas maneras. Por ello, con arrepentimiento de corazón, suplica al Salvador y Redentor Nuestro Señor Jesucristo quisiera tener misericordia con su ánima y, para ello, pide que tomase en cuenta, como enmienda y remisión de sus faltas y pecados, la edificación y dotación que el rey y la reina Isabel hicieron de numerosos hospitales y monasterios, enumerando cada uno de ellos. 

Revisión de los testamentos de sus familiares difuntos

Así mismo, encarga a sus testamentarios que pidan al príncipe Carlos que revise los testamentos de la reina Isabel, su abuela, y de sus hijos Isabel, reina de Portugal, y el príncipe Juan, para que, si algo faltare por cumplir de sus últimas voluntades, vele por que se cumplan. Y que también haga lo mismo con los testamentos del rey Juan y de la reina Juana, padres del rey Fernando, estableciendo que, si algo faltare por cumplir, se ejecute de sus bienes si bastare para satisfacerlo.

Lo que deja a cada uno de sus herederos

Sus hijas María (reina de Portugal) y Catalina (reina de Inglaterra) fueron muy bien dotadas en el tiempo de sus casamientos, momento en el que renunciaron a cualquier derecho, parte y legítima de los bienes de su padre, el rey Fernando. Por tanto, con la dote que se les dio, no podían pedir ni alcanzar otra parte ni derecho en los bienes del rey.

Lega a doña Germana, la reina viuda, la ciudad de Zaragoza en Sicilia, con sus tierras, jurisdicción, derechos rentas y pertenencias, además de las villas de Tárrega, Sabadell y Villagrassa, en el principado de Cataluña. Tras realizar un largo elogio sobre su persona, le deja 5.000 ducados de oro al año, todo ello, mientras permanezca viuda. Además, también mientras permanezca viuda, pide a doña Germana que viva en alguna ciudad de los reinos de Aragón, donde ella escogiere y fuese su voluntad. Si decidiera volver a casarse, tanto la ciudad como las villas y los 5.000 ducados anuales retornarán a los herederos y sucesores del rey. Pero sí debería seguir recibiendo los 30.000 florines de oro por año que le corresponden por las capitulaciones matrimoniales mientras viva.

A su hermana, la reina de Nápoles, pide que no se le quite ni mengüe nada de lo que tiene en Nápoles. Y a su hija, cuando se casare, que se le den 100.000 ducados corrientes; estos los recibió ya el rey del reino de Nápoles para su dote. Y en el momento de su casamiento, las tierras que hasta entonces disfrutaba, debían volver a los herederos y sucesores del monarca.

A su sobrino, el duque don Fernando, que se hallaba prisión en el Castillo de Játiva, le perdona lo que hizo contra él y manda que sea liberado y que el príncipe Carlos le lleve consigo para que le pueda hacer el bien. Y en ausencia del príncipe, manda a sus testamentarios que, de sus bienes, le den para su mantenimiento lo mismo que se le estuviera dando estando en prisión.

Saldar deudas y diversos asuntos pendientes

Que el dinero que hubiera en la administración de la indulgencia de la Santa Cruzada en el momento de su fallecimiento, así como lo que se debiera, sea empleado en las cosas necesarias de la conquista de moros, enemigos de la fe católica y la defensa de las tierras ya conquistadas de ellas.

A las personas de los oficios de su casa a los que les quedaran deudas por pagar, que se les satisfagan, además de la paga que debía haber de sus salarios.

Al duque de Gandía, don Juan de Borja, al que debía cierta cantidad por la compra del ducado de Sessa, ordena que sea cumplida la deuda. También manda que se devuelva al Barón de Calatafinia, en el reino de Sicilia, lo que había pagado por la compra de cierta tierra para que se deshaga el trato.

En cuanto a las órdenes militares

Con la facultad recibida del Santo Padre, renuncia a la administración de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara, al mismo tiempo que reasigna su administración en favor del príncipe Carlos, para que las tenga como administrador perpetuo. Para ello, el protonotario debía presentarse ante el Santo Padre para que este lo confirmara y lo proveyera de título nuevo si fuera necesario.

Declara a sus herederos y sucesores

El rey Fernando deja e instituye como herederos del reino de Navarra a su hija Juana, reina de Castilla, y al príncipe Carlos, su nieto, y a sus herederos y sucesores. Aclara que el reino de Navarra le fue adjudicado a él por conquista, y que él mismo lo incorporó a los reinos de Castilla.

También declara herederos y sucesores a la reina Juana y al príncipe Carlos de todos los reinos de Aragón, Sicilia, Jerusalén, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Córcega, condado de Barcelona, ducados de Atenas y Neopatria, ducados de Rosellón y Cerdaña, marquesado de Oristán y condado de Gociano y en las islas adyacentes, y en las ciudades de Bugía, Lalger y Trípoli, y en la parte que le pertenecía de las Indias del mar océano. Al mismo tiempo establece la línea sucesoria de sus herederos, empezando por la reina Juana y sus hijos, prevaleciendo siempre el mayor sobre el menor y el masculino sobre el femenino. Lo mismo con sus sucesores legítimos. Si tanto la reina Juana y el príncipe Carlos muriesen sin descendencia, nombra heredera y sucesora a su hija María, reina de Portugal, y a sus descendientes legítimos, con las mismas condiciones de prevalencia. Y si esta y sus sucesores muriesen sin descendientes legítimos, nombra heredera y sucesora a su hija Catalina, reina de Inglaterra, y tras ella, a sus descendientes legítimos, siguiendo las leyes de primogenitura y de predominio del masculino sobre el femenino.


Instrucciones para el gobierno de los reinos de la Corona de Aragón

Comienza este apartado del testamento declarando, como padre y como rey, la incapacidad manifiesta de la reina Juana para gobernar, regir y administrar los reinos. Por ello, deja como gobernador general de todos sus reinos y señoríos al príncipe Carlos, encomendándole que los gobierne, conserve, rija y administre en nombre de su madre, la reina Juana. Y hasta que el príncipe llegare a estas tierras a hacerse cargo de las Coronas, nombra y señala a don Alonso de Aragón, su hijo natural y arzobispo de Zaragoza y Valencia, para que gobierne y administre los reinos de Aragón, para lo que le confiere todo el poder necesario.

Pide al príncipe Carlos que, tras su fallecimiento, acuda cuanto antes a hacerse cargo de la gobernación de estos reinos ante la incapacidad de su madre de poder gobernar; al mismo tiempo que insta a los testamentarios para que hagan lo posible para que venga el príncipe Carlos a la mayor brevedad.

Y también ofrece al príncipe Carlos algunos consejos de gobernación para los reinos de Aragón: que no haga mudanza en el gobierno y reino, que se apoye en los naturales del lugar para su gobierno, que tenga todos los reinos en paz y justicia y que mire mucho por el bien de sus súbditos.

Instrucciones para los reinos de la Corona de Castilla

Y como el monarca había tenido la administración y gobernación de los reinos de Castilla, en lugar de la reina Juana, conforme al testamento de la reina Isabel y que, a su vez, fue aprobado y confirmado en Cortes por los procuradores del reino, y ante su próxima muerte, para proveer de la mejor manera a dichos reinos, nombra gobernador de los reinos de Castilla, de León, de Granada y de Navarra, etc., al príncipe Carlos, para que los gobierne y administre en nombre de la reina Juana, su madre.

Por ausencia del príncipe Carlos y hasta que él viniera a hacerse cargo de estos reinos, le parecía oportuno nombrar a alguna persona de autoridad, buen celo y conciencia para la cosa pública. Por ello, nombra y señala al Cardenal y Arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, para que administre, provea y gobierne los reinos de la Corona de Castilla, en nombre del príncipe Carlos.

Además, da al príncipe los mismos consejos y encargos que le hizo con la Corona de Aragón, y a sus testamentarios vuelve a recordarlos que hagan lo posible para que acuda presto a estas tierras el príncipe Carlos.


A su nieto el infante don Fernando

Apena mucho al rey dejar a su nieto Fernando de Aragón desprotegido, por el gran amor que le tiene. Por ello, le deja de gracia especial en su testamento una serie de ciudades y tierras en el reino de Nápoles, con todas sus fortalezas, puertos, términos y montes, además de 50.000 ducados corrientes al año hasta que el príncipe Carlos le conceda tierras y propiedades de equivalentes rentas. Encarece al príncipe para que acreciente esta cantidad.

Pago a sus testamentarios

Por los muchos gastos que había tenido en lo que requería el estado y gobierno de tantos reinos, el monarca confiesa no tener dinero suficiente para el cumplimiento de su testamento. Por esta razón, encarga al príncipe Carlos que destine los 100.000 cuentos de maravedí que el rey recibe anualmente de las alcabalas, según lo dejó consignado la reina Isabel en su testamento, para que los testamentarios puedan cobrar por cinco años, para que hagan cumplir sus últimas voluntades.

Encarga al príncipe que vele por la reina Germana.

Encomienda también al príncipe Carlos que cuide de la reina Germana, pues quedará por su muerte “viuda y con mucha tristeza, asflición y soledat”, que la trate como mujer suya que fue. Le encarga que vele por que sea muy acatada y servida en cualquier parte de los reinos de Aragón a donde ella quisiere estar y en las pagas de sus consignaciones.

Otras encomiendas para el príncipe

El rey pide al príncipe que se ocupe y preocupe de su nieto el infante don Enrique y de su primo, el duque de Segorbe, y su hijo. También le encomienda el arzobispo de Zaragoza y Valencia, don Alonso de Aragón, su hijo, al mismo tiempo que le aconseja que le tuviera en cuenta, pues le iba a ser de mucha ayuda en las cosas de los reinos y estado por ser persona de confianza y por su valía.

También le encomienda que vele por el celo, la defensa y ensalzamiento de la Santa Fe Católica y que ayude y favorezca la iglesia de Dios, que trabaje en destruir y extirpar la herejía de sus reinos y señoríos, eligiendo para ello a personas y ministros buenos y de buena vida y conciencia.

Además, le encomienda sus criados, oficiales y servidores, así como los caballeros y otros oficiales de su Consejo, Tesorería y Cancillería de los reinos de Aragón que vivieren con él hasta el tiempo de su fin, que fueran recibidos y que sirvieran en los mismos oficios en casa de la reina Juana y del príncipe Carlos, y que sean por él honrados y bien tratados.


Final

Con la fórmula protocolaria, el rey Fernando establece que este es su “último testamento y postrera voluntad”, el cual otorga y firma ante Miguel Velázquez Climente, su protonotario y notario público, a quien manda que estén presentes los testigos nombrados, para que vean que él firma el documento de su propia mano. También manda al protonotario que no lea ni publique el contenido del testamento hasta que él haya fallecido y que, entonces, lo abra y publique en presencia de los testamentarios que estuviesen presentes.

 

Fecho fue aquesto en el lugar de Madrigalejo, en la casa de los frayles del monasterio de Guadalupe, adonde Su Alteza posaba, martes a XXII días del mes de enero del anyo del nascimiento de Nuestro Señor Ihesu Christo mil quinientos y diez y seis…

       

  Antes de la firma, aparece que lo signa como Fernando, por la gracia de Dios rey de (…enumera todos los reinos y señoríos), que otorga y firma con su propia mano, con su sello lo manda sellar, con plenitud de consciencia, para que este testamento y lo en él contenido siempre sea firme y verdadero

 

Yo el Rey

 

Los testigos que estuvieron presentes, que vieron y oyeron cómo el Rey firmó de su propia mano este testamento fueron don Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla; don Bernardo de Rojas Sandoval, marqués de Denia; don Fadrique, obispo de Sigüenza; mosén Luis Sánchez, tesorero general; Juan Velázquez, contador mayor; don Pedro Sánchez de Calatayud, camarlengo, y mosén Martín Cabrero, camarero y del consejo de Su Alteza.

Firma de los testigos

 

Después, mandó que se cerrase y sellase con su sello y no se publicase hasta después de sus días.

Firma del protonotario, Miguel Velázquez Climente. 

Firma del lugarteniente de protonotario, Alonso de Soria.

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 

BIBLIOGRAFÍA:

Facsímil del Testamento de Fernando el Católico. Estudio y transcripción de José Manuel Calderón. Madrid: 2013.



[1] J.M. Calderón. Transcripción del Testamento de Fernando el Católico. Facsímil del Testamento de Fernando el Católico. (21)