martes, 1 de noviembre de 2022

DEFENSA DE HIDALGUÍA DE ALONSO RODRÍGUEZ (1518-1519)

 

En los L Coloquios Históricos de Extremadura, celebrados en Trujillo del 20 al 26 de septiembre de 2021, presenté un estudio sobre el documento expedido por la Real Chancillería de Granada en nombre de los reyes Dª. Juana y D. Carlos, titulado: “Ejecutoria de hidalguía a favor de Alonso Rodríguez, vecino de Madrigalejo, ganada en juicio contra Lope de Castellanos y el Concejo de dicha localidad”[1]. El documento está fechado en 1519 y forma parte de la Colección de la Biblioteca Nacional (MS 18044). Documento que me llegó a través de Dionisio Martín Nieto, de lo que le estoy enormemente agradecida.

La ejecutoria de hidalguía muestra todo el proceso seguido en el pleito que hubo entre Alonso Rodríguez y el Concejo de Madrigalejo y establece la sentencia por la que se reconoce la condición de hijosdalgo al primero. Aquí se reproduce una síntesis del trabajo, que está publicado en las actas de los L Coloquios de Extremadura (páginas 739-755)[2]. El trabajo completo puede leerse en el siguiente enlace: https://chdetrujillo.com/defensa-de-hidalguia-de-alonso-rodriguez-frente-al-concejo-de-madrigalejo/



               MOTIVO DEL PLEITO

Alonso Rodríguez era un vecino de Madrigalejo que se había afincado unos años antes en la localidad. Nos encontramos en torno a 1518. El Concejo de Madrigalejo le había cobrado unos tributos indebidos, de los que, según Alonso Rodríguez, estaba exento por su condición de hidalgo y le había colocado en el padrón de los pecheros (los que pagan tributos). Al ver sus derechos conculcados, interpuso una demanda contra el Concejo de Madrigalejo ante la Real Chancillería de Granada, donde se celebró el juicio, solicitando también una compensación de 500 sueldos, a los que tenía derecho como hijosdalgo, por no haberse respetado la exención de impuestos que le correspondía como privilegio por pertenecer al estamento nobiliario.

El 22 de abril de 1518, Alonso Rodríguez compareció en la Real Chancillería para poner una demanda al procurador fiscal y al concejo de Madrigalejo, alegando ser hijosdalgo de padre y de abuelo, y que, tanto su abuelo, como su padre y él mismo habían estado liberados de pagar tributos y pechos en los lugares en los que habían vivido.

 

CARTA DE EMPLAZAMIENTO.

Los alcaldes y el notario de la Chancillería estudiaron la demanda y mandaron carta de emplazamiento para que compareciera el Concejo de Madrigalejo. Este concejo no envió procurador en el término convenido y, en su lugar, compareció Hernando de Talavera, que pidió que no se atendieran las demandas de Alonso Rodríguez por las siguientes razones:

-Porque la demanda no estaba bien formulada, carecía de relación verdadera y negaba en todo cuanto en ella se contenía.

-Porque no era hombre hijodalgo, sino que era pechero, hijo y nieto de pecheros y descendiente de linaje de pecheros.

-Porque Alonso Rodríguez nunca había ido a las guerras y llamamientos que, por mandamiento real, se habían hecho a los hidalgos.

-Que, si su padre y su abuelo no habían pagado tributos durante algún tiempo, había sido por ser allegados de señores y por favores que habían tenido, y no por ser hombres hijosdalgo.

-Porque consideraban que la estirpe no era legítima; era nacido de relaciones extramadrimoniales, por lo que no podía ni debía gozar de hidalguía.

Por todo ello, Hernando de Talavera pedía que le declararan hombre bueno pechero y que le condenaran a pagar los tributos y pechos en los lugares donde debía contribuir y que pagara las costas.

 

PRUEBAS APORTADAS

Una vez conocidos los contenidos y las alegaciones, pidieron a ambas partes que aportaran pruebas. Ni el Concejo de Madrigalejo ni el procurador fiscal presentaron prueba alguna, mientras que sí lo hizo Alonso Rodríguez, que llevó hasta la Chancillería a cuatro testigos para que probaban su demanda.

Los testigos fueron Francisco López, vecino de Trujillo; Francisco Blázquez, vecino de Villanueva de la Serena y natural del Puerto; Diego Delgado, vecino del Puerto, y Garci Carrasco, vecino de Zorita. Todos ellos dijeron que conocían a Alonso Rodríguez, a su padre Garci Rodríguez y a su abuelo Alonso Rodríguez y que, allá donde vivieron –en Madrigalejo, en el Campo y en el Puerto- se les había reconocido su condición de hijosdalgo y, por esta razón, no contribuían en los tributos propios de los pecheros.

Bajo juramento, sus testimonios estuvieron basados en rebatir las dudas que había introducido Hernando de Talavera:

-Que ellos tenían por hijosdalgo a Alonso Rodríguez, a su padre y a su abuelo y que eran reconocidos como tales en los lugares donde habían residido.

-Que venían de ascendencia legítima.

-Que no les habían visto contribuir nunca con tributos con los que contribuía el pueblo llano.

-Que, tanto su padre como su abuelo, habían participado en el gobierno de los concejos donde residían, siempre por parte de los hidalgos. Y que los tres se juntaban en los ayuntamientos de los hidalgos y no en el de los pecheros.

-Que, cuando en el Puerto habían empadronado a 13 vecinos que se decían hijosdalgo y que no lo eran, no habían incluido en el padrón de los pecheros a su abuelo, porque le tenían por hidalgo.

-Por último, que su padre había acudido al llamamiento que se hizo a los hidalgos para la guerra de Granada y de Perpiñán[3].

 

RESOLUCIÓN

El Concejo de Madrigalejo, al no aportar ninguna prueba, se apartó del proceso y, tras todo lo cual, la sentencia definitiva fue la siguiente:

“En el pleito que es entre Alonso Rodríguez, vezino del lugar de Madrigalejo e su procurador en su nombre, de una parte, e el liçenciado Lope de Castellanos, procurador fiscal de sus Altezas e el Conçejo, alcaldes, rregidores, ofiçiales e omes buenos del dicho lugar de Madrigalejo e su procurador en su nombre, de la otra

Fallamos que el dicho Alonso Rodríguez (…) conviene a saver el ser ome hijodalgo de padre e de abuelo, e él e los dichos sus padre e abuelo, e cada uno de ellos, en su tiempo en los lugares donde vivieron e moraron, e vive e mora, aver estado e estar en posesión de omes hijosdalgo, e de no pechar pedidos ni monedas ni servycios ni otros pechos ni tributos reales ni concejales con los omes buenos pecheros sus vezinos en que los otros omes hijosdalgo no pechan ni pagan, ni fueron ni son tenudos de pechar ni pagar…”

 

…Y que ni el fiscal de sus Altezas, ni el Concejo del lugar, ni su procurador, no habían probado las acusaciones contra Alonso Rodríguez…

 

El tribunal estableció que Alonso Rodríguez, su padre y su abuelo eran hijosdalgo. Y condenó al Concejo, alcaldes, regidores, oficiales y nombres buenos del lugar de Madrigalejo y a todos los concejos de ciudades, villas y lugares de estos reinos donde viviese y morase Alonso Rodríguez, y donde tuviese bienes y hacienda, a que no le pidiesen tributos con los que suelen contribuir los pecheros. Así mismo se condenó al Concejo del lugar de Madrigalejo a que restituyesen a Alonso Rodríguez todos los bienes y prendas que le hubiesen sido tomadas o embargadas, desde antes de que comenzase el pleito hasta su conclusión.

La sentencia fue dada en la ciudad de Granada a 11 de marzo de 1519. Fue notificada la sentencia a ambas partes y no fue apelada en el término que marcaba la ley.

 

LOS HIDALGOS EN LA SOCIEDAD ESTAMENTAL

El documento es fiel reflejo de la “Sociedad Estamental” imperante en aquel tiempo. Desde la Edad Media hasta el fin del Antiguo Régimen, la sociedad estaba claramente jerarquizada en forma piramidal, organizándose la población en estamentos sociales. La base de la pirámide la ocupaba el pueblo llano o tercer estado, a la que pertenecían burgueses, artesanos, campesinos y grupos marginales. Es decir, los que no tenían ningún tipo de privilegios. Por encima, se situaban los estamentos privilegiados, ocupado por el clero y la nobleza, quienes, a su vez, se diferenciaban entre bajo y alto clero y baja y alta nobleza. En la cúspide de la pirámide, se encontraba el Rey. A todos los estamentos se accedía por nacimiento, a excepción del clero. Solo en muy contadas ocasiones, se podía traspasar al estamento nobiliario por alguna concesión especial del monarca o por la compra de títulos en la última etapa del régimen.

Cada estamento tenía una función específica en la sociedad. Mientras la nobleza se encargaba de la defensa del reino y el clero se dedicaba a la oración y a la enseñanza, el pueblo llano estaba destinado a la producción de bienes para el resto de la población. El servicio que prestaban la nobleza y el clero a la sociedad era recompensado con honores y privilegios, basados en la exención tributos y algunas ventajas exclusivas.

Los hidalgos pertenecían a la baja nobleza, la nobleza no titulada. Estaban a disposición del rey para hacer la guerra y las conquistas y, por ello, tenían una serie de obligaciones como era mantener caballo y armas, recibir periódicamente preparación militar y acudir a los llamamientos que hacía el monarca a la guerra. A cambio, estaban libres de pagar impuestos reales y concejiles, no les podían embargar casa, armas ni caballo, no podían ser sometidos a tormento ni ser condenados a la horca ni a otra muerte que se considerara denigrante y gozaban de un régimen jurídico propio. Cuando un hidalgo era agraviado en sus derechos, por justicia, correspondía que le fuesen “devengados quinientos sueldos”.

Por estar en un régimen jurídico propio, sus querellas debían ser atendidas por el alcalde de los hijosdalgo de su concejo y, en segunda instancia, en los tribunales específicos de los hidalgos, que en Castilla estaban en las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, en la Real Audiencia de Oviedo y en otros tribunales.

 

RECAPITULANDO

Allá por 1517/1518, el concejo de Madrigalejo había incluido en el padrón de pecheros a Alonso Rodríguez, quien decía ser hidalgo. Por ello, este había tenido que pagar unos tributos reales y concejiles que no le correspondían.

Estamos en el siglo XVI, en la transición entre la Edad Media y la Edad Moderna, y buena parte de la población hidalga estaba perdiendo los signos de identidad medievales: las guerras modernas habían dejado de ser nobiliarias y se resolvían fuera de nuestras fronteras y las luchas entre bando nobiliarios eran menos violentas o habían desaparecido. Ya residían lejos de sus lugares solariegos y carecían de documentación que avalase su condición de hidalguía. A todo ello, a los concejos le interesaba tener muchos más pecheros, que eran los que llenaban las arcas.

Los testigos que presenta Alonso Rodríguez afirman que su padre había acudido a los llamamientos de las guerras de Granada y Perpiñán. Sin embargo, él ya no había tenido necesidad de ir a cumplir con el rey. Por otra parte, la familia Rodríguez estaba lejos de su casa solariega y sus miembros se habían asentado en distintas localidades de la tierra de Trujillo (el Puerto, Santa Cruz, el Campo y Madrigalejo) y, además, no estaban en posesión de ningún documento que demostrara su hidalguía.

Por su parte, el concejo de Madrigalejo incluye a Alonso Rodríguez en el padrón de pecheros porque tenía necesidad de aumentar la recaudación, después de los gastos que debió suponer la estancia de la Corte en la localidad cuando murió el rey Fernando el Católico. Y al haberse asentado recientemente en el lugar, el concejo desconocía la ascendencia del nuevo vecino.

Por ello, Alonso Rodríguez buscó defender sus derechos ante el tribunal que le correspondía: la Real Chancillería de Granada. En el juicio, la parte contraria trató de introducir dudas sobre su hidalguía, pero no aportó ninguna prueba, mientras que Alonso Rodríguez presentó el testimonio de cuatro testigos, todos con edad suficiente para haber conocido y haber tratado a las tres generaciones de la familia.

 

PARA TERMINAR

La sentencia reconoció que Alonso Rodríguez estaba en posesión de la condición de hidalguía, como lo estaban su padre y su abuelo. Y por esta razón, El concejo de Madrigalejo debía sacarle del padrón de pecheros, restituirle los bienes que le habían tomado en prenda, y abonarle los 500 sueldos en resarcimiento por los derechos morales y materiales que le habían sido conculcados.

Con esta carta ejecutoria que recoge la sentencia, Alonso Rodríguez ya tenía en su poder el documento que certificaba su hidalguía y la de sus descendientes.

Por último, decir que, entre las líneas del documento, también hemos ido descubriendo el recorrido vital de algunos miembros de una familia hidalga asentada en diversos lugares de la tierra de Trujillo entre los siglos XV y XVI. El último de ellos, Alonso Rodríguez, ya estaba asentado en Madrigalejo cuando falleció allí el rey Fernando el Católico y, por tanto, fue testigo de los importantes acontecimientos que se vivieron en esta localidad.

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

- L. DÍAZ de la GUARDIA y LÓPEZ. “La división de estados en concejos bajo competencia territorial de la Real Chancillería de Granada durante el reinado de Felipe II”. Felipe II (1527-1598): Europa y la monarquía católica: Congreso Internacional Felipe II (1598-1998), Europa dividida, la monarquía católica de Felipe II (Universidad Autónoma de Madrid) 20-23 abril 1998. Vol. 1, tomo 1. (pp. 137-160)

-A. LADERO GALÁN: “La frontera de Perpiñán”. Nuevos datos sobre la primera guerra del Rosellón (1495 -1499). En la España Medieval. Vol. 27, (2004) pp. 225-283.

-L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónica Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S.A., Badajoz, 2008, pp. 154-159.

-S. RUS RUFINO: “Bruselas 14 de marzo de 1516”. Revista de Occidente. Nº 479. Abril 2021. Pp. 14-28.

 

-http://www2.ual.es/ideimand/los-alcaldes-de-hijosdalgo-y-los-notarios-de-provincia-de-la-chancilleria-de-granada/

 

-http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/usos-y-costumbres-en-el-quijote/html/#:~:text=b)%20Hidalgo%20de%20devengar%20quinientos,por%20sentencia%20judicial%2C%20quinientos%20sueldos.  



[2] RODRÍGUEZ CEREZO, G.: “Defensa de Hidalguía de alonso Rodríguez frente al Concejo de Madrigalejo”. Actas de los L COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA. Ed. Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura, 2022.

[3] La guerra de Perpiñán se refiere al conflicto bélico que enfrentó a los Reyes Católicos y a Carlos VIII de Francia en Nápoles y el Rosellón entre 1495 y 1499, en la que se movilizaron grandes tropas desde Castilla. Aurora LADERO GALÁN: “La frontera de Perpiñán”. Nuevos datos sobre la primera guerra del Rosellón (1495 -1499). En la España Medieval. Vol. 27, (2004) pp. 225-283. 


sábado, 8 de octubre de 2022

VAMOS A CALLEJEAR. G. FORTUNA (2ª parte)

La primera parte de esta entrega de “Vamos a Callejear” terminaba con la escena de tres vecinas charlando sobre la ermita de San Gregorio y las Enriaderas.

El final de la calle Gallego Fortuna marcaba el término del casco urbano de Madrigalejo hasta el siglo XIX. La ermita de San Gregorio estaba situada en el extrarradio, lo mismo que el cementerio viejo, que había sido construido en 1820, en un espacio que hoy ocupan solares entre las calles Badajoz, Pizarro y Alonso de Ojeda. Para construir este cementerio, se utilizó el material de las ruinas de la ermita de San Sebastián, que antaño estuvo situada en la otra punta de la localidad, allá por los Barrios Altos. Por su parte, la ermita de San Gregorio podría darse por desmantelada a finales del siglo XVIII.

El antiguo camposanto estuvo en activo hasta 1912, año en el que se inauguró el cementerio actual. Quedó totalmente clausurado y limpio de todos los restos en 1932; últimos restos que fueron depositados en el osario del cementerio nuevo.

Al ir creciendo la población, fue necesario construir nuevas viviendas y habilitar nuevas calles, de tal forma que se amplió el perímetro urbano también por esta parte. El ensanche fue planificado con una estructura en damero o cuadrícula, y se fue poblando a lo largo de mediados y finales del S. XX.

 La calle Pizarro es la prolongación de Gallego Fortuna. Pero antes, salía por la derecha el camino que iba hacia las Enriaderas, camino que se convirtió en calle, tomando también su nombre. A su vez, de las Enriaderas salen actualmente las calles Cid y Prados, Así como su prolongación, llamada calle Canal de Orellana.

De la calle Pizarro, salen dos vías perpendiculares: las calles Cáceres y Badajoz. A su vez, la calle Pizarro desemboca actualmente en la plazuela que une los dos tramos de la calle Alonso de Ojeda. Y paralela a Alonso de Ojeda, se encuentra la calle Daoiz y Velarde.

¿De dónde vienen los nombres de estas vías? Pues bien, a la hora de rotular las nuevas calles, el Ayuntamiento se inclinó fundamentalmente en dos direcciones; por una parte, con personajes históricos, y por otra, con apellidos madrigalejeños. Los personajes elegidos para identificar las calles fueron: Cid, Daoiz y Velarde, así como los conquistadores Pizarro y Alonso de Ojeda. Y los apellidos que encontramos en estas calles, tales como Recio, Grijota, Prados o Fernández Rentero, se pusieron en compensación a las personas propietarias de los terrenos que se expropiaron para trazar dichas vías. Caso diferente son las calles Cáceres y Badajoz, que anteriormente eran nombradas Capitán Arce (militar fallecido en el desastre de Annual, en la guerra de África) y 1º de junio, cuyo cambio de nomenclatura tuvo lugar en la década de los 80 del siglo pasado.

Y, por último, Canal de Orellana. Un nombre bien justificado por los beneficios que ha aportado a nuestra localidad el agua de riego que nos llega a través de esta infraestructura y que ha supuesto una gran transformación en la agricultura de nuestro pueblo. Recordemos que este año se está celebrando el 50 aniversario de la total puesta en regadío de la zona que abarca el Canal de Orellana.

Hasta aquí ha llegado el repaso del urbanismo en parte de nuestro pueblo. Pero no olvidemos también que, por este camino, se llegaba a las Matas, zona de dehesas y pastoreo, fincas en las vivían y trabajaban muchos madrigalejeños. Por ello, vamos a terminar este recorrido con un pequeño homenaje a aquellos pastores que día y noche pasaban en las majadas.

REUNIÓN DE PASTORES EN UNA NOCHE DE VERANO

-Dura jornada la de hoy.

-El calor nos tiene a toos agotaos. Así está también el ganao…

-¿Oís los campanillos? Ahora es cuando puden llenar la panza.

-Pobres ovejas…, con la calor, no pueen con su alma, están to el día acarrás.

-¿Y pa beber?, cada vez hay menos agua en las charcas. Ya mismo tendremos que empezar la tarea de llevar el rebaño a beber al río cada mañana.

-Aprovechad y remojaros bien en el río, que estéis vosotros también bien fresquitos to el día.

-Y si tenemos un buen ajoblanco al llegar… cuanto más y mejor…

-Disfrutemos del fresco de la noche ahora, que no hay mejor momento pa descansar…

-Pocos ratos como estos tan plácidos…

-A ver, zagales, vamos a jugar… tan largo como un camino y pesa menos que un comino… ¿Qué es?

-Yo, yo, yo lo sé… el humo

- ¿Y esta otra adivinanza? Tan largo como un camino y cabe en un cofrecino…

-Esa la sé yo… es el hilo

-A ver esta…Cien monjas en un convento y toas visten de negro…

-También la sé… son las hormigas.

-Esto es un aburrimiento, si es que ya os las sabéis...

-Pues la noche está lo propito pa recitar el romance de la loba parda. El que está presente en toas las majás, en las noches de invierno y verano, desde nuestras tierras hasta las de las sierras del norte.

 -Es uno de los romances que nos unen a toos los pastores, ya sean los serranos que vienen y van en la trashumancia como los que siempre estamos por aquí.

-Sí, y unos lo cantan y otros lo recitan…

- ¡Venga! ¿A ver quién se atreve?

- ¡Vamos!, tú que estás mu cayao.

- A ver cómo me sale…¡Allá voy!!!

laEstando yo en la mi choza, pintando la mi cayada,
las cabrillas altas iban y la luna rebajada;
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada.
Vide venir siete lobos por una oscura cañada.
Venían echando suertes cuál entrará a la majada.

Le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como punta de navaja.
Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada;
a la otra  vuelta que dio, sacó la borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos para el domingo de Pascua.

–¡Aquí, mis siete cachorros, aquí, perra trujillana,
aquí, perro el de los hierros, a correr la loba parda!
Si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza;
y si no me la cobráis, cenaréis de mi cayada.

Los perros tras de la loba las uñas se esmigajaban;
siete leguas la corrieron por unas sierras muy agrias.
Al subir un cotarrito la loba ya va cansada:
–Tomad, perros, la borrega, sana y buena como estaba.
–No queremos la borrega, de tu boca alobadada,
que queremos tu pelleja pa’ el pastor una zamarra;
el rabo para correas, para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas;
y las tripas para vihuelas para que bailen las damas.

-¡Mi madre! Te se ponen los pelos como escarpias…

-Mira que lo escucho veces… pero es que lo vive uno

(Niño)-Pero aquí no hay lobos, ¿a que no?

-No sé, no sé…

-¿A que no sabéis el cuento del tamborilero?

(Niño)-No ¿un cuento? A ver…

-Veréis…Erase una vez… Por, cierto, era por ahora…o quizá un poco más palante, ya más cerca del día de la Virgen… un mozalbete, que tenía un tambor, decidió ir a Guadalupe, pa estar allí el día de la fiesta.

-(Niño)- ¿Y de donde salió?

-Pues, creo que desde Villanueva o desde Rena, ya no estoy mu seguro… porque venía por el camino de Rena.

-(Niño)- ¿Ese que pasa por aquí cerca?

-Ese mismo, por el que vamos pal pueblo

-(Niño)- ¿Iba a caballo o en burro?

- Ni en uno ni en otro, que venía andandito.

-(Niño)- Pero… alguien vendría con él…

-Nadie le quiso acompañar y solo emprendió el viaje. Pero… además, salió más bien tarde. Porque tenía la intención de hacer noche en Madrigalejo.

(Niño)- ¿Cómo la intención? ¿Es que no llegó al pueblo?

- ¿Queréis tener un poco de pacencia?, venga sigue…

-Bueno, pues estando ya cerca de aquí, por la Mata Budiona… el sol ya se estaba poniendo… El pobrecito veía que tendría que hacer noche en el monte… Empezó a ponerse nervioso… escuchaba a las cornejas y a los mochuelos… Pero no lograba oír campanillos de ovejas que le condujeran hacia alguna majá o hacia algún chozo…

-(Niño)- ¿Y qué pasó? ¿Encontró algún lugar donde meterse?

- Pues tan nervioso se puso que se salió del camino y ya no sabía por dónde andaba… y la noche cada vez era más cerrada… Los sonidos ya no eran los mismos… A ver…silencio… ¿Qué escucháis?

-(Niño)- Los campanillos de las ovejas… (silencio) Una lechuza… (silencio)

-(Niño)-Un grillo… También suena una chicharra…

-Bueno… pos tos esos son los sonidos que suelen escucharse cuando caen las tinieblas. Pero aquella noche…, de pronto…, solo se oía el silencio… y allá a lo lejos, se empezaron a oír unos aullidos

-(Niño)- ¡Ay qué miedo!

- Miedo el que empezó a sentir el tamborilero… y los lobos, que olieron su miedo… cada vez estaban más cerca. El mozalbete soltó su tambor y quiso trepar a una encina…pero los animales ya estaban encima… (silencio)

-Niño- ¡Pero, sigue! ¿Qué pasó después?

- Nada más se supo del tamborilero… A los pocos días, un leñador pasó por esa encina y se encontró el tambor y unos zapatos…

-Sí, y me contaron que el leñador, hizo entonces una cruz en la encina con su hacha.

-Y allí sigue la cruz y la encina, junto al carril que, desde entonces, se empezó a llamar “del tamborilero”.

-(Niño) -¡Ay que penina más grande…!

-Venga, que eso pasó hace mucho tiempo…

- Bueno, bueno, dejemos ya los cuentos y los romances, y to el mundo a la cama, que mañana hay que madrugar…

-(Niño)- ¿Y si vienen los lobos esta noche?

-Dentro del chozo no entran los lobos. Y vosotros, niños, lo que tenéis que hacer es no alejaros nunca de por aquí, y mucho menos cuando la tarde va de caída.

-Así es que, ¡Venga!, to el mundo a dormir… (y dirigiéndose al público) y ustedes, también, que mañana será otro día.

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Y hasta aquí el paseo histórico-cultural por la calle Gallego Fortuna y las vías que parten de ella. 


 

viernes, 16 de septiembre de 2022

VAMOS A CALLEJEAR. GALLEGO FORTUNA Y RAMIFICACIONES. (1ª parte)


Después de un intermedio de dos años, volvemos a callejear, a contar historias, la historia de nuestras calles, plazas y plazoletas, en las que vivimos, por las que pasamos, en las que nos encontramos con nuestros amigos y vecinos.

En esta ocasión nos vamos a centrar en la calle Gallego Fortuna, con sus ramificaciones y con su proyección y salida al exterior. Puede decirse que, junto con la prolongación de la calle Luisa Fortuna, son las vías que marcaron el crecimiento de la población durante siglos. Ambas calles formaron parte del camino que atravesaba la localidad, aquel camino que guiaba los pasos de peregrinos y romeros hacia Guadalupe, y por ello, constituyó uno de los ejes principales por donde se desarrolló el entramado urbano de Madrigalejo. Recordemos que el Monasterio de Guadalupe se había convertido, a partir del siglo XIV, en uno de los grandes centros de peregrinación de la Península Ibérica. Por esta razón, transitaban por nuestras calles viajeros y peregrinos de toda condición, ya que el camino real que unía Guadalupe con Sevilla pasaba por Madrigalejo, así como otras vías importantes como la que llegaba hasta Lisboa.

Los caminos reales eran las vías de mayor categoría de aquellos tiempos. Unían puntos importantes y lejanos entre sí, y tenían anchura suficiente como para cruzarse dos caravanas sin molestarse. Salvando las distancias, serían las autovías de antaño.

Por tanto, la calle Gallego Fortuna, desde su entronque en la plaza, es una de las calles más antiguas de Madrigalejo, que iba creciendo siguiendo la trayectoria del camino. Su nombre primitivo era calle San Gregorio, detalle que más adelante contaremos. Por ser parte del camino, era una vía de mucho tránsito, especialmente de peregrinos. Y entre aquellos peregrinos, no fueron pocos los que acudía desde el vecino Reino de Portugal. ¿Sería casualidad que una de las calles más antiguas que salen de Gallego Fortuna se llame Portugalejo?

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Veamos qué nos tienen que contar algunos de aquellos peregrinos…

(Entra un ciego apoyándose en el hombro de su lazarillo)

-C- ¡Válgame Dios! No puedo más. Andar el camino con este calor y la sed que traigo me está quedando sin fuerzas… Muchacho, anda… ¿no encontraremos por aquí un poco de buena agua para beber?

-L- Por ahí vienen dos mozas con cántaros ¿no traerán agua?

-C- Esperemos que los traigan llenos…Acércame a ellas, por tu bien, a ver nos pudieran socorrer.

(Se acercan los cuatro)

-L- Aquí mi amo; … si por caridad le pueden socorrer.

-V1- Por caridad, si está en nuestra mano, le podremos atender.

-V2- Díganos, buen hombre. ¿Qué es lo que precisa Usted?

-C- ¡Ay qué voz tan cantarina! ¿no tendrá un poco de agua para apaciguar la sed de este pobre ciego que hasta aquí acaba de llegar?

-V1- ¿Será por agua? A lo mejor de otra cosa no les podríamos proveer, pero venimos de acarrear unos cántaros de agua para beber.

(Una de las mozas saca un vaso de hojalata y le vierte un poco de agua de un cántaro y se los ofrece a ciego y al lazarillo)

-V2- Beban, beban lo que necesiten, que si se acaba el agua que llevamos, nos damos la vuelta y vamos a por más…

-C- ¡Ahhh! ¡Qué agua más rica y fresca! Como recién salida de un pozo

-V1- Y así es, que venimos de por agua del pozo del tío Juan Pedro, el que tiene el agua más fina desta parte del pueblo.

-V2- ¿Ya se ha repuesto usted? Y tú, muchacho, ¿t´has saciao?

-L-¡Menúa panzá de agua m´he metío!

-C- Muchas gracias, bunas mozas… y mi garganta también se lo agradece…así ya puedo cantar mis coplas o recitar unos romances… y díganme, muchachitas, ¿en qué lugar me hallo?... somos peregrinos que a Guadalupe vamos…

-V1- Pues por el camino van bien… Está usted en Madrigalejo, por esa calle p´arriba, atravesando tol pueblo, va el camino real que hasta el monasterio lleva…

-C- ¡Madrigalejo!, ¡Qué bien! D´este lugar tengo unas coplas, que en plazas y calles de aldeas, villas y ciudades romanceo… ¿No habrá por aquí nadie que me escuche?

-V2- Si quiere ganar buenos cuartos con sus retahílas… esta es buena ocasión, aquí anda la gente callejeando, porque las ferias se acercan y el pueblo se va animando…

-C-¡Muchacho!, ten preparada la gorra… a ver si tenemos suerte y sacamos pa la cena.

-L-Guarden silencio, por favor, que mi amo les va contar una historia, que, de suyo, les gustará.      

-C- Oigan, caballeros, damas, niños, niñas… Oigan me y no se arrepentirán, y si, al terminar, les gusta, no dejen de apoquinar…

Cuéntase una gran historia

que en un lugar ocurrió;

el lugar, Madrigalejo,

la historia, la cuento yo.

 

Desde el cerro el Castillejo,

un pastorcillo advirtió

que una regia comitiva

por el camino avanzó.

 

-Portando grandes pendones,

que de la realeza son,

vienen muchos a caballo

e infantes de dos en dos;

 

carruajes, unos cuantos,

y una litera mejor,

que la llevan entre cuatro

andando al mismo son.

 

-¿Quién viaja en la litera?

-Es el Rey, nuestro señor,

Fernando V en Castilla

y segundo en Aragón.

 

Ya no viene tan garrido

como otras veces pasó;

ahora viene muy enfermo,

pronto lo llamará Dios.

 

No lo sabe el pastorcillo,

que corriendo ya avisó,

y todo el pueblo lo espera

con las campanas al son.

 

Suenan, suenan las campanas,

repican más y mejor,

esperando la llegada

del monarca de Aragón.

 

Esperan y más esperan

y no llega el gran señor

-¿Qué sucede que no viene?

-Alguna cosa pasó.

 

En la Cruz de los Barrero:

-¡Ay, madre! ¡Qué desazón!

El Rey está muy malito

¡Hay que hacer algo, por Dios!

 

-Con urgencia hay que llevarlo

a alguna casa o mansión.

-Aquí está Santa María,

que es una casa de Dios.

 

Se ha corrido la noticia

de forma rauda y veloz.

Ya no suenan las campanas,

han perdido ya su son.

 

Don Fernando ya descansa

con mucha pena y dolor

en la casa de los frailes

que de Guadalupe son.

 

Casa de Santa María,

año de Nuestro Señor,

mil quinientos diez y seis,

en enero sucedió. 

 

(Las dos mozas aplauden)

 

-V1- ¡Bravo, bravo!

 

-V2- ¡Cuánto me ha gustado!

 

-C- Esperemos que al público congregado también les haya gustado… Este es el primer canto. Como este, hay varios más…, que los guardaremos para otra ocasión. Y después de un merecido descanso, seguiremos con nuestro camino.

               Decidme, buenas mozas, ¿dónde  nos podrían hospedar?

 

-V1- Entren al pueblo, por la calle San Gregorio, pasen por delante de la iglesia y en la calle de los Mesones, encontrarán donde pernoctar.

 

-V2- Que lleven buen camino y que la Virgen de Guadalupe les proteja.

 

-C-Muy agradecidos. ¡Con Dios…¡

 

-V1- Y nosotras, vamos otra vez al pozo la rellenar los cántaros…

 

-V2- Vamos allá, que si no, no nos dejan entrar por casa…



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Como hemos visto, pasaron por estas calles viajeros de toda condición. De todos ellos, Fernando el Católico es el más significativo, aquel rey que nuestros antepasados conocían como Fernando V. Y por haber fallecido en nuestra localidad, Madrigalejo le dedicó una de sus calles, una de las que salen de esta vía principal, la calle Fernando V, la cual, por su sinuosidad y trazado irregular, indica su antigüedad de siglos. Un trazado irregular que vemos también en la calle Huertas, significativo nombre enraizado en el hecho de conducir a la zona de huertas de la vera del río Ruecas.

El resto de calles que salen de Gallego Fortuna son ya más recientes, con un trazado más rectilíneo, que indican un urbanismo planificado, como es el caso de las que surgieron en torno al siglo XIX y principios del XX, tales como las calles Recio o Grijota, y las más recientes, de Fernández Rentero y Cervantes, que son ya de mediados del siglo pasado.

El nombre de Gallego Fortuna hace referencia a D. Antonio Gallego Fortuna, un hacendado de Madrigalejo que hizo un acto de generosidad en beneficio de todos sus convecinos. En unos momentos complicados, en los que, como consecuencia de la ley desamortizadora de Madoz, el pueblo pudo haber perdido la Dehesa del Monte y el Concejil, D. Antonio Gallego adelantó el dinero que el Ayuntamiento debía abonar a Hacienda para poder conservar las fincas del común. A cambio, este señor disfrutó de partes de ellas por un tiempo determinado.

En reconocimiento de aquella ayuda prestada al Consistorio, la Corporación Municipal confirmó el acuerdo de modificar el nombre de la calle San Gregorio por el de Gallego Fortuna en 1931.

Y si ya conocemos por qué actualmente se rotula como Gallego Fortuna, a continuación, sabremos la razón por la que anteriormente era conocida como de San Gregorio…

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(Tres vecinas se encuentran en el camino.)

- ¿Ya vas como to los día?

- Sí, voy a ver cómo va el lino en la enriaera. Hay que vigilar que no se meta el ganao en el río y se coman o destrocen lo que ha costao to un año cultivar.

-Menuda tarea t´ha caío

- Así to el verano, hasta que se separe la parte leñosa de la fibra que usamos pa hilar. Y ¿a ti que te pasa que no dejas el moquero?

-Que ¿qué me pasa?... Que cada vez que paso por delante d´ estas ruinas m´ entran unas ganas de llorar que pa qué…

-Sí que da pena que la ermita esté como está, pero ¡no es pa tanto!

-¡Ay, si yo te contara…!

- ¡Es verdad!, que tu abuela Juana era la sacristana.

-¡Claro...! Las veces que la he ayudao a preparar la ermita… Sobre to, cuando se acercaba su fiesta, el 9 de mayo.

-Sí, m´acuerdo de la procesión de San Gregorio. ¡No faltaba un labraor!

-Cuando llegaba mayo y to estaba ya hecho, esperando que llegara el tiempo de recoger la cosecha… Era entonces el momento de encomendarse al santo pa que no viniera la temida plaga de langosta.

-¡Es que la langosta es mu puñetera! Puee acabar con el sacrificio de to el año y con el pan del año siguiente en na que se pongan a comer. Lo devoran toíto.

-Así se veía a unos hombretones tan grandes, con tanta fe, pidiendo al santo que protegiera sus cosechas, sobre to si habían visto algún canuto que anunciara su presencia.

-Y dime, ¿por qué se reza a San Gregorio contra la langosta y no en la ermita de los Santos Mártires o en la iglesia?

-Mira..., me contaba mi abuela que, hace muchos, muchos años, San Gregorio estuvo predicando la penitencia y haciendo rogativas pa limpiar de langosta unos campos que estaban arruinaos.

- ¿Dónde fue eso?

-Pues no te pueo decir… Creo que por allá arriba… Pero el caso es que logró limpiar aquellos campos. Y desde entonces, se le reza pa que medie por las cosechas.

- No es mal intercesor entonces. Pero… no sé…, plagas sigue habiendo de vez en cuando y ¿por qué, si fuese tan eficaz, los mismos labraores han dejao arruinar su ermita?  

- ¿No has oído que se dice que no nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena? Pues lo mismo, mientras no hay langostas… ni nos acordamos del santo. Y cuando nos acordamos…ya es demasiao tarde…

- Pero los labraores no se quedan con los brazos cruzaos, que bien miran si hay canutos de langosta pa prevenir que no venga la plaga al año siguiente. Como vean algunos, se dedican a quitarlos y quemarlos. Y si ven que hay muchos, aran toa la tierra pa que no haya pasto cuando salgan las crías y no tengan con qué alimentarse.

- To ayuda. Hay que rezar, pero no hay que cruzarse de brazos.

- Por cierto, ya pronto no habrá ni ruinas aquí. ¿No has oído que quieren tirar la ermita totalmente? Van a usar el material pa otra nueva.

- Sí, algo sé. Van a levantar otra ermita al acabar la calle San Juan.

- Creo que va a ser en honor a la Virgen de las Angustias.

- Vamos, que van a desvestir a un santo pa vestir a otro.

- Pero es pa la Virgen, que tie más categoría.

- ¡Ay qué pena!... ¡Que me da mucha pena! (Y vuelve a enjugarse las lágrimas con el pañuelo)

- Pues ahí te dejamos con tu pena… Que nos vamos a la enriaera, no vaya a ser que alguna oveja nos la líe y nos quede sin lino pa tejer el año que viene.

- Bueno, pues que Dios os acompañe

- Y a ti, también, con la ayuda de San Gregorio.



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             La ermita de San Gregorio se encontraba ya fuera de la localidad, justo donde terminaba la calle San Gregorio, hoy Gallego Fortuna.
             Aquí finaliza la primera parte. 

(Continuará...)