domingo, 29 de noviembre de 2020

EL MÁRTIR FRANCISCO CÁSTOR SOJO LÓPEZ

 

Francisco Cástor Sojo López, joven. Estudio de fotografía M. Díez, de Plasencia .
Foto publicada por Valentín Soria y A. Soria Breña en “Biografía del deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura de 2008.   

En la tercera década del siglo XX, se vivieron en España acontecimientos muy convulsos, fruto de una sociedad muy polarizada, que dejaron muy herida a la población española. El sacerdote Francisco Cástor Sojo López, natural de Madrigalejo, se vio envuelto en esta vorágine y murió asesinado, víctima de la sinrazón de aquellos malhadados tiempos. El 30 de septiembre de 2020, el Papa Francisco reconoce el martirio de Francisco Cástor Sojo y de tres compañeros de la hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, autorizando los decretos por los que se pone en marcha su proceso de beatificación[1].

Sus primeros años de vida

Francisco Cástor Sojo López nació el 28 de marzo de 1881, a las ocho de la noche, en la calle del Río de Madrigalejo[2]. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de esta localidad el día 1 de abril, a los tres días de su nacimiento, por D. Matías Pazos Solano. Fueron sus padrinos Francisco Sojo y Francisca Galán[4]. Por su partida de nacimiento sabemos que lo inscribió en el Registro Civil Francisco Sojo, que era bracero, y que Ana Sojo –su madre- se dedicaba a las “ocupaciones propias de su sexo”. Estos datos son indicio de que la economía familiar era humilde[5].

 

Calle del Río (Madrigalejo)

 A los 11 años, ingresa en el colegio San José de Vocaciones Sacerdotales de Plasencia[6], donde entró en contacto con la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Con ellos, pasó un tiempo en el Colegio Vocacional de Lisboa, donde sufrió ya persecución por su fe. Ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios en agosto de 1902[7]. Durante dos años estudió Teología en el Seminario de Toledo y aquí se licenció en esta disciplina[8]. El 19 de diciembre de 1903 fue ordenado sacerdote en Plasencia y cantó su primera misa en Guadalupe en enero de 1904, donde residía por entonces su familia[9].

Pila Bautismal de la Iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo, donde Francisco Cástor Sojo recibió las aguas del bautismo.

Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos

La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos es una asociación de sacerdotes seculares, que se unen para ayudarse, como sacerdotes, “en el camino de la santidad y para ser más eficaces en el ejercicio del ministerio”[10]. Para pertenecer a esta hermandad hay que ser clérigo –diácono como mínimo-. El operario sigue estando vinculado a su diócesis y trabaja en colaboración estrecha con el obispo y los sacerdotes. Además, tiene disponibilidad y libertad para ir a trabajar a cualquier parte del mundo.[11]

 La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos fue fundada en 1883 por el beato Manuel Domingo y Sol. Entre sus objetivos, destacan el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas, religiosas y apostólicas, así como la formación cristiana de la juventud, infundiendo en ellos un espíritu de reparación y la devoción al Corazón de Jesús, especialmente en la Eucaristía.[12]

 No se trata de una congregación religiosa. Y, por ello, la Santa Sede reconoció oficialmente “la peculiaridad de esta asociación” en 1898[13].

Su vida sacerdotal

En el espíritu de los padres operarios vivió Francisco Cástor su sacerdocio, que estuvo, en su mayor parte, destinado a la docencia y a la formación en distintos colegios vocacionales y seminarios. Entre 1903 y 1918 estuvo en Plasencia, primero como Prefecto de los alumnos del Colegio de Vocaciones y, después, como Director del mismo. Desde aquí fue destinado a Badajoz, donde fue Administrador del Seminario durante cinco años, regresando a Plasencia como Prefecto de los alumnos del Seminario Diocesano. Poco tiempo estuvo en este último destino, pues en 1924 se incorpora al Seminario de Segovia como Superior, hasta 1926, cuando fue nombrado Director del Colegio de Vocaciones de Astorga. Su último destino fue Ciudad Real, donde se incorporó en 1933 como Mayordomo de su Seminario.[14]

El centro de su vida espiritual estaba en la Eucaristía, de la que fue un auténtico enamorado. Cuidaba mucho el aspecto musical de la liturgia, ya que poseía una formación musical completa en órgano, composición y dirección. Se especializó en el canto gregoriano, formación que completó, durante varios veranos, con los monjes de Montserrat. Su pasión por este canto y sus amplios conocimientos musicales le llevaron a infundir en sus alumnos el gusto por la liturgia cantada, pues, en todos sus destinos, impartió la asignatura de música.[15]

Desde niño, profesó una gran devoción hacia la Virgen de Guadalupe, devoción de la que se hace eco quien fuera su director espiritual, D. Esteban Ginés Ovejero, que dedicó a Francisco Cástor la presentación de su obra Guadalupe. Impresiones de un peregrino[16]. Esta publicación recoge una serie de artículos escritos por D. Esteban sobre este Santuario, para fomentar la devoción a la Virgen de Guadalupe y dar a conocer su Monasterio, en aquellos tiempos tan olvidado y dejado de la mano de Dios, y que había tenido ocasión de visitar cuando Francisco Cástor cantó su primera misa[17].

Monasterio de Guadalupe, donde Francisco Cástor Sojo cantó su primera misa.
 
Santa María de Guadalupe.

 Según sus compañeros, Francisco Cástor era una persona dócil, era sencillo, abierto, trabajador, muy piadoso y ejemplar, así como buen compañero y amigo.[18]

Tiempos convulsos

El panorama político y social en la España de la tercera década del siglo XX era muy complicado.

El siglo XIX había estado caracterizado por una gran inestabilidad política e institucional, que se cerró en falso con la Restauración borbónica (1874-1931), consistente en la alternancia dirigida desde dos partidos políticos: el conservador y el liberal. El turno de gobierno se llevaba a efecto a través de unas elecciones que eran dirigidas, en los distintos territorios, por las estructuras caciquiles. Este sistema derivó en una alta corrupción y en el mantenimiento de estructuras arcaicas, por lo que provocó un hondo descontento social, materializado en numerosas revueltas. La Iglesia, en la Restauración, había sido favorecida y privilegiada, gozando de un gran poder, al mismo tiempo que surgían, en buena parte de la sociedad, posiciones cada vez más anticlericales.

 Todas estas circunstancias fueron generando un caldo de cultivo que desembocó, tras la Dictadura de Primo de Rivera y la Dicta-blanda de Berenguer, en el derrocamiento de la Monarquía y en la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. A estas alturas, la sociedad estaba muy polarizada en posturas cada vez más enfrentadas. Tanto unos como otros, a toda costa, quisieron imponer sus postulados, en numerosas ocasiones sin respetar leyes ni instituciones. El anticlericalismo se acentuó y la Iglesia padeció persecución con la quema y destrucción de iglesias. El sectarismo llevó a las calles una gran agitación social no exenta de violencia, que explotó en el enfrentamiento fratricida de la Guerra Civil tras el Golpe de Estado de julio de 1936.

En aquel momento, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos en la fe fueron objeto de una gran persecución. Francisco Cástor fue víctima de aquella situación y entregó su vida por Cristo en Valverde, a las afueras de Ciudad Real, en la noche del 12 al 13 de septiembre de 1936[19]. Sus restos, que hasta el 25 de junio de 2021 habían estado enterrados en el cementerio municipal de Ciudad Real, fueron exhumados y depositados en el mausoleo de los mártires de la Hermandad de los Operarios en el templo de la Reparación de Tortosa el 27 de junio[20].

Los mártires en la Iglesia Católica

El martirio es el testimonio supremo de la verdad de la fe, un testimonio que llega hasta la muerte. Por tanto, el mártir es la persona que da testimonio de Cristo muerto y resucitado. Por la unión con Cristo en el amor, el mártir soporta con fortaleza la muerte. Como dijo San Ignacio de Antioquía, “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas, me será dado llegar a Dios”[21].

Para el pueblo cristiano, el martirio es una consecuencia intrínseca del seguimiento a Jesús. Y como tal, en la espiritualidad cristiana, el martirio se manifiesta a través de dos aspectos. Por un lado, el martirio rojo, por el que se da testimonio de fe derramando la propia sangre, lo que supone una gracia especial y un privilegio cristiano. Y por el otro, el martirio blanco, cuando la fe se testifica en la realidad del día a día. Así lo dejó dicho el mismo Jesús: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará” (Mt 16, 24-25). 

El siervo de Dios, Francisco Cástor, nos deja un ejemplo de valentía y testimonio de fe. El Papa Francisco ha reconocido su martirio y ha puesto en marcha el proceso para su beatificación. Por ello, su vida debe ser un estímulo en la vida de fe de los madrigalejeños. Es una gracia que ya tenemos la Iglesia de Madrigalejo, pues un miembro nacido de ella, con toda certeza, ha alcanzado la Gloria y goza de sus beneficios. Por ello, nosotros gozamos del privilegio de tener un mediador al que elevar nuestras plegarias para que interceda ante Dios.




FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

-Archivo Municipal de Madrigalejo. Registro Civil.

-Archivo Parroquial.

-E. GINÉS OVEJERO. Guadalupe. Impresiones de un peregrino. Imprenta de José L. Foguet. Tortosa. 1905.

-L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf Editores. Badajoz, 2008. Pág. 326.

-V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 2008.

-SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Epistula ad Romanos, 4, 1) Cfr. CCEECC, 2473.

https://www.vidanuevadigital.com/2020/09/30/el-papa-francisco-reconoce-el-martirio-de-cuatro-sacerdotes-operarios/

https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/

https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/asociacion-sacerdotal/

https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/historia/

https://www.cope.es/religion/hoy-en-dia/iglesia-espanola/gente-con-fe/noticias/calvario-que-sufrieron-los-religiosos-asesinados-durante-guerra-civil-que-seran-beatificados-20200930_920590

      



[1]https://www.vidanuevadigital.com/2020/09/30/el-papa-francisco-reconoce-el-martirio-de-cuatro-sacerdotes-operarios/

[2] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf Editores. Badajoz, 2008. Pág. 326. La información sobre Francisco Cástor Sojo López fue tomada del informe realizado para el trámite previo a la beatificación.

[3] Datos que aparecen en su partida de nacimiento del Registro Civil.

[4] Archivo Parroquial. Libro de Bautismos.

[5] Registro civil.

[6] V.SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 2008. Pág. 817.

[7] Ibídem.

[8] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas…. Op. cit. Pág. 326.

[9] https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/ //V.SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Pág. 817.

[10]https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/asociacion-sacerdotal/

[11] Ibídem.

[12] https://www.sacerdotesoperarios.org/la-hermandad/historia/

[13] Ibídem.

[14] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326. // V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Op. cit. Pág. 818.

[15] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326. // V. SORIA SÁNCHEZ y A. SORIA BREÑA. “Biografía del Deán de Plasencia y Toledo José Polo Benito y de Francisco Cástor Sojo López de Madrigalejo”. Op. cit. Pág. 817.

[16] E. GINÉS OVEJERO. Guadalupe. Impresiones de un peregrino. Imprenta de José L. Foguet. Tortosa. 1905.

[17] Ibídem.

[18] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas… Op. cit. Pág. 326.

[19]https://www.sacerdotesoperarios.org/beatos-martires/


miércoles, 28 de octubre de 2020

SOBRE LOS CEMENTERIOS

 


Enterrar a los muertos… Todas las civilizaciones han tenido su peculiar concepción sobre la muerte y lo han manifestado en sus ritos funerarios. En la civilización occidental, de raíces cristianas, enterrar a los muertos es una obra de caridad y, siguiendo la tradición bíblica, los cadáveres se inhumaban, se enterraban, esperando la resurrección de la carne.

 El lugar destinado a enterrar a los difuntos es el “cementerio”, término que nos llega del latín, que, a su vez, procede del griego y que significa “lugar donde dormir”. La tradición cristiana optó por la palabra cementerio frente al vocablo necrópolis, también de origen griego y cuyo significado es “ciudad de los muertos”. Se optó por el término cementerio porque, para el cristianismo, la muerte es un estado transitorio -de dormición- a la espera de la resurrección. El terreno destinado a enterrar a los muertos era bendecido y considerado lugar sagrado, por eso también son llamados camposantos.

Enterramientos en la iglesia

Hasta hace algo más de doscientos años, existía la tradición de inhumar a los difuntos en el interior de los templos y en sus atrios, porque se creía que, de esta forma, estaban más cerca de Dios. Así ocurría también en la iglesia de Madrigalejo. Era una costumbre que, hoy en día, nos parece inconcebible y que, sin embargo, costó mucho esfuerzo cambiar.


En el siglo XVIII, los pensadores ilustrados –como Jovellanos, Floridablanca y el mismo rey Carlos III-, preocupados por la salud pública y por mejorar la vida de los ciudadanos, abordaron y debatieron la cuestión de los problemas sanitarios que acarreaba la práctica de enterrar a los muertos en los recintos cerrados, poco ventilados y abiertos al culto. Esta práctica era especialmente preocupante en los meses de calor, cuando eran insoportables los olores que exhalaban los cuerpos en descomposición, pero, sobre todo, era devastadora en tiempos de pandemia. Y, además de debatirlo, también propusieron, como solución, la construcción de cementerios.

Después de un amplio estudio y una larga polémica que duró varios años –entre 1781 y 1786-, el Rey Carlos III, a iniciativa del Conde de Floridablanca, firmaba La Real Cédula sobre el restablecimiento de los cementerios el 10 de marzo de 1787. Los cementerios, según esta ley, tenían que estar “fuera de las poblaciones (…), en sitios ventilados e inmediatos a las parroquias y distantes de las casas de los vecinos”.

La promulgación de la ley no tuvo un efecto inmediato y se fue aplicando siguiendo criterios de urgencia, necesidad y financiación. Parece ser que, en Madrigalejo, ni se plantearon su construcción, según se desprende de las respuestas a la "Visita de la Real Audiencia de Extremadura", en 1791, tan solo cuatro años después de su promulgación. A la pregunta de “si hay cementerios o necesidad de ellos y lugar donde cómodamente se puedan hacer”, responden las autoridades que “no hay cementerio ni necesidad de él”, y el cura rector dice: “aquí no hay cementerios ni se advierte necesidad de ellos, por ser bastante capaz la iglesia para su vecindario”. Vemos, por tanto, que los difuntos se seguían enterrando en el templo por tener el edificio capacidad suficiente para el número de vecinos.

Cementerio viejo

No fue hasta bien entrado el siglo XIX, concretamente en 1820, cuando se procede a la construcción de un cementerio. Ya hemos visto que, para las autoridades civiles y religiosas del municipio, no era un asunto de necesidad, a lo que habría de añadir que España estuvo sumida en la guerra de la Independencia entre los años 1808 y 1813. Solo se comenzó a gestionar la construcción de un cementerio en Madrigalejo cuando la autoridad política de la Provincia de Extremadura –con sede en Badajoz- mandó una notificación oficial, en agosto de 1820, prohibiendo las inhumaciones en el interior de las iglesias bajo ningún pretexto, amparándose en la legalidad vigente, es decir, la que había promulgado Carlos III en 1787.

Se construyó un camposanto en terrenos de la iglesia, en el entorno donde anteriormente estuvo situada la ermita de San Gregorio, en la actual Calle Pizarro. Su edificación estuvo financiada con dinero de la parroquia, pues era quien corría con los estipendios de los entierros y con su gestión. Nos estamos refiriendo al llamado “cementerio viejo”, que estuvo en activo hasta la construcción, en 1912, del “cementerio del Sur” –el actual-. Y es que, a principios del S. XX, fue necesaria la construcción de un nuevo cementerio debido a problemas de espacio -se hizo pequeño- y al crecimiento de la población, ya que se estimaba que, a no mucho tardar, las edificaciones rebasarían su recinto. El antiguo camposanto quedó totalmente clausurado en 1932, después de ser limpiado y de que no quedara ninguno de los restos.

Cementerio del Sur

El nuevo cementerio se construyó con arreglo a las leyes vigentes a principios del siglo XX, en un espacioso campo en el sitio llamado la Sangría, al Suroeste del pueblo, en dirección del camino de Villanueva de la Serena y a más de quinientos metros de la población. Tenía, además del terreno destinado a sepulturas, un apartado civil –pues el cementerio era de confesión católica-, donde se enterrarían los apóstatas y suicidas; un depósito de cadáveres; una capilla; un osario y un apartado para niños muertos sin bautizar. El espacio destinado a sepulturas estaba dividido en cuatro cuarteles, separados por cipreses alineados en forma de cruz.


Este cementerio se edificó en terreno adquirido por el municipio, fue costeado por el mismo Ayuntamiento, por lo que el mismo era quien fijaba y cobraba los derechos de sepulturas, concedía permisos, nombraba empleados y, en general, llevaba toda la administración y conservación del cementerio. El alcalde, D. Sebastián Rubio Calzado, después de aclarar estos términos al párroco, D. Fernando Marcos, mediante una notificación del 6 de mayo de 1912, le pide que se digne a bendecir el cementerio; bendición que autorizó el Obispo de Plasencia el 20 de junio.

La bendición del nuevo cementerio fue un acto social de primer orden. Tuvo lugar el 17 de octubre de 1912. Para la celebración, fueron convocados la Corporación municipal, el Juzgado municipal, el Comandante del puesto de la Guardia Civil y los Señores Maestros de las Escuelas Nacionales. Comenzó el acto con una misa de Réquiem en la iglesia parroquial y, seguidamente, en procesión, los asistentes se dirigieron al nuevo cementerio. La procesión se organizó de la siguiente manera: la Cruz para la bendición abría el cortejo; después iba la manga parroquial –que es un adorno de tela, generalmente bordada, en forma cilíndrica y acabada en cono, que cubre parte de la vara de la cruz de la parroquia-; a continuación, iban los niños y niñas de las escuelas; después, el pueblo, un ataúd con restos del osario del viejo cementerio, una escolta de cuatro números de la Guardia Civil, el clero con ornamentos litúrgicos negros y las autoridades civiles y judiciales. Durante el trayecto, el clero cantaba el oficio de sepultura.

Una vez en el cementerio y terminado el oficio de sepultura, el cura párroco, revestido con ornamentos blancos, bendijo el espacio destinado a sepulturas según el ritual romano: oración, letanías, aspersión por todo el campo de las cuatro zonas y bendición de la cruz.

En la actualidad, el cementerio ha sobrepasado el siglo de existencia. Lógicamente, con el paso de los años, se ha ido adecuando a las nuevas necesidades y a los nuevos tiempos. Ha aumentado su tamaño y ha cambiado la forma de enterramiento. Si la mayor parte de las sepulturas, entonces, se realizaban en tierra, hoy las calles de nichos van ocupando paulatinamente el terreno que anteriormente se destinaba a las sepulturas en tierra. También desaparecieron, tras el Concilio Vaticano II, el apartado civil y el destinado a niños no bautizados. Las demás dependencias, así como la distribución de los espacios de enterramientos, han ido variando desde su inauguración.  Y con la aprobación de la Constitución, el cementerio pasó a ser aconfesional.


La celebración de los Santos el día 1 de noviembre y de los Fieles Difuntos, el día 2, hace que tengamos presentes a nuestros seres queridos difuntos, de una forma especial, alrededor de estos días. Por eso acudimos a los cementerios a visitar sus tumbas, las adornamos con flores y encendemos velas, porque siguen viviendo en nosotros, rezamos por ellos y para que intercedan por nosotros; en definitiva, honramos su memoria. Por ello, los cementerios son lugares muy especiales.

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES:

- G. JORI. “La política de la salud en el pensamiento ilustrado español. Principales aportaciones teóricas”. XII Coloquio Internacional de Geocrítica. Bogotá, mayo de 2012.

- M. GRANJEL y A. CARRERAS PANCHÓN. “Extremadura y el debate sobre la creación de cementerios: un problema de salud pública en la Ilustración”. Norba, Revista de Historia. ISSN 0213-375X, Vol. 17, 2004, 69-91.

- L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónica Lugareñas Madrigalejo. Tecnigraf S.A. Badajoz, 2008.

-Archivo Municipal de Madrigalejo.

-Archivo Parroquial de la iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo.


domingo, 18 de octubre de 2020

DIA INTERNACIONAL DEL CÁNCER DE MAMA

 

El 19 de octubre es un día especial. Cada año, estamos convocados a celebrar el Día Internacional del Cáncer de Mama, con una marcha solidaria en apoyo de las personas que han sufrido, están sufriendo o sufrirán por causa de esta enfermedad. Hoy, 19 de octubre de 2020, no podemos inundar las calles con la marea rosa; pero, no por ello, vamos a quedarnos callados. Porque hoy es un día especial, marcado en el calendario como una jornada de sensibilización, de recuerdo y homenaje, de apoyo y solidaridad, de agradecimiento, de reivindicación y, sobre todo, de mucha esperanza.

Es un día para sensibilizar a la sociedad sobre el problema del cáncer de mama, porque es el tumor maligno más frecuente entre la población femenina. Para sensibilizar a todas y cada una de las mujeres para que tomen conciencia de la importancia de un diagnóstico precoz, que pueda mejorar el pronóstico de la enfermedad y la supervivencia. Porque, para este diagnóstico precoz, son primordiales las autoexploraciones mamarias, las revisiones periódicas y las mamografías. Y que, ante cualquier cambio en los senos, acudan con rapidez al médico.



Es un día para recordar a tantas y tantas mujeres, fuertes y luchadoras, que sufrieron esta terrible enfermedad y no pudieron superarla. Están presentes entre todos nosotros. Vaya para todas ellas y para sus familiares nuestro mejor homenaje

Es un día de apoyo y solidaridad para todas las mujeres que han padecido, están padeciendo y padecerán cáncer de mama, pero también para todos los enfermos de cualquier tipo de cáncer. Porque necesitan la fuerza y el cariño de quienes les rodean para encarar la gran lucha a la que se enfrentan. Porque es esencial que no se sientan solos, que se sientan acompañados, queridos y mimados.


Es también un día de agradecimiento a los oncólogos y a todo el personal sanitario que curan, se ocupan y preocupan, con gran profesionalidad y humanidad, de los enfermos; gracias a la Asociación Española Contra el Cáncer, por su voluntariado de estar día a día acompañando a los enfermos y a sus familiares, así como por las campañas divulgativas de prevención y de detección precoz; gracias a los investigadores, pues sus éxitos se convierten en infinidad de vidas salvadas; gracias a todas las aportaciones que, como granos que hacen granero, van sumando para seguir dando pasos de gigante; gracias a toda la solidaridad y a los ánimos que se canaliza en jornadas como esta, y, por supuesto, también es un día para reconocer y dar las gracias a la FAMILIA, cuidadores que acompañan a los enfermos en el sufrimiento del día a día, que les dan la mano en los peores momentos y que ofrecen su mejor sonrisa cuando su interior está tan herido y lleno de tristeza y preocupación, como el de los propios pacientes. 



Así mismo, es un día de reivindicación en favor de la investigación científica, para que las instituciones apoyen los proyectos dedicados a la consecución de tratamientos que sean cada vez más eficaces y menos agresivos. Porque, sin la investigación, nunca se podrá llegar a ganar la guerra contra el cáncer.

Y, por último, es un día de mucha esperanza, porque cada vez es mayor porcentaje de mujeres que, habiendo padecido cáncer de mama, hemos salido adelante fortalecidas, con muchas ganas de vivir y mirando al futuro con alegría.

Muchas gracias a todos. 

Guadalupe Rodríguez Cerezo. 


lunes, 28 de septiembre de 2020

MADRIGALEJO EN EL CAMINO A GUADALUPE

 



Uno de los caminos tradicionales que utilizaban los peregrinos para llegar al Monasterio de Guadalupe atravesaba de oeste a este Madrigalejo. Además, la Iglesia de Guadalupe poseía una importante hacienda en nuestra localidad. Estas dos circunstancias propiciaron que existiese una estrecha vinculación entre el Convento y Madrigalejo durante unos cinco siglos. Por ello, a través de estas líneas, se intentará destacar la importancia que el camino de Guadalupe tuvo en nuestra historia.

ABRIENDO CAMINOS

La noticia de la aparición milagrosa de una imagen de la Virgen junto al río Guadalupe corrió de boca en boca de tal modo que, muy pronto, empezaron a llegar los primeros peregrinos hasta el lugar, a una humilde ermita que Nuestra Señora pidió construir al vaquero Gil Cordero para cobijar su imagen. La fama de los prodigios que obraba la Virgen a quienes se encomendaban a ella llegó a oídos del rey Alfonso XI de Castilla, quien, hacia 1330, estaba cazando por estos parajes. El monarca visitó la ermita, que se encontraba en un estado algo ruinoso, y mandó agrandarla, al mismo tiempo que le otorgó algunos beneficios. Poco tiempo después, estando Alfonso XI combatiendo contra los moros en la batalla del Salado en 1340, el monarca se encomendó a la Virgen de Guadalupe, y como salió victorioso, en agradecimiento, concedió término a la Puebla que allí se acababa de fundar y grandes prebendas para ella. Comenzó por entonces la construcción del Monasterio bajo la tutela de un priorato secular hasta la llegada de la Orden Jerónima, en 1389.

(Foto: Fr. Joaquín Pacheco, OFM.)

De esta forma, fue generalizándose un ir y venir de peregrinos hacia Guadalupe hasta el punto de que, tras Santiago de Compostela, llegó a ser uno de los centros más importantes de peregrinación en la Península Ibérica. Y con el trasiego de peregrinos, se fueron abriendo caminos, algunos de los cuales se llamaron Reales, aquellos que gozaban de una protección especial del Estado, con fueros especiales, más anchos que los demás y que unían ciudades importantes y distantes entre sí.

Madrigalejo se encuentra a una jornada de camino para llegar a Guadalupe. En un primer momento, el trayecto se hacía por el llamado “camino viejo de Guadalupe” que discurría por el curso del río Ruecas, utilizando el que ya existía para llegar a Cañamero. Sabemos de su temprana existencia porque “la carrera de Cañamero” está ya documentada en 1264, cuando Alfonso X concedió a Madrigalejo la merced de disponer de dehesa boyal[1].  

Posteriormente comenzó a ser más transitada una nueva vía más llevadera, la que iba por la margen izquierda del Ruecas, pasando por el Rincón de Valdepalacios, y que se adentraba en las Villuercas a través de la cuesta de Puertollano. Es ahora cuando, por su importancia, esta vía se convirtió en “camino real”, que unía Guadalupe con Sevilla. Para entonces, el trajín de peregrinos era incesante. 

Aparte de su relación con el camino, Madrigalejo estuvo muy vinculado a Guadalupe desde mediados del siglo XIV, porque la Iglesia de la Puebla fue amortizando, en dicha localidad y alrededores, una gran hacienda rústica que luego pasó a ser del Monasterio. Esta hacienda se administraba desde una importante casa de labranza, a la que llamaron Casa de Santa María, y a la que el Barón de Römisthal, a mediados del S. XV, se refería como unos magníficos edificios que aventajan a los demás que lo forman[2]. Esta situación se mantuvo durante unos quinientos años, hasta que se hicieron efectivas las leyes desamortizadoras de 1835.

(Casa de Santa María.)

LOS PEREGRINOS

El paso de peregrinos por Madrigalejo, para postrarse ante Santa María de Guadalupe, era constante. La inmensa mayoría fueron peregrinos anónimos, que llevaban en su fardo cuitas, esperanzas, exvotos o el cumplimiento de promesas, y que no dejaron prueba documental específica. Muchos de aquellos romeros se alojarían en mesones y posadas, como la que aparece reflejada en el cuestionario de la Real Audiencia de Extremadura[3], donde se dice que tenía bastante capacidad. Es significativo el hecho de que, la calle por donde el camino real atravesaba la localidad y que hoy es “Luisa Fortuna”, se llamara, hasta 1922, calle “Mesones”, y anteriormente se la conocía como calle “Real” o calle del “Rey”.

Para refugio y atención de los peregrinos pobres, aquellos que no tenían recursos para pagar un alojamiento, existía en Madrigalejo una casilla hospital. Hemos encontrado documentación de los siglos XVII y XVIII en la que se alude a un hospital en Madrigalejo[4], además de la que está recogida en el cuestionario de la Real Audiencia de Extremadura (finales del S. XVIII) [5].

Los viajeros de mayor poder adquisitivo podrían alojarse en la Casa de Santa María, pues, aunque era una casa de labranza -como se ha dicho-, en ocasiones alojaba a ciertos peregrinos. Es lo que se entiende en el documento de las obligaciones de su casero, en el que se dice que si viniere algún señor, como duque o conde, a quien no se le podrá negar la casa, se le podrá abrir el aposento y todas las celdas menos las de las ropas de los religiosos[6]. Y también el Barón de Römisthal decía de la Casa de Santa María que suelen posar en ella caballeros que pagan su gasto y tiene unas caballerizas en que caben más de cien caballos, porque esta hospedería es casi regia[7].

El Barón de Römisthal habla de “hospedería casi regia” porque la Casa de Santa María sirvió de alojamiento a diversos monarcas, tanto castellanos como portugueses, en su ir y venir hacia Guadalupe. Bien conocida es la estrecha vinculación de la monarquía castellana con el Monasterio de Guadalupe y las numerosas visitas reales que recibió. Para algunos de aquellos desplazamientos, utilizaron el camino real que pasaba por Madrigalejo, donde la Casa de Santa María les acogería por ser el edificio con mayores prestaciones de los contornos. Y aunque no existe certeza documental de algunas de esas estancias, las fuentes dan fe de que, tanto Fernando el Católico, como Felipe II y el rey D. Sebastián de Portugal, se alojaron en ella.

Las visitas de los Reyes Católicos al Monasterio, tanto juntos como por separado, fueron numerosas y utilizaron esta ruta en algunas ocasiones. En 1511, el rey Fernando firmó en Madrigalejo algunos documentos, cuando viajaba hacia Sevilla acompañado de su segunda mujer, Germana de Foix[8]. Pero la estancia del rey Católico en Madrigalejo de mayor relevancia histórica fue la que tuvo lugar en enero de 1516. Viajaba desde Plasencia hacia Guadalupe, cuando tuvo que parar forzosamente en la Casa de Santa María debido al empeoramiento de su estado de salud. En este edificio el monarca pasó los últimos días de su vida y dejó un importante legado para la posteridad, pues aquí firmó su testamento definitivo, un testamento de hondo calado político que fue trascendental en el devenir histórico posterior. Gracias a las disposiciones en él contenidas, su nieto Carlos I pudo ceñir las Coronas que conformaban la unión de reinos con la que habían soñado los Reyes Católicos, sin que nadie pudiera disputárselas. Por tanto, en este camino que conducía hacia Guadalupe, se firmó el “documento jurídico de aplicación al Derecho más importante que se ha firmado nunca en Extremadura”, en palabras de Alberto Sáenz de Santa María Vierna [9].

(Facsímil del testamento del rey Fernando el Católico)

También el mítico rey Don Sebastián de Portugal utilizó esta ruta cuando fue a Guadalupe, en la Navidad de 1576, para tener un encuentro con su tío, el rey Felipe II. Al Monasterio llegó el 22 de diciembre, después de haber pernoctado las noches anteriores en Talavera la Real, Mérida, Medellín y Madrigalejo. A la vuelta, siguió el mismo itinerario, haciendo noche en la Casa de Santa María de Madrigalejo el 2 de enero de 1577.[10]

Tres años más tarde, el rey Felipe II con su corte recorría el mismo camino después de pasar la Semana Santa de 1580 en Guadalupe, para ser proclamado rey de Portugal, tras el fallecimiento de Don Sebastián en la batalla de Alcazarquivir. Y en la casa de Santa María, encontraron también aposento.[11]

DECADENCIA

La Casa de Santa María perdió parte de su importancia cuando, en el siglo XVIII se construyó, a muy corta distancia, el Cortijo de San Isidro, para compartir la administración de las tierras que el Monasterio tenía en la zona. Pero fue en el siglo XIX cuando prácticamente desapareció. El edificio fue expropiado por las leyes desamortizadoras y, una vez parcelado, salió en pública subasta. En el espacio que antes ocupara esta histórica casa se construyeron un buen número de viviendas. Hoy solo queda como testimonio de lo que fue la Casa de Santa María una amplia sala, donde con toda probabilidad murió el rey Fernando el Católico, y un aljibe.

Por entonces y por las mismas leyes desamortizadoras, el Monasterio de Guadalupe también pasó años de oscuridad y ostracismo hasta principios del siglo XX. Fue en 1908 cuando la Orden Franciscana se hizo cargo del Monasterio con la misión de levantar su importante patrimonio espiritual, así como restaurar y conservar su gran legado artístico y cultural. Poco a poco comenzaron a reactivarse las peregrinaciones hasta el santuario. Sin embargo, los tiempos estaban cambiando y, progresivamente, los medios motorizados de locomoción fueron ganando terreno. Los viejos caminos de tierra dejaron de ser transitados en favor de las carreteras asfaltadas. Y estas carreteras dejaron fuera a Madrigalejo del circuito de peregrinación a Guadalupe.

Entre mis recuerdos de la infancia, está la de una tarde de otoño en la que llegaron unos jinetes a la Plaza de Madrigalejo. Era un grupo de personas a caballo, que hacían la “Marcha de la Hispanidad” hacia Guadalupe evocando los caminos tradicionales. En nuestra plaza se les hizo un gran recibimiento, con niñas vestidas con traje regional, que ofrecieron ramos de flores a las mujeres que venían a caballo. Pasaron aquí la noche y, al día siguiente, continuaron su camino para presentarse ante Nuestra Señora. De aquello hace unos cincuenta años. En la actualidad, cada 12 de octubre, en Guadalupe se congregan centenares de caballos en el “Día de la Hispanidad”, que llegan a través de los distintos caminos, convirtiéndose en una auténtica fiesta, fiesta que está declarada, desde 2007, de Interés Turístico de Extremadura.

(Recibimiento a la Marcha de la Hispanidad)

Y CONCLUÍMOS

Para la conclusión voy a utilizar unas palabras escritas por Vicente Barrantes a finales del siglo XIX, que avalan lo dicho hasta ahora:

“…el camino por Villanueva de la Serena y Madrigalejo ha debido ser desde siempre el camino real de Guadalupe, en la verdadera acepción de esta palabra, pues de Sevilla y Lisboa arrancaban las peregrinaciones de sus más famosos visitantes, excepto los Reyes Católicos, que por todas partes iban (…). El rey D. Sebastián de Portugal, que pasó por Badajoz para consultar en Guadalupe con Felipe II su desgraciada empresa contra África, no pudo seguir otro itinerario, ni Hernán Cortés cuando desembarcó de la conquista de Méjico, ni Cervantes al salir de su cautiverio de Argel en brazos de los frailes mercedarios.”

“Esta última circunstancia es decisiva en favor del camino que toca en Madrigalejo. Los esclavos que por encomendarse a la Virgen de Guadalupe se veían arrancados al duro banco, al pesado remo o a la triste oscuridad de la mazmorra (…) peregrinaban a dar gracias a su divina protectora cargados con sus férreas cadenas (…) y para tan penoso viaje (…) elegirían el camino más fácil y llano, que no es otro que el de la Serena, desembarcando ellos, como solían desembarcar en Sevilla o Málaga. Cervantes casi nos lo traza al pie de la letra en sus Trabajos de Persiles y Segismunda”.

“La muerte de D. Fernando el Católico en Madrigalejo, de paso para Guadalupe, sería argumento concluyente en favor de nuestra tesis, si no hubiera otro más decisivo aun, que son los restos de una buena y ancha calzada que se descubre en el llamado Puertollano, primera garganta de las Villuercas por esta parte, que indudablemente llevaría carruajes, literas de enfermos, camillas y las grandes cabalgatas de damas y caballeros hasta las mismas puertas del santuario.”[12]



Estamos en Año Santo Guadalupense, por ello, no quería dejar de pasar la ocasión para reivindicar uno de los caminos históricos más transitados por peregrinos que, desde los primeros tiempos, se postraban a los pies de la Madre de Dios. Este camino es histórico en toda su extensión, tanto por el decurso de años y siglos de andadura de viajeros y peregrinos, como por los hechos históricos que en este camino acaecieron o los personajes históricos que lo pisaron. Pero también debemos recordar lo que supuso para Madrigalejo el Monasterio de Guadalupe y el camino real que hasta él conducía: fueron siglos de convivencia a través de su hacienda agro-ganadera y, además, el camino real también formó parte de nuestro devenir histórico, con todo lo que conlleva a su alrededor. En definitiva, el camino que llevaba a Guadalupe forma parte de nuestro patrimonio que no debemos olvidar.

(Foto: Fr. Joaquín Pacheco, OFM.)

 Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

Bibliografía:

https://www.cronistasoficiales.com/?p=97350

-F. PABLO DE ALHOBERA: Libro de la Hacienda del Monasterio de Guadalupe. Año 1641. Biblioteca del Monasterio de Guadalupe.

-A. ÁLVAREZ ÁLVAREZ. Guadalupe en los clásicos y en viajeros antiguos. Gráficas ORMAG. Madrid. 2002.

-GARCÍA MERCADAL: Viajes de Extranjeros por España y Portugal. Viaje del noble bohemio León de Römisthal de Blatna por España y Portugal, 1465-1467. Ediciones Aguilar Madrid 1952.

-L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S. A. Badajoz. 2008.

-W. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el Rey don Fernando V, El Católico, y documentos que lo testifican”. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 38. Nº3. Badajoz, 1982

-A. SÁENZ DE SANTA MARÍA VIERNA. El Testamento Cerrado de Fernando el Católico. Cometa S.A. Zaragoza. 2018.

-Visita al lugar de Madrigalejo de la Real Audiencia de Extremadura en 1791.

 

Fuentes:

-Archivo Parroquial de Madrigalejo.



[1] F. PABLO DE ALHOBERA: Libro de la Hacienda del Monasterio de Guadalupe. Año 1641. Biblioteca del Monasterio de Guadalupe. Recogido en: L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S. A. Badajoz. 2008. Págs. 129 y 130.

[2]GARCÍA MERCADAL: Viajes de Extranjeros por España y Portugal. Viaje del noble bohemio León de Römisthal de Blatna por España y Portugal, 1465-1467. Ediciones Aguilar Madrid 1952

[3]Ibídem, respuesta a la pregunta 9.

[4] Archivo Parroquial. Libro de testamentos.

[5]Respuesta a la pregunta 21 del cuestionario de la Visita al lugar de Madrigalejo de la Real Audiencia de Extremadura en 1791.

[6] F. PABLO DE ALHOBERA: Libro de la Hacienda del Monasterio de Guadalupe. Año 1641. Biblioteca del Monasterio de Guadalupe.

[7] GARCÍA MERCADAL: Viajes de Extranjeros por España y Portugal. Viaje del noble bohemio León de Römisthal de Blatna…Op. cit.

[8] W. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el Rey don Fernando V, El Católico, y documentos que lo testifican”. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 38. Nº3. Badajoz, 1982. Págs. 551 y 554.

[9] A. SÁENZ DE SANTA MARÍA VIERNA. El Testamento Cerrado de Fernando el Católico. Cometa S.A. Zaragoza. 2018. Pág. 218.

[10] L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S. A. Badajoz. 2008. Págs. 259-265.

[11] Ibídem. Págs. 265y 266.

[12] A. ÁLVAREZ ÁLVAREZ. Guadalupe en los clásicos y en viajeros antiguos. Gráficas ORMAG. Madrid. 2002. Págs. 45 y 46.